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Relaciones

Veneno en la piel

¿Qué nos lleva a dejarnos arrastrar por gente así?

Imagínate flotando en aguas cristalinas, en una playa de ensueño, pensando en lo maravillosa que puede ser la vida y en lo lejos que está el capullo de tu jefe. De repente sientes un picor, un dolor, un escozor insoportable, una sensación parecida al despertador el primer día de colegio. Algo que te saca de tu mundo de piruleta y te devuelve a la cruda realidad. Te ha picado una medusa. Tras pasar por las manos poco expertas del socorrista y aguantar las bromas sobre lo buena que es la orina en este caso, te vas de la playa con la cabeza gacha, con la pierna como una bota y dando por jodidas tus vacaciones. Te han pillado con la guardia baja y un regusto a fracaso se pega a tu paladar. ¿Volverás a bañarte? Seguramente, pero tras comprobar el fondo del mar y mirar todos los colorines de las banderas de la playa, por si alguna avisa contra medusas.

Ese veneno no es patrimonio de bichos inmundos, no. Hay seres humanos que lo llevan en sus maneras, en su forma de relacionarse con los demás y que gustan de repartirlo a diestro y siniestro. Son lo que llamamos personas tóxicas. Y si no sabes qué son, es que estás tan envenenado que no te das ni cuenta. Hablamos mucho de relaciones tóxicas, de parejas que anulan, que duelen. ¿Y las amistades tóxicas? Estamos rodeados de ellas. Gente que nos quiere para mal: los que solo nos cuentan sus desgracias, los que nos quieren débiles para compadecernos y sentirse superiores. Por no hablar de las lenguas viperinas que critican y atacan a cualquiera que no les baile el agua. Y yo, como todos vosotros, también las he sufrido.

Hace muchos años tuve una amiga. Una de esas con mayúsculas. Se llamaba Inés. Era una chica diez: lista, guapa, simpática, divertida y con una personalidad arrolladora. Una noche de copas coincidimos con una compañera de facultad que, la verdad, era tan mala y tan retorcida que ni recordaba su nombre. Pasamos el rato hablando y bailando, nada memorable. Cuál fue mi sorpresa al ver que entre Inés y la bruja de mi clase surgió la amistad. Poco a poco dejamos de ser tres para que ellas fueran dos. No podía entender qué veía mi amiga en aquella chica tan mala, cómo no se daba cuenta de los hilos que había tejido a su alrededor. Así, Inés pasó de líder nata a lacaya de alguien insignificante, pero con la suficiente fuerza para fagocitar su personalidad.

Aquella experiencia me dolió y me sirvió para andar por la vida con los ojos bien abiertos. Nunca me he dejado manejar por amistades insanas y he huido de quien critica a los demás. Y por no dejarme arrastrar, me he visto apartada e incluso atacada por aquellos que no pudieron llevarme a su terreno. No, no es tan fácil mantenerse íntegra.

¿Qué nos lleva a dejarnos arrastrar por gente así? ¿De verdad somos tan tontos? No lo creo. Sencillamente, necesitamos sentirnos importantes, queridos. Las personas tóxicas emanan un campo magnético del que es difícil escapar. Nos sentimos especiales por ser admitidos dentro de su círculo, el que ellos mismos se encargan de limitar y mucho. En la adolescencia es algo evidente; surgen las guerras de poder, el deseo de ser popular o, al menos, sobrevivir al instituto. Es parte de nuestro crecimiento, creo… Entonces, ¿por qué seguimos el mismo juego al llegar a la edad adulta? En mi familia, en mi trabajo, entre mis amistades hay gente muy tóxica. Igual que entre los vuestros. Seguro. Ojalá se dieran cuenta. Ojalá ambas partes dejaran de jugar a un juego tan peligroso.

Al igual que el mar está lleno de medusas, en entorno también me rodean personas llenas de veneno. Recuerda que el afecto, el respeto, la suma equitativa de dos partes es la ecuación perfecta de la amistad. Si uno de esos tres factores falla, ya no merece llamarse así. Así que fíjate bien de quién te rodeas y qué te aportan esas personas. Ya lo dice el refranero español: “dime con quién andas y te diré quién eres”.

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4 comentarios

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Sashimi BluesPor
Sashimi Blues

Madre, esposa, profesora de secundaria y otras etiquetas al uso. En Intersexciones doy mi visión sobre esa vida estable que algunos anhelan y otros demonizan.

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4 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Con esto de la gente tóxica, me pregunto si serán “universalmente” tóxicos o si sólo son nocivos para algunas personas. ¿Puede tu tóxico ser mi bálsamo, por ejemplo?

    También, cuando lo pienso, me pregunto cuánta gente de mi pasado me calificará de tóxica a mí, y por qué; me parece probable, en cualquier caso.

    No sé si son tóxicos, pero procuro huir de:

    — Gente que siempre está criticando a otros y que, naturalmente, también me ponen a caldo a mí en cuanto me dé la vuelta, no voy a ser una excepción.

    — Víctimas, esa gente a la que los demás nunca tratan como se merece. Los amigos no les responden, la familia abusa de ellos, en el trabajo no les valoran siendo que les caen todos los marrones; el médico no les hace caso y la pareja no les entiende. ¡El mundo está contra ellos!

    — Gente que me pide lo que no les puedo dar, o lo que he dejado claro que no les quiero dar, y aun así se siguen doliendo cuando no se lo doy. Gente que no sabe aceptar tu “no” con la misma elegancia que aceptaría tu “sí”.

    — Conforme te haces viejo, lo veo por madre, también hay que huir de los que no paran de contarte sus enfermedades y quejarse de sus achaques, de sus arrugas, de sus carnes bailonas y, en general, de la inevitable decadencia. Envejecer con alegría es un trabajo diario y no hay que permitir que te lo dinamiten.

    Si lo tengo que resumir, diría que hay mucha gente y muy poco tiempo, así que hay que rodearse de gente que te acepte como eres pero que, a pesar de eso, saque lo mejor de ti. El resto hay que irlos escardando, conforme se pueda.

    1. Sashimi BluesSashimi Blues Autor

      Lo has clavado, Ronro. Está claro que la toxicidad está en los ojos de quien la mira, aunque hay unos mínimos universales. Esos de los que tu hablas.
      Creo que la edad nos vuelve sabios, escapando de lo que nos perjudica. No siempre, pero sí por regla general.
      A veces pienso… ” si ese se mordiera la lengua, se envenenaría….”

  2. monsieur le sixmonsieur le six

    A mí que me perdonen, pero eso de las personas “tóxicas” lo veo como una excusa de gente con poco carácter para justificarse cuando se han dejado influenciar demasiado tiempo por personas que no les convenían.
    Toda la vida han existido personas malas, envidiosas, egoístas, y mil cosas más. Es normal, el ser humano tiene defectos, probablemente muchos de nosotros, yo mismo, tengamos algunos de éstos y otros parecidos; como dice Ronronia, quién sabe si nosotros mismos no seremos algo “tóxicos” para alguien.
    Pero no pasaba nada: Aprendías a tratar con ellos, incluso sin romper contacto con esas personas (a veces eran familiares, compañeros de trabajo, etc., con los que no podías dejar de tratar), o simplemente las ignorabas y a otra cosa, mariposa. Es lo que se llama capacidad de adaptación, o como se viene diciendo desde hace algún tiempo “inteligencia emocional”.

    Pero últimamente se ha puesto de moda apartarse completamente de estas personas y luego, hablar mal de ellas (vaya, justamente una de las cosas de las que se acusa a los “tóxicos”…) y lamentarse del “daño” emocional que nos han causado durante el tiempo que las tratamos, calificándolas de “tóxicas”. Si lo que pasa es que no sabemos desenvolvernos en nuestro entorno ni tratar con seres humanos, con los muchos defectos que todos ellos sin duda tienen (igual que nosotros mismos), ¿por qué no aceptamos nuestra propia incapacidad en lugar de acusar a los demás de algo?

    Yo creo que no hay personas tóxicas, sino débiles de carácter.

    1. Sashimi BluesSashimi Blues Autor

      Bueno, es cuestión de etiquetas. Es cierto que esto no es nada nuevo, ni lo que cuento ni lo que nos pasa. solamente, una forma de llamarlo. Como verás en el artículo hablo de la culpa de ambas partes: uno por ser instigador, el otro por dejarse subyugar.
      Yo no he apartado a mis tóxicos, sencillamente hago porque no me envenenen y porque no se envenenen ellos mismos

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