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Relaciones

Yo soy tóxica. Pero tú también

¿No te apoya en tu nuevo proyecto? Aléjate de ese maldito bicho, es tóxico. ¿Te ha dejado de querer? Qué tío tan tóxico, ¡fuera de tu vida!

Hay tres cosas que están muy de moda últimamente: meditar, comprar libros para fotografiarlos y aislarse de las personas tóxicas. Lo de meditar tiene sentido. Yo, si fuese algo más aplicada, más paciente y menos quejica, lo intentaría. Pero es algo tan imposible para una persona como yo que no me queda otra que envidiar a los que meditan y meterme con ellos, por pura impotencia.

Lo de los libros es más común de lo que parece: he conocido a unos cuantos con estanterías repletas de libros intactos. De nada sirve defenderse con que no tienes tiempo para la lectura, mientras tu Instagram está lleno de cubiertas. Intentar justificarte con esto es como insistir en que teóricamente sigues siendo virgen porque el sexo anal con diez tíos de tu Uni no cuenta.

La última moda, la de liberarte de las personas tóxicas, está muy bien y es igual o incluso más necesaria que la de la meditación. El problema es que cuando haces POP, ya no hay STOP. Ahora todo ser humano pasa de ser molesto a ser tóxico. ¿No te apoya en tu nuevo proyecto? Aléjate de ese maldito bicho, es tóxico. ¿Te ha dejado de querer? Qué tío tan tóxico, ¡fuera de tu vida! ¿No le gusta serie “Girls”? Qué esperabas, hija, su toxicidad le impide pensar con claridad.

Mi Facebook está repleto de artículos de psicólogos y de revistas femeninas que te explican “cómo detectar a las personas tóxicas”. Todos tienen una receta universal, simple y definitiva. Se me antoja un spray para alejarlos de nosotros. A los tóxicos, y a los que escriben aquellos artículos.

Hace unos días tuve una mini reunión con tres conocidas mías. La llamo “reunión” porque aquello se parecía a una reunión de alcohólicos anónimos en la que las anónimas eran ellas. Yo me pedí una copa de vino, luego otra, luego tercera, y después opiné.

Hablamos de las relaciones tóxicas. Marta, una de ellas, salía con un tío que la hacía sentir mal: le decía que estaba gorda y que no valía para nada. Aseguraba Marta que su novio era tóxico, cuando en realidad era peor que esto, era un maltratador psicológico. Pero yo me callé, porque todavía iba por la primera copa.

Maite, otra de las “reunidas” nos contó que su último ex era tóxico. Se dio cuenta gracias a una revista femenina que decía que si alguien no te quiere como tú te lo mereces, es que ese alguien es tóxico. Ella estaba segura que su novio era tóxico, y por eso lo dejó. Y a mí me pareció bien que lo dejase- ¿para qué estar con alguien que no te quiere como a ti te gustaría?- pero llamarlo “tóxico” por no haber cumplido tus expectativas… pues no sé yo. Sin embargo yo me callé, porque todavía iba por la segunda copa.

Julia no tenía relaciones desde hace más de dos años, pero leía mucho sobre la toxicidad de las relaciones y se aferró a que la mayoría de sus amigas están en relación con personas tóxicas: aquellas que siempre hablan de sí mismas y sólo tienen en cuenta a sí mismas. Luego me preguntó si yo había estado con un tío tóxico.

Yo iba por la tercera copa, así que hablé.

Le dije algo así como: no sé, yo creo que mis ex no eran tóxicos. De hecho no creo que nadie sea tóxico así, a secas. Que hay relaciones tóxicas, sí, pero no por eso uno de los miembros tiene que serlo.

Vocalizaba bien, pero no me entendían. Entonces les puse un ejemplo.

Hace unos años estuve con un chico. Yo creí que me había enamorado, y se lo hice creer a él, pero no era cierto. En realidad, me acababa de separar de mi ex que me había hecho mucho daño (probablemente sin querer), y lo había conocido a él. Claro, como el chaval no se parecía en nada con mi ex, pensé que me encantaba. La verdad es que Carlos (llamémoslo así) hacía lo posible para que yo me sintiese bien y yo descargaba toda mi rabia con él. Día sí, día también le contaba lo mal que me sentía por la ruptura con mi ex. El pobre aguantó horas y horas de mis charlas durante un par o tres de meses… y luego lo dejé porque no estaba enamorada de él.

Carlos me odia. Piensa que soy una persona tóxica. Compartió la reflexión en todas sus redes sociales y sospecho que fue autor de algunos de los artículos de los que están tan de moda. De hecho, probablemente tuvimos una relación tóxica. Tóxica para él. Pero pregunto: ¿me convierte eso a mí en una persona tóxica universal?

Pues no.

Nuestra relación puede considerarse tóxica porque no éramos compatibles, porque yo no estaba enamorada, porque el hecho de que no le tratase del todo bien le hizo sufrir, porque yo no me involucraba como él y porque él no me importaba como para ser mi pareja. Yo estaba confundida y perdida. Estaba pasándolo mal por haberme separado. No estaba para tener una relación seria y, además, no le quería. Eso sí, cuando me di cuenta de ello, lo dejé.

Mis conocidas me miraron raro. Supongo que, de repente, me convertí en alguien horrible en sus ojos (la mierda de internet nos hace demasiado frágiles). Les dije que el novio de Marta era un maltratador. Que el ex de Maite no era como ella esperaba, y ya está. Que los novios de las amigas de Julia son unos egocéntricos. Y que sí, que todas aquellas relaciones eran tóxicas porque no les hacían felices a ellas, pero que si ellas prolongaban aquello, seguirían sin serlo. Sus relaciones eran tóxicas, pero no por ello todos sus participantes lo eran.

Una misma persona puede ser tóxica para ti pero maravillosa para otros (exceptuando a los maltratadores). Colgamos la etiqueta muy a la ligera. Lo hacemos, en la mayoría de los casos, para justificarnos a nosotras, como si necesitáramos algún tipo de justificación ante nosotras mismas. Insultamos a los que no cumplen, a los que no nos aman como creemos que nos merecemos, a los que no piensan en nosotros, a los que no nos cuidan y los que no nos convienen. Los insultamos, nos separamos de ellos y nos va bien odiarlos para olvidarlos más rápido. Pero luego nos sorprendemos cuando los vemos felices con otros. «Ya les irá mal pronto», pensamos y nos frotamos las manos.

Pero les va bien.
Entonces no entendemos nada. ¿Por qué con otros sí y con nosotros no?

La respuesta es simple: no éramos compatibles. Tan fácil como eso.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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10 COMENTARIOS

  1. monsieur le sixmonsieur le six

    Intentar justificarte con esto es como insistir en que teóricamente sigues siendo virgen porque el sexo anal con diez tíos de tu Uni no cuenta.

    La frase definitiva XD

    Pero lo mejor es lo de Vocalizaba bien. ¿Ya hablas más despacio? :P

    Muy bueno el artículo y completamente de acuerdo. La gente tendría que relajarse más y no estar a cada paso cupabilizando a los demás, sólo para sentirse ellos más tranquilos. Resulta muy reconfortante eso de hacerse el inocente y pensar que las personas que no hacen lo que te gustaría son el demonio, pero también es bastante infantil. Etiquetas como “tóxico” pueden tener sentido en algún caso, pero hay que usarlas con cuidado. La mayoría de la gente no lo es.

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Eso se lo preguntas a mi madre, que tiene 76 años y emplea toda su energía en seguir siendo optimista, y te dice que entre los viejos hay muchos de los que hay que huir porque su pesimismo vital te dinamita los esfuerzos. «Que yo ya sé que me quedan dos telediarios, porra, pero lo que menos necesito al lado es alguien que me lo recuerde continuamente ». Así que esos viejos podríamos decir que sí son tóxicos, para otros viejos. No lo serán para sus hijos y sus nietos, por los que se desvivirán, a lo mejor, y que tienen la muerte como algo muy futuro, pero para otro abuelo son lo peor de lo peor.

    O, por ejemplo, hay gente en el trabajo que siempre está acojonada por el futuro. Hablas con ellos y siempre están a punto de echarnos, de machacarnos con el convenio (ahora, de huelga ni les hables), y de rodo lo más peor del mundo. Llevan así 20 años, los tíos. Esa gente es tóxica para el resto de los compañeros, porque si les dejas te calientan la cabeza y acabas tú también acobardado.

    Pero supongo que tienes razón y no son universalmente tóxicos, aunque sean claramente nocivos para el ánimo de algunos.

  3. Avatar de XarlotteXarlotte

    Totalmente de acuerdo, excepto que yo siempre interpreté que las personas tóxicas lo eran para mi, no intrínsecamente.

    Pero quería comentarte algo porque yo coincidía perfectamente que esta definición, excepto que no tengo blog.

    “Yo, si fuese algo más aplicada, más paciente y menos cínica, intentaría pasar una hora al día sin pensar en nada. Pero es algo tan imposible para una persona como yo que no me queda otra que envidiar a los que meditan y meterme con ellos en mi blog.”

    Despés de haberlo intentado en diversas ocasiones, sabía que no quería chakras, ni lugares especiales, ni ojitos interiores. Quería meditar, por los beneficios que todo el mundo alababa, pero pensaba que alguien como yo no podía. Hasta que probé Headspace. Llevo unas semanas meditando y me está sentando genial. Por si quieres probar, los primeros 10 días son gratis. ¡Ah! Es en inglés.

    Me encanta tu blog.

  4. Avatar de mary freire matamary freire mata

    Discrepo totalmente. Yo creo que sí existen las personas tóxicas. Son esas que siempre te contagian su mal rollo. Da igual que tengan trabajo o pareja, los verás amargados y cuando tú estés feliz por algún motivo en concreto, vendrán ellos a ” pincharte el globo”. Cuanto más lejos estén, mejor. Porque esa gente no aportará nada a tu vida

  5. Avatar de YolandaYolanda

    A mi tampoco me gusta etiquetar a las personas como “tóxicas”, no lo acepto entre personas.
    Es cierto que está muy de moda en el mundo terapéutico, se utiliza a la ligera.

    Hay personas que te chupan la energía (quizás porque ese día no es un buen día para quedar), otras con las que quedas y te cuentan sus dramas (porque en el fondo nos va el morbo y lo permitimos), otras que sólo quieren explicarte lo maravillosa que es su vida mientras estás pensando en las facturas que debes y lo mucho que añoras a tu ex (quizás sus amistades más próximas ya conocen su felicidad y necesita hacer un “compartir”)…, pero tienen otras etiquetas, no son tóxicas, no soy tóxica.
    Buen post!

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