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Sociedad

Vidas cruzadas

Aquel novio tan guapo que ahora está calvo y barrigón, aquel vestido tan mono entonces y tan ridículo ahora...

Me gusta madrugar. Lo hago por obligación, aunque no me cuesta esfuerzo. El silencio de la casa, la penumbra, estrenar un nuevo día. Sigo un ritual cronometrado hecho de rutina y placer. Después de ducharme me siento en el sofá con mi desayuno a leer las noticias y cotillear las redes. Pero, la otra mañana, me amargaron el café. Al entrar en Facebook, me encontré con uno de esos recuerdos que el señor Mark Zuckerberg ha decidido que no debemos olvidar. ¡Maldito algoritmo cabrón! Ni quería ni debía traer aquella imagen a mi mente. Bastante me había costado olvidarla, borrarla, para que ahora la pantalla me la escupiera.

Me entraron ganas de tirar el teléfono e irme a una cabaña perdida en medio de la nada, donde nadie supiera de mi existencia. Me di de bruces con los demonios del mundo digital.

Y es que, en la era de la sobreinformación, el olvido no se contempla. Somos más esclavos de nuestro pasado que nunca. No existe margen para la equivocación. Las peleas de patio son cyberbulliyng, los posados adolescentes rozan la pederastia, las juergas universitarias pueden hacerte perder más de un trabajo. Queremos mostrarle a los demás cómo de guapos estamos, qué bien lo pasamos y qué estupendos son nuestros novios/maridos/hijos/animales de compañía. Internet es un terapeuta barato que siempre está ahí, donde nos podemos desahogar, gritarle al mundo que existimos. Y, aunque sabemos de sus riesgos, no podemos evitarlo. Necesitamos ser visibles.

Recuerdo una adolescencia en la que no había ni móviles ni internet. Donde cada foto se guardaba como un tesoro, cada llamada era un vuelco al corazón, donde quedábamos con alguien días antes y sin posibilidad de avisar ante cualquier imprevisto.  Hasta que llegó Internet y nos volvimos locos. Tuvimos amigos por encima de nuestras posibilidades, nos vimos forzados a mostrar al mundo nuestra dudosa felicidad. Todo se volvió mentira. Vivimos vidas cruzadas, donde todos sabemos de todo y de nada. Puedo contaros qué lleva puesto hoy mi prima de Valencia o qué opina sobre los refugiados el novio de un compañero de trabajo. Y sin embargo, cada vez nos conocemos menos. ¿Hace cuánto que no haces una llamada, una de verdad, a un amigo para saber simplemente cómo está?

No. No voy a renegar del mundo en el que vivo. Sigo escribiendo cartas, revelando fotos, comprando vinilos, de la misma manera que enciendo la pantalla y paseo por la red, tan inmediata y tan frívola a veces. La misma que me ha permitido reencontrar amigos que la vida se llevó lejos, hacer otros con los que comparto gustos e inquietudes, poder escribir cada uno de estos artículos. Dejémonos de tonterías: internet nos ha hecho la vida más sencilla y más divertida. Podemos pasar sin el móvil, seguramente, pero no queremos, porque nos gusta.

Entonces, ¿qué pasa con los recuerdos traicioneros? Son solo eso, pedacitos del pasado que quedó atrás. Si los vivimos, si nos hicieron felices en ese momento, merecen un instante del presente para recordar de dónde venimos y porqué estamos ahora aquí. Aquel novio tan guapo que ahora está calvo y barrigón, aquel vestido tan mono entonces y tan ridículo ahora, un amigo que te abraza y con el que ya ni te saludas…

Mientras tanto, nadie podrá quitarme el placer de cerrar los ojos y evocar el ruido del mar en verano, el olor de mi hija cuando nació, el sabor de los besos de mi primer amor. Creo que, por ahora, no se ha inventado ninguna aplicación que lo permita. Aprenderemos a vivir con las huellas del pasado, prestaremos atención a la estela que dejamos a nuestro paso, pues sabemos que volveremos a encontrarnos en un futuro.

Desde el otro día, y por si acaso, doy un trago largo al café antes de conectarme. Quiero estar bien despierta para recibir las sorpresas que la mañana me tiene preparada.

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Sashimi BluesPor
Sashimi Blues

Madre, esposa, profesora de secundaria y otras etiquetas al uso. En Intersexciones doy mi visión sobre esa vida estable que algunos anhelan y otros demonizan.

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UN COMENTARIO

  1. Avatar de Kruzio BaalKruzio Baal

    Adoro el cuarto párrafo. “Recuerdo una adolescencia…”

    Como dijo una abuela en youtube, los jóvenes creemos que nos comunicamos, pero no es verdad.
    Razón no le falta, sin internet ne el móvil y aun con él… poca gente tiene una relación bidireccional. xD

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