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Relaciones

Sobre los matrimonios y las almas gemelas

Ahora me toca conocer a la quinta alma gemela y espero que sea pronto porque empiezo a aburrirme de esta soledad.

- Cuando tenía siete años me enseñaron lo siguiente: tienes que estudiar desde ahora hasta que acabes tu carrera en la universidad, aprovecha los ratos libres para viajar, leer, escuchar música de todo tipo y con suerte encontrarás un novio responsable que te acompañe y te cuide. La vida así planteada, con esfuerzo, dedicación y energías positivas, no podía más que presentarse como un oasis de estabilidad emocional que…

Llegados a este punto del monólogo de Angie bostecé irremediablemente. Sabía bien hacia dónde conducía la conversación: el drama. Angie iba por la tercera copa de vino y la cosa empezaba a decaer. Yo estaba preparada para animarla cuando llegaran las lágrimas.

Acababa de conocer a Angie esa misma tarde en un evento de una marca francesa de cerveza local, pero tenía la sensación de conocerla de toda la vida. A veces conectas con la gente enseguida. Con otras personas, nunca llegas a conectar, aunque las tengas al lado durante años. La vida es así de rara.

Decidimos salir a tomar algo a otro sitio. Teníamos hambre y estábamos en París, la ciudad del vino y el amor, dicen.

- Claro que es lo que hice. Cuando me puse a estudiar arte en la Goldsmith conocí a John y nunca más volví a separarme de él. John era un chico cariñoso, sensible, divertido, responsable, me quería con locura y pasamos muchos años felices viajando, estudiando, creando ideas juntos. Es maravilloso cuando eres capaz de crear arte con tu pareja. El magnetismo de hacer el amor a través de las palabras, las formas, las texturas…

Angie tenía 33 años, era morena y tenía los ojos negros pero la piel muy blanca, casi transparente. Abría mucho los ojos cuando hablaba de formas o colores y movía sus grandes manos de artista haciendo aspavientos:

- Pero todo lo que sube baja, ya sabes. Siempre igual. Después de acabar la carrera abrimos el despacho de diseño que tenemos ahora en Mitte, nació Hannah y no tuve oportunidad de tomar decisiones personales propias hasta ahora. Durante años he decidido por mi hija, por mi marido, por nuestra empresa, muchas veces ni siquiera estaba decidiendo nada, solamente hacía lo que mis profesores de primaria me habrían recomendado hacer. Es decir, iba tirando, el camino más fácil, el menos arriesgado.

Yo me estaba intentando imaginar cómo debía ser Hannah, o el marido de Angie. Podría haberla agregado a Facebook o Instagram y descubrirlo, pero de momento me parecía mejor idea imaginarlo.

- Quiero a mi hija por encima de todas las cosas, pero a veces me saca de quicio. Hace casi ocho años que no he creado nada personal como artista y ya no recuerdo la última vez que hice el amor con John. Me refiero a hacer el amor. De verdad. No a follar. Eso lo puedes hacer con cualquiera, no es interesante.

Angie se ponía muy guapa cuando estaba triste, seguro que su marido opinaba lo mismo. Le cogí la mano porque creí que lo necesitaba mucho. Me lo agradeció con un ligero apretón. Sus dedos eran firmes, como su carácter. Cogió fuerzas para seguir con su historia.

- Te estoy aburriendo. Perdona. Necesitaba mucho salir de casa y hablar de esto con alguien. Gracias por escucharme…

Hay a quien se le dan bien los deportes, a mí se me da bien escuchar. Es una virtud que a veces es un auténtico coñazo. Pero en este caso me gustaba escuchar a Angie.

- Dime qué es lo que estás pensando.

Le contesté algo así como que pensaba que su caso era parecido al caso de mucha gente de su generación que como ella decidieron casarse con su primera pareja, tener casa, empresa, hijos. Le dije que me parecía que ella era una persona afortunada porque al menos había conocido la felicidad aunque no se acordara mucho. Alguna gente nunca la conoce, la felicidad. La mayoría de gente que conozco nunca ha sido verdaderamente feliz al lado de una persona. Le comenté que pensaba que John era su alma gemela y que seguro que era un buen hombre.

- No creo en las almas gemelas. Quiero decir que seguro que todos tenemos más de una, no entiendo por qué la gente se conforma con una sola persona. ¿Tú tienes alma gemela?

Le expliqué que había conocido a varias almas gemelas. La primera cuando tenía doce años, era una chica, me enseñó a jugar bien al baloncesto. Con ella me aficioné al baile, las discotecas, los cigarros y la poesía, los karaokes, las canciones. Luego conocí a mi segunda alma gemela, esta vez un chico, juntos aprendimos a filmar videos en super 8, pinturrajear los negativos y llamarle a eso videoarte, con todo el morro. Mi tercera alma gemela fue de nuevo una chica pero en este caso peliroja, con ella aprendí a amar. Con la cuarta aprendí a equivocarme. Por la cuenta que me trae ahora me toca conocer a la quinta alma gemela y espero que sea pronto porque empiezo a aburrirme de esta soledad.

- Me parece increíble, ¿ves? A ti te han pasado muchas cosas interesantes en la vida. Has conocido a mucha gente especial, has aprendido más que yo.

Le dije que no era verdad, porque yo no sabía lo que es tener un marido o una casa y creo que con un hijo seguro que se aprende mucho más que con un adulto. Ella me dio la razón en eso último pero aún así se la veía con ganas de dejar a John, cerrar la empresa, cambiar de oficio y fugarse con un amante y su hija a vivir a una isla paradisíaca. Como en las novelas de Paul Auster pero en plan divertido. Ella creía que si tomaba una serie de decisiones por primera vez en su vida de adulta, la vida podía ser maravillosa.

Fuimos a bailar por Barbès, conocimos a un montón de gente variopinta, porque Angie estaba a la búsqueda y captura de un alma gemela, pero no conseguimos dar con ella.

Caminamos al lado del Sena un buen rato, mirando el reflejo de las luces de neón en el agua, dando saltos de vez en cuando, estábamos ebrias y divertidas, recordamos algunos highlits de la noche como cuando una modelo rusa altísima albina se puso a cantar en rusiñol (una mezcla de ruso y español) canciones de Rocío Jurado.

- Parece que la luna vaya a explotar y todo se vaya a fundir de luz. Jajaja, estoy borracha. Cuando estoy borracha digo tonterías así. Es una pena que no haya encontrado a mi alma gemela hoy.

Yo miraba la luna fijamente pensando que iba a explotar. Angie se me quedó mirando fijamente.

-Oye. Espera. ¿Y si resulta que tú eres mi alma gemela?

Llevábamos un rato caminando de la mano por el parque. En ningún momento lo había considerado como algo romántico. Era algo que nos había salido así, natural.

Después de besarnos en el parque, Angie me llevó a su hotel, un hotel inmenso con muchos espejos en el Dieciséis que al parecer le pagaba su empresa, es decir, su marido, o su socio, no me acuerdo.

Hicimos el amor toda la noche y a la mañana siguiente no nos apetecía quedarnos en el hotel así que salimos y desayunamos en un bar cutre, de los típicos parisinos de antes, las dos con gafas de sol, sin intercambiar una sola palabra,”. Ella estaba sonriendo con la boca torcida, los camareros nos miraban de reojo, los croissants no estaban tan buenos como había imaginado y nos cobraron muchísimo dinero por ese desayuno horrible. Pero no importaba. Éramos felices.

Antes de levantarnos de la mesa, Angie se sacó las gafas de sol, me miró fijamente y dijo algo así como que la luna había explotado la noche antes y por eso estábamos las dos sentadas en esa mesa vieja de madera tomando algo en ese momento. También dijo que esperaba recordar esa noche toda su vida, porque seguro que ese recuerdo le ayudaría a seguir adelante en los momentos malos.

Le pedí a Angie que me enviara algún mail de vez en cuando, porque me había acostumbrado a su manera de hablar, me gustaba las cosas que decía, aprendía de ella experiencias que por mí misma no iba a poder vivir nunca porque mi vida es muy distinta a la suya.

Así lo hizo, primero con mails casi diarios, luego uno cada dos semanas, después cada cuatro, viví a traves de sus palabras la comunión de Hannah, su primer suspenso, su primera cita, las discusiones con John, cada vez más distante, sus problemas con la bebida, la pasión creciente de Angie por la jardinería y los árboles raros. Cada vez los mails eran menos frecuentes, hasta que un día casi llegué a pensar que Angie había desaparecido, me preguntaba si estaba bien o si habría encontrado a alguien.

Ella siempre acababa escribiendo, pero siempre de vez en cuando, nunca la tenía al cien por cien. Era algo casual, pero siempre estaba allí, sin estar físicamente, porque nunca volvimos a coincidir en un sitio real.

Pero las almas gemelas nunca desaparecen, siempre las llevamos dentro de nosotros.

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2 comentarios

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MartínovaPor
Martínova

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2 COMENTARIOS

  1. monsieur le sixmonsieur le six

    Bonita historia. La verdad es que el mundo está lleno de Angies que secretamente desean dejar a John, cerrar la empresa, cambiar de oficio y fugarse con un amante y su hija a vivir a una isla paradisíaca. Como en las novelas de Paul Auster pero en plan divertido.
    Desgraciadamente (o afortunadamente, nunca se sabe), la vida no es una novela, y las cosas no son tan fáciles, entre otras cosas porque al principio todo sería muy bonito, pero a las dos semanas uno ya está hasta las narices de los cocos de la isla paradisíaca, el amante se ha convertido en un nuevo John que ronca y no ayuda a limpiar la casa, y la hija se queja de que ese islote es un muermo.

    Las supuestas almas gemelas no existen. En el mejor de los casos ocurre lo que cuenta la historia: unos días de intenso interés, seguidos de una bonita relación a distancia, seguida de un distanciamiento cada vez más parecido a la indiferencia. Aún así, son historias que valen la pena, son días que han tenido su lugar.

    La “alma gemela” que nos tiene que preocupar es esa otra con la que no vamos a vivir aventuras locas en París, pero a la que no vamos a acabar escribiéndole cartas porque siempre está ahí, a nuestro lado, día tras día.

    1. MartínovaMartínova Autor

      Tienes razón, una alma gemela es más que una aventura de un día en una ciudad bonita. Sin embargo a veces nos pasan cosas en pocas horas que nos hacen replantearnos toda una vida. Aunque luego no cambiemos nada de lo que nos rodea, creo que estos pequeños momentos los llevamos con nosotros toda la vida, serán lo que más recordemos quizás el día de mañana. Lo que pasa es que por lo general el ser humano es cobarde, pero no por eso peor o mejor. Gracias por tu comentario, es reconfortante leer que te ha gustado la historia :)

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