postureo
Relaciones

Lo tuyo es puro postureo

Querido amigo: me conformaría con que cuando estemos hablando me mires a la cara, y no a la pantalla.

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de conocer a alguien pero no saber de qué? Pues eso es lo que me sucedió a mí el otro día. Yendo por la calle vi venir a una chica cuya cara me sonaba mucho. Mientras mi cerebro rebuscaba, no le quitaba ojo. Tanto la miré que ella me saludó al pasar. Al poco rato caí en la cuenta. Nos seguíamos en Instagram. Ni ella ni yo nos conocíamos de nada más salvo unos likes por aquí y por allá. Me pareció tan ridícula la situación que, cuando llegué a casa, la eliminé de mis contactos. Y os aseguro que no fue la única. Sí, soy una de esas personas que te eliminará de sus contactos sin miedo a bajar mi lista de amigos.

Todo empezó hace años, cuando todos vivíamos fascinados por los blogs de moda y sus ego diosas. Un día, viendo unas fotos, descubrí que la blogger en cuestión llevaba la etiqueta de la camisa colgando. Vamos, que se compraba la ropa para hacerse la foto y luego la devolvía a la tienda como si nada. La carroza se convirtió en calabaza. A partir de ahí empecé a desconfiar  y a reírme mucho de ciertas publicaciones, cuando los que mentían eran seres desconocidos e inaccesibles. Cuando la mentira se democratizó, la cosa me empezó a dar penita. Y de ahí, la duda existencial. ¿Publicamos lo que vivimos o vivimos para publicar? Tenemos la sensación de que no nos vamos de vacaciones si no ponemos una foto en la playa, que no es viernes si no lo celebramos en Facebook. Ponemos en peligro nuestra intimidad, aireamos trapos sucios, nos exponemos al ridículo más absoluto por un pedacito de cariño. Porque eso es lo que perseguimos: ser admitidos, reconocidos, queridos. Las redes sociales se han convertido en el terapeuta de guardia en el que curar nuestras heridas y recibir la dosis de autoestima necesaria.

¡Cuánto agradezco tener ya unos añitos y no haber sucumbido al 2.0 hasta tener la cabeza medianamente amueblada! Seguramente, hubiera sido una de tantas adolescentes sufriendo por un double check silencioso, posando frente al espejo del baño poniendo morritos o, lo que es peor, haciendo la compra sentimental en Tinder. De pensarlo, me estreso… El caso es que nadie está a salvo. ¡Que tire la primera piedra el que no haya cometido alguna tontería virtual! La sensación de saber que alguien, en cualquier lugar del mundo, llegará a sentir admiración, envidia o simplemente empatizar con nosotros nos pone, y mucho. Por eso seguimos picando, aceptando condiciones de usuario dignas de una dictadura con tal de seguir el juego. Está claro que ya no podemos escapar, que nos hemos acostumbrado al juego. No me veo capaz de optar por la solución drástica, no quiero dejar de vivir en este mundo, pero sí que creo que debería disfrutar de lo que me rodea, y no pensar cómo se vería con un filtro Valencia. Y quisiera que los demás hicieran lo mismo. Soy una ilusa. Quizás, para que todos se dieran por enterados, debería actualizar mi estado y pegar en mi muro la siguiente nota:

Querido amigo: me conformaría con que cuando estemos hablando me mires a la cara, y no a la pantalla. Quizás no soy tan interesante como ese vídeo de gatitos, pero estoy delante de ti. Respeto, educación, sentido común, vaya. No necesito que hagas una foto del café que nos estamos  tomando, ni un selfie cada día al salir de casa. Así tendremos más temas de conversación. Porque si no, cada vez que quedemos, solo hablaremos de nuestras publicaciones, no de nuestras vidas. No te esfuerces en ser ocurrente, ni en meter tripa. Me gustas tal y como eres, al natural.

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Sashimi BluesPor
Sashimi Blues

Madre, esposa, profesora de secundaria y otras etiquetas al uso. En Intersexciones doy mi visión sobre esa vida estable que algunos anhelan y otros demonizan.

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