veinteanero
Cosas que pasan

Qué hacer para cabrear a un veinteañero

La gente escribe sobre la crisis de los treinta en las mujeres y de los cuarenta en los hombres, ¿pero quién escribe sobre nosotros?

Sé que sonará a tópico, pero a veces de cosas corrientes y cotidianas surgen situaciones extraordinarias. Hoy, al ser mi primer artículo, siento la necesidad de presentarme y explicaros qué hago aquí. Me llamo Dave y, aunque mi nombre confunda, soy español y andaluz para más inri. Pero no tengo gracia ni sé bailar. Qué se le va a hacer.

Empecé a leer Intersexciones cada mañana con dieciséis años y el café de antes de ir a clase. Un café que, por cierto, al final ni me tomaba o lo hacía deprisa estando ya destemplado porque me había enrollado leyendo y llegaba tarde a clase. Un año después, y siendo aún menor de edad, dejé mi pueblo y me fui a Madrid para comerme el mundo. O eso creía yo. Acabé haciendo cosas tanto muy por debajo de mis expectativas como increíblemente por encima de ellas, desde servir copas en una discoteca para pagarme los estudios hasta trabajar en televisión y flipar con ese mundo de focos y teleprompters. Y mientras tanto, seguía amaneciendo con Intersexciones cada mañana.

No considero que sea un ser extraordinariamente único, pero si hay algo que no cambiaría de mí es mi espíritu reivindicativo (en el colegio me llamaban el “abogado defensor”, con eso os lo digo todo). Hoy, cinco años después, ya no leo Intersexciones, sino que escribo en él. Y vengo a reivindicar aquello que no encuentro escrito en palabras en ninguna otra parte.

Hace dos meses que dejé mi trabajo de visual merchandiser en Inglaterra y una semana que he regresado a casa de mis padres, después de pasarme un mes viajando por Europa en plan mochilero y fundiéndome el dinero que allí ahorré vistiendo maniquíes con el sudor de mi frente. Tengo 21 años y vuelvo a estar en uno de esos puntos de inflexión que cambiarán tu futuro más cercano y, posiblemente, el lejano.

Como estoy desempleado y sin un duro, ahora sí puedo permitirme tomarme el tiempo de beberme mi café tranquilamente y a la temperatura ideal en la nueva (y única) cafetería rollo hipster que han abierto en mi pueblo (y que probablemente durará dos días. Estamos en un pueblo de la Málaga profunda y este rollo malasañero aquí no tiene mercado), planteándome cosas como que quizás no debería de haber seguido el impulso de aventura y haber guardado parte de los ahorros para poder, posteriormente, dar el siguiente paso.

Pero tienen razón cuando dicen que ese tipo de viajes son algo que tienes que hacer ahora o no los harás nunca. No, no me arrepiento. Pero mierda, no tengo dinero; y mi vigésimo segundo cumpleaños se acerca. Qué agobio.

De repente, se me viene a la mente mi amiga Judith. Tiene 36 años y solía ser mi jefa en Madrid. Ahora vive en Roma y paré allí tres días a visitarla durante mi viaje, en el cual surgió este mismo tema y su frase fue “la frase“. Esa frase que la gente de mi edad y yo tenemos que oír una y otra vez y tomárnosla como si, de alguna manera, supusiera algún tipo de alivio: “ay, ¡pero no te agobies hombre, que aún eres muy joven!”. Me cago en la hostia, y dale con que la abuela fuma. Creedme, nunca le digáis eso a un veinteañero si no queréis cabrearle y hacerle sentir que hablar con vosotros no tiene sentido. Sí, somos jóvenes. Y sí, tenemos mucho tiempo por delante. Pero esa situación no va a sostenerse eternamente, y de la mucha o poca productividad que seamos capaces de sacarle ahora dependerá lo bien o mal que nos vaya cuando tengamos vuestra edad. No todos los veinteañeros bebemos vodka del Mercadona y somos fans de Gandia Shore; hay muchos a los que este pensamiento nos estresa, ¿y quién habla de ello?

La gente escribe sobre la crisis de los treinta en las mujeres y de los cuarenta en los hombres, ¿pero quién escribe sobre nosotros? ¿Quién habla sobre esa etapa de confusión en la vida en la que, estando aún a medio definir, no sabes si estás dando palos de ciego o si realmente lo que estás haciendo ahora traerá sus beneficios mañana? Pobrecita tú, treintañera, que te sientes vieja siendo considerablemente más atractiva de lo que eras hace diez años y que te consuelas dándote el lujo de ir a cenar a un restaurante de veinte euros el cubierto y cuyo ticket luego pasas a la empresa. Qué pena de ti, cuarentón, que te sientes atrapado en tu chalet de tres plantas y arrepentido porque te ennoviaste demasiado pronto y no te fuiste de Erasmus cuando tuviste la oportunidad de hacerlo. Qué lástima de vosotros, ¿no? Pero os pregunto: si pudiéseis volver atrás en el tiempo, ¿lo haríais? Renunciando a todo lo que habéis conseguido a lo largo de los años y a esa estabilidad y paz de la que gozáis ahora. Lo dudo mucho.

Si hay alguien que lo tiene chungo, somos nosotros. Especialmente en los tiempos que corren. Vosotros envidiaréis nuestra juventud, pero nosotros ansiamos ese momento al que vosotros ya habéis llegado, envidiamos el poder ver resultados y decir “tengo taitantos años (como decía mi querida Lina Morgan) y, consiga más o me quede aquí, me siento conforme habiendo llegado donde estoy. De una forma u otra, todo ha salido bien”. Por eso rompo una lanza a favor de mí y de todos mis compañeros, como en el pilla-pilla, y esperanzo a la vez que advierto: amigos veinteañeros, si tenéis la misma angustia que yo dentro, espero que os sirva el saber que no estáis sólos. Pensad que podría irnos peor de lo que nos va y que si, nuestro yo adolescente pudiese vernos, probablemente pensaría que hemos conseguido lo inalcanzable. Y si eso es así, ¿por qué no pensar que nuestro yo del futuro podrá decir lo mismo del yo del presente?

Pero si os la sopla el saber dónde estéis a los treinta, dejadme que os diga: no os confiéis. NO tenemos todo el tiempo del mundo. Exprimámoslo al máximo y, sin comparar el nuestro con el camino de otros, luchemos por lo que queremos como si de una carrera a contrarreloj se tratase. Sin prisa, pero sin pausa.

Quizás así podamos llegar a los treinta soltando frases esperanzadoras que cabreen a los que están haciendo lo mismo que tú, pero con diez años menos y de becarios. Como ha de ser.

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21 comentarios

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Dave SantlemanPor
Dave Santleman

Diseñador de moda y estilista. Andaluz, pero trotamundos. Habré tocado techo cuando me propongan rodar el anuncio de Navidad de Canal Sur.

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21 COMENTARIOS

  1. CristinaCristina

    Y quizás así podáis llegar a los 59 admirados por la lucidez de un veinteañero y recordando que a pesar de lo que crees ahora, se puede ser enormemente interesante antes de llegar a los treinta .
    La vida es rara de cojones
    Pero espero que a ti te trate bien .

  2. Alena KHAlena KH

    Cundo yo tenía veinte años, también me cabreaba mucho porque nadie me tomaba en serio.

    “Va, si tienes toda la vida por delante” o, peor todavía “No podemos darte tanta responsabilidad en el puesto, porque tienes tan sólo 21 años”, me dijeron en una CadenaFamosaDeTiendas (un año más tarde ya era encargada de la tienda y con 23 acabé coordinando diez).

    Súmale que las mujeres de treinta me miraban con desprecio (¡la niñata esta!), y las de cuarenta, con recelo.

    Los hombres de treinta me hablaban de “la gran diferencia de edad”, y los de cuarenta intentaban ligarme a toda costa para sentirse jóvenes.

    Los veinte son un asco, estoy contigo.

    Eso sí, yo a los 20 me quejaba de haber engordado un poco. Dios mío, si hubiese sabido lo buena que estaba… :)

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Toda la razón llevas.

    El tiempo pasa y la gente mita atrás, y echa de menos muchas cosas. Yo echo de menos la alegría genuina de sentirme (obviamente sin motivo) inmortal, y la sensación de que la mayor parte de mi vida era futuro. Si no pienso más allá, me olvido de que hay gente de veinte años muy diferente de como era yo, que cuando lleguen a mi edad echarán de menos otras cosas.

    O de más. De cuando tenía 20 años echo de más que tragué muchas ruedas de molino por no creerme con derecho, o razonable, por querer lo que quería. Echo de más no haber sabido lo buena que estaba y haberle sacado mejor partido. Echo de más no tener mi dinero propio y vivir bajo la benévola pero implacable bota de mi madre. Igual que antes, esa era yo, a otros veinteañeros les pesarían otras cosas.

    Yo estoy mejor que nunca. Pienso a menudo que ojalá pudiera viajar al pasado simplemente para decirme a mí misma que algún día seré completamente feliz. Si viajo a cuando tenía 15 años sería ideal, pero en realidad me haría bien cualquier momento antes de cumplir los 33. Creo sinceramente que el momento que me tocó fue más fácil que el actual, que ahora los veinteañeros tenéis que luchar con una situación laboral penosa, y con un pesimismo victimista que os transmitimos la gente más mayor que tampoco es nada bueno.

      1. Avatar de AnaAna

        Efectivamente. Como veinteañera (aunque ya más cerca de los treinta) de vez en cuando tengo la tentación de borrar mi cuenta de Facebook, entre otros, para dejar de ver las “interesantísimas” vidas de los demás. Compañeros de colegio o de universidad que se tiran el día viajando, cambiando de residencia y país. Personas con trabajos modernos e interesantes. Parejas eternas que tienen un pie en altar y una mano en el test de embarazo.

        Y luego estás tú, que sigues viviendo con tus padres, que no tienes dinero para irte a ver mundo porque no tienes trabajo…o tienes un trabajo absorbente que entonces no te deja tiempo para hacer todos esos planes locos que crees que deberías estar haciendo (como parecen que hacen todos).

        ¿Mi conclusión? A la mierda. Mi vida es mía y estoy segura de que todos los demás tienen preocupaciones igual que yo. Aunque en facebook no las enseñen.

    1. Dave SantlemanDave Santleman Autor

      Muchas gracias por tu comentario, Ronronia. Lo cierto es que, desde mis 21 años, creo poder asegurar que ése es uno de los pocos placeres que trae consigo esta década: el saber que, para bien o para mal, todavía nos queda mucho camino por recorrer y que, muy posiblemente, lo mejor esté aún por llegar. Por no hablar de ese pensamiento esperanzador de que algún día podremos decir eso que tú y afirmar que si volviésemos atrás podríamos asegurarle a nuestro jovencísimo yo que llegaremos a ser felices en algún momento.
      Además, también me gustaría aclarar que aunque estoy totalmente de acuerdo con que las generaciones anteriores no paran de bombardearnos con su “pesimismo victimista”, nosotros en muchos casos apreciamos y valoramos positivamente el que alguien con mayor experiencia se tome el tiempo de, al menos, intentar advertirnos. Aunque luego no hagamos ni caso.

  4. Sashimi BluesSashimi Blues

    Lo has clavado! La década de los veinte fue demasiado confusa para mi. También me vi obligada a volver a casa después de 9 años de comerme el mundo. Los 30, década que se me está acabando, los he apurado a fondo. Me han traído mucho más.
    En general, aunque mi vida ha sido muy plena, no volvería a la juventud. Demasiado sufrimiento. Me lo tuve que cerrar demasiado y luchar contra corriente.
    Llevo muchos años lanzando adolescentes al mundo real. Me enternece su ilusión e inocencia. Y que les dure. Y que se equivoquen. Seguro que llegarán a buen puerto, lo mismo que tu, Dave
    Un placer escribir contigo. Has sacado mi yo de los 20…

    1. Dave SantlemanDave Santleman Autor

      ¡Muchas gracias por tus palabras, compañera Sashimi! Es lo realmente trágico, ¿verdad? Ver la prisa que tenemos los jóvenes por crecer. Yo critico mucho a los adolescentes de ahora; niñas de trece años con unas cantidades de maquillaje que no necesitan porque ya son preciosas y críos de catorce fumando porros. Pero lo cierto es que, aunque no llevado a ese extremo, yo también tuve trece y catorce años y sentí lo que era querer “ser mayor” y “hacer cosas de mayores”. Ahora, que tengo veintiuno, ansío llegar a los treinta y quitarme de encima un par de preocupaciones para añadir otras. Pero quizás deberíamos de recordar con más frecuencia que, para bien o para mal, estos años no volverán y que sería conveniente el estrujar esa ilusión e inocencia al máximo, ¿no te parece? Yo quiero pensar que, al menos, estoy cerca de darme cuenta de ello y empezar a poner medidas al respecto jajaja

  5. inmahlinmahl

    ¡Qué guay! Me va a encantar leerte porque yo también soy veinteañera (24 concretamente) y me siento muy identificada con todo lo que dices. Además, debemos haber estudiado algo similar, porque yo también he trabajado en televisión (de becaria, por supuesto).

    Creo que a nuestra generación se nos está pidiendo mucho. Yo también me vine a Madrid con 17 para comerme el mundo (y ser directora de cine, o trabajar en televisión). Venía con ilusión, con ganas, a darlo todo. Tras 5 años de carrera, 1 año de máster, e innumerables contratos no remunerados, o indignamente remunerados, después de ser la eterna becaria, de hacer cosas gratis y con mi propio material una tiene que aguantar frases como “no te quejes, que estás aprendiendo mucho”, “estás cogiendo mucha experiencia”, “así haces curriculum” o, lo mejor: “no te quejes, que al menos tienes trabajo, mejor cobrar 400 euros que nada”. Pues claro, una se decepciona, se entristece, y piensa que qué era aquello de juventud divino tesoro, que estos iban a ser los mejores años de nuestra vida y bla,bla,bla.

    Así que gracias Dave por poner voz a nuestra generación.

    1. Dave SantlemanDave Santleman Autor

      ¡Gracias a ti por comentar, Inmahl! Yo trabajaba en el departamento de vestuario y estilismo de La Sexta, y aunque sí es cierto y tienen razón con eso de que se aprende mucho estando de becario, no deja de ser una injusticia el que tú estés desempeñando las mismas funciones que otras personas contratadas y no veas ni un duro a fin de mes. Pero como es “experiencia”, tienes que asumirlo y buscarte un trabajo de camarero por las noches que sí que pague las facturas de la habitación que alquilas en ese piso cochambroso. Y ahí estás tú, trabajando de gratis por las tardes para salir de ese bucle sin fin de “no me contratan porque no tengo experiencia y no tengo experiencia porque no me contratan” y soportando a borrachos por la noche para poder seguir haciéndolo.
      No obstante, y tal y como creo haber dicho en un comentario anterior, decepcionarse y entristecerse nunca. Quejarse sí, todo lo que quieras. Porque quejarse es un placer, tengas 20 o 57. Pero decepcionarse y entristecerse no. Llegaremos a buen puerto, mi querida Inmahl.
      Alcanzaremos ese momento en el que seremos nosotros quienes miren con ternura a los becarios y, posiblemente, les ayudaremos más de lo que nos ayudaron a nosotros.

  6. Alena KHAlena KH

    Para ponerle alguna pega, tengo que decir que a las treintañeras, que pagan las cenas con el ticket restaurante, no se lo regalan. Forma parte de su sueldo:)

    Y que cada vez veo menos gente de 40 que tengan un chalet. Y eso que llevan más de 20 años pringando como unos desgraciados ;)

  7. Avatar de CarolinaCarolina

    Bueno , lo bueno de ser cuarentona , es que has aprendido unas cuantas verdades . Te diré que cada edad tiene lo suyo . Que no hay década perfecta , que todas tienen sus más y sus menos . Que la vida es eso seguir el camino , que a veces se bifurca y hay que elegir recorrido , hay que tomar decisiones . Que como toda elección , lo único importante es que te haga feliz en ese momento .Oportunidades tendrás miles de repetirlo , pero tú no serás el mismo, a veces más sabio , a veces más cansado , a veces………..De tu viaje de mochilero , lo importante , es que te hizo feliz mientras duró y bueno , que te hayas quedado sin dinero son daños colaterales . No se en que se mide la felicidad , pero te puedo asegurar que no lo hace en euros . Y que estoy de acuerdo contigo , que nunca eres demasiado joven . Que cada año que pasa tienes un año más , pero también te queda un año menos .

    1. Dave SantlemanDave Santleman Autor

      Gracias por tu comentario Carolina, tienes toda la razón. Con respecto a mi viaje mochilero, y tal y como digo en el artículo, no me arrepiento de haberlo hecho porque es algo que siempre quise hacer y me siento orgulloso de decir que, en lugar de soñar con hacerlo, lo llevé a cabo. Y supongo que es una lección aplicable a prácticamente todo en la vida, siempre es mejor hacer algo que no hacerlo. Y lo que venga después ya vendrá, ¿no?
      Alguien me dijo una vez que no hay que “pre-ocuparse” de las cosas, sino ocuparse de ellas conforme van viniendo. Ese viaje lo acabé en Barcelona y, si no hubiese sido por eso, lo mismo ni estaría escribiendo en este blog ahora.
      Gracias por tus sabias palabras.

  8. monsieur le sixmonsieur le six

    Bueno, todas las edades se sienten incomprendidas.

    Cuando eres adolescente, si eres chica te ven como una quinceañera histérica, si eres chico como un pajillero empanado. Cuando tienes 20 pasa lo que comentas, que te dicen tienes todo el tiempo por delante y tú te ves sin dinero, frustrado, sin futuro, y encima tienes que poner buena cara porque todas tus amistades parecen supermolonas en el facebook. Cuando tienes 30 te dicen que estás en lo mejor de la vida, y tú ves que ya no tienes la misma espontaneidad que antes y que el trabajo te ha quitado tu entrañable tiempo libre; te has cortado las melenas, vas con corbata al trabajo y ya no sueles volver a casa más tarde de las 2. Y así cada década tiene lo suyo, hasta que llegas a los 60 y ya te llaman viejo o anciano, y se burlan porque no entiendes a las nuevas generaciones.

    Las épocas jóvenes son especialmente frustrantes porque se espera mucho de ti, y tú no ves más que problemas. Por eso algunos jóvenes adoptan a veces la pose contraria. Eso se llevaba mucho hace unos años, cuando había mucho gótico y mucho emo que se quejaba amargamente por las redes y hablaban de suicidio y todo eso… Tan tonto me parece como los que siempre parecen felices y que estén todo el año de vacaciones y fiesta.

    Quizás todo sería más fácil si la gente no diera nada por sentado, y se permitiese a la persona, en cualquier momento de su vida, disfrutar de lo que le gusta, y quejarse de lo que le no le gusta, sin que lo veamos todo raro.

    Esto me lleva al primer párrafo del artículo, en el que dices que eres andaluz, pero no tienes gracia ni sabes bailar. ¿Y sabes qué? No pasa nada, sólo los tontos darían por sentado que un andaluz tenga que ser así. Lo mismo con los veinteañeros.

    Buen comienzo, por cierto.

  9. Avatar de Kruzio BaalKruzio Baal

    Buenas! Lo primero de todo, me alegra que hayan elegido a un paisano (¿malagueño?) y con tan buen escrito. :P

    Ahora toca el tema: cierto es que los 20 y son un asco, y sin contar las responsabilidades que cada uno lleva en su mochila, si a estas cosas que ha mencionado Dave le sumo que como malagueño criado y viviendo en Bilbao tengo una descompensación enorme para relacionarme… no tengo una patata caliente, si no un Terminator.

    Con 25 y mis “cosas” sigo escuchando el “tienes tiempo” … sí: tiempo de estudiar esto, ser esclavo de tal empresa para saber lo que es trabajar, vete allí o no duermes lo suficiente, si supieras lo que duermo yo… pues a tu edad yo estaba…” metiendo más presión después de una palmadita en la espalda. ¡Cómo si no lo supiera! Un año entero trabajando gratis para tener experiencia laboral y ahora me piden más títulos que los que ha ganado el Barcelona este año para cumplir los requisitos mínimos y sin entrar a trabajar fijo.

    ¿Alguien dijo presión? Como meter una ballena en una lata para sardinas (al menos para un Integrador Social). ¡Un abrazo y que sigas escribiendo tan bien!

  10. Avatar de Martiferanonymous

    Gran artículo!. Me alegro que no seas de los de Gandía Shore ;) Estoy de acuerdo contigo en parte: sí, a mí también me han dicho la frasecita tocapelotas, pero tengo que sacarte de tu error en otra: aunque tengo 32 y en muchos aspectos me siento mucho mejor que con 20 (precisamente en el físico por ejemplo), mi generación no está tan asentada como tú dices, (según se habla, los 30 son los nuevos 20 y estoy de acuerdo, ahí parece que sigo en el aspecto económico) y eso que he estudiado hasta los 26… He vivido muchas cosas me siento feliz por ello, y ahora llevo 2 años con mi propia empresa y empezando a arrancar de verdad, sin saber si esto podrá ser añlgún día estable realmente (por lo que sigo sintiéndome delante de ese precipicio que veía cada vez que acababa el instituto, la carrera, el máster, etc.. Así que lo de ir a cenar a un restaurante de 20€ el cubierto es una vez al mes y porque te dices: lo saco de que salgo menos que ya no debería ser tan crápula con mi edad (no digo no salir de casa, digo ser crápula), aunque sigues tirando a serlo de vez en cuando…

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