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Sociedad

Somos unos salvajes

No poder encontrar llaves para salir de casa, darme cuenta de que he perdido 20€, romper el tacón nada más bajar las escaleras y tener que volver a casa para cambiar de zapatos. Y así.

Creo que es la primera vez que me pasa. Que yo recuerde.

No es la primera vez que me levanto de mal humor, aunque no es lo más habitual. El humor que me va a acompañar el resto del día se determina en el justo momento del despertar, en función del primer pensamiento que me invade, independientemente de la cantidad de idiotas que pueden intentar a estropearme el día. Poca gente es capaz de conseguir que me ponga de mala leche si me he despertado bien, pero aún menos personas podrían mejorar mi estado de ánimo el día que me levanto cruzada. Suerte, como ya lo habla dicho antes, que de esos días hay pocos. Pero ayer fue uno de ellos.

Ni el café con triple azúcar, ni la magdalena con doble ración de Nutella fueron capaces de endulzarme la mañana. Nada de nada. (Además de ser una puta política, también soy una prostituta chocolatera. Me da igual Nocilla que Nutella: ambas me follan el estómago. Me da lo mismo PP o PSOE- ambos me joden la existencia). Tampoco me alegró la ausencia de ojeras, cosa que ya de por sí es casi imposible, pero justamente el día que tengo la mejor cara del mundo me toca vivirlo de mala leche. Menudo fracaso.

No poder encontrar llaves para salir de casa, darme cuenta de que he perdido 20€, romper el tacón nada más bajar las escaleras y tener que volver a casa para cambiar de zapatos. Y así. A los comienzos como éste los llamo “día del carrito del super”: por mucho que quieras ir a la izquierda, el carrito te lleva a cualquier otro lado. Y, por si fuera poco, el carro más caprichoso va a ser el que te retiene la moneda. No falla.

Pero si el mío no me devolvió 1€, el de la señora con la que me crucé en el metro, se quedó con el monedero entero.

El carrito de la señora era alto y moreno y, desde luego, muy hijo de puta. Pero yo, si hubiese sido todavía algo más gilipollas de lo que fui, no habría conocido aquel detalle.

Bajé al metro con mi cara de malas mañanas. Una mujer, bajita y triste, me preguntó si podía pasar con mi billete. “Haz lo que quieras”, – le dije a regañadientes. Y seguí bajando al anden. ¡Encima faltan 4 minutos hasta el próximo tren! Si es que…

La señora se acercó. “¿Qué más quiere?”,- pensé levantando la mirada y vi que estaba a punto de llorar.

- Me da vergüenza haber pasado con tu billete, pero créeme, es una urgencia. No soy de Barcelona, he llegado esta mañana para ver a mi sobrina y me acaban de robar. Un hombre moreno y alto. Mientras intentaba orientarme en la calle, me ha arrancado el bolso con todo lo que llevaba dentro: mi móvil, el DNI, el dinero, las tarjetas… No sé dónde hay una oficina de policía. Es que… vaya mala suerte.

Llevaba una maleta de viaje y parecía desesperada.

Fue entonces cuando me acordé de lo que me contó Bea, mi amiga.

El domingo pasado quedamos para tomar una cerveza. “Sabes”,- me dijo triste,- “somos unos salvajes. No nos fiamos de nadie. Hemos cogido tanta costumbre de ir a nuestra puñetera bola, que pasamos por alto el simple hecho de que alguien podría necesitar nuestra ayuda.”

Me contó que unos días antes, mientras caminaba por la calle, le habló un señor. “No le hice caso, parecía algo dejado y pensé que iba a pedirme dinero. Hasta que me di cuenta de que tan sólo me preguntaba por una farmacia. Me paré avergonzada. Se encontraba mal y quería que le midiesen la presión. Lo acompañé. Sigo pensando en lo qué podría haberle pasado si no le hiciese caso.”

Volví a mirarla y le pedí disculpas. Le di 20€ (lo único que llevaba encima) para que pudiera coger un taxi luego. La acompañé a la oficina de policía que estaba a dos paradas del metro. Y, mientras estábamos caminando por la calle, me venían a la cabeza unas imágenes: del día en el que me desmayé en el metro y nadie me ayudó; de la señora del Paseo de Gracia que se torció en tobillo y se quedó inmóvil en medio de la calle; del chico joven y supuestamente borracho al que encontré durmiendo en la entrada de un portal del que acababa de salir una pareja (y que resultó estar desmayado por una bajada de azúcar según me dijeron los chicos de la ambulancia, era diabético) y, como no, de cómo se fugaron los cuatro coches cuando me di tres vueltas de campana en una autopista. Que sí, que es un delito, pero… ¿no es todavía más un delito humano?

Me hace gracia como queremos salir de la crisis económica estando sumergidos en una crisis humana. Como pasamos horas en las redes sociales y no encontramos un minuto para acompañar a un anciano a la farmacia. Como somos capaces de sonreír para pedir un favor y mandamos a la mierda a los que no nos “sirven”.

Presumimos de ser ciudadanos ejemplares: reciclamos, seguimos las normas de tráfico, no robamos y, a veces, cedemos el asiento a una embarazada. Pero luego, cuando nadie nos ve, conducimos borrachos y meamos en las esquinas.

Nos quejamos del mundo caótico, de la falta de tiempo, de que la vida nos ha demostrado que no hay que ayudar a los demás porque la gente, en su gran mayoría, es desagradecida. No somos humanos, estamos humanos. Lo estamos cuando alguien podría reprocharnos algo. Pero lo real no es lo que se hace “de cara al público” sino de cómo somos cuando nadie nos ve.

Eres lo que vives en un escenario vacío, no lo que interpretas a cambio de unos aplausos y un minuto de gloria. Las glorias invisibles son las auténticas. Son las que se convierten en un triunfo personal.

Pero eso va como va. Un día te tomarán el pelo, otro- salvarás una vida. Sin embargo, para poder hacerlo deberías ser persona. Así como un hombre no es el que tiene pene, una mujer no es más mujer por tener tetas, una persona no lo es por estar viva. Lo es por actuar como persona.  Y para rodearte de personas, deberías ser una de ellas. Cueste lo que cueste. Te joda lo que te joda.

Reprochar es demasiado fácil. Y así nos va, salvajes.

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30 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Eres lo que vives en un escenario vacío, no lo que interpretas a cambio de unos aplausos.”

30 COMENTARIOS

  1. Armario DesordenadoArmario Desordenado

    Supongo que el motivo de esta entrada da para un estudio sociológico del comportamiento humano, tan futurista visto desde fuera, aún estando dentro. Que es una manera fina de decir que somos cobardes y un poco gilipollas. Nuestro calor humano está en nuestros perfiles sociales, con fotos de gatos, comida o pies en la arena, nos hacemos leídos con citas sobadas de otros hombres y mujeres que si vivieron, muchos ‘me gusta’ o RT y la revolución desde el sofá. La masa se ha hecho cobarde en el individuo y el miedo a eso de ‘uy, a ver este tipo por donde me la clava’ nos hace ser más insociables y menos solidarios en el día a día. Aunque la solidaridad no tiene nada que ver, simplemente somos menos, cada vez menos, humanos. A este paso, nuestros perros serán más humanos que nosotros. Tiempo al tiempo.
    Gran entrada, Alena. Como siempre, sopas con honda.

  2. Avatar de Sashimi Blues

    No sé si sufro o disfruto de empatía. Siento el dolor ajeno como propio. Tiendo la mano, pero también puedo salir corriendo por no soportar la pena. Distingo muy bien lo real de lo fingido. Y este post me ha encogido el estómago
    Homo hominis lupus

  3. chis_garabischis_garabis

    Este post me ha puesto los pelos de punta. Tienes toda la razón, cada día estamos más aislados de los demás, más insensibles al dolor ajeno. En una ocasión un compañero de trabajo que tenía un problema de salud se cayó en medio de la calle y nadie lo ayudó, todas las personas se apartaron, lo único que hicieron (y menos mal) fue llamar a una ambulancia pero nadie se atrevió a acercarse a él a ver qué le pasaba. Y no los juzgo, puede que yo hiciera lo mismo. El miedo puede más que la solidaridad. Mientras la ayuda sea hacer una llamada todo va bien, sin acercarse, sin tocar, sin riesgo.

  4. Pingback: LEER POR FAVOR | Live life with love and laughter

  5. Avatar de Lorena CrespoLorena Crespo

    Maravilloso post; estoy en total de acuerdo que vivimos en un mundo de crisis humana y no sé si será el egoísmo o el miedo que no nos deja ser solidario con los demás; por lo menos ese tema es difícil es mi país por la alta delincuencia que existe; pero como pusiste en el post un día nos pueden tomar el pelo y otro salvarle la vida a alguien; definitivamente debemos ser mas humanos y actuar mas como lo que somos. Aun en este mundo Caótico existen personas buenas y ayudar no nos mata ; nos alimenta y nos hace personas Vivas !!! Te la comiste Alena :) ( Frase como de buena Dominicana)

  6. Avatar de tamara campostamara campos

    Justamente de esto hablamos en una de mis ultimas comidas familiares. En pleno apogeo de las compras navideñas, y lloviendo a cántaros me caí cruzando la carretera, y tal fue el golpe q no me vi capaz de levantarme. Justo enfrente había una enfermería de una mutua de accidentes, y en la puerta una chica fumando un cigarrito, ni para mi mirño…todas mis bolsas desperdigadas por el suelo(junto con mi dignidad) y tal era el dolor de espalda q me resultaba imposible incorporarme…
    Suerte que pasaba por alli un mantero con sus cds. pelis etc…y se aercó muy amablemente, primero me levantó a mi, me sentó en un portal y luego recogió todas mis cosas. Estuvo un rato a mi lado preguntándome cçomo me encontraba, e insistía en acompañarme a un centro de salud.
    Salvajes hay muchos, pero no siempre son los que te esperas.

  7. pekeleo

    Me han dado ganas de aplaudir !!! Completamente a tus pies, Alena.
    Es curioso como en un instante se decide igual un dia desastroso y una buena obra.
    Tambien tengo que decir que me cuesta menos retirar una botella rota de la calle o ayudar a un animal que no mirar con desconfianza a la persona que para su coche al lado mia para preguntarme una calle.
    A esto lo llamo “confianza en el genero humano” y, lo siento, pero cada dia tengo un poco menos.
    Añado que es la segunda vez que escribo esta opinion porque la primera se ha publicado cortada y que me ha despertado un maravilloso camion de escombros con su sorprendente variedad de ruidos horrendos hace 10 minutos…
    Buenos dias !!

  8. monsieur le sixmonsieur le six

    Estoy de acuerdo en parte, pero lo veo exagerado. Montones de veces veo a personas caerse y a alguien aproximarse a ayudarles; acostumbro a ayudar a todo aquel que lo pide, y a recibirla cuando la pido, aunque si a mí me piden dinero, es muy probable que mi respuesta sea un no. Yo no veo que la gente sea tan inhumana; al menos no mucho más que hace 10 o 20 años. Lo que sí es cierto es que ahora en el metro los ves a todos concentrados en su whatsapp… más o menos igual que entonces estaban concentrados en su diario o su comic.

    También hay que tener en cuenta experiencias inversas: conozco varios casos de personas que quisieron intentar ayudar a un ciego a cruzar una calle y él, ofendido, les echó una bronca. Esas personas ya difícilmente ayudarán a otro ciego. Por extraño que parezca, también ocurre.

    El fondo de la cuestión imagino que son las grandes ciudades. Está claro que en una gran ciudad como Barcelona, no vas a encontrar a la gente especialmente confiada. La gente desconfía, en parte con razón, puesto que también hay mucho ladrón y timador. Yo nací en la gran ciudad y me gusta vivir en ella, pero reconozco que es un medio a veces bastante hostil. Nada que ver con los pueblos pequeños donde la gente incluso deja abierta la puerta de su casa. Tú deja abierta la puerta de tu piso en Barcelona (o la ciudad que sea). Por contra, en los pueblos pequeños te encuentras también con otros muchos problemas, que acaban equilibrando la balanza. Allá la gente es inhumana de otra manera.

    1. CristinaCristina

      Hay algo con lo que no puedo y me parece humillante para el que lo sufre , no mirar a la cara a la gente que te pide dinero .
      Vale , no le quieres dar .
      Perfecto .
      Pero mírale , mírale y díselo
      ¡Joder!¡es una persona!
      No puedes hacer que no existe .
      Y otra decir que piden para vino .
      Vete a la mierda .
      O tu ¿no te tomas un Rioja cuando tomas foie?

          1. EspoirEspoir

            Bien dicho, Cristina. Qué pasa si beben? Condicionais los dos o tres míseros euros que les dais a que se los gasten en pagar medio crédito de la matrícula de la universidad? Que cada uno viva como pueda. Yo también bebería en su lugar, y que nos den por el culo a todos los bienpensantes.

    2. monsieur le sixmonsieur le six

      Oye, Cristina, que yo no he dicho nada de eso, no lo pongas como respuesta a mi comentario :P

      Por cierto, yo acostumbro a mirar a la cara a quienes piden.

      Lo otro que comentas me ha recordado un hecho curioso que me pasó en Madrid, cerca de la plaza de Callao. Iba caminando con unos compañeros y en el suelo había un mendigo con diferentes cajitas delante de él, cada una con un letrero: “Tabaco”, “Comida”, “Café”, etc. (no recuerdo las etiquetas exactas, pero la idea ya se entiende). Me pareció algo muy ingenioso por su parte, y desde luego, si era cierto que así lo gastaba, también un ejercicio de honestidad.

    3. Alena KHAlena KH Autor

      Uy, dos cosas.

      Una: ves, tú mismo dices lo de “en una gran ciudad como Barcelona, no vas a encontrar a la gente especialmente confiada”. Mal vamos. Al final acabamos en lo de siempre: con los casos que hay de robo, prefiero no ayudar por si me está tomando el pelo. No sé, yo prefiero que me roben 20 euros que llevo encima y 5 tarjetas que son anulables en cualquier momento, que quedarme con la duda de si alguien ha muerto por mi culpa.

      Acerca de los ciegos: es normal que se enfaden. No son gente necesitada en ayuda, según yo entiendo. Todo esto lo llegué a comprender tras entrevistar a Patricia Carrascal, la periodista invidente de Valladolid. ¿te acuerdas del post?
      te dejo el enlace, por si acaso.

      “Vivir a oscuras con unas cosas muy claras” (enlace)

      Pues Patricia se indigna muchas veces: ¿por qué la gente piensa que soy incapaz de caminar sola por la calle o limpiarme el culo tras ir al baño?

      Estamos mal informados, Mosieur. No son mudos, son ciegos. Y si necesitan ayuda, te la pedirán.

      1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

        Tengo una amiga ciega que, cuando se trajo el perro guía, decía que lo mejor del perro es que ahora, cuando esperaba a alguien en una esquina, ya no tenía que sufrir que la cruzaran de calle dos o tres veces quisiese o no quisiese. “Cagüen los bienintencionados,” decía, “podían preguntar antes de cruzarme.” Hombre, lo exageraba un poco, es una tía muy divertida y con bastante carácter, pero también llevaba su parte de razón.

    4. monsieur le sixmonsieur le six

      A ver, yo estaba refiriéndome al tema de la mendicidad. Si alguien sufre un accidente, claro que se le debe ayudar. Y en un caso difícil de distinguir del timo (por ejemplo, alguien que pide en la estación de trenes porque dice que necesita reunir dinero para el billete), pues hay de todo. Yo sé de tipos a los que veía cada dos por tres junto a la estación pidiendo para un billete. Desgraciadamente, timadores de estos hay muchos.

      Yo encuentro loable que alguien preste algo de dinero a alguien que está perdido (yo lo he hecho muchas veces), pero no puedo censurar a quien lo hace por desconfianza (también yo lo he dejado de hacer si me ha dado mala espina).

      Lo de los ciegos que se enfadan me parece muy triste por una razón: aunque sepan valerse por sí mismos (parece increíble cómo se guían sin ver), siempre puede aparecer una amenaza que no puedan detectar; desde una zanja en el suelo hasta un ciclista despistado que no van a poder oír. La persona que les ofrece ayuda en estos casos, probablemente lo hace con la mejor intención, no necesariamente por compasión; si no quieren ayuda basta con que digan: “no se preocupe, ya me puedo apañar solo, pero gracias”. Porque si se enfadan con esa persona, pasará lo que comento: que la próxima vez esa persona pasará de ayudar a quien sí querría ser ayudado.

  9. inmahlinmahl

    Qué casualidad que hables de este tema ahora, en cuestión de un par de semanas me han pasado dos cosas que me han hecho pensar mucho en la falta de valores humanos que hay hoy en día. Hace un par de semanas mi madre me contó que iba con mi padre y vio a un señor en el suelo que no podía levantarse, varias personas pasaron por su lado y casi ni le miraron, pero mis padres al llegar a su altura le preguntaron si le pasaba algo y le ayudaron a levantarse. El hombre resultó que no sabía español y era muy probable que estuviese borracho, pero al menos no se quedaron con la duda de que al pobre hombre le hubiese pasado algo y necesitase ayuda, que también era probable.
    Y lo más chocante me pasó hace un par de días, volvía en metro a casa cansadísima después de un día horroroso y encima iba con la bolsa de la compra. Además no había ningún asiento vacío, como de costumbre. Yo me enfrasqué en mi libro y no me di cuenta de que más tarde se quedaron asientos vacíos y un chico joven que había enfrente mío me tocó la mano y me dijo que si quería sentarme (no quiero ni pensar la cara que llevaría, jaja). Pero la cuestión es que aunque fuese un segundo se preocupo por mí y no le importó parecer un loco ofreciéndole asiento a una chica de 22 años.
    Somos unos salvajes sí, pero después de lo que me pasó el otro día todavía me queda un poquito de esperanza en las personas.

  10. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Más que salvajes… creo que es cobardía. Y vergüenza.

    Cobardía porque vemos a alguien tumbado en el suelo y pensamos si será literalmente “un tirado”. Si nos vamos a acercar a socorrerle y nos va a atacar o si nos van a saltar encima sus piojos. O vamos en el autobús de noche, hay unos gamberros y no nos atrevemos a defender a la chica a la que están molestando por si nos llevamos una leche puesta. Vemos un ataque al corazón y no hacemos más que llamar al 112 porque pensamos que no sabremos hacer un masaje cardíaco, que si lo hacemos mal igual nos denuncian o que nos da asco hacerle el boca a boca a un desconocido aunque se esté muriendo. Vemos pegar a alguien y salimos corriendo en otra dirección. Cobardes.

    Lo de la mendicidad seguramente es, en mucha gente, vergüenza. Vergüenza de estar permitiendo que haya gente que viva así. Vergüenza de llevar una bolsa con unos zapatos nuevos que no necesitas y una crema que cuesta un cojón y es prácticamente inútil mientras a lo mejor esa persona no tiene para lo básico. A los mendigos no se les mira por vergüenza, porque hay que ser muy hijo de puta, y lo somos todos un poco, para dejar que alguien viva en la miseria y, en el fondo, lo sabemos y mirarles a ellos es mirarnos dentro y lo que vemos no nos gusta, por muy acostumbrados a esta situación que estemos. Vergüenza porque no es este mundo el que querríamos haber colaborado a construir.

    Pero, pero, siempre hay un pero, así que … pero hay gente, como mi amiga A que se cogió unos piojos por hacerle la RCP a un indigente, por poner un ejemplo, y no le pasó nada, se puso loción de niños, le pasé yo varios días la liendrera para que no se tuviera que cortar el pelo (yo con el gorro de nadar puesto, por si acaso) y aquí paz y después gloria.

    O como el marido de una compañera que se llevó una somanta de palos por defender a un tío al que estaban pegando otros tres y luego se le descojonaba la policía porque se había metido en una pelea entre pequeños traficantes.

    Sin ir más lejos, como mi madre de 73 años, que se ha lesionado un pie porque se tiró en plancha a socorrer a una anciana (qué se creerá ella que es, digo yo :) ) que se estaba cayendo y casi me pedía perdón por ello: “Con lo que yo me cuido, cariño, con el cuidado que tengo de no caerme… pero no iba a dejar que la pobre vieja se fuera al suelo y se rompiera la cadera ¿no?”. Aunque en realidad no lo pensó tanto, saltar a ayudarla le salió natural.

    Que hay gente buena. Que tenemos miedo y sentimos vergüenza, pero a veces somos también generosos y valientes. Está bien estar vigilante y ser consciente de lo malo para tratar de evitarlo, pero también hay que concederle al ser humano ese punto de grandeza que a veces tiene.

  11. m!m!

    Si, si lo piensas bien… cada vez damos más asco. Somos poco personas, poco amables, nos preocupamos poco por los demás… Y solo vemos este problema cuando nos ocurre algo a nosotros o a alguien cercano y si no, siempre con los prejuicios.

    En fin… en qué sociedad vivimos… pero todo esto viene en parte porque “unos pocos” nos tomaron el pelo o se aprovecharon de nosotros en su momento, cuando aún éramos almas cándidas, positivas y buenas.

  12. EspoirEspoir

    Estoy muy mucho con Ronronia. Tengo poco más que decir. He visto a un tío trepar por una fachada hasta un quinto para ajudar a una madre y un hijo discapacitado que tenían el piso en llamas. He llamado a un montón de ambulancias para socorrer a gente. Me he parado y he prestado amparo en accidentes -no tengo formación en auxilios pero sí puedo aguantarle la mano a alguien mientras llegan los especialistas-, he visto polis jugándose el físico por salvar a un ahogado. Y la mayoría de gente que conozco ha hecho lo mismo, a diferentes niveles, en alguna ocasión. De pequeños, a mí y a mis hermanos nunca nos permitieron hablar mal ni de pobres ni de negros ni de moros ni estigmatizar o discriminar a nadie por su condición o su aspecto, así que tengo pocos prejuicios a la hora de acercarme a alguien. Supongo que eso es algo que debo agradecer pese a las muchas cagadas que todos los padres cometen en la educación de los cachorros.

    A veces no ayudamos, cierto, porque tenemos miedo –las chicas, algunas chicas, se ven a sí mismas como víctimas potenciales de miles de peligros, tipo “ese homeless supuestamente desmayado me saltará encima y me violará”: nos creemos más débiles e indefensas de lo que somos en realidad. No me preguntéis por qué, quizá asimilamos vulnerabilidad a algo genuínamente femenino. Hasta hace cuatro días el paradigma de la feminidad era la princesa del guisante– o, como dice ella también, vergüenza. Las dos emociones son normales y excusables: cada uno tiene sus hándicaps. El que podría arriesgarse por un desconocido va después y se niega a ver a su abuela muerta por un pánico irracional e inexplicable -tal y como fue mi caso. Pero en realidad poca gente se desploma en las perras calles de Occidente sin que nadie les auxilie. Nuesto substrato cultural católico nos impele a ayudar al prójimo, aunque sea levemente. Aunque parece ser que Alena rompe la estadística. Supongo que de todo habrá en la viña del señor.

    Y oigan, si yo viviera en la calle probablemente también bebería para olvidar que vivo en la calle. El miedo es perdonable, la supuesta superioridad moral no.

    Coincido otra vez con Ronro: somos miserables a veces en la misma medida que a veces resultamos gloriosos.

  13. MiriamMiriam

    Si, esto pasa sobretodo en las ciudades grandes como Barcelona, en la mía como es tan pequeña pues tienes más probabilidades de que alguien te ayude, pero pasar pasa igual. Yo si veo a alguien con problemas no puedo evitar ayudarle y a veces he tenido que cargar bolsas de la compra a mujeres hasta tres calles más lejos de dónde tenia que ir y llegar tarde, y a veces he tenido problemas por ayudar a quién no debía y eso te hace desconfiar un poco a parte de los comentarios de la gente en plan: ¿y por qué le ayudas? ¿le conoces?… Falta humanidad y mucha.

  14. Avatar de Anita Patata Frita

    Pues sí que somos un poco ovejos, yo para tener mi karma equilibrado voy por el mundo siempre intentando hacer el “bien” y me han engañado muchas veces por ello y me dicen “eres demasiado buena/ingenua/confiada” pues mira prefiero quedar de todo eso a ser una “salvaje” mas.

  15. Miss JulesMiss Jules

    Ay, que me ha puesto sensiblona lo de la historia del hombre de la farmacia. Pobrecillo.
    Y es que es cierto, somos súper desconfiados. Yo intento no caer en estas cosas, pero sí que es verdad que a veces no lo consigo… al menos intento reflexionar sobre ello y no seguir al rebaño ciega perdida.
    Ah! y a mí me pasa como a ti, normalmente ya me levanto con el estado de ánimo instaurado para el resto del día. ¿Pero sabes qué es lo que me influye mucho? Lo que acabo de soñar. No falla.
    Que estaba soñando que mi novio me dejaba tirada como una colilla para irse con otra: me levanto dolida y algo enfadada con él (una chorrada, sí, pero ¡¡me pasa!!)
    Que estaba soñando que me iba de viaje a un lugar súper exótico y vivía mil aventuras: me levanto con más energía que cuando de verdad sé que me voy de viaje.
    Qué cosas;)

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