Cosas que pasan

Un día sin mentiras. Parte I

Son varios los experiementos que siempre he querido hacer. El primero de todos: un día sin mentiras. Me diréis: ¿mientes mucho? Juraría que no, pero he decido comprobarlo. Este día me despiertan media hora antes. Mi queridísima amiga decide que llamar a las 7 de la mañana es lo más normal. Tengo la teoría de [...]

Son varios los experiementos que siempre he querido hacer. El primero de todos: un día sin mentiras. Me diréis: ¿mientes mucho? Juraría que no, pero he decido comprobarlo.

Este día me despiertan media hora antes.

Mi queridísima amiga decide que llamar a las 7 de la mañana es lo más normal. Tengo la teoría de que sus sábanas son de lija. Por dos razones: porque a las 6 ya está de pie sin tener motivos para ello y porque tiene ese cutis sin una sola imperfección y siempre con un toque rosa. Pero lo peor del asunto es que ni siquiera me llama “bien”. O sea, nunca me llama “del todo”. Me hace las malditas perdidas. La gente que me hace las “perdis” (“llampers” según la nueva generación), pasa directamente a formar parte de mi lista negra. Nunca les devuelvo las llamadas.

Mi amiga tiene un morro tremendo: piensa que como dispongo de una tarifa que incluye 500 minutos gratis, prefiero gastármelos toditos hablando con ella. Desde luego, su autoestima no tiene límites.

Esta vez, después de los 4 “llampers”, la llamo. “¿Qué haces?”, – me dice. ¡Qué graciosa! “Cabrearme contigo, querida. No son horas de llamar, – eso es uno. Dos: deja de hacerme las perdidas, eres algo rata hasta para esto”. Silencio. Luego me dice: “Una de dos: o tienes la regla, o eres borde de cojones. Prefiero pensar que son las hormonas”. Y me cuelga.

Muy bien. La primera verdad, a las 7 de la mañana. Haciendo amigos.

Se supone que a las 9 he quedado para desayunar con mi amigo y sus compañeros de piso. Odio llegar tarde. Es más, lo considero de mala educación. No me gusta esperar. Con lo cual suelo ser puntual. Salvo hoy, maldita sea. El día que te levantas antes de lo previsto, te da la sensación que tienes tanto tiempo extra por delante, que acabas llegando tarde por imbécil. Este es mi caso. Al menos hoy. Cuando me doy cuenta de que no llego ni de coña, mando un Whatsapp para avisar.

A las 9:15 estoy allí. “¿Qué te ha pasado?”, – me preguntan, sabiendo que no es muy propio de mí. Me acuerdo de que tendría que decir la verdad y me pongo incómoda: “Estaba masturbándome y no me he dado cuenta de que llegaba tarde. Perdón.” Se ha producido un silencio y en cinco segundos se estaban riendo: “¡Qué cachonda tu amiga, Jesús! Bonita manera de callarnos las boca. ¡Me encanta!”.

Pues vaya.

El viaje en el autobús ha sido otro de los acontecimientos memorables. Hay una cosa que nunca he llegado a entender. El momento en el que alguien te pisa porque estaba enviando un mensaje y el bus ha frenado, te da un codazo y , para completar, te mete un hostión (sin querer, lógicamente) y te dice “Perdón”, tú, doblada de dolor y cagándo en la madre que lo parió, además de estar intentando de volver a pegar la suela del zapato que te acaba de arrancar, a la vez comprobando sin el dedo gordo de tu pie está muy roto o tan sólo un poquito,- es un cachondeo absoluto. No, el cachondeo no es su “perdón” sino tu “No pasa nada” como la respuesta. ¿No pasa nada? ¿En serio?

Allí es cuando en tu día sin mentiras le sueltas: “Deberías tener más cuidado. Me has roto el zapato y mi dedo te da recuerdos”. El autobús enterito te mira con la cara de “pedazo borde estás hecha, hija”, todos se hacen cómplices del “pisador” y “codazodor” y él, apoyado por la mayoría, añade: ”¿Qué quieres que haga? ¿Que vuelva a pedirte perdón? Pues, perdón”. En cualquier otro día no le habrías dicho nada, pero hoy estás obligada a responderle: “Quiero que dejes de chatear por el móvil y que mantengas el equilibrio para no matar a nadie. Además, si eres tan educado, podrías haberte preocupado por mi pobre pie”.

El público te mira con odio y te bajas del autobús, cojeando hasta tu casa.

Cambio de calzado y, para animar un poco el día, me permito ir a Starbucks. No me gusta Starbucks: me encantaba antes, cuando vivía en un pueblo y hacer turismo para comprarme un café de 3 euros con sabor a cualquier cosa menos a café, me parecía de lo más emocionante y completamente cool. Ahora si voy, es por el bretzel: el mismo que le sienta fatal a mi estómago, pero que le produce un orgasmo gastronómico al resto de mi cuerpo. Probablemente no tengo ni idea de dulces, pero a mí me sube los ánimos. Y tras mi desgracia zapatera es lo que más me apetece.

Pido un té normal y mi bretzel, me siento en la mesa de la esquina y veo a David, mi amigo. No, no es él. ¿O sí? Ah, no. Bueno, parece mucho, pero David es guapo y este chico no es para nada atractivo. Vaya, ¡si no tienen nada que ver con David! Anda que…

El chico me sonríe y se acerca a mi mesa.

- Hola. Me estabas mirando.

- Hola. Sí, es cierto, pensaba que eras mi amigo David, pero no. Lo siento.

- Tu amigo David es guapo, ¿verdad?

- Sí, él sí.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Que David es guapo.

- Me alegro que me confundas con él. ¿Entonces tengo un doble?

- No, en realidad no parecéis en absoluto.

- O sea, ¿yo no soy guapo?

- Para algunos lo serás, seguro.

- Eres consciente que estás siendo muy cruel.

- Lo siento, pero es verdad: no hay nadie absolutamente guapo para todos, salvo Jon Kortajarena, claro.

- ¿Me estás llamando feo?

- No, te estoy diciendo que no te considero guapo. Que no eres mi tipo, vamos.

- Pero yo no pretendo ser tu tipo.

- Mejor, así no tendremos ningún problema.

- Eres un poco extraña, chica.

- Eso dicen. Pero en este caso estoy haciendo un experimento. Veamos…

Continuación:

Un día sin mentiras. Parte II

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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35 COMENTARIOS

  1. Absentha

    Jajajaj, qué bueno lo del doble de David. Vamos, que el tío viene a dar la tabarra y encima se ofende porque no le dices que está tremendo. Anda y que lo zurzan.
    Es cierto que la mayoría no solemos mentir (me refiero a mentiras gordas e importantes), pero este post me hace plantearme cuántas pequeñas mentiras decimos al cabo del día. Probablemente ni siquiera las registramos como tales. Puede que mañana haga yo la prueba a ver qué pasa.

  2. Otto Garcia

    Una cosa es no mentir, otra es decir la verdad, y otra es la manera de decirla.

    La gente está acostumbrada a mentir y a ser engañada, y cuando eres sincero con ellos se lo toman como una grosería, te dicen borde. Allá ellos que prefieren comer de la hipocresía de los demás, si te molesta lo que dije, por algo será.

    Diréis que cuando me pase a mí, me molestará. Pues no, llevo años sin ser molestado por una crítica cruel, borderías, o cosas variadas. Es muy simple: no merece la pena enfadarse por unas palabras que además… ¡son sinceras! Qué drama, así valoramos las cosas, poniéndole la etiqueta de borde a las personas que dicen lo que tienen que decir; que no sinceras por decir lo que se quiere escuchar, eso es otra cosa.

  3. lerougealevres

    Espero que salgas viva de esta querida porque un día sin mentir es casi convertirte en super woman!! aunque yo no creo que mintamos normalmente, yo creo que es algo más que callarnos algunos trozos de la verdad, que no sé si es igual que mentir. Vamos, que más que mentir, al menos yo, me callo la mitad de las verdades. ya veremos cómo te va en la parte II!!! aunque como decía Oscar Wilde: si dices siempre la verdad, al final te acaban pillando.

  4. Claudia G-M Cienfuegos

    Pues yo a veces sí que miento, pero son mentiras tontas, sin importancia. Y no lo considero mentir, si no tampoco decir lo primero que se me pase por la cabeza, porque sería una borde de impresión…y entre las verdades a la cara y la mala educación hay una línea finísima.
    No es cuestión de cada cosa que los demás hacen o cualquier cosa que pase decir la verdad, por ej: no diría que me he estado masturbando proque a nadie le importa, me invento una excusa y a correr; porque eso entra a forma parte de mi intimidad.
    Y si cada vez que alguien en el metro o en el bus me pisa o me hace algo, dijera verdades…hace tiempo que me hubiese comprado un coche!!
    Un bsito

    http://clucluscorner.blogspot.com/

  5. Anita Patata Frita

    Yo pienso como el del autobús, no estás siendo sincera estás siendo un poco borde en todas las contestaciones que das, eso no es decir “la verdad” es decir TODO lo que se te pasa por la cabeza, y si a callarnos cosas se le llama mentir, soy mentirosa y lo prefiero, no por ganarme un enemigo sino por “educación”.

    Si algo no me gusta lo digo, siempre lo digo, y me gano algunas medallas por “arisca”, “borde” y “sincera de más” pero eso si guardo la compostura si es mi jefe, o un amigo de mi pareja, o mi santa madre que merece un respeto, vamos depende la situación actuaré callando un poco o un mucho.

    Creo que a eso se le llamar ser “politicamente correcto” y me gusta serlo, no aprecio más a quienes hablan como “Risto Mejide” ni a los que mienten por quedar bien, aprecio a personas que saben decir siempre lo que piensan de forma educada.

    La segunda parte promete… deseando leerla estoy!

  6. asier_salvo

    jajaja que ciertos son esos 'códigos' raros de los autobuses. Todo el mundo pidiendo perdón y 'no pasa nada', cuando en realidad mataríamos a la mitad del bus jaja
    odio absoluto a la falta de humildad como en ese caso..”tu amigo david es guapo ¿verdad?” jajaja
    vamos esa segunda parte!

    saludos!

  7. Espoir

    Pues yo siempre miento. Lo digo de verdad :)

    En realidad nuestras mentiras nos protegen de muchas cosas. Qué has sacado de tu explosión en el autobús? Tan sólo mala leche y malas vibraciones, que no es que yo crea en cosas esotéricas pero por si acaso mejor tenerlas lejos.

  8. Qué Acierto!

    Yo creo que más que de mentir de lo que hablamos es de disfrazar la realidad. Si cada cual dijera lo que siente, le pide el cuerpo o le apetece, en cualquier momento este mundo sería todavía más “invivible”. De todas formas creo que con educación y en buen tono, se puede hasta “insultar”.

  9. Blurp.

    Mentir no tiene por qué ser algo malo. Te abre la posibilidad de crear una burbuja ficticia con la realidad que tu quieras. Por ejemplo, imagínate que tu madre no sabe que fumas, te pregunta y le dices que no. Para ella -a menos que esté enterada de todo- serás “la hija que no fuma” y tendrá esa imagen de ti. Lo que incomoda y complica las mentiras es mantener ese tipo de realidades (que a tu hermana no se le ocurra comentar cualquier cosa, que no te pille el bolso con la cajetilla…), por eso a veces es mejor afrontar a los demás (y a una misma ya que estamos) con la realidad real y dejarnos de cuentos.

    Hay que tener en cuenta que hay muchos tipos de mentiras, y las que se notan cuando no las cumplimos son las mentiras de educación, que funcionan como un lubricante social, es como devolver saludos. Por eso, al no cumplir con las normas del juego, te miraron como una borde, porque esperan un “no pasa nada” para evitar problemas y zanjar el asunto. Y lo mismo pasa con el smalltalk, conversaciones superficiales que en realidad te da igual el contenido con tal de pasar el rato. Todos cumpliendo con su papel, todos siendo majos, un aburrimiento hasta que decides decir lo que piensas de verdad cuando te preguntan “qué tal” por educación, y ya los lías y están incómodos y no saben que hacer porque no hay nada escrito ya en el guión… bah! *desk flip*, por eso me parece mucho más interesante pensar que mentiras simplemente son realidades subjetivas, imágenes de los demás o reglas sociales por cumplir.

    Buenas tardes!

  10. Patri

    Yo también me he planteado eso alguna vez…
    Pero, una cosa es decir la verdad y otra… no sé, ¿no perdonabas al del autobús? Podrías haberle dicho, me has hecho daño y me has roto el zapato, pero te perdono. Eso habría sido verdad ¿no?
    Decir la verdad no es ser borde… a no ser que tu mente sea siempre borde, en ese caso sí…

    Y a mí Jon Kortajarena no me gusta :S

    Un beso

    P.

  11. Tijereta

    Pues yo voy a ser sincera: Los comentarios que dejan en la firma el link a su blog para hacer publicidad, cuando todo quisqui sabe que pinchando en el nick accedes directamente a su página, me repatean los hígados.

    Diríase que sólo comentan para dejarlo ahí plantao.

    Ay! Qué sincera soy! Qué bien!

  12. Ronronia Adramelek

    A mí eso que le dices a tú amiga la de las perdidas a las 7 de la mañana me parece poco, eso se lo suelto yo sin experimentar en uno de mis días amables :-p Hombrepordios, si no hay cosa que me sepa peor que el que me despierten sin motivo

    Y en general es que llevo mal las mezquindades y la falta de respeto, así que muy buena amiga tendría que ser para que le consintiese eso sin soltarle un exhabrupto.

    Estoy deseandito ver cómo se te dio el resto del día , Miss Empírica Lady.

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