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Relaciones

¿Y ahora me suelta que tiene pareja?

¿Es normal que un hombre o mujer oculte la existencia de una pareja en una primera cita?

Hace unas semanas me mudé de piso. “Otra mudanza, qué coñazo”, pensaba, mientras hacía cajas con libros, cajas que había pedido en el mercado de la esquina de casa, con restos de lechuga en el fondo. Las mudanzas, después de las rupturas, son lo peor que te puede pasar en momentos bajos, pero cuando se junta una ruputura con una mudanza, entonces es el doble peor. Era mi caso. No solamente estaba acabando (o más bien dicho empezando) de superar la ruptura con mi exnovia, sino que tenía que irme de la habitación donde estaba desde hacía dos meses porque mi compañero de piso quería vivir allí solo con su pareja. Vaya panorama.

Y ahí estaba yo, metiendo mis libros, entre ellos algunos de mi ex, en una caja lechugosa. Pensaba que mi día no podía mejorar, es más, seguro que empeoraba y que en qualquier momento llegaba mi compi de piso con su novia y se ponían a follar en la habitación de al lado. Pero no. Resulta que el destino me había reservado una alegría para ese día. Recibí una llamada de mi amigo Farabundo, un mexicano muy majo que conocía desde hacía un tiempo.

- Hola Laurita, ¿qué hases? ¿te animas a venir a una senita bien chida? Es el cumpleaños de mi amiga Chiara y vamos a organisar una velada mexicana. Como sé que te encantan los burritos pensé en llamarte.

- Hola Fara, pues ahora mismo estoy muy ocupada con unas lechugas…

- Venga va, anímate, es viernes noche y te irá bien despejarte un poquito.

- Vale, va… Un ratito solo…

Desde luego, necesitaba salir. Llevaba muchas horas encerrada en mi cueva desmontando estanterías, ordenando ropa que nunca me pongo, rompiendo fotos de mi ex, moqueando, hasta me había cortado el flequillo. Por mi cabeza pasó la imagen de cientos de burritos y tacos de distintos sabores, con rancheras sonando de fondo, piñas y palmeras, cantautores de boleros que me sonreían y me animaban a salir de casa para pasarlo bien por un rato.

Me arreglé un poco y salí del piso con una sonrisa. Al llegar al restaurante (con el original nombre de “Tacos tacos”), mi amigo Fara me presentó a su amiga Chiara, una mexicana de rasgos asiáticos preciosa, y el resto de amigos, todos ellos sonrientes y con acento divertido. Se parecían a los mariachis de mi visión.

Fue una velada muy chida, sobre todo porque los platos tenían nombre de palabrota (o “tacos”):

- Ponme una chinga tu madre y un hijo de la chingada por favor (risas).
- Yo quiero un vete a la verga y un pinche pendejo (risas).

Y así un buen rato.

Durante la cena me di cuenta de que Chiara me miraba todo el rato, de una forma estudiada, como si estuviera jugando a una timba de Poker conmigo. Ese detalle me animó bastante, hacía tiempo que no filtreaba con una chica y el tequila me animó a seguirle el juego durante un buen rato. Mi amigo Fara no se enteraba de nada y eso me divertía aún más. Era como si Chiara y yo jugáramos a algo en secreto, como niñas de doce años que hacen manitas en clase de biología mientras la profesora enseña al resto de alumnos cómo diseccionar una rana.

Después de cenar el grupo estaba bastante animado, probablemente por el “efecto Margarita”, así que decidieron ir a bailar a una fiesta de groove que habían montado unos colegas en una discoteca cercana. La música que sonaba era simplemente genial, cosa que no pasa a menudo, y estuvimos bailando durante horas, dándolo todo. Fara y yo hicimos varias excursiones a la barra para no perder el “efecto Margarita” y Chiara nos acompañaba alguna que otra vez. En esas ocasiones me cogía la mano para no perderme de vista, o para encontrarme, quién sabe, el caso es que tenía la piel muy suave.

Hacia el final de la noche, Chiara se acercó a mí y estuvimos bailando juntas las últimas canciones. Justo antes de apagar las luces, me miró fijamente y me dio un beso apasionado. Ocurrió de una forma natural y no forzada, fue un momento catártico, de pronto la música había parado de sonar y Chiara y yo estábamos en su habitación. Tengo recuerdos en forma de flashback de Fara mirándonos a Chiara y a mi besarnos y levantando los dos pulgares con cara de alucinado: “¡así se hase Laurita!”, parecía decir. Fue una noche maravillosa.

A la mañana siguiente Chiara me preparó el desayuno, un típico desayuno japonés, con té verde y tortilla japonesa. Me explicó que su madre era japonesa, su padre mexicano, ella era diseñadora de moda y aunque no se consideraba lesbiana, sí que había sentido curiosidad de estar con chicas antes. Yo la escuchaba con ternura, me parecía un ser fascinante y exótico. Nos despedimos con una sonrisa y quedamos para vernos esa misma semana. Ella me escribiría, sí, me lo dijo con una sonrisa y caricias.

Al cabo de unos días sin tener noticias suyas, decidí escribirle un mensaje para vernos. No respondió al momento, de hecho tardó un buen rato en dar señales, pero no me lo tomé como algo malo. Seguramente estaba ocupada. Finalmente, me contestó, me dijo que tenía mucho trabajo pero quedamos para encontrarnos al día siguiente en un restaurante mexicano para cenar. Qué original, ¿eh?

La esperé en el mexicano un buen rato tomando una michelada. Estaba nerviosa, era miércoles, un buen día para retomar la dieta alcohólica después de dos días de gimnasio. Chiara llegó tarde, no se había arreglado y estaba agobiada.

- Hola Laurita, perdona el retraso, vengo del despacho directa. Estoy a tope de trabajo. ¡Qué guapa te has puesto!

- Eh, si… bueno, lo normal, yo también vengo de trabajar.

Mentira. Me había arreglado durante horas para lo que pensaba era una segunda cita. Y se notaba. Se notaba que no venía de trabajar, ella lo sabía, yo también, la situación empezaba a incomodarme un poco.

Y es que en esta ocasión Chiara no se mostró entusiasmada por jugar a las miradas, ni por bailar conmigo, ni por prepararme un desayuno con edamame, ni siquiera se había arreglado para la supuesta segunda cita, creo que no tenía ganas de estar aquí, y eso que me había puesto mi vestido preferido. Ella estaba como ausente y durante la cena me habló a grandes rasgos de sus tareas de la semana. Estaba preparando un desfile para su nueva colección y probablemente la semana que viene tenía que irse a Nueva York.

- Nueva York, ¡qué suerte! Me encantaría ir ahí.
- Sí, de hecho mi novio vive allí. (Silencio) Tengo que irme pronto, porque cada día sobre las once de la noche hacemos Skype. Ya sabes los horarios, son un problema.
- Claro. Horarios. Problema. (Mi voz se iba a romper) ¿Novio?
- ¿No te dije? Hace un año que le conozco. Ahora vive en Nueva York y hablamos por Skype. Es duro y a veces una necesita compañía. Espero que no te sepa mal.

Me miro con una caída de ojos dulce, como si nunca hubiera roto un plato. Me entraron ganas de romperle un plato en la cabeza, a lo griego. No quería volver nunca jamás a entrar a un restaurante mexicano, los mariachis estaban desangrándose en el suelo de mi imaginación, las piñas estallaban en pedazos, las palmeras se habían secado, el disco de rancheras se había rayado y yo no podía respirar. Aquello era un ataque de pánico en toda regla, pero intenté disimularlo con un estilazo que dudo que pueda volver a tener en un futuro.

- No, claro, lo entiendo. Tranquila. Todo bien. Tranquila.
- Esto es una despedida, supongo.

Nos despedimos como si fuera una despedida. Con cierta frialdad, sin abrazos ni besos. Yo estaba en estado de shock. Sin duda aquella había sido una de las peores noches de mi vida, sentimentalmente hablando, claro. Y para colmo, los nachos con guacamole picante me sentaron fatal.

Pero lo peor es que tenía una larga mudanza por delante…

Una mudanza que tuve que tirar adelante mientras veía las fotos de Chiara con su novio en Instagram, hashtags como por ejemplo: #boyfriend #inlove #brooklyn

¿Alguna vez os ha pasado algo parecido? ¿Es normal que un hombre o mujer oculte la existencia de una pareja en una primera cita? ¿Debo valorar su sinceridad como algo bueno? ¿Fui imbécil al no montarle un numerito cuando me confesó que tenía pareja? ¿Qué clase de relación indirecta existe entre una infidelidad y los hashtags de amor?

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MartínovaPor
Martínova

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8 COMENTARIOS

  1. Avatar de MacatMacat

    A mi me pasó con un rollete del trabajo. Nos habíamos liado 2-3 veces y quedamos un día para comer. Cuando le pregunté que haría durante el fin de semana me dijo que tenía algo que hacer con su novia.

    Interiormente me quedé a cuadros pero intenté no exteriorizarlo (espero). Como tu, no le dije nada y actué como si no pasara nada. Me sentó fatal porque no me lo esperaba y me había hecho ilusiones. Lo peor de todo es que me lié con él algunas veces más. Craso error.

    En fin, si me volviera a pasar espero reaccionar de manera diferente, lanzarle un zasca contundente y salir de allí con muchísima dignidad. De los errores se aprende digo yo.

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Una vez, me pasó. Me entró un tipo en el súper, lo tenia visto de la piscina, todo muy normal, él muy mono y sonriente. Nadamos compartiendo calle unos días, quedamos a comer algún otro y al cabo de unas semanas nos enrollamos. Su mujer trabajaba de tardes, me lo dijo justo después de liarnos. Tenían un niño, que comía en el colegio y luego se quedaba unos días a inglés y otros a música, por eso tenía tanto tiempo “libre”.

    Me cogí un rebote de órdago, no porque me hubiera hecho ilusión una relación “seria” con él, sino porque yo viví de pequeña el dolor que provoca una infidelidad cuando tú eres ese niño cargado de extraescolares para que tu padre pueda zorrear a gusto, así que a un hombre casado no me acerco ni borracha, drogada y muerta de jambre. Le dije que si me veía por la calle yendo con su mujer se cruzara de acera porque pensaba acercarme y contárselo todo. Estaba muerto de miedo y, sí, por dos veces se cruzó de acera. Estuve dudando mucho si ir a verla y decirle que estaba viviendo una mentira, pero no lo hice. Al poco tiempo le pillaron con otra y se separó. Lo sé porque me llamó para decírmelo.

  3. Avatar de Kruzio BaalKruzio Baal

    Algo parecido, sí.
    Por la era en la que vivimos y la forma en la que nos relacionamos que todo va deprisa, la gente no tiene esa educación de LEALTAD, veo muchas situaciones en las que una de las dos personas quiere algo serio pero sin desprenderse de esa libertad de soltería, o lo que es lo mismo: los derechos de tener pareja y soltería pero sin sus responsabilidades y consecuencias.
    La sinceridad tiene que venir desde el minuto uno, y aunque parezca algo salido de tono, leyendo el párrafo anterior hay que preguntar casi de primeras si tiene pareja o no… visto lo visto (cosa nada agradable).
    Ni numerito ni nada, ¡toda una señorita! nada más que decir. :D
    Las relaciones así, son relaciones,sí, de vida social, pero no de una pareja, sino de gilipollas. :S

  4. monsieur le sixmonsieur le six

    Vaya, las infidelidades, mi tema preferido…
    Ya casi me asusta comentar para no ser demasiado pesado.
    Básicamente pienso lo mismo que Kruzio: la lealtad es un principio muy importante al que hoy en día, desgraciadamente, se le deja un poco de lado.
    Yo no soy partidario de la fidelidad, creo que es una restricción demasiado estricta, impuesta por siglos de celos, miedos y puritanismo. Ahora bien, de lo que sí soy partidario es de la lealtad. Tu pareja debe saber desde el primer día si estás abierto a tener aventuras con otra persona, y la persona con la que tienes la aventura debería saber, desde antes del primer beso, que tienes pareja. Todo lo demás es engañar a la gente para aprovecharse de la situación.

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