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Relaciones

Una sola frustración nunca es suficiente

Darnos una y otra vez con la misma piedra, o repetir varias veces el mismo error no es ni estupidez ni masoquismo. Es, desde mi punto de vista, un proceso de experimentación.

Dicen que el hombre es el único animal capaz de darse con la misma piedra dos o más veces. Es increíble que, a pesar de este error de diseño, sigamos siendo, con permiso de las cucarachas, la especie que mejor se ha adaptado al mundo y lo domina.

Pero hay otra máxima. Lo que hace que Pinocchio se vuelva un niño de verdad no es un conjuro del Hada Madrina, sino la capacidad de sentir esperanza por encima de todas las cosas. Es decir, luchar por nuestros sueños es lo que nos hace únicos y humanos.

Desde cierto punto de vista, podría acabar este post aquí y decir “hasta el próximo mes”… pero no quiero que Alena se enfade conmigo, así que explicaré el titular y los párrafos iniciales con más detalle y bajo la luz de las relaciones de pareja o, en este caso, las relaciones disparejas.

Sin importar qué tan avanzada esté una relación, a todos nos ha pasado alguna de las siguientes dos situaciones:

1. Cuando no queremos iniciar o continuar una relación pero la otra persona lo sigue intentando.

2. Cuando somos nosotros quiénes lo seguimos intentando, a pesar de que la otra persona no está por la labor o la relación no es conveniente.

Creo que ambas cosas pueden explicarse de la misma manera.

El que una persona (o la vida) nos dé el portazo en la cara y nos diga que “no”, genera, principalmente, frustración. Es posible, que desde un punto de vista racional, entendamos muy bien las razones que tiene esa persona para no darnos alas o las razones que nos da la vida para hacernos desistir. Pero aún, entendiéndolo, nos frustramos y nos cuesta aceptarlo.

Nos frustramos porque nuestra ilusión sigue viva. Nos frustramos porque el corazón no entiende de razones. Nos frustramos porque sabemos que valemos mucho y porque nos merecemos lo que deseamos. Nos frustramos porque somos aguerridos.

Es de lo más normal que si, por ejemplo, vosotras chicas, le decís a uno de mi especie (chico) que la relación no irá mucho más lejos, nosotros asintamos con la cabeza y demostremos que entendemos la situación. No es mentira que os entendemos, pero nuestro espíritu combativo y nuestro ego desestimará el valor de vuestro rechazo y muy probablemente lo volvamos a intentar.

Creo que este ego e instinto de lucha no es exclusivo de los chicos rechazados por chicas. Creo que es una condición humana. Una condición que se repite en muchas facetas de nuestras vidas, sin importar género.

Tal como Pinocchio, lo que nos hace niños de verdad verdad (humanos) es el creer en imposibles. Es creer que podemos cambiar el mundo. Es creer que podemos hacer cambiar de parecer a otra persona. Y es creer que nosotros mismos somos capaces de cambiar y mejorar.

Para mí, el momento más grande de nuestra historia como raza humana fue el 20 de julio de 1969: el día en que el Apolo 11 alunizó en la Luna. Creo que ese suceso es la prueba de que los imposibles se hacen posible. Que los sueños, más aún si son colectivos, se hacen realidad.

Por eso somos grandes en este Universo. Por eso evolucionamos más allá de cambios genéticos. Por eso nos adaptamos con mayor facilidad que otras especies a la adversidad. Esa llama interna de lucha y superación (esa adicción) es nuestra alma.

En resumidas cuentas, es un acto reflejo y un instinto. Por ello, cuando deseamos algo con todo nuestro corazón, nos cuesta aceptar su imposibilidad y buscamos (consciente o inconscientemente) soluciones al problema.

Sin embargo, una cosa es el instinto y otra muy distinta es la realidad. La vida no está hecha de hacer posibles todos los imposibles. La vida está hecha de gestionar lo posible y administrar muy bien la empresas imposibles en las que nos embarcamos. La vida está hecha de aprender que hay muchas cosas de las que no somos capaces aunque existan otras tantas que sí podemos lograr.

Ese aprendizaje se logra a través de golpes y frustraciones.

Darnos una y otra vez con la misma piedra, o repetir varias veces el mismo error no es ni estupidez ni masoquismo. Es, desde mi punto de vista, un proceso de experimentación. Es demostrarnos de lo que somos capaces y de lo que no somos capaces, de acuerdo a multiplicidad de condiciones, propias y externas. Dicho de otra manera, es aprender a gestionar nuestra esperanza de acuerdo a las distintas cartas y personas que la vida nos pone en el camino.

Hay personas que identifican cuándo luchar y cuándo dejar luchar de manera muy fácil y con rapidez. Estas personas focalizan sus esfuerzos de manera óptima y no pierden recursos ni tiempo en tareas que no serán fructíferas.

Hay personas a quiénes les cuesta más. En el Amor, soy de éstos últimos.

Pero a la larga el resultado será el mismo: aprenderemos, de acuerdo a las circunstancias, qué es posible y qué no lo es.

Sobre todo cuando se trata del corazón, darnos de bruces con la misma pared que nos detiene, frustrarnos respecto a una persona más de una vez, es expresar y comunicar la Fe que tenemos en ellos y en nosotros mismos. Fe que no tiene crédito ilimitado, pero que si nos importa de verdad, recibirá oportunidades hasta que se demuestre que no vale la pena.

Una sola frustración nunca es suficiente porque quién sabe, quizá, sí seamos capaces de cambiar el mundo, mi mundo y el de ella, nuestros mundos, juntos.

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4 comentarios

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MendezPor
Mendez

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“La vida no está hecha de hacer posibles todos los imposibles.”

4 COMENTARIOS

  1. EspoirEspoir

    Soy, en general, muy anti coach motivación. El subidón que te intenta proporcionar alguien que brinca y repite yes, we can o similar mientras trata de sublevar mi natural estado cínicopasivo me es algo muy triste, a medio camido entre el paraíso artificial (y desoladoramente efímero) de la cocaína y la actuación del payaso llorón. Pero en una de esas sesiones supuestamente dirigidas a cambiarte la vida llegué, a través del brainstorming, a la única máxima de autoayuda que me resulta útil, y que a veces me repito: la vida consiste en saber qué puedes cambiar y qué no. Hay que trabajar con lo primero y conformarse con lo segundo.

    Qué necesitamos para llegar a ese estado de iluminación? Diálogo interior. Cómo se desarrolla eso? Entrenando, como cualquier otra cosa. Leyendo libros sobre las verdades de la vida: Guerra y Paz, unas líneas de Shakespeare, la inmensa desilusión que se fragua en las mejores páginas de la novela negra, el grito de todo está por hacer y todo es posible que encontraremos en algunos versos. También viendo buen cine. Y hablando con gente más sabia que tú, y también con la más tonta. Abriendo bien los ojos cuando vamos por la calle. Alegrándonos cuando nos llevamos una lección merecida. Ejercitando la disciplina y templando el carácter, ya sea corriendo cada día un poco más o controlando la ansiedad que te lleva a atacar la nevera de madrugada. Y, cada noche, antes de dormir, reflexionando sobre todo ello.

    Pero en general, y hablo también por mi, lo que más nos gusta es leer páginas donde los buenos ganan y los malos pierden, porque reafirma esa ingenua idea de que así deben ser las cosas. Queremos que el héroe se salga con la suya y la chica consiga un novio. Nos hemos creído que la inmundicia televisiva nos hace libres porque creemos más en el derecho a la evasión que en cualquier necesidad de compromiso, incluso con nosotros mismos. Creemos que tenemos derecho a la felicidad per se, por el hecho de ser humanos. Y a todo lo mejor. Y a que no nos frustren. Y a tener una vida igual de buena que la de los demás, y por eso los que no ligan van de putas.

    La libertad, la felicidad, el equilibrio y la limitada sabiduría a la que podamos aspirar en esta vida breve y dolorosa que nos es dada surgen del trabajo, del valor, de la honradez consigo mismo, de la sinceridad ante nuestras verdades, del mirarse en el espejo y saber que no tienes derecho a nada más de lo que tú mismo te puedas procurar. Porque no somos nadie, y en realidad nadie merece nada, y los malos no son nunca malos del todo, y lo único que puede garantizarte mínimamente una buena decisión es tener un cerebro entrenado para pensar, aunque tampoco sea garantía de nada.

    En las relaciones, todo se resume en esto: tú das. El otro decide tomar; cojonudo. El otro decide no tomar; pues no hay nada que hacer. No lo puedes cambiar. Y no importa lo mucho que hayas hecho por él/ella, lo mucho que te merezcas que te tomen y te arrullen y te hagan dormir cantándote al oído. Uno sabe algo de la vida cuando sabe cuándo retirarse de otro, o irse de la fiesta antes de hacerse pesado.

    Supongo que todo esto para decir que estoy muy de acuerdo contigo, y que tu texto me ha resultado enormemente inspirador. Como de costumbre, por cierto. Bienvenido de nuevo.

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    No quiero resultar ñoña pero ¡qué artículo más precioso, Méndez!

    Me has tocado todos los puntos sensibles, canalla. Primero, porque para mí si hay algo de lo que enorgullecerse por ser humanos es precisamente por dos cosas: la esperanza loca de la que hablas y una curiosidad voraz.

    Si ya todo eso me lo mezclas con alusiones a la exploración espacial y, más concretamente, a las misiones Apollo, que son un logro asombroso que puso 12 paisanos sobre la superficie lunar y otros 6 orbitándola (que no son tan famosos pero que tenían una labor que para realizarla hay que tener los güevos -con perdón- de titanio porque un pequeño error condenaba a los otros dos integrantes de la misión a vagar por el espacio durante toda la eternidad) ¡a 350.000 kms de distancia! Y después de eso ya solo ha habido estación espacial internacional, que orbita a 400 kms de la Tierra, que es un poco más que de aquí a Bilbao.

    Paro, que me embalo, y resumo: que me ha encantado, caramba. M’he emocionao.

  3. Avatar de Jorge A.Jorge A.

    Buenas a todos. Creo que este post no llego a entenderlo, quizá porque no veo clara la posición del autor. Y es que, en realidad, no estoy seguro de si refleja que hay que agotar todas las posibilidades o aprender cuál es el momento de parar de una vez. Entonces, ¿hay que luchar por los sueños? Por supuesto, si no jamás los alcanzaremos, pero, ¿y si uno de esos sueños, esa meta, es el amor de otra persona? Inténtalo, usa todas tus artes, pero no te obceques si te rechazan (sea por iniciar una relación o por que una ya emprendida no se acabe).

    Como bien has dicho (permíteme tutearte), en la vida aprendemos de golpes y caídas, pero no siempre sucede así. ¿Será por aquello que tantas veces oí de que no tenemos memoria del dolor? No, yo me refiero a otra cosa.

    Entre hombres y mujeres “por igual”, están los que no importa las veces que se lo digas que no van a aceptarlo, les hables de buenas o malas maneras. En algo estaremos de acuerdo, en que el corazón es caprichoso, pero es la razón la que nos da ese plus de valor sobre el resto de las especies. Por ello, ¿por qué cuesta tanto aprender a “respetar” a otra persona y sus decisiones? Doler te va a doler horrores una separación si aún amas a esa persona, aunque precisamente por eso, porque quieres lo mejor para ella, que no sufra y que se sienta bien, acata lo que hay. ¡Eh! Y no estoy diciendo con esto que no se intente cambiar las cosas “en un principio”, cuidado.

    Mi propia madre me dijo no hace mucho que qué poco durábamos las parejas de hoy día. Bien, tiene su parte de razón y de no razón, pues muchas veces elegimos el camino fácil en lugar de limar diferencias y solventar problemas, pero en absoluto habría que “aguantar” a una persona si al final no la ves para ti. ¿O es que hay que cerrar los ojos a la evidencia, a eso que tan claro ves porque la otra persona, terca como una mula, se empeña en que sigáis juntos? ¿Por pena, lástima, “aburrimiento” de tenerla cada dos por tres al acecho? No, no lo veo. Puedes meterte un batacazo y pensar que lo hiciste mal, que hay otro camino. Venga, va, vuelve a intentarlo, pero si recibes un nuevo portazo en la cara piensa que lo más probable sea que no tienes nada que hacer.

    En resumen, que lo que venía a decir es que antes que aprender cuándo es el momento de dejarlo, habría que aprender a escuchar (con los oídos) y darle al coco para entender que se trata de una persona con ideas y sentimientos, no un puesto de la alta cadena de mando de una empresa, ni un podio en una carrera de cien metros libres… No, no es nada por lo que tiengas que luchar hasta la extenuación, hasta agotarla física y síquicamente hasta que termine por dar su brazo a torcer (que los hay que lo consiguen). Un respeto por las personas, sobre todo si somos sinceros al afirmar que son las que más queremos.

  4. Avatar de Elenaanonymous

    Creo que en este caso Mendez sólo trataba de exponer una realidad. Y es que si a un niño le dices que no, este por instinto tendrá el doble de ganas de hacerlo. Luego ese niño crecerá. Y más o menos tratará de mitigar ese instinto primario que le lleve siempre a lo prohibido, en función de todo aquello que haya ido aprendiendo con los años. Pero aun así, nunca dejará de estar tentado. Cada uno luchará, unos más otros menos, por caer de nuevo en la fuerza o no, del no.

    Me parece muy acertada la reflexión, y hasta cierto punto sana y necesaria. Estoy empezando con un proyecto blog. Ojalá algun dia tenga la repercursión que este sitio de interacción tiene hoy en dia. Aquí os dejo el enlace un saludo.
    http://enlazandoneuronas.wordpress.com/

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