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Sexo

Sexo: todo es catarlo

Nos enseñan que una mujer que disfruta del sexo como un hombre es una zorra. Un mito venido por parte de los hombres de antes y aplaudido por las mujeres de ahora.

-Oral, anal, vaginal y si hay algo más acabado en “al”, la ración doble, por favor- exclamaba  en medio de un bar mi amiga Carla con un brillo de ojos envidiable. Yo no podía con mi risa. Las caras de la gente lo decían todo. “Tampoco es tan escandaloso. Sólo es sexo. Sólo es hablar de sexo.” Bueno, sólo es pegar un grito sobre el sexo, nadie va a salir herido. También Summer de “500 days of Summer” gritaba la palabra “pene” en medio de un parque, ni que tuviese 14 años. Pero claro, ¿qué podría esperar yo de Zooey? Haga el papel que haga, siempre sale con esa cara de pánfila. Vale. La odio, ¿y qué?

“No entiendo qué me pasa”, – continuaba mi amiga excitada, – “llevo todo el año con unas ganas de sexo que empiezo a preocuparme. No diría que pienso constantemente en ello, pero casi casi. ¿Crees que estoy mal de la cabeza? ¡A ver si voy a ser ninfómana! A los 30 años sería un puntazo.”

No, no lo creo. El problema de esta sociedad es que “ninfómana” es una mujer que piensa en sexo igual que un hombre corriente. Mi amiga se convirtió en un hombre en el momento que conoció a Raúl: el chico que sabía de todo en la cama, lo sabía bien y lo hacía todavía mejor. Pero os cuento toda la historia de Carla desde el principio.

Pasó en Zaragoza (hola, amigos maños).

Carla perdió la virginidad a los 17. La conocí media hora después. Es un detalle importante para que entendáis por qué puedo hablar de su vida íntima con todo tipo de detalles como si fuese la mía. Ambas estábamos en la fiesta de Marta, su hermana mayor. Una fiesta por todo lo alto: con sus compañeros de la Universidad y sus amigos. Yo, en aquel entonces, estaba de intercambio escolar y sólo lo había visto en las pelis americanas: me sentía una chica rebelde, rodeada de muchos hombres guapísimos, borrachos y extranjeros, bañándonos con su fuente de hormonas disparadas y poca experiencia.

Entré en el recibidor con olor a la excitación cervecera y vi a Carla bajando las escaleras con el pintalabios corrido y una cara de felicidad absoluta. No nos conocíamos, pero le daba igual. Necesitaba compartir su alegría:

-          Acabo de hacerlo con un tío.

-          ¿Hacer el qué?

-          Hacerlo.

-          Yo no entender.

-         Ahhh, ¿tú eres la rusa del intercambio escolar? No te enteras, amiga: hacer el amor, follar, sexo.

De las tres expresiones yo conocía la primera y la tercera. Llegué a la conclusión de que Carla amaba a un chico y hacía el sexo con él. Lo de “follar” debía de ser un adjetivo, aunque parecía un verbo. Menudo lío.

- Ah, qué bien.

- Es que… ¿sabes qué pasa? ¡Es mi primera vez!  ¿Tú ya lo has hecho?

-  ¿El amor o el sexo?

- Yo qué se. Una cosa va acorde con la otra, ¿no?

-  Supongo. No, el sexo no. Amar a un chico sí.

- ¿Cuántos años tienes?

- 15

-  “Madre mía, yo aquí, explicándote mi vida adulta y resulta que eres una niñata” – me dijo toda orgullosa, mientras pedía que le pusieran una cerveza.

Yo estaba muy orgullosa de que una chica (toda una mujer) como ella me contara algo así y decidí ser su amiga. La adolescencia se basa en este tipo de decisiones. Así que cuando volví a mi país, empezamos a “cartearnos” (ay, qué palabra tan bonita y cómo se la echa de menos). Me explicaba todas las cosas que le pasaban a través de las cartas, y yo vivía sus experiencias con todo tipo de detalles y por escrito. Gracias a ella mi nivel de castellano mejoró bastante.

Siete años más tarde nos reencontramos viviendo en Barcelona y, como 15 años atrás, yo seguía viviendo sus experiencias sexuales y amorosas igual que el primer día.

Carla, como muchas de las mujeres, perdió la virginidad con un chico al que amaba tremendamente, pero su amor no duró más de dos semanas. Se quedó completamente destrozada. Tardó un año en recomponerse. Ella, igual que muchas de nosotras, seguía afirmando que las palabras “amor” y “sexo” deberían significar lo mismo, y, como absolutamente todas, llegó a la conclusión contraria varios años después.

Desde los 19 y hasta que conoció a Raúl, su relación con el sexo fue idéntica a la de muchas: le gustaba (hoy en día decir que no te importa demasiado es como gritar a los cuatro vientos “No sé disfrutar”), pero lo justo. Su primer novio oficial, Iván, con el que estuvo 3 años y, además, muy enamorada de él, insistía en hacerlo cada semana. Tuvo que dejarlo porque no aguantaba el ritmo. Me acuerdo de cómo me decía: “Es llegar a casa y saber que esta noche toca follar otra vez. Menudo rollo”.

Me preguntaréis: ¿y por qué lo aguantaba? Pues por la misma razón por la que muchas lo hacen: pensó que aquel deseo de sexo era normal para un hombre y prefería seguir con él para no decepcionarlo. Lo que no llegaba a entender siendo tan jovencita, es que aquel deseo también debería haberlo tenido ella, y que el único motivo por el que no sucedió fue porque jamás se había planteado qué es lo que le gustaba realmente. Tampoco sabía toda la verdad sobre los orgasmos y las demás cosas. La desinformación es la principal fuente del sufrimiento y la vergüenza- de los complejos.

Tres años más tarde Iván la dejó y ella seguía buscando el amor de su vida. Se enamoraba y después se iba a la cama con ellos. Unos le duraban una semana, otros- un mes. El sexo era parte del juego, un arma para aferrarse a un hombre, una estrategia para que éste no la dejase  y, para ello, hacía todo a lo que él estaba acostumbrado. ¿Pero nadie se esforzaba para que ella se lo pasase bien? Sí, lo intentaban. Pero Carla estaba tan ansiosa por satisfacerlos, interpretaba tan bien su placer absoluto que  ellos creían que lo hacían de maravilla. Que con tan sólo besarle los pezones ya bastaba. Al fin y al cabo, somos seres perezosos. Si con lo poco funciona, para qué entregarse más, ¿no?

Hasta que conoció a Raúl. Raúl, diez años mayor que ella, la pilló enseguida. No sé cómo lo hizo, pero la pilló. Y la introdujo en el mundo de los orgasmos de verdad. Raúl tuvo varias charlas con ella y, finalmente, le sacó toda la mierda acumulada. Fue claro: “No estoy enamorado de ti, quizás nunca lo estaré y ésta es una relación de puro sexo. Más razones para que lo pases bien, de lo contrario no saldrás beneficiada.” Carla razonó y aceptó. Y se relajó. Empezó a descubrir un mundo diferente, un mundo en el que el sexo tenía importancia, un mundo en el que el placer era mutuo, y la excitación verdadera.

En los tiempos en los que “50 sombras de Grey” resulta ser un Bestseller, en los que follar con más de diez hombres a lo largo de tu vida es “ser guarra”, en los que hablar de sexo es más vergonzoso que pasar la noche opinando sobre el fútbol; el mundo en el que fingir es lo más natural, en el que “los hombres tienen una necesidad que las mujeres no deben tener” es la verdad absoluta, en el que en las películas americanas ellas se la chupan a su jefe debajo de la mesa, pero jamás veremos a un empleado haciéndole cunnilingus a su jefa, -el fenómeno de Carla es normal. A las mujeres nos educan que para follar hay que amar, y jamás al revés. Que una vez follas con uno, aunque la relación no esté establecida, no puedes hacerlo con el otro. Y nos criamos con un sentimiento de culpa que no ahoga. El miedo máximo de que alguien nos considere putas. Seguimos creyendo que una mujer liberal en la cama es para el ocio y la más recatada normalita, para el matrimonio.

Pero es un error. Evidentemente.

Un error que explica la falta de sexo en las parejas que llevan varios años casadas: las mujeres no sabemos disfrutar del sexo como es debido. Cuando nos enamoramos, follamos por placer mental y no físico. Pasamos días enteros en la cama porque nos gusta sentirnos queridas y deseadas. Una vez el enamoramiento da paso a la estabilidad, el sexo pierde importancia. Decimos que “el sexo en una relación no es tan importante” porque, en realidad, para nosotras nunca lo fue.

Entiendo el brillo en los ojos de Carla: ha madurado. Siempre he dicho que hay cinco factores que determinan la madurez. Has madurado si: no te da igual el vino que te ponen en un bar,  has empezado a apreciar el jazz, las rebajas ya no son la fuente de tu felicidad, te aceptas tal y cómo eres, y le das la importancia al buen sexo como la que tiene.

¿Pero qué porcentaje de mujeres serán tan afortunadas como Carla por encontrar a un Raúl? Esa especie de Robin Hood sexual Me temo que pocas. A las demás les tocará trabajarlo en solitario.

¿No te gusta el sexo? (bueno, lo justo). ¿Dices que no te interesa probar alguna variedad acabada en “al”? ¿Te da vergüenza ofrecer a tu marido/novio/rollete/nollete algo nuevo por miedo a parecer ridícula?  ¿Te gusta “50 sombras de Grey”? ¿Hablar de sexo te parece demasiado íntimo? ¿No te importa tu propio orgasmo? ¿Crees que el sexo y el amor van de la mano?

Sí a una o más preguntas has respondido “sí”, es hora de que replantees tu vida.  

Disfrutar del sexo es natural y necesario. Experimentar, pasártelo bien y sentirte completamente desinhibida, también.  No avergonzarte quitándote la ropa es esencial. Probar cosas nuevas es divertido. Jamás fingir el placer es lógico. Expresarte entre las sábanas no debería ser arte sino rutina.

Tenemos miedo. Tenemos pánico a ser juzgadas, incomprendidas, a que nos abandonen por “reclamar” lo lógico: el placer. Porque, seguramente, si no nos los proporcionan, no es por egoísmo sino por desconocimiento. Porque NOSOTRAS no contamos la verdad. Porque NOSOTRAS vivimos leyendo libros supuestamente eróticos y nos masturbamos soñando con un hombre que nos diese un placer que, seguramente, podría proporcionarte la gran mayoría de ellos. Pero tú te mantienes callada. Tienes miedo de expresar tus deseos. Tienes pánico a que te rechacen. Si lo hacen, cambia de hombre, no de deseos.

Crecemos acomplejadas por nuestros cuerpos, olores, pensamientos y deseos. Cuánto daño han hecho las afirmaciones como “Para un hombre el sexo es primordial”, “Ellos hablan para follar y nosotras follamos para hablar”, “Ellos son de Marte, nosotras somos de Venus” (como si Venus estuviese inundado de lágrimas, y Marte de semen.) Sí, por supuesto somos distintos: pero en el sexo podríamos ser completamente iguales. Sin embrago nos enseñan que una mujer que disfruta del sexo como un hombre es una zorra. Un mito venido por parte de los hombres de antes y aplaudido por las mujeres de ahora.

Pero mientras buscamos los culpables, no encontramos soluciones.

Primer paso: aceptar tu cuerpo y a ti misma en general. Segundo paso: darte cuenta que te apetece el sexo y que no es nada vergonzoso. Tercer paso: experimentar cosas nuevas sin encerrarte en un “no me gusta” sin haberlo probado. Cuarto paso: no sentirte culpable. Quinto paso: Disfrutar.

Lo del vino y jazz igual te llega un poquito más tarde. Pero llegará, créeme.

Difícilmente cambiaremos la sociedad de hoy para mañana, pero sí nuestra propia vida. Para ello propongo tres cosas: 1. empezar a despreocuparnos por lo que dirán los demás y quitar de tu vida a la gente que se cree con derecho a juzgarte; 2. Informarte y poner en marcha el conocimiento. 3. Aprender hablar de sexo con naturalidad.

Recuerda:  si tú misma lo vives con naturalidad, los demás también. Sólo se juzga a la gente que trasmite inseguridad y culpa. Si crees que lo que haces está bien, a los demás se les hace aburrido criticarte. En el sexo funciona igual: nadie te va a llamar “guarra” para ofenderte si sabe que para ti es un halago.

P.S:  Creo que, después de varios posts, ha quedado claro mi odio hacia Lana del Rey, Zooey y “50 sombras de Grey”.  Misión cumplida.

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24 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“En esta sociedad “ninfómana” es una mujer que piensa en sexo igual que un hombre corriente.”

24 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    El sexo es fascinante en el sentido de que es algo tan sencillo y, sin embargo, tan frágil en el sentido de que cualquier inseguridad lo puede estropear y crear un gran problema.

    La educación es importante pero el efecto que ésta hace depende de las personas. Yo fui a un colegio de curas y mi madre, que es genial para muchísimas cosas, es completamente alienígena para el sexo. Crecí con el pecado y asco a mi alrededor cuando se hablaba de sexo, que era fundamentalmente algo que los hombres buscaban como bestias sin cerebro y las mujeres teníamos que negarles durante el noviazgo si queríamos respeto y darles a regañadientes durante el matrimonio si no queríamos que se largaran con alguna furcia. Tal cual os lo cuento, así fue mi educación sexual.

    La otra parte de mi educación sexual fueron las películas porno que mis primos acumulaban y que veía a escondidas cuando ellos no estaban en casa. Eso y los libros, las novelas, que afortunadamente como en mi casa no tenían criterio pude leer todo tipo de burradas desde muy pequeña.

    Total, que entre la visión castradora de mi madre y la libertina del porno, se supone que tendría que haber salido traumatizada de por vida y, sin embargo, hay que ver lo que es la vocación, cuando a los veinte años tuve la primera oportunidad buena de hacerlo bien con el que entonces era mi novio lo único que pensé fue: “Si después no me habla, o no me respeta, cosa que tampoco me acabo de creer, pues oye, mejor saber ahora que es gilipollas que no después de casados.”

    El sexo para mí siempre ha sido una “bendición” y siempre ha sido sencillo pero entre los hombres con los que me he cruzado en ese sentido (*) he encontrado casos bastante tristes de disfunción eréctil “por responsabilidad”, es decir, chicos encantadores que en sus primeras relaciones estaban muy nerviosos, tuvieron problemas y la experiencia les había dejado una falta de confianza en si mismos que les complicaba mucho la vida. Es un problema que tiene fácil solución, pero necesitan cruzarse con alguien que sepa cómo tratarlos y mientras no lo hagan, el problema no hace más que empeorar. Con las chicas a las que les afecta la educación puritana, supongo que es lo mismo, que todo es encontrar al empotrador que saque lo mejor de ti.

    (*) Sobradamente más de 10 así que decidme por favor que sí puntúo pá “guarra”, que me hace mucha ilusión :-)

  2. Avatar de ISABEL MUT TISABEL MUT T

    Mañana cumplo 17 d casada y te aseguró q después d todo este tiempo sigo teniendo sexo del bueno. No li digo para q me felicites, sino pq es posible tener sexo interesante siempre con el mismo. Es mas, te diría q como nos conocemos muy bien es realmente fácil.

  3. chis_garabischis_garabis

    Yo creo que hay que tomárselo todo con naturalidad y ser honesto consigo mismo, hay personas que son muy tímidas y no les resulta agradable hacer algunas cosas, otras somos más desinhibidas. Si te sientes bien con lo que haces lo normal es que disfrutes de la experiencia. El sexo es mucho mejor si hablas antes, de lo que te gusta, de lo que no, de los límites si los quieres poner.. no me refiero a hacer un manual, sino a tener una conversación divertida y sentirte cómoda con la otra persona. Y si estoy totalmente de acuerdo con que el sexo sin amor está infravalorado ;)

  4. Audrey_RocksAudrey_Rocks

    Noooo.. Lana del Rey me mola, pero es que la tomo tal y como es: está como un cencerro. Loquita perdida.

    A mi también me puedes apuntar a la “Liga de las Guarras”, mis primeros contactos con el sexo ( en conversas con compis de clase más avanzadas que yo) fueron, precisamente, al entrar en plena adolescencia en un colegio de monjas. ¡Aquello era Sodoma y Gomorra! ¡Jajajajjjaja! Bromas aparte, con todas mis amigos hablo libremente de sexo, si bien es cierto que aún noto que hay gente que se siente incómoda hablando del tema. A veces he preguntado, que por qué no lo viven de manera más natural, y la respuesta siempre ha sido la misma: es que soy muy pudoroso/a. No entiendo qué relación hay entre confianza y pudor. ¿Puedes hablar de si estás estreñido, si vas dos veces al día a cagar y no puedes contar que has pegado un polvazo que te ha sentado genial?

    A mi manera de pensar también le sentó genial la coincidencia, durante casi dos años, con un compañero de cama que me confirmó la separación entre amor y sexo. Me lo pasaba genial en la cama con él, es más a la vez que algunos días le he echado de menos, no me importaría para nada volver a encontrarme con una relación así y con alguien con las cosas tan claras. Si venimos a jugar, que sea así.

    Y por último: muerte a Grey, pero ya. Basta de gilipolleces y de falso porno, que ya es casualidad que de todo mi facebook las que lo hayan leído lleven casadas casi diez años.. un poco de imaginación, por favor!!!!

  5. CristinaCristina

    Alena, un post genial
    Yo , como Ronronia tuve una educación sexual que en mis tiempos era normal pero dejo bastante que desear ..
    Afortunadamente .
    Porque creo que fue mucho más divertido ser autodidacta y aprenderlo todo hablando con mis amigas y eso me dio una visión bastante lúdica y poco trascendente del tema .
    Me ha encantado descubrir que a mis cincuenta y tantos ya soy madura según tu test .
    Sin embargo si me tengo que replantear un pelin mi vida porque de esa educación sólo me queda un poso .
    Aunque me parezca lo más natural y estupendo del mundo , tengo cierto pudor para hablar del tema cuando se refiere a mi .
    Quizá es que he visto muchos reportajes de mujeres mayores diciendo unas burradas cachondísimas pero que estéticamente me han producido un poco de rechazo .
    Así que tengo la asquerosa sensación que si no eres muy joven queda como poco elegante …
    Y así voy por la vida …disfrutando pero callada como una muerta .
    No se puede ser perfecta .

    1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

      Ya dicen que hay quien las mata callando :)
      Y desde luego, la discreción siempre ha sido elegante. Las cosas como son, en mi vida extraintersexcional hablo muy poco de mi vida sexual y cuando lo hago siempre es porque pienso que contar una experiencia en determinado momento puede ayudar a alguien. El resto de las veces me gusta atesorarla para mí. No sé cómo explicarlo, es un poco como si tuvieras algo precioso que no quieres banalizar hablando fuera de elllo, una especie de avaricia Gollum (“mío, mío, mío, mi tesorrrro”) hacia algo increíble que no deseas sacar del cofre encantado de la intimidad.

      1. Alena KHAlena KH Autor

        Jaja, Cris. Que una cosa es hablar de sexo cuando la vida invita a ello y absolutamente otra es contar detalles de tu última noche:)

        Yo tampoco explico detalles, salvo que tenga una duda, pero entonces es cuando llamo a Casiopea :P Que tiene mucho material didáctico.

  6. monsieur le sixmonsieur le six

    Reconozco que a veces me cansa leer cosas como “ninfómana” es una mujer que piensa en sexo igual que un hombre corriente o nos enseñan que una mujer que disfruta del sexo como un hombre es una zorra. Parece que las mujeres teneís creado un estereotipo de cómo entendemos el sexo los hombres, y por eso usáis expresiones como esas en las que presuponéis que somos una especie de descerebrados obsesionados con el sexo. Exactamente igual de falso que los hombres que piensan que las mujeres son una especie de ángeles puros y llenos de sensibilidad.

    Mi impresión personal es que, aunque hombres y mujeres tenemos un estilo algo diferente y unas fantasías características, en lo que se refiere al gusto por el sexo y la frecuencia y la intensidad con las que lo deseamos, no hay una gran diferencia.

    1. Alena KHAlena KH Autor

      Entiendo que te molesten este tipo de expresiones. También entiendo que opines que los hombres y la mujeres somos iguales en el sexo. Opino lo mismo pero, por desgracia, y por mucho que cerremos los ojos para no verlo, la mayoría de los hombres no opinan lo mismo.

      ¿Que cada día son más los que no consideran “guarras” a las que hacen lo que les da la gana en la primera noche? Sí. ¿Que cada día son más los que no se preocupan pe la cantidad de hombres con los que se acostó su amada? También.

      Pero todavía queda mucho recorrido.

  7. Avatar de Olgahb herrera buenoOlgahb herrera bueno

    Puffff…lo de tener 45 y estar casada con un marido de 28 dice mucho de lo que puede pasar detrás de la puerta de mi dormitorio.Yo no estoy pa tabúes,quizás tampoco pa contorsionismos porque luego se me pinzan los nervios ciáticos,pero aburrirme, lo que se dice aburrirme en la cama…como que no. Es más, más de un polvo se nos ha jodido por la risa, la de él y la mía. Un artículo clarito como el agua, al pan, pan y al vino, vino.Y lo del jazz te lo cambio por la copla aunque aceptamos pulpo como animal de compañía.Besos mil!

  8. Avatar de Vicky

    Sinceramente no hablo con nadie sobre el sexo. A mí me da vergüenza y leo “Cincuenta sombras de Grey” porque me encanta y porque yo no practico estas cosas.

    Estoy de acuerdo que tengo que liberarme, pero como?

  9. Avatar de Anita Patata Frita

    Pues sí la naturalidad es la base de todo pero queda muuuucho hasta eso. Pero una cosa te digo a mi viene un tío a decirme esas cosas que le dice Raúl a Carla y lo mando al cuerno en cero coma dos, arrogancia es lo que me ha transmitido mas que el guru del sexo. Yo prefiero alguien con quien aprender juntos a un “amo” que me enseñe.

  10. Avatar de Sashimi Blues

    Ahora puedo comentar con tranquilidad…
    En mi familia siempre han dicho que yo hago las cosas “a lo mecagüen diez”, vamos, como las locas. Por eso, mi relación con el sexo siempre ha sido espontánea, sana y curiosa.
    Por supuesto, no recibí educación sexual ninguna: padres criados en la dictadura, la EGB en colegio de monjas para niñas, y unas amigas que, aún hoy en día, les da “cosa” hablar de ese tema. No sé cómo salí viva de tanta represión, hipocresía, miedos y críticas. Pero aquí estoy!!

    Una anécdota. En Octavo de EGB (13 años) la monja que nos daba Naturales nos puso unas diapositivas sobre educación sexual.En una imagen se veía a una pareja besándose a oscuras, y, en la siguiente, a la mujer embarazada. La pobre mujer, toda azorada, nos decía “Hijas. Esto no lo entenderéis, peor pensad: lo ha hecho Dios, y por eso es bueno”
    Pues eso, que es bueno, lo haya hecho quien lo haya hecho!!!

    1. m!m!

      Ay Dios, qué fuerte lo de la monja. ¡Jajaja!

      Hay un problema en la educación que se nos da a las mujeres/chicas/niñas sobre sexo. De eso no hay ninguna duda.

      Y a mi Zooey me gusta. ¡Jo! Pero entiendo que puede llegar a ser repelentilla con ese look de tan niña buena.

  11. AritzAritz

    Son todo prejuicios y hacen mucho daño. Desde mi perspectiva, a mi me encanta hablar de sexo, y buena razón de que me encante es lo escandalizada que se queda la gente al hablarlo con naturalidad. Y no lo hago para fanfarronear como muchos hombres, sino como una manera de compartir experiencias de algo que me interesa. Es habitual que la gente me llame “salido” por hablarlo abiertamente, justo las personas que nunca hablar de ello y que se escandalizan, yo les llamo “reprimidos”. Si para un hombre, que el prejuicio le otorga mas “permiso” para hablar de sexo, resulta raro a ojos de la gente, lo de la mujer es peor aún. De hecho se llega a pensar que es bueno que sean recatadas y no hablen de esas cosas. Yo cuando me cruzo con alguna que me sigue el rollo me alegro. Aún así, soy una minoría, los hombres se cansan de pedir naturalidad a las tías y cuando encuentran a una así se asustan.

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