hombre-mujer
Sociedad

Travestation

“Tres tristes travestis. Tres tristes travestis trastean. Tres tristes travestis trastean en un trastero.”

Os propongo un ejercicio de relajación en 3 pasos, buenísimo para esos días difíciles en los que os apetecería cometer un homicidio múltiple:

Paso 1. Subid a vuestra moto, coche, o taxi si es que os lo podéis permitir. Sí, hipsters, bici también sirve. Pero está desaconsejado poner este ejercicio en práctica como viandante.

Paso 2. Elegid a vuestra víctima al azar, preferiblemente alguien que vaya caminando por la acera o esperando a que el semáforo cambie para poder cruzar.

Paso 3. Inclinad ligeramente la cabeza hacia vuestro objetivo, pero sin señalar que es de mala educación; y entonces a pleno pulmón, le lanzáis en grito remarcando sílaba a sílaba…: TRA-VES-TI.

Ay. Qué a gusto. Qué sosiego. Que descarga de adrenalina travestida de mala hostia. Qué tendrá el travestismo que aunque uno no sea practicante se siente transgresor con sólo pronunciar ese vocablo. Quizá por eso, por su efecto subversivo y liberador, lo travesti ha vuelto a nuestras vidas más insolente que nunca, para acabar de un taconazo con la crisis anímica que nos invade.

¿Pero por qué se lía tanto la gente con el término travesti? Una/un travesti es simplemente, así en frío, alguien que utiliza vestimenta de su sexo opuesto. Dejemos a un lado si esa travesti está haciendo un proceso para cambiar de sexo (transexual) o si simplemente es un personaje creado por un artista del show business (drag queen). Por morbo sexual o por diversión. De hombre a mujer, el hombre con hombre, mujer con mujer, de mujer a hombre en el sentido contrario…¡me estoy liando! Lo importante es que la travesti está de vuelta, renovada y con más fuerza que nunca.

Seguro que tú también pudiste sentirlo. Fue la noche del pasado sábado 10 de mayo. Un ciclón travesti llamado Conchita Wurst arrasó Europa en forma de televoto proclamándose ganadora del Festival de Eurovisión 2014; ese concursito hortera para maricas rancias seguido por 125 millones de personas en 56 países, con un presupuesto de 32 millones de euros de nada. Conchita no inventaba nada nuevo. A los que nos gusta recogernos tarde (o temprano, según se mire), no nos sorprendía una travesti con barba, y ni su actuación ni su canción fueron lo mejor de la gala. Pero Conchita resumía en sí misma, y para el gran público, el mensaje de cientos de hombres que antes que ella se vistieron de mujer sin avergonzarse de la sorpresa que tenían entre pierna y pierna. Y eso merecía un premio.

La travesti del nuevo milenio, como Conchita, nada tiene que ver con el género. No está dando el primer paso hacia una resaignación de sexo. Al igual que un activista de Greenpeace se encadena a un árbol, o una miembro de Femen da el do de pecho, la neotravesti es una militante entusiasta del “vive y deja vivir”, del “hago esto con todo el coño que mi madre no me ha dado”. No es una cuestión de hombre o mujer, es un: yo soy yo y mi travesti circunstancia. Pero todo habría quedado en un chill out de mamarrachos con peluca si el resto no hubiera entendido el mensaje. Por fin las 2 Españas del universo gay: los que se dan un pico para saludarse y los que prefieren darse la mano, se hermanan en una celebración de la tolerancia mutua, en la que las maestras de ceremonia y reinas absolutas son precisamente las travestis. Pasaos por curiosidad a una fiesta “Que trabaje Rita” o a una “Chocochurros”. El dress code es crossdressing. Veréis de lo que os estoy hablando.

¿Te das cuenta? Tu cerebro ya ha sucumbido a la Travestation. Haz la prueba e intenta leer esto en voz alta:

“Tres tristes travestis. Tres tristes travestis trastean. Tres tristes travestis trastean en un trastero.”

Y sí. TRAVESTI es tu nueva palabra favorita Pero chico, no te hagas problema, no eres menos hombre porque sientas el deseo irrefrenable de saber qué pinta tendrías si en lugar de haberte llamado Victor te hubieran bautizado como Victoria. Abraza como un mantra la frase que dijo Ru Paul, buque insignia de todas las travestis del mundo:

“Hay que ser muy hombre para salir a la calle con una peluca y un vestido”.

¿TE GUSTA?  

+6 -0

0 comentarios

COMPARTIR


NadaramaPor
Nadarama

ÚLTIMOS POSTS

“Hay que ser muy hombre para salir a la calle con una peluca y un vestido.”

Deja un comentario

TE PUEDE INTERESAR

rechazos
Relaciones

Mujeres holandesas de Amsterdam

Por Edu Batet | 13 mayo, 2016

Dice Joaquin Sabina que amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Igual no hace falta llegar hasta el amor. A veces, e...

CONTINÚA LEYENDO >
relaciones toxicas
Relaciones

Yo soy tóxica. Pero tú también

Por Alena KH | 9 mayo, 2016

Hay tres cosas que están muy de moda últimamente: meditar, comprar libros para fotografiarlos y aislarse de las personas tóxicas. Lo de meditar tie...

CONTINÚA LEYENDO >