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Cosas que pasan

Soy la amiga fea. Parte V. Brigitte

Más de una vez se había planteado si se estaba volviendo alcohólica, pero luego se dio cuenta de que era una auténtica chorrada. Necesitaba beber unas semanas.

La primera parte aquí: Soy la amiga fea. Parte I 

La segunda parte aquí: Soy la amiga fea. Parte II 

La tercera parte aquí: Soy la amiga fea. Parte III

La cuarta parte aquí:  Soy la amiga fea. Parte IV.

Agua.  ¿Agua?

Abrió los ojos.  Estaba desnuda. Notaba el dolor en todo el cuerpo. Miró alrededor: una botella vacía de vodka, un cenicero lleno de colillas. Hace casi un mes que había vuelto a fumar. Cumplir 30 años resulta ser un motivo para dejar las malas costumbres, no para volver a tenerlas. Pero Brigitte estaba cansada. Cansada de hacer lo que tocaba hacer. Cansada de las normas. Cansada de su educación, de su diplomacia, de su reputación intachable. Brigitte ha decidido ser lo que siempre quiso ser: un espíritu libre, apasionado, imperfecto, bohemio y sexualmente disperso.

Aquel día, hace unas tres semanas, se despertó asqueada. Eran las diez de la mañana y se había dormido. Tenía tres llamadas perdidas de su jefe. “Imbécil”, pensó y bajó a comprar tabaco, una botella de vino y unas zapatillas de casa. Nunca había tenido unas simples zapatillas de casa. Su madre le solía decir: “una mujer de bien siempre va con tacones para estar preparada para cualquier cosa”. ¿Una mujer de bien? Brigitte notó el sabor de bilis en la lengua. Estaba harta.

Volvió a su ático. Se puso las zapatillas. Se miró al espejo. Vio a una persona normal. Algo más normal y un poco más cobarde de lo habitual.

Se tomó una copa de vino para sentirse más valiente. Había decidido cambiar su vida, pero le faltaba un empuje. Un Châteauneuf-du-Pape podría serlo. Mientras ensayaba la corta conversación que iba a tener con su jefe, llenó la copa de nuevo. Otra más. Y lo que queda de la botella también. Ya que estamos… Pantalón negro, una camisa de cuadros y unas zapatillas de deporte.

Llamó al taxi. Sí, empezaba a ser una mujer rebelde, pero conducir borracha no contaba como rebeldía, sino como gilipollez.

Sonrió a sus futuros ex compañeros de trabajo mientras atravesaba una enorme sala (“hall”, como lo llamaba el gilipollas de su jefe) con tropecientos trabajadores sorprendentemente callados- casi todos, SUS empleados- y entró al despacho de su jefe. Sin avisar. Sin llamar a la puerta. Y se lo dijo. Sin saludar. Sin dejarle oportunidad de responder. Empezó según su ensayo: “Mira, Rubén, he pensado que necesito dedicarme a otra cosa…”, pero enseguida se dio cuenta de que no se acordaba de lo ensayado. El hipo le molestaba respirar. Decidió improvisar. “¡Qué coño!”, siguió, “Te lo voy a decir tal cual: estoy hasta los cojones de ti, pedazo de viejo verde, de que me mires las tetas y de que sueñes con tirarme. De que me comas la oreja en plan galán. ¡Que te den! Mátate a pajas. Te quedan pocos años de poder hacerlo.”

Y se fue. Sin más. El portazo le salió algo peliculero, pero… ¿a quién no le gustaría ser protagonista de una serie americana alguna vez en su vida?

Se sonrió recordando la cara de Rubén. Así se hace: fuera los miedos, fuera la diplomacia, fuera lo que la gente espera de ella.

Quiso levantarse de la cama y no pudo.

Agua. ¿Agua? ¿De dónde viene ese sonido?

Brigitte empezó a recordar lo ocurrido. Ayer, después de media botella de champagne (uno de los buenos, de los que le regaló su padre para celebrar su ascenso) se fue de marcha. Sola. A ver, eso de beber sola no tenía nada de malo. Más de una vez se había planteado si se estaba volviendo alcohólica, pero luego se dio cuenta de que era una auténtica chorrada. Necesitaba beber unas semanas. Para acostumbrarse a su nueva situación: una mujer bohemia, sin empleo y con miles de hombres rodeándola todo el tiempo. Ayer le dio por dibujar, estaba inspirada, cuando sonó el teléfono. Era su madre. Resulta que había llamado a la oficina y habló con Rubén. El idiota le dijo que a Brigitte se le había ido la pinza y que se presentó borracha en la oficina.

-  Que no, mamá. Esto es mentira. Ya sabes, Rubén siempre ha estado enamorado de mí.

-  ¡Pero si tiene 55 años!

- A eso voy. Es un viejo verde. No quería contártelo.Para no preocuparte. Pero, una vez me haya salido un proyecto nuevo, decidí marcharme. Y no, no estaba borracha. Miente.

-  ¿Tienes un proyecto nuevo, cariño? ¿De qué es?

- Sí, de hecho mañana me marcho a Suiza para arrancarlo. Te iba a llamar para comentártelo, pero me he liado. Tengo mucho trabajo, mamá. Ya te lo explicaré otro día.

- Estoy muy orgullosa de ti. Llámame cuando vuelvas. Voy a contárselo a tu padre. Te queremos, hija.

- Sí, sí. Yo también.

Buff. Qué pesadilla. Algo bueno tenía que tener ser una hija ejemplar. Los padres funcionan igual que la Universidad: si pasas dos años siendo un alumno ejemplar y recibiendo las mejores notas, después te las ponen automáticamente. Ella solía decir: “Primero trabajas para las notas, después las notas trabajan para ti”.

Y, como la llamada de su madre le había estresado, Brigitte abrió una botella de champagne. Iba vaciándola, mientras escogía la ropa para salir: algo sencillo. Necesitaba ligar a un tío sencillo: algo diferente a lo que habría aspirado la antigua Brigitte.

Recordó haber entrado en un pub que no conocía de nada. Pidió un Gin Tonic y se puso a hablar con el camarero: era feúcho, llevaba rastas y tenía un leve acento inglés mientras hablaba en español argentino. “Viví tres años en Argentina”, le explicó mientras no paraba de llenar su copa. Brigitte le dijo que se llamaba María, que era pintora y que llevaba días sin inspiración. “Podría ayudar a inspirarte”, le dijo Mat mientras se mordía el pelo. A pesar de que las rastas a Brigitte le parecían una auténtica guarrada, notó que necesitaba a un Mat en su vida.

En realidad, los necesitaba a todos. A lo largo del último mes se despertó en brazos de: Carlos, el graffitero al que le encantaba el sexo anal; Víctor, el mecánico con las uñas negras, una barriguita cervecera y una extraña obsesión por lamerle la oreja; Paco, el panadero con mofletes rosas y un aguante tremendo; Ricardo, guitarrista de un grupo de rock: de éste sólo recordaba su enorme nariz y una melena hasta la cintura… Todos eran increíblemente feos, pero le hacían sentir una mujer excepcional: ella, rubia natural con un cuerpazo envidiable y una cara de ángel, era simple. Le gustaba regalarles su cuerpo y hacerles sentir afortunados.

Esperó a Mat hasta el cierre. No se acordaba de nada más, salvo de cómo abría la botella de vodka, como les entró hambre a las tantas de la mañana y la sensación de tener las rastas de Mat por todo el cuerpo. Al mismo tiempo.

¿Agua? ¿Pero de qué es este sonido? Mat salió del baño:

- Tenía unas ganas de mear… No me extraña: con todo lo que bebimos ayer.

- Podías haber cerrado la puerta del baño, joder. Y tira de la cadena.

- Uy, uy, uy. La niña se ha despertado de mala leche. ¿Quieres que te prepare un café o prefieres seguir con lo de anoche?, le dijo mientras se mordisqueaba el pelo.

Brigitte cogió el aire por la nariz. Una y otra vez.

-   Lo que quiero es que te vayas, – le respondió.

-  No me mires con esa cara de asco, pija de mierda. Vamos, que ayer, mientras tenías mi cabeza entre tus piernas, no te daba repelús, ¿eh? ¡Gilipollas!

Seguía insultándola, mientras se ponía el pantalón y la camisa:

- Todas las tías guapas sois igual de imbéciles. Vais de simples, pero no os coméis una rosca. Y claro, luego buscáis a los tíos como yo para que os haga todo lo que queráis: Que si “tócame aquí”, que si “méteme el dedo allá”. Vuestros pijos no os hacen estas cosas, ¿eh? ¿Eh? ¡Que te jodan, zorra!

Y se fue.

Menudo psicópata.

Brigitte se metió en la ducha. Se enjabonaba una y otras vez para borrar a Mat de su vida. Rompió a llorar. Se sentó en el plato de ducha. Estaba frío. El chorro de agua le caía en la cabeza. Le hacía daño. Estaba ardiendo. Pero no le importaba. Todo lo contrario: le ayudaba a llorar más.

Una hora después pudo levantarse. Salió del cuatro de baño desnuda, pero con las zapatillas puestas. Encendió un cigarro y abrió una botella de vino. Necesitaba una copa para seguir dibujando.

“Mañana decidiré lo que voy a hacer con mi vida. Hoy necesito no pensar en nada”.

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Amiga Fea  Amistades  Depresión  Soledad  

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“¿A quién no le gustaría ser protagonista de una serie americana alguna vez en su vida?”

12 COMENTARIOS

  1. Avatar de Vicky

    POR FIN la amiga fea. Me encantaron las 4 partes anteriores, estaba deseando saber qué iba a pasar. Ole.

    me ha gustado mucho. Pobre Brigitte. Creo que a todas nos ha pasado alguna vez eso de sentirnos perdidas.

  2. CristinaCristina

    Una chica en modo “autodestrucción”. Casi todas hemos pasado por eso .
    Pero por lo que no hemos pasado todas , al menos yo , es por hacer eso con tu jefe, por mandar a la mierda de una manera tan tajante una vida que no te gusta .
    Me voy a tomar un par de copas a ver si me atrevo .
    Un relato chulo .

  3. La GraduadaLa Graduada

    Acabo de leerme las cuatro partes anteriores de la serie, porque no me acordaba bien, y quería entender la historia punto por punto.
    Estoy enganchada. Espero que no pase otro medio año antes de que continúes la historia, porque DESEO saber lo que pasa!!

    Brigitte me da pena… Quiere ser auténtica, pero en su mundo, y sin nadie que la haya acompañado durante su infancia y su adolescencia, eso es tan difícil! Aprendemos a base de golpes.
    Lo que les hace falta a todas ellas, a todas las protas, es precisamente UNA BUENA AMIGA. Con eso se reducirían las penas, harían cosas menos arriesgadas, podrían dejar salir poquito a poquito, lágrima a lágrima, copa de vino tras copa de vino, su vacío existencial.

    Las buenas amigas, las mujeres grandes, generosas y abiertas no abundan. Pero hay que buscarlas. Creo que si algo hay que hacer en la vida es, precisamente, buscar estas personas con las que construyas “tu familia”. Yo diría que esto es muuucho más importante que encontrar una pareja. La pareja va después, cuando ya estás “reparada”, cuando no buscas a nadie que te salve o en quien proyectar tus fantasías no resueltas. Lo primero deberían ser los amigos, los colegas, los que te ponen en tu sitio…

    Me he enrollado y todo para decir, ¡quiero más!

  4. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Al final somos siempre nosotros mismos los que más daño podemos hacernos.

    Repetid conmigo: “yo no he nacío pá sufrir”. Si sólo le podéis grabar a fuego una frase a la progenie, que sea ésta, especialmente si es una chica porque a las tías nos crían bien sufridoras y amigas de la tragedia y la lágrima gorda.

    En cuanto a lo de tirarse psicópatas, chicas, hacedle caso a una vieja: estáis follando por debajo de vuestras posibilidades. Ejemplo:

    Yo me analizo y digo: con esta pinta que tengo, mi carácter, etc, puedo conseguir salir con un tío que esté en el nivel… 6 (para cada una el 6 será una cosa e incluirá unas cualidades distintas, pero es por centrarnos). Pues que os entre en la cabeza que si podéis salir con un 6 podéis follar intrascendentemente con un 7,5. Porque así está hecho el mundo y lo cierto es que para empotrar los tíos lo llevan, tal y como está montada esta sociedad, bastante más crudo y se lo tienen que currar más, así que lo que es para chuscar, podéis intentar subir un poco vuestro nivel de exigencia.

    (empotrar y chuscar son molineologismos, de @molinos1282, que me hace mucha gracia las palabras que se inventa)

    1. Alena KHAlena KH Autor

      Primero, gracias por aconsejar a molinos1282. Lo sigo a partir de ahora

      Por otro lado me ha hecho una gracia tremenda lo de la teoría de los puntos porque yo también la aplico. Pero para definir el nivel del enamoramiento.

      Anda que no me ha pasado a veces que le decía a un hombre: “¿Sabes qué pasa? Tú estas en el nivel 6 de enamoramiento y yo en el 9. Por eso no quiero seguir con eso”, y me miraba con la cara de: menuda pirada.

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