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Relaciones

¿Sigo enamorado de mi pareja?

A veces por muy enamorados que estemos de nuestra pareja, nos rodeamos de tanta mierda que no podemos verlo.

«No sé si estoy enamorada», me suelta Carla.

Es la cuarta vez en los últimos días que escucho un tipo de declaración así a mi alrededor. Y no, no es un “ya no le quiero más”, es un “no sé si estoy enamorada”.

Le pregunto a Carla qué ha pasado. Dice que todo es demasiado difícil, que son muchas cosas, que a su novio le acaban de echar del trabajo, que hace tiempo que viven mal, que siempre están preocupados por el dinero y nunca hacen nada por la ausencia del mismo.

Luego Tania. Tania tiene la misma duda. Hace tiempo que están discutiendo con su novio sin parar. Me dice: “ No es fácil tener dos hijos pequeños y seguir siendo una pareja que folla y tiene cenas en restaurantes.”

También Lidia. La misma semana, imagínate. Dice que no sabe si siente lo mismo de antes por su pareja, que de repente, varios años después, se ha dado cuenta de que tienen prioridades distintas en la vida y que, después de tantas charlas, ella se siente agotada y esta rutina sin sentido ya no va con ella.

Y, finalmente, mi amigo Marc. Me cuenta que últimamente se fija mucho en las demás mujeres y se plantea si son mejores que su pareja. «Si tanto me atraen otras, será que no estoy enamorado, ¿o qué?», me pregunta. A mí. Como si yo tuviese respuestas a todo.

Algo está pasando a mi alrededor. Que sí, dicen que eso va a rachas, que cuando se separa uno, se separan todos. Pero yo creo que las cosas van más allá. ¿Será que esta, nuestra generación, está sometida bajo una inaguantable presión de ser constantemente felices?

Estamos agotados a todos los niveles. Hemos llegado al punto en el que ya no nos basta con encontrar a la persona con las que nos sentimos a gusto, hace falta una serie de cosas que cumplan con el concepto “ser feliz”. Porque ya se sabe: si uno no es feliz, no lo será en pareja.

Desde hace tiempo que tenemos oportunidades de hacer todo lo que queramos: podemos irnos donde nos dé la gana (nadie nos prohibe salir del país), podemos comprar todo lo que nos dé la gana (hay miles de productos creados para que los deseemos), podemos tener los amantes que nos dé la gana (sólo hace falta un smartphone para encontrar a alguien disponible a menos de 500m de ti), y podemos trabajar de lo que nos dé la gana (ya no elegimos una carrera de por vida).

Estamos rodeados de tantas oportunidades que acabamos saturados sin saber qué es lo que nos apetece y qué es lo que no. Cada día nos presionan con que la vida es corta y hay que vivirla. Pero… ¿cuándo vivirla si todo el tiempo nos lo dedicamos a buscar todo aquello que, se supone, nos va a hacer feliz? ¿Quién tiene tiempo para vivir la vida? Hay que pringar, y pringar bien para que luego, una vez lo tengamos todo: trabajo (perfecto), dinero (mucho) y pareja (ideal), podamos unir las piezas y sentirnos exitosos.

O no.

Y es que estamos convencidos de que lo necesitamos todo. Nos hemos vuelto tan tremendamente ambiciosos, que tener lo máximo de lo que nos ofrecen se ha convertido en nuestro único objetivo. Porque la felicidad es esto: poder viajar, poder tener el móvil de último modelo y una pareja que no trae disgustos y, como no, una profesión que nos hace sentirnos realizados (y nos permita cumplir con nuestros objetivos).

Pero hay algo peor: no sólo tenemos que tener todas esas cosas, los estados de felicidad y de enamoramiento tienen que ser permanentes: hay que estar siempre enamorado de tu trabajo, de tu pareja y de la vida que tienes.

Eso provoca que vivamos en un continuo ataque de ansiedad desencadenado por los eternos interrogatorios dirigidos por nosotros mismos.

¿Estoy enamorado de mi trabajo?
¿Estoy “doing what I love and loving what I do”?
¿Estoy enamorado de la vida que tengo?
¿Sigo enamorado de mi pareja?

Pero hay más. Ya no nos basta con intentar lidiar con una sola vida. Ahora tenemos dos “yos”: el real y el virtual. Y si en la vida real se nos permiten bajones, tu “yo” virtual debe seguir intacto y dispuesto a saciar la curiosidad de cualquiera que quiera saber de tu día a día.

Pero somos humanos, y los trapos, tanto los sucios como los limpios, acaban pasándose de unas manos a otras. Allí y aquí.

Me pregunto si nuestros padres estaban sometidos bajo la misma presión. Si se preguntaban constantemente si eran felices, si se hundían a la primera de cambio, si se sentían frustrados por no poder tenerlo todo.

Si abandonaban a sus relaciones por no ser perfectas, si estaban obligados a tener éxito en todos los aspectos de sus vidas, si estaban tan constantemente estresados como lo estamos nosotros, y si su memoria sufría una desfragmentación, como la de mucha gente joven incapaz de absorber toda la información recibida.

Esta ambición por “vivir la vida porque sólo hay una” nos hace creer que, al no vivirla de una manera determinada, todo lo que nos rodea es una mierda. Ya no tenemos tiempo para solucionar problemas, tampoco para plantearnos si el problema en realidad es un problema o no: ya sabes, la vida se esfuma muy deprisa. Hay que correr.

¿Correr hacia dónde?

Esto también se refleja en las relaciones. Y a veces por muy enamorados que estemos de nuestra pareja, estamos rodeados de tanta mierda que no podemos verlo. Ahí es donde yo me pregunto: ¿esa “mierda” lo es realmente? O es un simple intento fallido de la perfección que tanto buscamos.

Problemas con la familia, desempleo, imposibilidad de viajar, cansancio mental y físico, ambiciones y planes para el futuro, los proyectos sin cumplir… todo esto resulta ser un impedimento para ser felices en pareja.

Y cambiamos de pareja (con una velocidad de vértigo), pero meses más tarde nos volvemos a preguntar: ¿estoy enamorado?

Lejos quedan los valores, la paciencia, los “para lo bueno y para lo malo”, las esperanzas conjuntas, el “ayudar cuando uno cojea”, el “ver más allá del estado momentáneo”, las risas cuando todo va mal. Yo ya no lo veo en las relaciones que me rodean. Ya no hay paciencia para amar a alguien. La lucha por el éxito y la estabilidad. Hemos olvidado para qué sirve la pareja.
Una vez el amor queda capturado en Instagram, pierde toda su intensidad.

Preferimos intentar estar “eternamente” enamorados, cambiando de pareja cada tres años, que construir una historia con un futuro incierto en el que caben todo tipo de experiencias. Algunas de ellas, tristes.

Luchamos tanto por ser constantemente felices en todo que no nos quedan fuerzas para serlo.

Qué paradoja.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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6 COMENTARIOS

  1. Alicia

    Como siempre, acabas de ponerle palabras a algo que llevo tiempo pensando. Yo podría ser una de tus amigas o amigo que te preguntan o sentencian que ya no son felices, que no sienten lo mismo por su pareja pero entonces digo STOP!!
    Mi madre siempre me ha dicho que hay que poner las cosas buenas y las malas en una balanza, hacer una lista si hace falta con esas cosas, a ver qué pesa más. Y hacerla en un momento bueno.
    Guardar esa lista y mirarla cuando acuda un sentimiento negativo acerca de una persona o situación.
    “Hay que aguantar” pero la sociedad actual no nos dice eso. ¿Tu pareja te grita por las mañanas porque se levanta de mal humor? Déjale.
    Pues no. Porque luego cuando se le pasa el mal humor es un encanto, un chaval la mar de majo y buena gente con todo el mundo. A veces se equivoca. Y yo.
    Pero ahora todo vale, como bien has querido decir. ¿No te gusta algo? Abandónalo, cámbialo. Y así es como la gente se encuentra con 40 años vagando por el mundo a lo que le caiga en suerte, repitiendo historias en bucle para los restos.

  2. Avatar de ValentinaValentina

    Hola Alena. Antes de todo muchas gracias por este post. Yo soy de las que se inquieta por no vivir la vida, por estar en un trabajo por cuenta ajena que me hace sentir esclava, por no viajar, por estar demasiado preocupada por el dinero… y luego encima me topo con mogollón de blogs super motivadores que empujan a vivir la vida que tu quieres, viajar por el mundo y vivir a tope. Imaginate el resultado: angustia e insatisfacción. Pero tus palabras me han hecho mucho bien, han calmado mis ánimos y me han hecho ver las cosas con más distancia y perspectiva. Muchas gracias en serio! Un beso!!!

  3. monsieur le sixmonsieur le six

    Aunque el tema ya se ha tocado otras veces, me ha gustado lo de la desfragmentación de la memoria (y no, no es porque sea informático). Es algo de lo que se habla poco, pero tiene una gran repercusión. Antes las vivencias de la persona formaban un todo comprensible, coherente con una cultura social y conectado con la mentalidad de los padres, los abuelos…

    Ahora nuestros recuerdos se pierden en una océano de datos confusos. Las avalanchas de nuevas frases ingeniosas de twitter o los memes de ayer por la tarde en facebook son como olas que se van tan pronto como vinieron, y que pasan a ser sustituidas por otras, en un ir y venir del que apenas queda ya nada profundo. Lo mismo da una tontería graciosa que un aforismo digno de Nietzsche. Todo acaba sumergido en una vorágine de datos que, con el tiempo acaba volviéndose inabordable, y por tanto inútil. Nuestro hoy apenas recuerda nada de nuestro ayer. Antes la lectura de un libro o la contemplación de una película que valieran la pena nos acompañaba toda la vida. Ahora hasta los consejos más sabios o los artículos más trabajados difícilmente dejarán rastro. Nuestra memoria, como erosionada por tanta actividad, quedará pelada como una roca árida en la que ya nada puede asentar raíces.

    Y creo que ya me he enrollado demasiado :P

    Que vamos, que estoy de acuerdo con el artículo ;)

  4. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Mi experiencia es que cada vez que me he preguntado si seguía enamorada de mi pareja es porque ya no lo estaba. Ahora, en cambio, me levanto pensando que estoy chocha por él, mi madre dice que estoy chocha por él y mis amigas ponen los ojos en blanco de lo chocha por él que estoy. Van diez años ya y yo no veo que esto recule.

    Hay gente que piensa que hay que aguantar y yo en cambio creo que si ya lo estás pensando en esos términos es que la cosa está muy fea. No he nacido yo para aguantar, aunque me llevara décadas entenderlo.

    Pero esa es mi experiencia, que concuerda con mi carácter. Igual en el otro extremo hay gente que se cansa enseguida de todo y a la que haya que decirle que tenga paciencia y espere a ver si se le pasa. Y en medio toda una variedad que hace difícil saber qué es lo mejor para cada cual.

    1. Alena KHAlena KH Autor

      Ay, Ronro, yo sí me lo he preguntado alguna vez. Sobre todo en los momentos de bajón emocional (y si es un bajón profesional, ya ni te cuento. Y cuando lo “profesional” empezó a significar “escribir”, todavía más.) Quizás porque cuando algo no está saliendo bien en un mundo que me apasiona, todo lo demás se tiñe también (como cuando lavas la ropa blanca y la de color a 60ºC).

      Quizás se trata de impulsividad:) O vete a saber.

      1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

        Con lo profesional soy más prudente, quizás porque conseguir un buen trabajo ahora es infinitamente más difícil que conseguir una buena pareja nueva. Y seguramente también porque nunca he estado enamorada de un trabajo, y lo que quiero de uno es una paga decente, el mayor tiempo libre posible, y buen rollo con los compañeros. Si me dan eso, como si tengo que pasar el mocho o pegar sellos. La triste realidad ahora mismo es que, si dejas un trabajo que no te enamora, acabes en otro peor, pringando más horas por la mitad de sueldo. Pero en el amor eso no pasa y, además, sin trabajo no comes pero sin pareja se puede estar tan ricamente.

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