Cosas que pasan

Soy la amiga fea. Parte III

  La primera parte aquí: Soy la amiga fea. Parte I  La segunda parte aquí: Soy la amiga fea. Parte II Le ha venido a la cabeza un recuerdo muy lejano y agradable a la par. Ella, una niña de 6 años, enfadada con el mundo entero, arrastrando por las escaleras del portal su mochila [...]

 

La primera parte aquí: Soy la amiga fea. Parte I 

La segunda parte aquí: Soy la amiga fea. Parte II

Le ha venido a la cabeza un recuerdo muy lejano y agradable a la par. Ella, una niña de 6 años, enfadada con el mundo entero, arrastrando por las escaleras del portal su mochila para ir al cole. Y él, un niño pelirrojo, igual de enfadado por tener que subir cuatro cajitas pequeñas, que apenas pesaban.

- ¿Tú quién eres?, – le dijo Karla, esperando que se aparte y mirándolo a través de su flequillo.

- ¿A ti qué te importa?

- Pues que vivo aquí y tú no. Y aquí no entra nadie raro. ¿Entiendes, panocha?

- Que yo también ya vivo aquí, Dumbo.

Y así empezó su bonita amistad: las escapadas de casa para dar besitos en el jardín, ahorros de las monedas que les daban sus padres para los helados. Cuando llenaban la pequeña hucha con la cara de un cerdo feo, la rompían y corrían a comprar un vinilo nuevo. Y así.

Pero de un día para el otro el chico dorado desapareció. Cuando Karla volvió de las vacaciones, se encontró con una pareja malhumorada subiendo la nevera por las escaleras. Víctor le había dejado una nota en el buzón: tienes un regalo debajo del árbol del jardín de la abuela gruñona.

Fue el mismo verano en el que Karla conoció a las rubias coletas de Brigitte.

No se lo podía creer: pasaron más de veinte años, pero sus facciones no habían cambiado en absoluto: esa cara de mala leche que se trasformaba en una sonrisa enorme al primer “hola”. Allí estaba, discutiendo con Matthew, que, por lo visto, no quería abandonar la fiesta por “culpa” de Víctor, al que no le dejaban entrar en “Deluxe” por sus tatuajes.

- ¿Víctor?

El pelirrojo la miraba con cara de indeferencia y cabreo:

-¿Nos conocemos?

- Dios, ¡Victor! Soy yo, Karla.

-¿Karla? Hmmm. Perdona, no “caigo”.

- Sí, soy Dumbo.

Karla ha apartado el pelo para enseñarle sus orejas salidas:

-Dumbo, la de la hucha del cerdo feo…

No le ha dejado acabar. Su enorme sonrisa, la misma de hace veinte años, de golpe ocupó toda su cara y, sin pensar, se acercó a Karla, abriendo sus enormes brazos , repitiendo: “No me lo puedo creer. Qué fuerte, Dumbo, qué fuerte… Joder, ¡qué fuerte!”

Brigitte se siente incómoda. Pablo le gusta. Pero está muy agobiada. No soporta que los hombres la miren como a un trozo de carne con una melena rubia. Pablo está gastando bromas. Se supone que son bromas. Es incapaz de reaccionar y concentrarse. Pablo le sonríe, le ha dicho que es muy guapa, que le parece una mujer fascinante. Nada nuevo de lo que no había escuchado antes. Se va al baño. Se va. Necesita sentarse encima de la tapa del wáter para reflexionar. Comprobar todos los mails que le acaban de llegar e intentar de decidir si está dispuesta de sacrificar sus principios para enrollarse con Pablo. Su madre siempre le había dicho que no debería practicar el sexo en la primera cita. Ella se consideraba una mujer muy moderna y ya había superado la edad de escuchar los consejos de una madre. Pero no quiere que esto se acabe allí.

Carlota está muy aburrida. Está avergonzada por el comportamiento de María. Esa necesidad suya de ser la protagonista no es nada menos que un complejo de inferioridad no superado. Por un momento no sabía donde estaba. Pero, conociéndola, y sabiendo que María apunta  “a lo alto” la ha visto en la cabina del DJ francés, restregándose contra su pierna.

Brigitte se ha ido al baño y, en cuanto vuelva, le dirá que se va. Así se quedará con Pablo: maravilloso y simpático Pablo. Qué suerte.

- Estás un poco callada hoy, Carlota.

- Vaya, te acuerdas de mi nombre.

- Claro,- Pablo se ha puesto rojo. No, imposible. Son alucinaciones suyas. ¿Rojo?- Cuéntame, ¿qué le pasa a Brigitte?

Ya estamos. Para lo único que la quiere es para averiguar algo sobre Gitte. Qué “raro”.

 - Nada, Pablo. Es un poco extraña. No tiene mucha suerte con los hombres.

- ¿En serio? Mira que es guapísima, debería estar rodeada de admiradores.

- Ya sabes, no todo es oro lo que brilla…

Se siente fatal. No sabe por qué está diciendo esto de Gitte. Sí, es cierto, Brigitte tiene el eterno problema de creerse inferior de lo que es, pero ¿qué cojones? Si ella, Carlota, tuviese su físico, ya estaría casada con cinco hijos. Estaba un poco harta de las interminables quejas de la estupenda Gitte. Y por mucho que Karla la justificaba 24 horas al día, le parecía completamente irrazonable todo ese comportamiento de niñata, pretendiendo llamar la atención sobre su desgraciada vida. Es ridículo. Ri-dí-cu-lo. Se parecen con María. Con la diferencia que ésta no fingía.

- Carlota, ¿sería demasiado que te pidiese tu número de teléfono?

- No sé, Pablo. Me sabe mal. Le gustas a Brigitte.

- No seas tonta. A mí me gustas tú. Estoy un poco harto de las modelos con frustraciones.

- No es modelo, oye.

- ¿Me das tu número o no?

- Apunta.

Brigitte ha vuelto con otra cara. Está decidida: se va a arriesgar. Si no es el hombre de su vida, no pasa nada. Al menos lo habrá intentado: “Pablo, ¿nos vemos mañana?”, le dice al chico.  Carlota se siente incómoda. Depende de lo que le diga Pablo, tomará la decisión: o se marcha, o se queda.

- Mañana no creo, tengo que ir a buscar a un amigo en el aeropuerto, – le contesta y le guiña el ojo a Carlota. Carlota nota los nervios en el estómago. Está excitada. Se siente ganadora pero, a la vez,como una mierda. Por un lado le encanta: no siempre Gitte iba a ser la estupenda. Pero, a la vez, está fallando como una amiga. ¿ O no?

La mejor opción es marcharse. Junto con Brigitte. Y que Dios decida. Le dice a Brigitte que se encuentra mal y pide si la podría acompañar a casa, conduciendo su Audi, que está a dos calles del club. También dice que le sabe fatal, pero necesita que venga con ella.

- ¿Y María?, – le dice Gitte.

- Mírala,si ya está morreándose con el DJ. Déjala. Está en su salsa.

- Disculpa, Pablo, – se dirige a Pablo decepcionada, – pero creo que deberíamos irnos. Mañana madrugamos.

- No te preocupes. Voy a buscar a Matthew. Un placer conoceros.

- Te llamo, – le susurra al oído a Pablo.

Ha decidido que esta vez va a ir a por todas.

Brigitte le soníe a Carlota: “Vamos, mi niña”.

Pablo le sonríe a Carlota también.

Continuación: Soy la amiga fea. Parte IV

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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16 COMENTARIOS

  1. Inma H.

    Genial, me quedo con ganas de más. Me gusta cómo van cambiando las cosas y cómo van evolucionando los personajes. Imagino que a Judith le estará yendo bien, supongo que sabremos algo de ella en la próxima entrega jiji. Me he reído mucho con lo de: -Sí, soy Dumbo, jajaja.
    Esto cada vez engancha más! Un beso

  2. Karla

    Y yo me estoy asustando. En la primera parte desde el principio supe que me parecía bastante a Karla. Además me llamo igual. Menuda gilipollez, lo sé. Pero a todas nos hace gracia cuando nos identificamos con un personaje y no hacemos más que encontrar cosas en común. Como si estuviese hecho para nosotras. Pero lo más gracioso viene cuando leo esta parte. A mi me llamaban Dumbo de pequeña. También tuve alguna anécdota parecida. That´s so weird.

    1. Karla

      Poco antes de leer la entrada en el blog había twitteado: No creo en las casualidades. O algo así. ¿Existe la extraña manera de que tu mente literaria creativa y la mía estén conectadas? Probablemente hayan cogido un tren, se hayan encontrado en algún punto del camino (a medio camino para ambas partes), hayan conversado con un café en la terraza bohemia de algún bar, (nada comercial) y después hayan retornado a sus dueños (as). Y de ahí las coincidencias. Quién sabe.
      Pero si te has basado en alguien real a la hora de hacer esta historia, recomiendo que en las siguientes publicaciones (deduzco que habrán más) no cambies nada de lo que tengas pensado. A ver en qué más cosas coinciden. Bonito juego.
      Espero más impaciente que nadie.

  3. MardyB

    Si, si, si, Carlota tenía que ligar al menos por justicia poética o por devolvernos la fe en la humanidad y en el género masculino en particular jajaj.
    Me he emocionado al ver que mi comentario tenía algunos puntos en común con tu post, si mi imaginación se acerca un poco a tu talento es que vamos por buen camino.
    De nuevo felicidades Alena!!!!!

  4. Anonymous

    Qué topicazos, uno detrás de otro. Me has decepcionado mucho. Después de unas semanas siguiéndote has conseguido aburrirme con tanto texto trampa y tanto comentario banal y egocéntrico en Twitter. Cansina, sí, lo siento. Escapadas a Paris, novios parisinos, amigas feas, consejos del Superpop, diferencias manidas entre sexo y amor… ¿Cómo alguien puede vivir con otra persona y comunicarse por Twitter porque una no podía dormir y se pasea desnuda por la casa? Es ridículo, o peor, enfermizo. Es como esa gente con la que quedas y empiezan a Twittear con quien están, donde y de que hablan. Tarados llenos de complejos a los que las redes sociales les dan la ilusión de compañía. Por lo que veo muchos de tus seguidores necesitan afecto o followers o alternativas más chic a los libros de autoayuda o Albert Espinosa. No es mi caso. Hay (pocos, pero hay) blogs inteligentes sobre moda y relaciones, pero menos pretenciosos, menos obsesionados con la popularidad, más sentido del ridículo y con menos ínfulas artísticas. Decididamente la mejor forma de tener éxito es carecer de talento y algo de iniciativa. Lo siento, unfollow Alena.

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