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Relaciones

Soy moderna

Impresionamos con fotos con filtros, pero filtramos tanto que no queremos ver la realidad original. Porque asusta. Porque no es atractiva.

Abro el portátil. Leo las noticias. Me quedo parada ante las Google Glass. Pienso “qué maravilla”. Y me pongo triste.

Me doy cuenta de que lo máximo que deseo ahora mismo es que alguien llame a mi puerta. Así, sin avisar. Sin enviarme un mail. Sin preguntarme por whatsapp si estoy en casa. Que alguien haga una “locura”: que compre una botella de vino y que llame a mi puerta sin preocuparse demasiado por si me pilla en un mal momento, porque significaría que hay confianza. Porque sabe que jamás me molestaría. Porque su presencia siempre es bienvenida. Pero estas cosas ya no suceden. Nos pasamos horas en redes sociales y, sin embargo, ahorramos minutos para todo lo demás. El tiempo es oro. El tiempo desde hace mucho tiempo ya no es tiempo, es un tesoro sospechoso. Es aquella bolsa que tienes en tus manos y que una vez la abres, resulta ser algo podrido. Una broma malgastada.

Soy una mujer moderna. Soy tan moderna que compro por internet, que adivino olores de perfumes en función de la descripción de la tienda online. Soy una mujer con imaginación. Soy tan asquerosamente moderna que no malgasto mi tiempo en ir al centro de atención primaria a pedir hora. Yo programo citas por internet. De momento sólo las citas médicas. Quizás me falta un poco para ser del todo moderna. Soy tan moderna que cuento con 300 amigos de Facebook y me creo selectiva. Soy tan moderna que envío flores a mi madre con una nota escrita por la operadora del turno. Soy tan moderna que, tan sólo ver las Google Glass, deseo sobrenaturalmente ser una de las elegidas para poder comprármelas, aunque no tenga mil y pico de dólares para tenerlas y, si os soy sincera, ni siquiera sé si las necesitaría de verdad: creo que con tanta pantalla me quedaría bizca.

Soy moderna. Muchos hombres que quieren conocerme y que de antemano saben que escribo sobre relaciones, creen que sé de todo. Que voy por casa en un liguero y que me ducho en una bañera con champagne. Soy moderna. Tengo una agenda llena de citas con la prensa y con alguna gente que no conozco pero a la que me apetece conocer porque he leído sus perfiles de Twitter. Soy tan odiosamente moderna que no tengo tele en casa. No me hace falta. Ya no tengo CDs para no ocupar espacio en mi piso que ya de por sí no es pequeño. Pero soy moderna y cuánto más vacía está mi vivienda, más moderna es. Soy moderna: hablo con mi tío por Skype. No lo veo desde hace diez años porque vive en Siberia, pero las vacaciones las paso en París. Porque soy moderna.

Llaman a la puerta. Es la cartera. Mi cartera no es nada moderna y llama así, sin avisar. No me envía un mensaje previo preguntándome si me apetece recibir un paquete. Me lo entrega y ya está. Se llama Loli: es feliz y siempre me saluda con una sonrisa. Me dice que es su cumpleaños y me cae bien enseguida. La invito a un café. A ella y a su carrito amarillo y feo. Me cuenta que es feliz porque le encanta su trabajo. Que, quizás, es demasiado empática y por ello le sabe mal entregar las cartas de la Agencia Tributaria: Loli sabe que jamás son buenas noticias. Me dice “soy cartera y me gusta como suena esto”. Yo pienso: ves, ella no es moderna, porque si lo fuese, se haría llamar “Post Manager”. Sin embargo ella es “cartera” y es feliz. Mira por dónde.

Somos modernos. Nos creemos modernos porque tenemos móviles modernos y leemos los libros modernos en un aparatito todavía más moderno de lo que somos nosotros. Creemos que nos relacionamos de una manera moderna, pero no nos damos cuenta de que esta sociedad se avanza a destiempo. Por un lado estamos convencidos de que sabemos llevar las relaciones al punto que deseamos y, sobre todo, las llevamos bien y sabemos adaptarlas a nuestro moderno ritmo de vida. Sin embargo no nos damos cuenta de que nos hemos educado “a la antigua”. No somos aparatitos de Apple y no recibimos la actualización cada “x” tiempo. Nuestro cerebro todavía funciona “como antes” y, quizás, no es del todo vergonzoso. No sabemos detectar cuáles de los valores viejos son inaceptables y cuáles deberíamos conservar. Luchamos contra el machismo, nos encanta la emancipación y en esto, gracias a Dios, también nos ayuda la tecnología y el supuesto poder de la libertad de expresión. Pero luego, a la hora de construir las relaciones de verdad, nos olvidamos de las cosas esenciales: de hablar. Cara a cara.

Rompemos con la pareja por teléfono y conocemos a su sustituto por internet. Los impresionamos con fotos con filtros, pero filtramos tanto que no queremos ver la realidad original. Porque asusta. Porque no es atractiva. Porque no es moderna.

Yo también he tenido relaciones modernas. Gracias a éstas me he dado cuenta de que no quiero tener un novio moderno. Un novio que se siente más feliz por los nuevos follows que por despertarse a mi lado. Un novio que con la creación del Whatsapp se ve con derecho de sustituir la valentía por un mensaje con foto. Yo lo quiero en mi casa. Así, sin avisar. Lo quiero delante de la tele con un pijama viejo, unas gafas feas y sin que sepa preparar un buen café. Porque sus besos sabrán a felicidad y no a los “likes” de Instagram.

Soy tan moderna que prefiero ser antigua.

Soy feliz de haber vivido en las dos épocas: la “avanzada” y la “retrasada” porque me dio la posibilidad de escoger lo que más me conviene.

Y me conviene ser moderna a ratos muy concretos.

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29 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“El tiempo desde hace mucho tiempo ya no es tiempo, es un tesoro sospechoso.”

29 COMENTARIOS

  1. Avatar de SkiterSkiterioSkiterSkiterio

    Esa mujer que se levanta con el pelo enmarañado como si fuese una leonina corona, con una camiseta vieja con agujeros como pijama y que con sus ojeras y legañas que aun no la dejan ver bien ni terminarse de despertar, estira un brazo por detrás de la cabeza desperezandose y dice: “oh, has hecho cafe, gracias!”

    No se si es moderna pero es, sin duda, preciosa. Lo mejor de dia.

  2. Avatar de Sashimi Blues

    Como Anita, soy moderna de provincias. Moderna por saber en qué mundo vivo y enterarme de lo que pasa. Ser moderno no es postureo; eso es otra cosa.
    El otro día, mi hija de dos años me dijo: “mamá, eres chica moderna”. Para ella es el mayor de los piropos porque es la letra de una canción que le encanta (adoro a las pijas de mi ciudad, de La Costa Brava). Para mí, fue un momento lacrimoso.
    Yo creo que hoy en día es moderno el que piensa por sí mismo. Porque la modernez es valentía, o no???

  3. CristinaCristina

    Jajaaaaaa
    Ser moderna para algunas cosas puede que sea chulo , por ejemplo para tener la casa vacía sólo con una chimenea , un techo altísimo y una orquídea ,para entender de arte un huevo , para disfrutar de la comida Japonesa que no puedo con ella , para saber de música posterior a Mocedades ,para llevar un corte de pelo que no parezcas una alcaldesa del PP .
    Pero los tíos …….uff
    No tengo experiencia de distancias cortīsimas con modernos , pero si de más o menos metro y medio y ¡menuda pereza!
    A mi un tipo que corte leña , lleve pijama escocés ,la barba se le enmarañe de larga y le entré la risa en una peli súper coñazo me encanta .
    Como el que vive por aquí.

  4. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Yo soy antigua pero cibernética. Me molestan las faltas de ortografía (*), la falta de educación y la falta de interés por los demás, en eso soy más del siglo pasado que de éste. Las malas noticias las doy cara a cara, aguantando el chaparrón que se tercie y la única forma de que decidiese cortar con alguien por teléfono o correo sería que el susodicho me hubiera hecho tamaña putada que no quisiera volver a verle la jeta (pero aún así, soy tan cumplida que me despediría y le dejaría claro que estoy libre porque no sé dejar las cosas a medias).

    Pero, sí, he buscado y encontrado sabroso cacho por internet :-D , compro por internet y gracias a internet mantengo un contacto intelectual cercano con personas a las que quiero mucho y con las que, de otra forma, nunca podría comunicarme. La red me ahorra un tiempo precioso en gestiones y me parece un lujo poder reservar ese tiempo para cualquiera de las cosas inútiles e insustanciales que tanto me llenan la vida. Cuando era chica y veía la enciclopedia Espasa del vecino con sus decenas de tomos que ocupaban una pared entera, pensaba que ahí estaba todo el conocimiento del mundo y deseaba con todas mis fuerzas que hubiera una en casa. Ahora enciendo el ordenador y ahí está, pero elevada a la enésima potencia.

    Y, sí, veo las Google Glass y no paro de pensar en qué las utilizaría a ver si se me ocurre algo bueno y a cambio me las ponen gratis en la cara para probarlas. Como con eso, con cualquier otro cacharro, pero yo ya era así antes, que conforme salían mis padres por la puerta, desde pequeña, agarraba el destornillador y la emprendía a desmontar cualquier cacharro electrónico que hubiera en casa (gracias a lo cual soy mi propia electricista, mi propia mecánica si no necesito subir el coche al torno y, con menor fortuna, confieso, mi propia fontanera).

    Tampoco tengo CDs en casa y seguramente un día me dará una turuntela y regalaré todos los libros, salvo alguna edición especial. Saber que puedo encontrar casi cualquier cosa en formato electrónico me da una sensación de libertad que antes era inimaginable. Ahora podría largarme a cualquier sitio del mundo y como único equipaje imprescindible agarraría la documentación, los títulos por precaución y un disco duro con las fotos y textos a los que tengo cariño. De hecho tengo eso mismo preparado en una bolsa por si una desgracia me obliga a salir corriendo de casa. Ya no me pesa ni me angustia lo que tengo o lo que pueda perder.

    La tecnología es algo maravilloso y cuando pienso que trabajo en informática y disfruto de cosas que no se habían prácticamente ni empezado a inventar cuando nací, me pregunto si volveré a ver el nacimiento de otra tecnología tan disruptiva como ésta y me fijo el firme propósito de subirme a todas las que lleguen nuevas.

    Que ya sé que no es especialmente de esto de lo que estabas hablando tú pero, mira, es que no soy capaz de desperdiciar la ocasión de entonar una oda a las maravillas del progreso tecnológico. Ya que socialmente y políticamente seguimos como hace un siglo o peor, disfrutemos al menos con lo que sí avanza.

    1. CristinaCristina

      Di que si .
      No sabes lo listísima que me pareces ..
      Yo sólo alcanzo a entender internet y estoy fascinada , me parece el milagro más milagroso del mundo mundial , ayer estuve en una estación de esquí de ¡la India ! Un rato y el planeta tierra está en mis manos
      Imagina si entendiera las demás tecnologías , incluida la electricidad .
      Viviría como fumada todo el día .

      1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

        Ay, listísima. Muchas gracias pero es un espejismo, Cris. Si quieres ponerme a prueba, ponme una máquina de coser delante y ya verás qué inútil soy. Cincuenta veces ha tratado de enseñarme mi madre y he sido incapaz todas ellas. No consigo siquiera enhebrar la aguja o montar el carrete. Y como esa, otras decenas de cosas sencillísimas que me superan como maquillarme o pintarme las uñas, por un lado, pero también otras como pronunciar bien las erres y las eses, entrar a la canasta por la izquierda o dar un revés en condiciones.

      1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

        ¡Hala, mañoooo! Seamos optimistas y pensemos que antes de eso se me llevará la peste o me romperán la crisma para quitarme el pan de la boca. Puestos a pensar en lo peor…

        Y, oye, siempre podemos dar pedales para cargar un generador, como en Black Mirror y así, de paso que seguimos enganchados a la red, conseguimos un culo con el que se puedan partir nueces :)

  5. La GraduadaLa Graduada

    Yo sigo pensando que, a pesar de que la tecnología tiene innumerables ventajas (me ha encantado la intervención de Ronronia, me parece un canto optimista de algo que se aborda muchas veces de manera pesimista), nos hemos pasado un pelín…

    Veréis… hay mucho conocimiento por Internet, pero también desinformación y muuuuchos, muchísimos canales para perder el tiempo.

    Cada vez es más difícil filtrar la información que merece la pena, elegir los blogs que leer, los libros que leer, la música que escuchar. Parece que la mala información y los nuevos hábitos para perder el tiempo (incluyo en estos el whatsupp, estoy hiperagobiada con él) crecen exponencialmente, mientras que las ventajas y la buena información crecen sólo de forma lineal. Conclusión: cada vez va siendo más difícil quedarse con las ventajas, y crecen los inconvenientes a pasos agigantados…

    Vengo de pasar unos días increíbles en Barcelona, de maravillarme (entre otros) con el talento deslumbrante de Gaudí. Él no necesitaba para inspirarse mucho más que la naturaleza y su vida supongo sencilla de principios de siglo. Y no paró de crear, de descubrir técnicas alucinantes, de acercar el arte a las casas… En fin, los grandes talentos muchas veces no necesitan TANTA información, sino precisamente reposo, descanso, desconexión, una vida mucho más limitada y sencilla para que lo original se exprese…

    Ais, vengo hoy muy intelectual y un poco espesa. Y por cierto Alena, coincido bastante con tu visión de la modernidad. El hecho de haber vivido estas dos épocas, me da la libertad de poder elegir y quedarme con lo que quiera. Que está bien que lo online nos ahorre tanto tiempo, pero a veces me paro y me digo: ¿y tiempo para qué? ¿para leer el próximo tweet, ver la próxima serie completa por Internet, bloggear un poco más, mirar la colección entera de mi marca favorita…?

  6. Avatar de Olgahb herrera buenoOlgahb herrera bueno

    No soy moderna Ni quiero serlo Como dicen aquellas chicas tan altas,guapas,preciosas y cultas q me adoran sin conocerme ,soy una maruja con pretensiones.Me encanta serlo,sobre todo xq soy FELIZ.Las marujas,como solemos ser muy incultas,somos felices con idioteces.Y yo soy idiota.Y tan a gusto.

  7. monsieur le sixmonsieur le six

    En todos tus relatos sale siempre una botella de vino. Acabaré pensando que esta rusa es una borrachilla de narices.

    No, ahora en serio: esta es la Alena que me gusta. Un artículo como los de antes ;)

    Yo la verdad es que, seguramente porque ya tengo una edad, no soy precisamente muy moderno. No compro por Internet (creo que sólo lo hice dos veces) y no tengo whatsapp, ni smartphone. Creo en la tecnología y en la ciencia, pero intento usarlas sólo para lo que considero que puede aportarme algo. No sabría prescindir de la wikipedia o de un diccionario on-line (¿en serio alguien se plantea volver a los antiguos tochos de papel?), per jamás me compraría las Google Glass, por ejemplo.

    A veces la gente culpa a la tecnología, pero no es ella la que nos deshumaniza, sino su uso equivocado. Estar en facebook está bien; subir todas las fotos que te haces, probablemente no. Seguir a gente interesante en twitter es muy interesante; consultarlo cada 5 minutos y estar todo el rato tuiteando cosas para parecer ingenioso, no parece muy bueno. Y así con todo. A mi pareja actual la comencé a conocer por Internet, pero sería incapaz de romper con ella por sms.

    Por otro lado, a veces las críticas contra el último grito tecnológico nos hacen olvidar el uso abusivo que en el pasado se hizo de otras cosas. Por ejemplo la televisión, hoy en día en decadencia, ha sido durante décadas un succionador de cerebros en el que una buena parte de la población desperdiciaba horas de su vida. Oye, y nadie se ha muerto. Sin embargo, el mismo viejecillo que critica a sus nietos por perder horas con el móvil, desperdicia las suyas tragándose lo de los saltos de trampolín de famosos, o alguno de esos pseudodebates televisivos, en lugar de ir a visitar al amigo con el que tantas horas compartió en el pasado. Si es que al final, cada cual tiene lo suyo.

    Por cierto, lo de la Post Manager ha sido muy bueno :D

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