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Relaciones

Un calvo saca otro calvo. O no

El día en el que el bote de cristal con mi crema perfecta se cayó y se rompió a tantos trozos que costaba imaginarla como un frasco precioso, supe que Natalia me iba a llamar en breve. No me equivoqué.

La relación de mi amiga Natalia con los hombres es un poco como la mía con las cremas. Me encantan las cremas: estudio con detenimiento sus componentes, leo los foros, las comparo y al final apuesto por una. Después de un tiempo de usarla, saco conclusiones y una de dos: o ni siquiera la acabo y me compro otra porque esta no me acaba de convencer; o, una vez el tarrirto se queda vacío, experimento con una nueva. Lo cierto es que nunca vuelvo a comprar la misma de antes, por muy bien que me iba porque dicen (y creo que es verdad) que, una vez la piel se acostumbre, ya no te hace el mismo efecto.

En cambio, mi relación con las cremas es como la de mi amigo Roberto con las tartas de queso. Dice que su vida consiste en buscar a la Cheescake perfecta. Nunca la encuentra, obviamente. Porque, según él, por muy perfecta que te puede parecer la de una cafetería de la esquina del barrio menos turístico de Nueva York, siempre queda la posibilidad de que exista una mejor.

Yo también busco la mejor crema y, durante una temporada, algunas me lo parecieron, pero todo acababa. Siempre.

Los hombres le duraban a Natalia más que a mí las cremas, pero el final siempre ha sido el mismo: el final. Es curioso, el final de todas las cosas siempre es el final, siempre lo ha sido, siempre lo va a ser pero nunca lo llegamos a asimilar.  Las cremas-hombres de Natalia también se vaciaban, o no la convencían o, alguna que otra vez, simplemente se sustituían por unas mejores. Pero un día conoció a Paul. El mismo día que conocí yo a una crema del bote de cristal: perfecta por fuera y maravillosa por dentro. Era cara, pero no me costó nada decidirme por ella. Natalia enseguida se enamoró de Paul.

Paul era calvo, igual que todos sus novios anteriores. No es ningún inconveniente. Es más, siempre he pensado que los hombres le dan mucha más importancia a no quedarse calvos que las mujeres a su calvicie en sí. Muchas veces he escuchado a los hombres decir “No sé que hace con este calvo”. Las mismas que a las mujeres preguntándose “¿Por qué está con esta culona?”. Cada uno tiene sus trucos para sentirse superior a los demás.

Los novios de Natalia siempre eran calvos de cabeza. Algunos también de corazón. Las amigas nos sorprendíamos de la velocidad con la que sustituía uno por el otro. De ahí la broma: “un calvo saca otra calvo”.

El día en el que el bote de cristal con mi crema perfecta se cayó y se rompió a tantos trozos que costaba imaginarla como un frasco precioso, supe que Natalia me iba a llamar en breve. No me equivoqué.

Paul la dejó. La dejó por una cheescake americana de metro ochenta y una melena rubia. Se fue con ella a Nueva York, porque Paul, igual que Roberto, seguía creyendo que si existe la “casiperfección”, habría una “perfección entera”.

Es la primera vez que vimos a Natalia así de perdida, furiosa, apagada y encendida a la vez. No dormía y no estaba despierta. No hablaba pero tampoco estaba callada. Lloraba. Lloraba sin parar, decía que necesitaba tenerlo en su vida, verlo para poder volver a intentarlo. Pero era ridículo. Yo tampoco intenté recoger los restos de la crema del suelo. Porque, además de ser una guarrada, se mezcló con los trocitos de cristal. Si la recuperase, me dejaría la cara con caricias de Sr. Krueger. Si algo se rompe, por mucho que lo pegues, seguirá siendo un roto pegado. Y como que no.

Unas semanas más tarde su actitud cambió. Natalia volvió a las andadas. Decidió quitar a Paul con la ayuda de otro calvo. Y conoció a Alfonso. Luego a Sergio. Después a Víctor. Alex duró algo más y fue el último. A Natalia no le quedaban más fuerzas. Cuanto más intentaba olvidar a Paul, más se acordaba de él. Ningún calvo pudo sacarle a ESTE calvo. Es más, la hundían todavía más. Cuantos más hombres la querían, menos feliz se sentía. Dormía con hombres que no la llenaban, los hombres que, con su cariño, le despertaban asco. Aquellos hombres se entregaban a ella y, cuanto más lo hacían, más los rechazaba.

Natalia se equivocaba. Una y otra vez. Creía ciegamente que entre tantos calvos distintos llegaría a conocer a alguien  especial, sin embargo ni siquiera sabía cómo debería ser un hombre para que le guste. A todos los valoraba según la única escala: mejor que Paul en esto, pero peor que Paul en aquello. Más alto que Paul o más bajo que Paul. Más alegre que Paul o menos alegre que Paul. Él seguía siendo su punto de referencia, a pesar de que le hizo daño, mucho daño. Natalia no se daba cuenta de ello.

Mi amiga necesitaba probar una manera distinta de salir de una relación. Yo, para apoyarla, decidí dejar de probar las cremas y no utilizar ninguna. La piel de mi rostro pedía un descanso a gritos. La piel del cuerpo de Natalia también.

A los demás, a lo que tenemos pareja y los que llevamos solos una temporada, la gente como Natalia nos da pena. Decimos, con desprecio, que “no saben estar solos”. Pero no es del todo cierto.  Y es que nadie sabe estar solo. Incluso el más soltero de los solteros no lo sabe. Incluso el soltero sin amigos tampoco. Nadie vive sin la comunicación y el cariño. Absolutamente nadie. Todos estamos en las redes sociales buscando el apoyo y la atención de los demás. Todos nos relacionamos con todos, nos abrazamos, nos llamamos por teléfono, vemos la televisión, enviamos whatsapps, o, simplemente, cruzamos las miradas con unos desconocidos. Así que cualquier que asegura saber estar solo, miente.

Otra cosa es no saber superar los traumas. Y Natalia, desde luego, no lo ha aprendido. La palabra “introspección” le suena a chino, y su única manera de no tener que razonar, analizar y dejarlo ir, es distraerse con cualquier otra cosa. “El tiempo lo cura todo” hizo mucho daño a la psicología humana. El tiempo hace que olvides lo sucedido, pero nunca hace un “borrón y cuenta nueva” en tu subconsciente. Y por mucho que llegues a olvidar a una persona, el daño que te hizo va a seguir estando ahí, y saldrá en forma de miedos ante una otra persona que, quizás, jamás te haría daño.

La única manera de superar una ruptura dolorosa, según mi experiencia, es darle un pequeño descanso a tu costumbre de amar. Es proponerle un plazo a tu mente para asimilar lo que ha sucedido y entender que se acabó: sin rabias, sin enfados y sin dolor. Es aprender a valorar lo bueno que hayas vivido y conseguir no centrarte en el final, porque, como lo he dicho antes, todo final tiene un principio y todo el principio tiene un final.

Si no te has dado tiempo para reflexionar sobre lo ocurrido y lo has aplicado en conocer a más y mas gente, escondiendo la rabia entre las sábanas, tienes que tener clara una cosa: las sábanas, algún día, se retirarán para lavar y sólo os quedaréis la cama llena de clavos, la rabia y tú. Tú, con una piel dolorida, incapaz de notar un verdadero cariño por la sobresaturación de su falso hermano.

El tiempo no cura, el tiempo ayuda a curar si tú quieres curarte, claro. Los clavos y los calvos nuevos tampoco curan, te restan el tiempo. Son como aquel juego en el que vas ganando dinero y, una vez te equivocas, lo pierdes todo y empiezas de nuevo.

Meterte en una pseudorelación no le hará daño a tu “ex calvo”. Te lo hará a ti. Porque, a pesar de no estar sola, lo estarás mucho más. A pesar de rodearte de la gente que te quiere, malgastarás tu tiempo con un calvo que no te importa ni lo más mínimo.

Reflexionar, superar y, sólo después, abrirte de nuevo. Ya sabes: para que la crema te haga efecto, necesitas un ritual para abrir los poros. Para que sexo sea placentero, necesitas que no te duela. Cuanto más hambre tengas, más buena te parecerá la tarta.

Natalia lleva un año soltera. Está mucho mejor, pero todavía le falta un poco: sigue tenieno arcadas al ver una NY Cheescake. Pero va por un buen camino.

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10 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Reflexionar, superar y, sólo después, abrirte de nuevo.”

10 COMENTARIOS

  1. Bea080Bea080

    Que cierto y que difícil a veces. La verdad es que me identifico muchísimo con tu amiga, hace algo mas de un año que salí de una relación de muchos años y sobretodo de mucha intensidad. Y cuesta. Los primeros meses lloré muchó, salí mucho y conocí muchos chicos. Ninguno me llenaba, ninguno me curaba las heridas, solo eran una tirita que se caia a la mañana siguiente. Entendí que la herida era mas profunda y no se podia sanar con curas superficiales. Me fuí de viaje sola un tiempo para hacer un poco de introspección: buscar respuestas y sobrotodo buscarme a mí, sin él. Y ahora puedo afirmar que es lo mejor que podia haber hecho. Leí mucho, comí bien, dibuje todos los rincones de la ciudad y de repente volvía a ser yo, sola pero feliz,

    A todo esto muchas felicidades por el blog, me encanta y me rexifla como escribes, espero que te quede blog para mucho!!! Besos!!!!

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    No sé si es necesario estar sola una temporada después de una relación intensa pero sí creo que hay que estar dispuesta a estarlo. Lo que quiero decir con esto es que la actitud más sana es ésa: me voy a dar un tiempo, voy a estar tranquila,… pero que aún con esa decisión y ese estado de ánimo, si se te cruza la persona adecuada la vas a reconocer y tampoco vas a dejar pasar a alguien especial porque aún estás de luto por quien no se lo merecía. Y ya puestos, tampoco me parece mal pasar el luto polvo va, polvo viene, que encima de triste y decepcionada no vas a terminar hambrienta.

    Sigo pensando que ese enamorarse al poco tiempo, secuencialmente, es algo que les pasa sobre todo a las chicas (a algunas chicas, tampoco a todas) y proviene de una sublimación del deseo sexual ocasionada por la educación. Vamos, que expresándolo así en plan brutizo, pasan un mes sin sexo y, como cualquier ser humano sano y normal, empiezan a inquietarse y a buscarle solución a la desazón pero para no sentirse algo zorronas, prefieren buscarse un novio a un rollo sin pretensiones. La razón por la que creo eso es porque de entre mis amigas, las que nunca han mostrado el comportamiento que describes son precisamente las más capaces de disfrutar del sexo fuera de una relación y de mis amigos hombres, todos ellos capaces de eso mismo sin problema alguno, ninguno se ha comportado así jamás.

  3. chis_garabischis_garabis

    Yo creo que desde fuera las cosas se ven de una manera, pero cuando las estamos pasando acaba siendo una cuestión “de tripas”. En algunos casos eres consciente de que intentar olvidar llenando el hueco con otro u otros no es la solución, pero a veces ayuda a mitigar el dolor inmediato, y una vez parado el primer golpe es más fácil seguir con tu vida poco a poco hasta que un día te encuentres con que ya no duele nada.

    1. Bea080anonymous

      Es cierto lo de que a veces llenar un poco el vacío ayuda a mitigar el dolor en un primer momento, pero a la larga para salir bien parada del asunto es necesario aprender a estar a gusto sola

  4. rizzorizzo

    Suscribo una por una todas tus palabras. Salí de una relación muy larga que comenzó siendo muy joven. He necesitado un año para recomponerme a mí como persona y mi vida, de encontrar mi lugar. Y fui quemando pequeñas etapas. El tiempo ayuda pero tienes que poner mucho de tu parte. No podía ni queria estar con nadie, no odiaba a los hombres pero no quería otro novio ya. Pero he vuelto a vivir cosas que hacía mucho tiempo que no sentía. La primera vez que me gusto otro chico fue una novedad. Al final no paso nada pero yo solo quería disfrutar de lo que sentía en ese momento, si salía perfecto y si no, a otra cosa.
    La gente ahora se sorprende cuando me ve, soy diferente. Una versión mejorada de mi misma pero hay que realizar un gran trabajo de instropección, ver en qué estabas equivocada e intentar cambiar, no forzarte por tener que salir a quemar la noche pero no quedarte llorando en el sofá.
    El problema que yo veo es que si no estás “curado” no vas a poder tener una relación sana y volcarás en esa pareja o posible pareja los errores del pasado. Hoy he estado leyendo el post sobre hablar o no de los ex. Yo hablo del mío pq es una gran parte de mi vida, pero si escuchas a alguien hablar mal, con rencor de los suyos, ten claro que no lo ha superado así que posiblemente tengas muchos problemas en tu relación.
    Cuando rompes con una pareja de larga duración se te quitan de un plumazo muchos prejuicios que tenías. Leer blogs como este me ha ayudado a conocer y reconocer diferentes visiones y que hay muchos tonos de grises.
    Por cierto, no estoy de acuerdo con lo que las mujeres tienen más relaciones de este tipo, hay muchos hombres que no saben estar solos. Por eso generalmente suelen emparejarse antes.
    Y respecto a lo de estar sacar un calvo con otro calvo la mayoria de las veces provocan sólo más dolor. Aunque aquí, como en todo, no hay formulas mágicas.

  5. CristinaCristina

    Yo estoy de acuerdo con Rizzo , no sólo nos pasa a las mujeres .
    ¿Os acordáis de mi cuñado?
    :D
    El usa crema en cantidades industriales aunque no sean para la cara , se pone lo que pilla , de talones agrietados , de sacarle brillo al coche …el caso es ponerse crema .
    Pero …..hay un término medio ¿no?
    Alguien decía que “el problema de las mujeres con el corazón roto es que acaban repartiendo todos los pedazos”
    Compartir a veces es chulo y creo en la ley de posibilidades .
    Si sales y vienes y en el camino te entretienes ( aunque no lo estés haciendo para conocer a nadie o al menos te engañas suficientemente a ti misma como para creer que no ) hay posibilidades de que ocurra algo mágico ¡como que aparezca la mandarina con la que quieres rodar hasta que os pelen¡
    No creo que un calvo saque a otro calvo.
    Pero si que “ese” calvo tiene más posibilidades de aparecer entre 100 que entre 1 .
    Y si no
    Las prácticas son mejores que oír baladas mirando al mar y pensando cuán fuerte eres por no sumergirte con el bañador lleno de piedras .

  6. EspoirEspoir

    Complicado. Lo único que puedes es intentar conocerte de verdad a ti mismo/a y ante la disyuntiva preguntarte sinceramente qué es lo que te apetece, qué te pide el cuerpo, y pasar de consejos bienintencionados sobre si necesitas tiempo para recuperarte, o que te hartes a follar que son dos días y uno llueve.

  7. XX

    Al 2º párrafo de Ronronia, con el que estoy muy de acuerdo, añadiría que, además, como hay mujeres que miden el éxito en tener o no pareja, van con ansias de enamorarse (y si no se enamoran pues qué más da, el caso es tener novio) y pillan al primero que pasa. Quizá no debamos llamarlo “no saben estar solas”. No es que no sepan… es que no quieren. No “pueden”, casi.

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