Por-nada.-Porque-si
Relaciones

Porque sí

Me pregunto en qué momento alguien se dedica a hipotecar el bienestar, a proporcionar los créditos de alegrías, estableciendo los intereses para el resto de sus vidas.

“Con todo lo que hice yo por él…”, me decía Laura buscando desesperadamente mi apoyo.

Pero empecemos por el principio.

Laura y Pablo acaban de separarse. La decisión la tomó Pablo, aunque a nadie nos pilló por sorpresa. A Laura tampoco, a pesar de que lo esté negando en ese momento. Llevaban dos años y medio de relación, de los cuales apenas han estado bien durante unos meses. Siempre me ha fascinado su constante lucha por algo que, visto desde fuera, estaba destinado al fracaso. Pero claro, cuando las dos personas se quieren, confían en que tarde o temprano su amor podrá con las dificultades y los malentendidos. No sirve de nada opinar. Además, ¿a quién no le parecen bonitas la ilusión y las ganas de intentarlo una y otra vez?

Lo importante es tener fe, solemos decir. Ojalá con la fe bastara. Ojalá.

En su caso no ha podido ser. La fe se esfumó, vestida de vaqueros y unas zapatillas desgastadas, dejando las llaves en la mesa y a Laura hecha una mierda.

- No quiso intentarlo más. Me dijo cosas que jamás había pensado que algún día escucharía de su boca. Lo miraba, y ni siquiera parecía él: tan distante, tan indiferente, tan brusco. Me di cuenta que, quizás, no lo conocía tanto como pensaba.

Ni tú, ni nadie, querida Laura. Hace tiempo que llegué a la conclusión de que las relaciones son las películas románticas que se miran desde el final hacia el principio: primero están enamorados, luego se conocen y al final son unos completos desconocidos.

“Con todo lo que hice yo por él, pedazo de desagradecido…”, seguía Laura con su bucle de hace unas horas.

¡Qué frase ésta! No tiene desperdicio. La llevo escuchando pareja tras pareja, ruptura tras ruptura, enfado tras enfado, decepción tras decepción. ¿Pero qué creéis que es el amor? ¿Un negocio? ¿Un trato? ¿Un interés?

Cada vez que oigo algo por el estilo, me puede la rabia. En cuanto entramos en el terreno de las deudas emocionales, favores a devolver y regalos a reclamar, me quedo si recursos. Me pregunto en qué momento alguien se dedica a ser un contable sentimental. A hipotecar el bienestar, a proporcionar los créditos de alegrías, estableciendo los intereses para el resto de sus vidas.

Por ejemplo, mi otro conocido, Carlos. Lleva un año con su novia, adorándola como a nadie. Desde el punto de vista ajeno, Carlos es el novio con el que toda mujer soñaría: atento, cariñoso, detallista a todos los niveles. Pero los que lo conocemos, sabemos perfectamente que todo lo que hace lo hace para su propio bien. “¿Y qué importa?”, diréis. Importa, queridos, importa mucho. Importa, porque el amor consiste en dar y recibir, pero jamás en dar para recibir o para sentirse mejor. Por alguna extraña razón, no profundizamos en el objetivo de los hechos, pero deberíamos. Carlos, si envía flores, las envía a la oficina de su novia. Las compañeras del trabajo de Ana están completamente enamoradas de él. Cuando hace un regalo sorpresa, posteriormente lo publica en todas las redes sociales posibles. Casi todo lo que hace, según dice, lo hace para hacerla feliz. Pero pocas cosas quedan de incógnito. Todo es anunciado y publicitado.

Cuando alguien hace algo por ti, sólo para sentirse bien, corre: se trata de egoísmo. Se trata de acumular puntos para poder restártelos a la hora de la verdad que, curiosamente, llega con la separación o una discusión de pareja.

¿Qué importa lo que has hecho por alguien si lo has hecho porque has querido y salía de ti? Si lo único que deseabas era ver sonreír a tu pareja…

Los auténticos regalos, la auténtica atención, el auténtico aprecio son los que se muestran en la intimidad. Sin las flores enviadas a la oficina, ni declaraciones por Facebook. Con tanta tecnología, tanto postureo y tanto egoísmo, hemos dejado de ser el objetivo, convirtiéndonos en el medio.

“Con todo lo que hice yo por él” es una frase llena de frustración y despecho que nos enciegan de tal manera que ni siquiera somos capaces de valorar la relación en sí. Partiendo de esa base, todos estamos en deuda con todos, pero es mucho más fácil echar en cara lo tuyo que recibir una bofetada cargada de favores que te hizo alguien. Pero en realidad, no hay que hablar de las deudas. Las deudas emocionales no existen. Si amas a alguien, das sin pedir y no para recibir. Todavía menos por sentirse mejor. Simplemente das porque quieres. Nadie te pone una pistola en la cabeza.

Es triste. Triste porque tras cada regalo reclamado, tras cada rencor guardado, tras cada acción de cariño con pago aplazado, cada día somos menos espontáneos y más desconfiados. Las relaciones cada vez son menos de relacionarse y más de hacer negocios. Los regalos son menos íntimos y las caricias son más públicas.

Todo tiene su porqué.

Y yo cada día me acuerdo más de aquél dibujo soviético que se llamaba “Prosto tak” (“Porque sí”, 1976) en el que un niño le regala flores a un burrito y ese le pregunta:

- ¿Es para mí?
- Sí, para ti-  le responde el niño.
- ¿Y por qué?
- Por nada. Porque sí.

Lo vuelvo a ver y me pongo nostálgica. Se lo enseño a Laura. Se ríe y me dice: “Eso sólo pasa en los dibujos soviéticos. La vida real funciona diferente.”

¡Maldita sea nuestra “vida real”! No sé vosotros, pero yo, a veces, preferiría ser ese niño o ese burrito, con sus flores y sus alegrías animadas de pantalla.  Porque ese nuestro mundo, esa nuestra “vida real” sólo vale la pena si las cosas se hacen desinteresadamente.

Menos mostrar lo buenos que somos y más hacer feliz a nuestra gente querida. Dándoles lo que verdaderamente necesitan. Y sin nada a cambio.

Porque sí.

Esa debería ser la norma.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“El amor consiste en dar y recibir, pero jamás en dar para recibir.”

9 COMENTARIOS

  1. Avatar de SaraSara

    Por suerte no soy de las que piensan en todo lo que dí o hice por alguien “para nada”. Reconozco que hace años era así, pero entonces ¿qué se supone? ¿que deben seguir con nosotras/os por todo lo que les hemos dado? ¿o que debemos cerrarnos en banda durante la relación y no hacer nada por el otro por si acaso algún día se acabe, no haber dado en vano? Me parece que es muy bonito dar, yo por lo menos me quedo satisfecha conmigo misma por haber ayudado a quién sea (no solo novios). Si la gente no viviese con esas expectativas me parece que viviríamos en un mundo más amable.

  2. Avatar de PrimaveraPrimavera

    Totalmente de acuerdo con tu opinión, Alena. A veces, por unos instantes, al ver las redes sociales (sobretodo Facebook, con fotos) innundadas de declaraciones de amor, momentos románticos y demás, llego a preguntarme: ¿Y yo? ¿Si no cuelgo nada -o casi nada- de mi relación con mi pareja, entonces quiere decir que no soy tan feliz, que no lo vivo con tanta ilusión? Pero al final siempre vuelvo a la misma conclusión: no necesito hacer públicos mis detalles con mi pareja ni sus detalles conmigo, sólo con ver su carita de felicidad me siento bien conmigo misma y con él. No necesito los “me gusta” de otras personas en nuestra relación… por eso es nuestra ;)

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Creo mucho en el egoísmo benefactor, es decir, en que hacemos cosas buenas por los demás porque eso nos hace sentir felices. No debo de ser la única porque cuando se hacen entrevistas para evaluar futuros padres adoptivos se prefiere a quienes aducen motivos egoístas -deseo mucho un niño, quiero ser padre, etc.- por encima de quienes afirman querer ayudar a que un niño que vive en malas condiciones tenga una vida mejor. El egoísmo es más sostenible.

    Así que está el egoísmo de “me tiraría piedras a mi propio tejado porque verte sonreír me hace más feliz que ninguna otra cosa”, el de “me voy a las misiones porque ayudando me siento buena persona y sacia mi necesidad de hacer algo trascendente”, el de “me gasto esta pasta en ti en lugar de comprarme este capricho porque me hace doble de feliz verte disfrutar a ti” y otros muchos semejantes. El egoísmo bien entendido es fantástico.

    Y a veces durante la relación tenemos ese egoísmo, el maravilloso, y luego cuando se rompe se pervierte -como todo el resto- y se transforma en egoísmo mezquino, haciéndonos recordar como esfuerzos y sacrificios lo que hicimos de muy buen grado. Las rupturas son “bitches”.

    Otra cosa es la ostentación falsa y postiza del que te regala flores y te las envía al trabajo para que todos vean qué novio más bueno tienes. A mí me lo han hecho tres veces aunque, afortunadamente, los guardas de seguridad siempre me han llamado por teléfono antes de dejar subir al repartidor y me han hecho el favor de recogerlo ellos y guardármelo en la planta baja hasta la salida. En un caso fue como el que describes, uno que quería fardar de novio perfecto. Los otros dos tenían una visión de las mujeres un poco ñoña y pensaban que nos hacen ilusión las cosas tipo “Oficial y Caballero” en el curro cuando en realidad, a mí al menos, me avergüenzan y tiran por tierra años de lucha por mantenerlo separado de mi vida personal. En las tres ocasiones disfruté mucho del ramo y no volví a quedar con los remitentes.

    Ahora, lo mismo te digo que si yo tuviera un detalle con alguien también preferiría que quien fuera lo disfrutara en privado en lugar de airearlo en Facebook porque me gusta la privacidad en las relaciones sentimentales, me apetece que muchas cosas sean mías y del otro y de nadie más.

    1. Alena KHAlena KH Autor

      Egoísmo por el bien del otro no deja de ser egoísmo.

      Sabes, desafortunadamente sigo creyendo que hay gente que hace cosas desinteresadamente. Voy mal, ¿verdad? :)

      Para mí, el mejor regalo o la mejor atención que uno podría tener jamás, es la que yen en cuenta la felicidad del otro, a pesar de que a ti te cueste (y no hablo de lo material). No tiene por qué costarte demasiado, pero si te cuesta, da lo mismo.

      ¿Me explico?

  4. Armario DesordenadoArmario Desordenado

    Veamos, desde aquí creo que una cosa es el detalle y otra la exposición pública del mismo. E incluso, dentro de dicha exposición, si es sincera o no. En este invento del demonio llamado redes sociales, o sus antepasados del IRC, ICQ y demás, intentamos mostrar una imagen de como nos vemos nosotros por dentro, ponemos citas de Coelho impresas en el sobre de azúcar del café para parecer más ‘no-se-que’ (¿por parecer cultos? ¿por parecer sensibles? no entiendo las citas a este señor), tuiteamos muy fuerte para mostrar nuestra indignación ante cualquier denuncia de Évole en «Salvados» y algunos ejemplos más que seguro que pueden venir a la mente de quien lea este comentario. Ahora, campeones, hay que ser consecuente con los actos, si el tal Carlos es tan público con todas las cosas que le ha regalado a su chica, luego no puede ser un seco, no coger a su novia de la mano o no darle un beso en mitad de un restaurante, si le place. Otro cantar es que la mujer en cuestión esté dispuesta a ello. Que por redes sí, pero en la oficina o en el restaurante no. Supongo que son tipos de egoismo. Yo mismo he regalado flores, las últimas entregadas en un lugar de trabajo. ¿Motivo? Por sorprender, por transmitir un mensaje y porque me salía de dentro. Sorprender es bien. Si a ella (o a él), no le gusta, te lo dirá. Pero mientras, baila y déjate llevar, pardiez.

  5. Avatar de Aina RoviraAina Rovira

    He caído un año más tarde en este post y he flipado. Está claro que uno si está enamorado da porque quiere y porque sí, pero no te puedes pasar el tiempo dando y dando y recibiendo nada. No se puede estar bien así. ¿Egoísmo? Egoísmo es exigir sin dar nada a cambio; por la misma regla de tres, si das, puedes exigir. Como decías en algún momento o en otro post, la relación es de 2, y sí, uno está con alguien también porque se siente bien con ese alguien. Si has hecho cosas por alguien y te dan de patadas, sí, te sientes terriblemente mal y es legítimo.

    1. Alena KHAlena KH Autor

      Hola, Aina.

      En este post no me refiero en absoluto a que tengamos que ser imbéciles y regalar la vida a alguien que no lo aprecia. Ni tan blanco, ni tan negro. Lo que sí quiero decir aquí es que no hagamos las cosas con la intención de. Que las hagamos porque nos apetecen.

      Cuando hacemos las cosas porque nos da la gana (porque sí), nunca deberíamos sacarlas en la discusión como si hubiese sido un gran sacrificio.

      Nadie te pide que hagas cosas. nadie te pide que sacrifiques nada por nadie. Si te apetece hacer el bien, hazlo. Pero jamás te quejes por haberlo hecho.

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