yo y carrie. carrie y yo
Cosas que pasan

Yo y Carrie. Carrie y yo.

Pero yo te odio. No por tu supuesta perfección, ni por tu suerte a la hora de vivir de lo que más te apasiona. Te odio por hacerles daño. Por hacerles creer que eso es vida y que lo que tienen ellas es una mierda pinchada en un palo.

“Hola, Carrie.

Yo te odio. Te odio por varias razones.

Odio tu falda de tutú, tus tacones y tus no sé cuántos dólares americanos por un puñetero artículo de una mujer con el síndrome de Peter Pan. Odio tus eternas preguntas. Las mismas que me hacía yo cuando era una adolescente. Odio que vayas al gimnasio una vez cada 100 capítulos y que tengas ese cuerpo de infarto. Lo único que me hace sentir algo mejor es que le gustas más a las mujeres que a los hombres. Tenía que buscarte algo. Entiéndeme: el alcohol no te hace daño, el tabaco no te acorta la vida, los tacones no te duelen y las relaciones te aportan pasta. La suficiente como para comprarte un par de zapatos todavía más feos que todo tu vestuario y, por si fuera poco, para pagar el pisazo en Manhattan.

No no, si yo estoy encantada con mi piso en el Raval, pero te aseguro que tu columna me tiene muy inquieta. No paro de pensar: si lo que dices le interesa a tantas mujeres, este mundo se va a la mierda.

Odio a tus amigas. Todas y cada una de ellas es el prototipo de mujer que, por mucho que pretendas convencerme de lo contrario, no existen. Odio a Miranda que va de feminista y que, en realidad, es una amargada. Odio a Charlotte y su concepto de familia y ama de casa. Odio a Samantha que folla tres veces por hora sin condón y no pilla ni una sola ETS. Odio a tus amigos gays que quieren ser las reinas del mambo. Odio a Mr. Big que hace creer a toda la población femenina que los tíos como él -los capullos con pasta- son los hombres de bien.

Y lo que más odio es que yo, por alguna extraña razón, soy la Carrie española. Sí, tócate los huevos, maja.

Me acuerdo de como hace un par de meses, mientras estaba trabajando (yo sí lo hago), se me acercó una chica. Eran las diez de la mañana, yo ya había atendido a unas cinco como ella. La chica iba bien vestida y tenía esa cara de haber estado 15 años seguidos de vacaciones. Tenía el pelo liso y cuidado, los labios recién pintados y los tacones de ocho. Yo – una cara de sueño, el labial desgastado de tanto hablar con las perfectas como ella y ganas de volver a la cama.

 - ¿En qué te puedo ayudar?- le pregunté sonriendo. El trabajo es el trabajo.

Me miró con esa expresión imposible de entender. Sí, la misma cara con la que te miran las niñas (y no tan niñas) que te adoran tras terminar cualquier de tus malditos capítulos.

- Eres Alena- me decía, mientras me repasaba con la mirada: de arriba abajo. De abajo arriba. – ¿Qué haces aquí?
- Trabajar,- le dije.- ¿Nos conocemos?
- Increíble,- me respondió con la cara de asombro.
- ¿?
- Y yo que pensaba que estabas forrada y sólo te dedicabas a escribir. Como Carrie. Me encanta Carrie, ¿sabes?

Ahí es cuando te odié, señorita Bradshaw. Entiéndeme.

Ella, como la gran parte de la población, te quiere. Supongo que a mí también me quería, pero se le cayó el mito. Ya me entiendes. Las mujeres estamos enganchadas a las series americanas y a las películas de Hollywood. Nos encanta vivir, a través de la pantalla, las vidas que jamás vamos a tener. Las vidas que tienen otro tipo de complicaciones, muy ajenas a las nuestras, por muy patéticas que sean. Vidas superficiales, criticables y -por qué no- deseables. Una Carmen no nos motiva. Una Carrie sí. Tú lo sabes bien: a nadie le gusta seguir, capitulo por capitulo, a las mujeres con piernas hinchadas por el embarazo o con bebés que no paran de llorar, a las que el día 20 del mes rezan por el siguiente sueldo, a las que tienen estrías y celulitis, a las que compran en Zara y comen de Mercadona. ¿Para qué? Para eso ya estamos nosotras. Tú nos colaste hace tiempo y no muestras tus varices. Nosotras queremos a los personajes como tú, las que apenas se mueven el dedo y lloran, cual niñata del cole, por un chico que no les hace caso. Nos gusta sentirnos identificadas contigo y con tus amigas, igual de vacías y suertudas. Y, si encima alguna de vosotras tiene un problema para quedarse embarazada, se divorcia, queda sin crédito en la tarjeta o tiene una enfermedad, más que mejor. Nos alegra pensar que vosotras también sufrís. Aunque fuese durante dos capítulos de 25 minutos. Algo es algo.

Pero yo te odio. No por tu supuesta perfección, ni por tu suerte a la hora de vivir de lo que más te apasiona. Te odio por hacerles daño. Por hacerles creer que eso es vida y que lo que tienen ellas es una mierda pinchada en un palo. Si te tuviese delante, seguramente me dirías algo como: “No soy mala, me han dibujad así”, pero es lo que hay. Tú eres tú. Y eres odiosa. Eres todo lo que una mujer debería evitar a parecer. Y, sin embargo, se empeñan en lo contrario.

Es curioso, pero las mujeres somos tan influenciables como para no sólo quererte a ti, sino a tu alter ego, a Sarah. Tú eres el ícono de estilo y ella, en la vida real, es la que se lleva las medallas. En el fondo eres una pringada.

Pero bueno, eres influyente. Ni siquiera existes de verdad, sin embargo has conseguido que las féminas te copien y te adoren. Quizás no eres tan tonta como yo me lo creía.

Aquella chica, la de las vacaciones eternas, me seguía mirando esperando una explicación. Como si le tuviese que decir que se trataba de un error. Pero no había ningún error. No soy tú. Aún y así conozco de memoria las cinco temporadas de tu estúpida serie.

Yo también escribo en algunos medios y, con el dinero que me gano por ello, me compro zapatos mucho más bonitos que los tuyos, y bastante mejor de precio. Yo también tengo amigas. Las mías follan más que Samantha y no necesitan fardar de ello. Las mías tienen familias e hijos y no hablan de ello las 24 horas al día. Las mías luchan por los derechos de la mujer sin olvidar de ser felices. Las mías se alegran más por tener una familia con salud que por un bolso de Vuitton. Tú ni siquiera has mencionado a la tuya. Maldita seas.

Yo también quiero estar con la misma persona toda mi vida, pero me importa más cómo me trata que lo que me compra.

Sí, puede que tengamos unas vidas algo parecidas. Muy por encima. Pero a la tuya le falta la autenticidad.

¿Te había dicho que te odiaba? No, Carrie. Me equivoqué. Te adoro. Por hacerme ver que mi vida es maravillosa.

Gracias, Bradshaw. Y hasta la próxima.”

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Bradshaw  Carrie  Engaño  Sexo  

7 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Carrie, el alcohol no te hace daño, el tabaco no te acorta la vida, los tacones no te duelen. Claro.”

7 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Te voy a decir por qué odio yo Sex & the City, que igual hasta la odio más que tú y todo. Porque me ha estropeado algunos de los seximbolos más gordos de mi vida.

    Al Chris de la radio de Doctor en Alaska, sacándolo un poco gordo, un poco calvo y en un personaje moñoño a más no poder, que le pone la Carrie cuernos pero es que dan ganas.

    Al Paul Atreides de Dune, malditos sean, que me lo dejan impotente y más pijo que si se hubiera tragado un palo de jugar al polo.

    A Baryshnikov, que ya es mala folla, desgraciados, que lo sacan viejo y eso no es malo per se si no fuera porque también lo sacan ególatra y un punto maltratador, que hasta le suelta una bofetada a la Carrie, que a todos nos dan ganas, caramba, pero no lo hacemos.

    Gentuza. Con la de paj… buenos recuerdos que tenía yo de estos caballeros y ahora los veo patéticos como sus correspondientes personajes en la serie.

    Ainssss.

  2. Avatar de Sashimi Blues

    Ronro, querida, secundo tu cabreo. Baryshnikov fue mi primer amor. Hasta tuve un novio que se parecía a él. Y va la saboría de Carrie y nos vende a un ruso malo malo. Otra razón para que Alena odie a semejante insecto palo.
    Diré en contra mía que no solo he visto la serie, sino que la tengo en caja de coleccionista. Me encanta, pero ni por lo más remoto se me ocurre que exista alguien así, y menos que quiera ser como ella. También me gustan las novelas de vampiros y no voy chupando sangre por ahí. Pero sí que es verdad que ha hecho mucho daño a la humanidad femenina. Es más, es la precursora de las blogueras IT que nos amenazan a la vuelta de cada esquina.

    Yo me quedo con Alena… ¡no hay color!

  3. Avatar de Anita Patata Frita

    A mi me gustaba la serie cuando tenía 22 o así, ahora que tengo más cerca la edad de las protagonistas me parece absurda, eso creo que dice mucho de la madurez mental de los guiones, pero vamos que el caso es no creerse nada a pies juntillas. Yo sigo tragándome cada reponsición y las disfruto a la par que me río de ellas

  4. EspoirEspoir

    Yo desarrollé todo un discurso sobre la serie en su momento, a ver si me acuerdo de él después de tantos años y tantos discursos largados.

    A mí lo que me gusta de SNY es el poder que da a la palabra. Las protagonistas hablan sin parar. Dicen sandeces y cosas ingeniosas (pocas; pese a que, lo admito, tengo una cierta debilidad por la amargura de Miranda y la ligereza de cascos de Samantha, las otras dos A LA PIRA). Se liberan hablando de lo que les preocupa, de lo que no les gusta, de lo que las aterra y también de lo que les divierte. Si todos desarrolláramos esa capacidad de expresar lo bueno y lo malo de nuestras vidas, creo que viviríamos mejor. Alena ya publicó un post sobre lo estúpido de las amistades en plan a mi me va genial, uy pues a mí aún mejor. Los amigos, las amigas en este caso, están para explorar la vida a través de la visión del otro, y viceversa. A la vez, quizá fue una de las primeras series que no dudaban en enfrentar a sus personajes con el más amargo ridículo. En esos dos sentidos, la serie me resultó muy liberadora.

    Lo que me parece ridículo es la lectura en clave feminista que se le dio en su momento. Madre mía, hay más feminismo en Madame Bovary, y mira que hay poco, que en todas las células vitales de la Carrie Bradshaw, esa chica de belleza distraída. Hay pocos productos culturales menos feministas que SNY. Al fin y al cabo se trata de la búsqueda de un príncipe azul a través de una burrada de capítulos. Pero de eso no tiene culpa la serie, que como producto escapista y de entretenimiento tiene su qué, sino de toda la tontería postmoderna que llevamos encima.

  5. JulsJuls

    He tardado muchísimo en leer este post y eso que tenía muchas ganas. Nunca me ha gustado “Sex in the City” la he visto alguna vez con mis amigas porque en algún momento es un trance inevitable, la veía sin más, ni me molestaba, ni me gustaba, no tenía gran interés en continuar sabiendo de las peripecias de Carry y cia. Hasta que un día en casa, mi hermano me pilló en el salón viendo una de las eternas reposiciones y me dijo una frase que no olvidaré nunca “No te das cuenta que esta serie está escrita por hombres para las mujeres, es más para que las mujeres penseís que está hecha por mujeres” Mi hermano es un hombre de bien, y no mucho tiempo después me dí cuenta de la razón que tenía.

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