Relacion-turista
Relaciones

Relación-Turista VS Relación-Habitante

Me decía que su vida en común le parecía aburrida, que estaba sumergida en una rutina, que ya no sentía lo de antes.

Aquí soléis decir que las comparaciones son odiosas. En Rusia opinamos que todo se aclara con una comparación. No sé quién tiene más razón. Juraría que la tenemos todos. Todo se evidencia ante una comparación, precisamente porque las comparaciones son odiosas. O sea, lo que no podéis negar es que, al comparar, salimos perdiendo. Porque si aparece la necesidad de hacerlo, es que existe una duda.

Ayer me di cuenta que me urgía irme de Barcelona. No irme de viaje, no disfrutar de un fin de semana fuera. No. Necesitaba marcharme de esa ciudad.

Me levanté por la mañana con la sensación de que nuestra relación se había terminado, pero no lo sabía con certeza. Entonces me decidí por la opción odiosa. Me vestí, salí de casa y cogí un autobús. No sabía donde iba, no me fijé en su ruta. Empecé a mirar: fachadas, balcones, fachadas, balcones, fachadas… Intenté recordar cuánto tiempo llevaba sin levantar la mirada para poder disfrutar de Barcelona de verdad.

El autobús me llevó a un barrio que desconocía por completo. Compré un café para llevar y me senté en un banco mirando como los niños, mayormente inmigrantes, jugaban al fútbol. Allí, en aquel barrio que no tenía absolutamente nada, salvo las paredes llenas con un intento de StreetArt, eran felices. Y yo, en pleno centro de la ciudad, repleto de callecitas sorprendentes y unas fachadas que enamoran, me ahogaba.

Volví al centro y paseé por algunos de los barrios que había dejado de visitar hace tiempo. Uno de ellos, Gràcia. “Aquí estaba antes una panadería”, – pensé, y me topé con una tienda de bisutería marroquí. “Aquí, un bar de los de toda la vida”, – recordaba. Y no, era una galería de arte. Quise volver caminando hasta mi casa, y me perdí. Me perdí en una ciudad a la que supuestamente conocía como la palma de mi mano.

Aquel día descubrí demasiada belleza. Y me volví a enamorar.

Mi amiga Irene dice que lo quiere dejar con Raúl. Llevan cinco años juntos, los mismos que yo en la ciudad de Barcelona. Su relación evolucionaba de una manera normal o lo que podríamos considerar como tal: lo normal es que estés locamente enamorado, te dure más o menos tiempo y, poco a poco, la relación coja otra forma. ¿Cuál es la forma? Depende de lo que se ha sembrado en el período de enamoramiento y el trabajo que se haya hecho para dejarlo bien regado. Algunas salen redondas; otras se convierten en un triangulo amoroso (como suelen llamarlo, aunque es más bien un triangulo odioso y celoso, porque todo lo que tiene de amor, lo tiene de odio, multiplicado por dos); muchas de ellas se deforman con el paso del tiempo y muy pocas consiguen mantener su estructura inicial, a pesar de las esquinas redondeadas. La relación de Irene con Raúl se ha deformado, porque le estaban dando un golpe detrás de otro. Con su indiferencia.

Me decía que su vida en común le parecía aburrida, que estaba sumergida en una rutina, que ya no sentía lo de antes.

Irene y Raúl son habitantes. Se han olvidado por completo de las bonitas fachadas y balcones. Piensan conocer todas las calles de su relación y dan por hecho que, a pesar de que hayan pasado cinco años, los rincones siguen siendo los mismos. Que no merece la pena descubrir algo ya descubierto. Caminan sin observar a su alrededor. Sus miradas son rectas. Sin embargo, para poder contemplar a alguien quien está a tu lado, hay que aprender a girar la cabeza hacia donde esté.

Me acuerdo que hace una semana hablé con Manu. Tenemos mucho en común, a pesar de que él ve el mundo de una forma muy peculiar. Manu y yo nos encontramos “una vez cada nunca”. Cuando la “apetecencia”, como la llamamos, crece. Es entonces cuando uno de los dos le envía un mensaje al otro. “Tengo apetecencia” le pone y acordamos un lugar para tomar nuestro gazpacho ruso. Un Bloody Mary.

Manu me dijo que le gustaba estar soltero. Porque cuando está con una mujer, se acostumbra demasiado a tenerla caminando a su lado y se le hace incómodo poder verla. En cambio, las demás mujeres están de frente. Y, por desgracia, las aprecia mejor que a su pareja.

No es tan descabellado como parece. En el sentido figurado, somos perezosos hasta tal punto que hacerle trabajar a nuestro cuello nos requiere un esfuerzo sobrenatural. Estar soltero, por no saber mover la cabeza, no es una salida. Pero es una opción. Es LA opción de Manu.

Irene y Raúl están paralizados de pecho para arriba, y para poder verse, tienen que mover todo el cuerpo. No supieron “pillarlo” a tiempo.

Perdemos la esencia de un turista. Despreciamos lo bello. Nuestro enamoramiento, igual que unas vacaciones, llenos de alegría y despreocupación, se acaba. La gran mayoría volvemos a casa, pero algunas de las veces nos da por arriesgarnos. Y nos quedamos en una ciudad tan fantástica a la primera vista. Nos olvidamos que verla a través de la prisma de una cámara no tiene nada que ver con vivir en ella. Una vez la domamos, la hacemos nuestra, ésta se vuelve aburrida. Paseamos por las calles y vemos a los visitantes fotografiando algo, pero ni siquiera nos paramos a mirar de qué se trata. Ya no nos interesa.

Y entonces es cuando cometemos el error de nuestra vida, apostando por otra capital, a pesar de que ésta sigue teniendo unas sorpresas guardadas. Preferimos empezar de cero y, tras un tiempo, nos damos cuenta que echamos terriblemente de menos aquel parque, aquella cafetería, aquel jardín y aquel patio que apesta “a meado”. Que todo tú sigue amando profundamente a cada pared sin pintura de tan odiado portal.

Puede que volvamos. Puede. Puede que la veamos diferente. Pero puede que la ciudad ya no quiera aceptarnos. O, puede, que la otra urbe resulta ser la definitiva.

En cualquier caso, si tienes duda, haz lo que todos odiamos: compara bien cómo fue hace tiempo y cómo es tu ciudad ahora. Quizás eres tú quién no sabes mirarla con otros ojos. Pero jamás compares lo conocido con lo extraño. No tiene ningún sentido.

Creo que me quedaré un tiempo más en Barcelona. Espero que Irene haga lo mismo.

¿Y tú? ¿Tienes una relación.-habitante? ¿Supiste reaccionar antes de mudarte? ¿O fue lo mejor que habías hecho?

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29 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Quizás eres tú el que no sabe mirar tu ciudad con otros ojos.”

29 COMENTARIOS

  1. SkiterSkiterio

    Si sales a la calle y no eres capaz de ver el sol de un dia sin nubes, la culpa no es de la ciudad, es que te has vuelto gilipollas, y ya no sabes disfrutar de las pequeñas cosas de cada dia. Eso si, tarde o temprano todos pasamos por ese ciclo, mas o menos profundo segun cada uno, y dependiendo de la ciudad (y de la chica)

  2. Anna

    Que gran simil, me ha encantado cada frase de este post, quizas porq me encuentro en ese momento de mi relacion, de intentar ver lo bonito q tiene mi ciudad. Creo q este post me ha sido de ayuda para encarar la relacion desde otra perspectiva

  3. anita

    Me ha encantado. Yo llevo dos años en mi Barcelona particular y todavía me parece la mejor ciudad del mundo, pero tengo miedo de que un día ya no me parezca igual de fascinante o yo a él, digooo a Barcelona. Somos de regar mucho y por eso ahora mismo voy a enviar este link a mi Barcelona, para que lo piense y nunca se olvide de girar el cuello.

  4. Manolo B log

    Da la impresión de que, sea en una u otra “ciudad”, lo importante es dejar algo por explorar… por experimentar. Por que cuando creemos que la conocemos perfectamente, siempre surge alguna callejuela, algún rincón oculto que nos sorprenderá.

    De todas formas, es muy recomendable “viajar”… y “dar viajes” ;-)

  5. Anonymous

    Muy buen post,desde luego siempre hay que girar el cuello para redescubrirse y cuidar lo que se tiene, el problema es que hay veces que lo único que se consigue es una buena tortícolis. Lo complicado es distinguir cuando merece la pena seguir mirando o cuando por mucho que se mire la mejor opción es mudarse.
    Yo me mude, y fue el peor y más doloroso cambio de mi vida, de eso hace dos años, ahora soy muy feliz y espero seguir de turista mucho tiempo, pero hay que entender que determinadas ciudades no van con nosotros.

    María

  6. Mme. Noémie

    Me ha encantado el post. Cierto es que cuesta mucho mantener viva la llama y ver con ojos de turista lo que crees que conoces (porque nunca se llega a conocer a alguien del todo, mira lo que te pasó a ti con Barcelona) pero de momento seguimos girando nuestros cuellos y maravillándonos con descubrimientos nuevos de nuestras Barcelonas particulares ;)

    Me has hecho llorar…

  7. monsieur le six

    Muy bonito texto. Un argumento más para lo que yo siempre he defendido: que la monotonía es lo peor para una pareja. Pero no sólo es que haya que redescubrirse, que haya que volver a buscar una ruta no demasiado trillada (¿cuántas cosas hay que a veces hemos dicho “estaría bien hacer esto” con nuestra pareja y todavía está pendiente?). Es que ya para empezar, hacerlo todo juntos siempre es un error. Hay que tomarse respiros, pasar un fin de semana con otras personas (o solo), desintoxicarse un poco para olvidarse de los pequeños detalles que no nos gustan y apreciar mejor los que sí.

  8. Nuno Detantos

    Es irremediable, más tarde o más temprano, tenemos que ponernos a “hacer un esfuerzo”. Si vamos cada vez que tenemos vacaciones al lugar de nuestros sueños, dejaremos de ser turistas y pasaremos a ser como ciudadanos.

    Lo mejor es no tener que esforzarse y que todo vaya, que ese “esfuerzo” no te pese, que lo hagas porque te apetece o no te das cuenta de que lo haces. Una vez superada la parte turista de una pareja hay que ponerle ilusión y ganas en no caer en la monotonía pero cuando hay que trabajárselo constantemente, mejor pararse y tomar una decisión y cambiar de destino.

    Sí, ser de Barcelona y no haber visto por dentro la Sagrada Familia es casi imperdonable… visitarla tres o cuatro veces al año puede llegar a ser aburrido… y verla con asiduidad es porque ya llevas un casco, unos planos bajo el brazo y das órdenes a tu plantilla de obreros.

    Hacer el turista hasta que uno pueda o hasta dar con la ciudad en la que vivir… pero solo hasta la próxima mudanza.

  9. Anita Patata Frita

    A mi me encanta compararlo todo y esta comparación entre las ciudades y las relaciones me parece de 10.

    Es más fácil tener el cuello totalmente rígido que hacer ejercicio para que eso no pase, todos deberíamos de hacer un esfuerzo por nuetras relaciones, y todos no es los que leemos tu blog, ¡el mundo entero! que luego tu te pones a hacer flexiones de cuello y la otra parte va y te gira la caberza y… ¿entonces qué? Le das un pellizco en la oreja y si ni con esas te mira… compra un billete bien lejos y que le den dos duros a tu ciudad y al mundo entero.

  10. Míriam Fuentes

    Soy de las que prefiere saber de donde viene y a donde va… Creo que el jet lag que me produciría cambiar constantemente de ciudad acabaría por volverme loca (ya que el enamoramiento es como la felicidad, los 10 segundos que dura un orgasmo ;) )… Necesito echar raíces y ver como crece, solo así me siento bien conmigo misma, sabiendo que formo parte de algo y aquí estoy, volví a mi ciudad natal para cerrar el círculo formando un equipo muy especial que espero que me acompañe siempre

  11. Aura Zombie

    Pues a mí me pasa todo lo contrario, literalmente, que cuánto más viajo, más detesto Barcelona. Será porque aquí nací, la he amado mucho, y veo todo lo que podría ser y no es. ¿Me sucede en las relaciones igual? No lo sé. Pero sí creo que necesito conocer otra gente para redescubrir lo que ya conozco, y a veces me he quedado por nostalgia.

  12. Ariel Bcn

    Me encanta Barcelona, “la meva Barçalona”, es que si no le doy acento catalán, no le pongo el énfasis que necesito… Mis padres eran de Barcelona, mis abuelos también, hasta mi tatarabuela Marieta era de Barcelona. Tengo historias de Barcelona, para el recuerdo, de antes de la guerra y en la posguerra. Relatos que me contaba la “iaia velleta”, como la llamaba mi sobrina, en su habitación mientras veíamos “se ha escrito un crimen”, los domingos por la tarde. Supongo que por eso le tengo tanto cariño a esa serie, petarda donde las hayan…
    Me gusta coger el bus y pasearme por la ciudad (me he sentido un poco identificada), mirar fachadas, gente, actividad urbana, me siento feliz. Si señores, soy la tarada que sonríe sin motivo en el bus…
    Por desgracia y en relación a tu post, no fluye esa “casualidad” en mi. Mi vida amorosa dista enormemente de mi relación platónica con Barcelona. Aunque este bastante de acuerdo con la observación, je!

  13. Mariona

    Uno tiene que querer ver…
    El día a día nos puede, nuestra obligaciones son reales, están ahí nos guste o no, pero uno también tiene que hacer el esfuerzo de valorar positivamente la vida. Si te quedas con lo malo de todo serás un infeliz, la realidad es la que es, todos tenemos pequeñas o ínfimas cosas por las que alegrarnos, luchar o seguir adelante. Depende de nosotros. A mi nadie me va a solucionar la papeleta pero me niego a perder la ilusión, no soy así.
    En los lamentos y las lágrimas no encuentras la solución…
    Besos

  14. felisity

    Yo no me cansé de la ciudad, sino mi vida necesitaba un empujón y por eso me mudé a Londres, la mejor decisión de mi vida por cierto. Pero sí que me pasó que una vez regresé a mi ciudad, Murcia, con un amigo japonés y vi la ciudad como una turista y me encantó. Y como ahora regreso cada bastante tiempo, la aprecio mucho más. Sigo contenta con mi vida en Londres, pero sí que es cierto que hay que buscar otras perspectivas antes de decidir volar. Sea de una relación, de una ciudad o de lo que sea. Gran post!

  15. Patricia (viernescilla)

    Yo me siento habitante, con la ilusión de una turista. Pero soy tan casera, y mi “ciudad” es taaan hermosa e interesante, ¿Que cómo voy a cansarme de ella? :)

    De todos modos, creo que la verdadera pregunta que cada uno de nosotros deberíamos hacernos es: ¿Soy la ciudad que quiero ser? ¿soy una ciudad lo suficientemente interesante para mis habitantes, o solo me luzco para mis turistas? Porque si queremos impresionar a los turistas está bien que nos luzcamos de vez en cuando, nos engalanemos de fiestas y adornos. Pero si lo que queremos en realidad es tener habitantes, debemos cuidarlos como se merecen. Al menos eso pienso yo ;)

    Un abrazo Alena, y sigue escribiendo así, que sabes que me encanta (aunque te comente pocas veces) :)

  16. Anonymous

    Ayer mismo el me dijo 'tu crees que yo te veo segura despues de 8 años y eso no es asi, todos los dias imagino todas las posibilidades que puedes tener pero prefieres seguir aqui conmigo y por eso estoy agradecido por eso tengo cosas que celebrar todos los dias'

    Ahi es cuando me doy cuenta que a veces soy yo la que pierdo la perspectiva y lo miro a el sin girar la cabeza.

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