chernobyl
Relaciones

Y luego llovió

Aquel 26 de abril del 1986 yo tenía 4 años y un día, y un miedo atroz

Un día como hoy, hace 31 años, me desperté por la mañana, en casa de mi abuela en Ucrania. Estábamos de visita.

Mi abuela se ocupó del desayuno, mi madre estaba lavando la ropa a mano y mi padre colgaba una estantería en la pared. Yo me acerqué a la ventana para ver si mis amigos estaban jugando fuera.

El cielo estaba… raro. Estaba precioso, colorido, pecoso. Había nubes de todos los colores: rosas con lunares verdes, verdes con lunares amarillas… Empecé a saltar de alegría: «¡Mamá! Alguien ha coloreado el cielo. ¡Mira, mira!», grité excitada, mientras agarraba a mi madre por la falda y la arrastraba hacia la ventana.

«¡Pero qué cuentista eres!», me dijo riendo. Pero me siguió, tenía manos enjabonadas.

Se quedó inmóvil ante el espectáculo. Enseguida corrió hacia la cocina para encender la radio. Volvió al comedor angustiada. «Sergey, está pasando algo, mira el cielo», le dijo a mi padre.

Mi padre hizo lo mismo que ella. Encendió la radio, puso la tele.

«No será nada», dijo mi abuela, «Si fuese algo, ya nos habrían avisado», añadió, convencida.

Pero mis padres nos prohibieron salir de casa. Mi abuela protestó, acabaron discutiendo fuerte, yo lloraba y gritaba que quería jugar, mi madre se asomó por la ventana para mandar a los niños a su casa, los padres de los niños se enfadaron con ella. Yo seguía llorando. Mi madre empezó a llorar. Mi abuela empezó a llorar.

Mi padre cerró todas las ventanas.

Y luego llovió.
Y seguían sin decirnos nada.

El 1 de mayo todo el pueblo salió en los desfiles del Día de los Trabajadores. Mis padres seguían inquietos. Mi abuela se reía de nosotros. Fue el primer día que pude salir de mi casa.

Aquel día todos juntos celebramos la mayor fiesta de la URSS, el país al que adorábamos, por el que trabajábamos, el que nos protegía y nos prometía un futuro brillante. El país que nos traicionó, ocultándonos la terrible verdad.

Tan sólo una semana después de las fiestas nos informaron de lo que había ocurrido. Dos años más tarde algunos vecinos de mi abuela ya estaban muertos. Ella se mudó a otra cuidad, bastante más lejana de la tragedia. Nosotros volvimos a Bielorrusia, el país que, según supimos después, fue el más afectado por la explosión.

El 80% de los niños acabamos enfermándonos por la radiación, en un grado u otro.

Aquellas nubes de colores fueron mi primer recuerdo de infancia. Aquel 26 de abril del 1986 yo tenía 4 años y un día, y un miedo atroz, aún sin ser consciente de lo que había pasado y sin saber todo lo que nos vendría encima.

Que descansen en paz todos aquellos que perdieron (y siguen perdiendo) vidas a consecuencia de esa horrible tragedia en Chernobyl.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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