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Sociedad

Somos tolerantes (pero no nos toleramos)

Eso sí, disculpe, que me dejen entrar con el perro, nadie fume, no haya niños y la comida sea de Km 0.

El otro día tuve que viajar por trabajo en el AVE. Normalmente lo hago acompañada por mi familia, pero esta vez lo hacía sola. «¡Bien!»- me dije yo. «Podré mirar al infinito por la ventanilla mientras escucho música y no hago nada. ¡Qué bonita sensación!»

Al montarme en el tren, me topé con un cartel que decía “vagón silencioso”. Me pareció una idea estupenda, dado lo pronto que era y las ganas de contemplación infinita que tenía mi cuerpo. Ante mí, casi dos horas sin señoras gritando por el móvil, paseos a la cafetería, ruido de papel albal y bocadillos malolientes o chascarrillos de colegas de empresa. Al sentarme en mi asiento y saludar a mi acompañante, este me dijo con una sonrisa de oreja a oreja «¡Qué bien, un vagón sin niños!».

Claro, los niños. Los causantes de los grandes males que sufrimos los adultos, los que no nos dejan dormir, ni ver en la tele lo que queremos, ni sentarnos a hacer cosas de mayores. Se me había olvidado que una parte de la población mundial no tolera la infancia. Pobres.

Recordé el invierno en que mi hija era un bebé y yo buscaba una cafetería donde tomarme un café y poder entrar con el carrito. Cosa difícil. Cerca de mi casa había un lugar apetecible que reunía estas características, pero que tenía un letrero en la entrada que decía “por la tranquilidad de nuestros clientes, no está permitido que los niños se levanten de sus sillitas”. Me daba tanta rabia y tanto asco el cartel que si no hubiera sido porque mi hija tenía solo meses, la hubiera soltado como a los toros en San Fermín con un pañal maloliente a correr entre las mesas.

Debió ser cosas del karma. El café cerró unos meses después. ¡Qué “pena”!

Y así es, vivimos en un mundo en que no está bien visto ser niño. Hay hoteles, cafés, restaurantes, trenes, residencias donde está prohibido entrar si no eres una persona adulta. ¡Como si los adultos se supieran comportar! Es verdad que hay padres que crían a sus hijos en estado salvaje. Cierto es que hay niños insoportables. Pero, por muy bien educados que estén los críos, críos son. Y gritan, corren, hablan alto, se ríen, preguntan, no paran quietos… Y no, no lo hacen por fastidiar. Ni las familias debemos aislarnos del mundo por no molestar.

Estamos creando un mundo de burbujas. Cada uno en la suya, sin mezclarse, o solo haciéndolo con los que son de su absoluto agrado. A los mayores los llevamos a residencias porque no los podemos atender. Claro, duermen poco, van al médico a menudo, huelen raro y se quejan mucho. Nos negamos a entrar en ciertos restaurantes por no ser “vegan friendly”, a juntarnos con viejos amigos por sus ideas políticas, religiosas, equipo de fútbol, culturales o simplemente porque no nos gusta su rollo. Y así, suma y sigue.

Somos todos muy especialitos. Pero eso sí, muy tolerantes en nuestro discurso. Nos horrorizamos al oír hablar de la segregación, el apartheid, los campos de concentración y de refugiados. Un mundo mejor, donde todos seamos iguales, vivamos en paz, etc, etc. Eso sí, disculpe, que me dejen entrar con el perro, nadie fume, no haya niños y la comida sea de Km 0.

Señores, se equivocan de discurso. En los menús de restaurante, además de los avisos sobre gluten, frutos secos y otros alérgenos, debería haber un símbolo para los intolerantes al otro.

Somos 6.000 millones de personas que no se aguantan. Que buscan un rincón donde aislarse, perderse y no mezclarse. Y así se nos está yendo la vida. Quejándonos. Regodeándonos en nuestro egoísmo, incapaces de mirar al que tenemos al lado. Pensando que la vida es un cartel de Mr. Wonderful, y no. Hay días bonitos, días de mierda, gente estupenda y gente MUY molesta. Y todo eso hace de la vida, vida.

La próxima vez que viaje con mi hija, sé que no podré ver la película tranquila pero, a cambio, pintaremos dibujos, miraremos las nubes y soñaremos despiertas. Y habrá señoras gritando por el móvil, ruido de papel albal, bocadillos malolientes, colegas de trabajo contando chascarrillos e incluso un señor de Murcia roncando a pierna suelta.

La vida misma.

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3 comentarios

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Sashimi BluesPor
Sashimi Blues

Madre, esposa, profesora de secundaria y otras etiquetas al uso. En Intersexciones doy mi visión sobre esa vida estable que algunos anhelan y otros demonizan.

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3 COMENTARIOS

  1. Avatar de AnaAna

    Leí este artículo antes de irme de vacaciones, y la verdad me sorprende ver a la vuelta que nadie te ha contestado. Debo ser un bicho raro, pero tengo que ser sincera.
    La verdad yo soy una de esas personas que tanto te repelen y tanta pena te dan que está hasta los mismísimos de aguantar a los niños en muchos sitios, si , si y lo digo con toda la tranquilidad del mundo. ¿Qué no me gustan los niños?, pues no la verdad no es ese el motivo, es que no me gusta lo maleducados que sus papas los han convertido, porque soy totalmente consciente que los niños no tienen la culpa en absoluto, son sus padres, a los que frecuentemente tengo ganas de abrir la cabeza con una botella cuando voy a un restaurante, de meterles un kilo de arena por la boca cuando voy a la playa y así podría seguir como bud lightyear, hasta el infinito y más allá. Porque no se cuando se ha instalado la idea de que a los hijos de los demás los tenemos que aguantar todos, y la verdad creo que no es así. El otro día tuve que aguantar en la consulta del dentista que un niño espatarrado en el sofá de la sala de espera me destrozara el vestido a patadas y empujones, mientras su madre leía una revista en el de enfrente y sin levantar los ojos de ella, le decía a soniquetes constantes y cadentes “Pablo deja tranquilo a la señora”. Si cuando yo era pequeña, ya no te digo molestar a nadie, sino simplemente me sentase en un sofá ajeno al de nuestra casa con los pies encima, la mirada de mi madre me dejaría congelada y si con eso no hubiese llegado te aseguro que se hubiese levantado y me hubiese sentado bien con una zurra en el culo, y ni tengo ningún tipo de trauma, ni me siento maltratada. Tengo educación. También he de reseñar que mi madre no se pasaba las tardes en la cafetería con sus amigas, dejando que pastásemos alegremente por las mesas vecinas, nos llevaba al parque que es donde realmente disfrutan los niños. Porque ser padre te cambia la vida, y hay gente que no lo asume.
    Por ultimo también he de decir que me ha molestado mucho, pero mucho, que digas que hay que tolerar que la gente quiera entrar con perros, ¿Qué pasa, que los animales molestan más que los niños? en todo caso será una cuestión de educación, no molestan ni los perros ni los niños, molestan los maleducados y eso es responsabilidad de sus dueños en ambos casos

    1. Alicia

      Pues pienso lo mismo que tú… tener hijos es decisión de cada uno y son los responsables de sus niños, el resto no tenemos por qué soportar escenas como las que has descrito.
      Aunque los niños me producen ternura, veo que las madres de hoy en día no saben por dónde andan y pretenden llevar la misma que vida que sin serlo, estoy harta de no poder moverme por ciertas tiendas ciertos días porque me veo rodeada de carritos de bebé en todas partes y encima que me miren mal POR QUERER PASAR y que no me dejen. Miro al niño y siento pena porque a veces corren peligro en aglomeraciones…
      Creo que si dejasen entrar a niños en los pubs, éstos se llenarían de carritos de bebé… es alucinante. Y lo que has dicho, los niños al parque que es donde disfrutan y no en una cafetería, LO QUE QUIEREN ES CORRER LIBRES A SU AIRE aunque controlados, mi madre a mi me llevaba al parque o a que corriera por el campo, apenas recuerdo si alguna vez me metieron a un bar fijate… me educaron para que no “diera el cante” a nadie. Y no, yo tampoco tengo un trauma, porque ME EDUCARON.
      Lo de los perros en los bares a mi es algo que me da igual, a mi nunca me ha molestado un perro ajeno, un niño si. He trabajado de camarera y son la pesadilla, los padres les dejan hacer lo que les da la gana así que no me extraña que en más de un bar o restaurante de cierta categoría ponga esas reseñas… y a quien no le guste que se vaya a otro sitio, que hay para todos los públicos!!
      Y no, no creo estar atentando contra la infancia ni por ello dejen de gustarme los niños, pero que les dejen comportarse como lo que son NIÑOS que quieren jugar y hay espacios habilitados para ello, y si no que les enseñen que no se puede jugar en todas partes. Y si yo que soy fumadora respeto que no se fuma en sitios públicos a ver por qué tengo que soportar que otros sean intolerantes conmigo, que ya me he tenido que marchar de más de un sitio por no poder tomarme algo tranquila debido a dos o tres niños que se dedican a tirar cosas de las mesas ajenas ante la pasividad de sus madres, las cuales se alegran mucho si toleras y les cuidas a los niños un ratito, venga hombre!!

    2. Sashimi BluesSashimi Blues Autor

      Gracias por tu comentario. Siento mucho que no hayas entendido el propósito del artículo, o más bien lo hayas ejemplificado. Está claro que, cuando aparecen palabras como “niño” ( o lo que quieras poner en tu caso) salta la alarma y ya no leemos más. Quería dejar constancia de la falta de tolerancia que hay en la sociedad A TODO. Todo muy bonito, todo muy happy hasta que me topo con algo que no me gusta. Pueden ser niños, perros, señoras con sombreros o cacahuetes fritos. Entonces me pongo de uñas y enarbolo el manido discurso de la elección personal, la libertad, la educación y los límites.
      ¡Claro que yo tengo mis intolerancias! cosas que me molestan infinito y de las que huyo… o no. Porque al final, es más enriquecedor y humano tolerar al otro.
      Sobre la educación que los niños de ahora y de antes reciben, creo que este no es el foro ni el momento. Por mi parte, estoy muy tranquila. Sé muy bien lo que hago y lo hago bien

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