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Todo sobre Caitlyn

Imagino las caras de estupefacción de aquellos que necesitan separar las peras y las manzanas en la ensalada de frutas para evitar un corte de digestión.

Los románticos domingos de sofá y peli con mi novio se estaban pareciendo cada vez más a una partida de Mortal Kombat, debido a esa dura intransigencia suya con la filmografía de mi admirado Pedro Almodóvar.

- ¿Una transexual que pierde a su hijo adolescente en un accidente de coche y deja embarazada a una monja? ¡Vamos hombre! – me recriminaba él cada vez que yo sugería el visionado de “Todo sobre mi madre”.- Mejor vemos algo más real: ponemos “Alvin y las ardillas”.

Pero una vez más ha tenido que ponerle ketchup a sus palabras.

El sabor de esta victoria se lo debo a la última portada de Vanity Fair USA. En ella Caitlyn Jenner se presenta ante el mundo por primera vez como una Venus renacida, a pesar de llevar en este mundo 65 años y no ser para nada una desconocida.

Su celebridad llegó tras su medalla en los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976, manteniéndose poco después en su país con su trabajo interpretativo, hasta llegar a su cota máxima en los últimos años como integrante de la televisiva y culona familia Kardashian. Aunque tanto en casa como fuera de ella nadie la conocía por el nombre de Caitlyn. Todos la llamaban Bruce.

“Call me Caitlyn” nos pide ahora desde esta portada que supone la culminación de un deseo anunciado en una entrevista especial que se emitió en la ABC y que vieron 17 millones de espectadores, en la que el todavía Bruce no sólo rompió los estereotipos del macho alfa americano, sino también el de la transexual más “convencional”. Imagino las caras de estupefacción de aquellos que necesitan separar las peras y las manzanas en la ensalada de frutas para evitar un corte de digestión, escuchando a esa mujer en tránsito decir cosas como que ella siempre se ha sentido una mujer, y que además siempre había amado a las mujeres.

Por primera vez una celebridad tan mainstream como lo es la figura del ex padrastro de Kim Kardashian, ha hecho saltar a los medios una realidad tan marginada como la de las personas transgénero, ayudando a entender la diferencia entre identidad sexual y opción sexual.

La identidad de tu género pasa por tu cerebro, por cómo te ves a ti mismo o misma. Tu orientación sexual pasa por lo que enciende el motor que tienes entre las piernas, te pertenezca genéticamente o no. Existen hombres que se sienten mujeres y aman a hombres o a otras mujeres, y mujeres que se sienten hombres y aman a otros hombres o mujeres, independientemente de necesitar o no una reasignación de sexo; lo que a mí en lugar de causarme angustia y confusión, me da ideas para un nuevo concurso de parejas en Tele 5 mucho más divertido que el que presenta Emma García.

Pero sabéis qué, no me veo capacitado (a la par que ni me apetece) para dar una clase de psicología y biología aplicadas a este caso; sólo reclamo el derecho de los Bruce de este mundo a ser llamados Caitlyn sin llevar un cartel colgado del cuello que diga: “coño en construcción”. La vida del transgénero no es una fiesta de Carnaval que se alarga demasiado; es la esforzada búsqueda del paralelismo entre lo que se siente y lo que los demás ven en ti. Y en esa injusta búsqueda por conseguir una coherencia vital todos deberíamos echar una mano.

Quizás Bruce Jenner ganó la medalla de oro en el decatlón de los Juegos Olímpicos de Montreal, pero no llego a imaginar qué tipo de metal precioso deberían fundir para premiar la revolución imparable que desde esta portada de Vanity Fair acaba de iniciar Caitlyn.

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Bruce Jenner  Caitlyn  

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NadaramaPor
Nadarama

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2 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Yo, que soy una tipa bien egoísta, solo quiero que los demás sean felices, porque tengo la teoría de que la gente feliz no tiene tiempo ni ganas de andar dando por saco a los demás. Partiendo de esa base, bien pocome importa cómo consiga cada uno su objetivo, mientras no haga daño a nadie, especialmente si a mí no me afecta en nada. Aparte, habiendo tanta gente que no parece tener ni idea de qué les hace felices realmente, como para ponerle trabas a alguien que sí parece saberlo. Y que me parece muy bien, qué caramba.

    Lo único que me fastidia un poco es que la buena señora esté mejor que yo habiendo nacido hombre y sacándome dos décadas. Pero eso ya es otro asunto y siempre puedo consolarme achacándoselo al fotochóp. O poniéndome contacto con ella para pedirle consejo.

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