Pollo al curry o como evitar la comida con tu suegra
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Pollo al curry o cómo evitar la comida de tu suegra

Las alergias de mi madre no son una conveniente ficción, aunque estoy seguro que aquellos que no le han visto casi morir por intoxicaciones puedan pensar que es la excusa perfecta para comer siempre lo que le da la gana. Sobre todo para evitar la comida de mi abuela.

Historias Breves de Excusas Alérgicas

Historia Breve I: Pollo Al Curry 

Cuando era niño no me gustaba la comida de mi abuela paterna. Para mí, ir a las reuniones familiares era un verdadero suplicio y que ella nos sentara a la mesa a degustar su famoso Pollo Al Curry, que aprendió en unos de sus viajes internacionales.

Esto es una estafa –pensaba–. Se supone que tu abuela debe ser pura dulzura y buena cocina. Pero en el caso de la madre de mi padre, ninguna de las dos cosas eran ciertas.

A mis hermanos la situación parecía importarles poco. Como en muchas otras facetas de mi vida me encontraba solo. Por fortuna tenía a un aliado apoyando mi causa: mi santa madre. Pensándolo bien, el aliado era yo. Mi padre también estaba en nuestro bando, más por conveniencia que por otra cosa (ya que no era con mi abuela con quién el debía convivir a diario).

Mi madre siempre llevaba tuppers y para evitar el odio de mi abuela utilizaba la excusa de sus alergias a infinidad de alimentos, entre los que se incluyen: lactosas, especies, condimentos, puerco y cualquier tipo de conservantes.

En la familia todos sabían de sus alergias y a ratos, a algunos, se les veía en el rostro el pensamiento “¿Por qué no habré dicho yo que soy alérgico?”.

Historia Breve II: Alergia Al vino 

A la Irene no le gusta el vino. En realidad, no le gusta casi ningún tipo de bebidas alcohólicas. El que mi pareja no disfrute del beber es un pequeño problema para mí, porque a mí sí me gusta, y eso de beber solo no es tan divertido.

Hace aproximadamente un año organicé una degustación de vinos para una cadena de restaurantes / bares de Barcelona. Al evento asistieron algunas amistades incluyendo Andrea, una de nuestras amigas en común.

Andrea sí es alérgica al vino pero le gusta. Le gusta tanto que se arriesga sin importar cuan roja quede su cara tras algunas copas. En su caso, cada copa de vino es una copa de más.

Mientras yo trabajaba, jugando al relacionista público del bar, Andrea bebía e Irene la veía acompañada de su Coca Cola de siempre. Refresco en mano confesaba lo incómodo que le resulta salir de noche y que nadie entienda que simplemente no le gusta beber.

Histamínicamente colorada Andrea respondía –Es muy fácil, di que eres alérgica al vino y problema resuelto, nadie volverá a insistirte en ofrecerte una copa–. Mucho morro viniendo de una alérgica de verdad, pero excelente consejo.

El problema, claro, es que yo sí sé que Irene no sufre de semejantes alergias.

Historia Breve III: Melina Y El Sushi 

Melina es la esposa de Julián. Julián trabaja conmigo y frecuentemente hacemos planes fuera de la oficina con las chicas. Un día, buscábamos un lugar para comer. Lo sometimos a votación y nos decantamos por un Sushi Bar.

Era uno de estos lugares con barra libre en los que te paras con tu plato y lo llenas a rebosar como si fueras un muerto de hambre. Pero como es Sushi y no comida de mercado, te sientes elegantemente muerto de hambre.

Al regresar a la mesa, tras hacer equilibrismo para que no cayeran del plato los sashimis, los makis y las gambas, nos sentamos y nos dimos cuenta que Melina solo tenía algunos trozos de arroz, piezas de pollo y algunas verduras.

Preguntamos con sorpresa – ¿Dónde está tu sushi? –. Melina respondió –No me gusta el sushi.

¿Y por qué no te gusta el sushi? – replicamos.

Porque no me gusta comer pescado – remató la Meli.

¿Qué no le gusta el pescado? ¿Entonces por qué cojones no lo dijo antes de entrar al restaurante? ¿Por qué esperó a que nos sentáramos? ¡¡¡¡Joder!!!!

Al Julián parecía divertirle la situación y nuestro desconcierto. Engullía sus rolls uno tras otro y nosotros le seguimos en el envite. Melina solo comió algunos trozos de pollo y un par de verduras.

Nos sentimos muy culpables y a los meses invitamos a Melina y a Julián a cenar a un restaurante de carnes a la parrilla. Un desquite por todo lo alto y Melina comió hasta estallar.

Hoy, influenciada por Irene, cuando salen a comer o algún evento, Melina dice que es alérgica a todo tipo de pescados. Un poco al estilo de Carrie Bradshaw y el perejil. Nadie la juzga y puede alimentarse como una persona normal.

Mash-up Final: Evitando la comida de la suegra 

Las alergias de mi madre no son una conveniente ficción, aunque estoy seguro que aquellos que no le han visto casi morir por intoxicaciones puedan pensar que es la excusa perfecta para comer siempre lo que le da la gana. Sobre todo para evitar la comida de mi abuela.

En mi caso, era muy fan de la comida de suegra. Me gustaba que me alimentara y a ella le gustaba alimentarme. Luego, mientras los otros hacían el café, compartíamos vicio conversando de política y fumándonos algunos cigarrillos. Qué tiempos aquellos. Le echo de mucho de menos.

Hoy, mi suegro ha tomado el testigo. Él no fuma pero me adoro su Fabada Asturiana y su Carne Mechada al estilo venezolano. Ya luego me encargo yo de fumar por los dos.

Pero hubo un tiempo que mi estómago no fue tan feliz. Tuve una novia que vivía con su madre y abuela y esta última se encargaba de las cenas. Se preocupaban por mi alimentación, me sentaban a la mesa y me servían buenos platos de comida.

El problema, es que la doña, al igual que mi abuela, no tenía buena mano para la cocina. Y cómo podéis imaginar, mi madre no estaba para ser mi cómplice de tupperwares. Tenía que comer lo que me pusieran, debía ser educado, debía guardar las apariencias.

No sé si eran las hormonas de la post-adolescencia pero nunca se me ocurrió decir que era alérgico a casi todo como mi madre. Tampoco hubiese servido de nada. Seguramente me ofrecieren algún plato sin los ingredientes prohibidos y sería peor: mala comida y sin condimentos que lo disimulasen.

El caso no era de comidas de domingo o reuniones familiares esporádicas. Era una situación casi de diario. No había escapatoria. Cualquier excusa hubiese caído por su propio peso.

Pero en vuestra situación, espero que vuestras parejas no vivan con su madre o abuelas, y que si no os gusta lo que sale de sus paelleras sea solo en momentos excepcionales. De ser así, ya lo sabéis, si eres alérgico, nadie te juzga.

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29 comentarios

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MendezPor
Mendez

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29 COMENTARIOS

  1. X

    No es mala excusa. Ahora me quedo pensando en las veces que me la habrán clavado a mí. Aunque casi siempre he ido con chicas que no tenían la más mínima normalidad gastronómica, ni siquiera en los horarios, algo que me disgusta sobremanera.

    De todas formas, tu amiguita Melina es un poco gili, ya lo podía haber dicho antes.

  2. Marta

    Soy vegana, las cosas que no como no las como porque no quiero. Pero es mas fácil decir que eres alérgico a la lactosa, entonces te ponen la salsa de las bravas a parte. Lo mejor es que suelen ser mis amigos los que hacen esa observación, les divierte mucho poder decir: – Es que mi amiga es alérgica.

    Mi novio, al que no le gusta el jamón, ni el queso, ni el tomate ni los embutidos lo tiene mucho peor, pero es incapaz de mentir y la mayor parte de las veces acaba sin comer… ^^

    1. Marta Martínez

      Mi novio tiene la suerte de que mi madre me llama antes y me pregunta si el menú está bien, y sino tiene ganas de cocinar vamos a cenar fuera a algún sitio donde todos podamos comer. El problema es con los amigos, que se les olvida… Yo directamente no voy a comer a casa de mi suegra porque no sabe que hacerme y, sinceramente, no me voy a comer lo que me ponga delante porque sí. Si tengo que ir por Navidades/cumples, me llevo la comida de casa y todos contentos.

  3. Cantabruca_27

    Pues yo tengo una cena en un wok de estos chinos el sábado, y ya me gustaría a mí zafarme pero NO SOY ALÉRGICA A NADA, y de hecho me encanta el cerdo agridulce, el problema es que enseguida me lleno a la mínima que como, y pago el menú entero cuando acabo comiendo un plato y el postre.
    Con respecto al vino, nunca me gustaron las bebidas alcohólicas hasta los veinticuatro años que empecé a frecuentar otras amistades, hasta entonces una vida sana total: ni alcohol ni tabaco ni grasas excesivas.
    Pero mis nuevos amigos se bebían hasta el agua de los ceniceros, y uno de ellos que se convirtió en mi pareja no dejaba de incitarme a beber. Tenían por costumbre empezar la noche en un bar “de calimochos” (fijate, yo pensaba que eso era cosa de adolescentes sin trabajo y sin un euro, cosa que ninguno de nosotros éramos, habia dos mayores que yo) y cual fue mi sorpresa cuando vi que allí había de todo menos adolescentes… pues poco a poco, más que nada por no aburrirme con sus partidas de dados y de lo poco que me duraban los refrescos, me fui habituando a beber, pero es a día de hoy que me ponen un calimocho delante y me siguen dando aracadas, suelo tirar de la excusa de que “tomo medicamentos”, excusa que dura hasta que me puedo tomar una buena copa de ron con coca cola. ¿Ventaja? Ya no les extraña nada de mí.

    1. Cantabruca_27

      Yo te creo. Hay que saber prepararlo muy bien y si se le echan unas gotitas de licor de mora está riquísimo (en mi caso diré “estaba” porque ya no lo tomo desde aquel fatídico domingo que me tuve que tirar sentada en “el trono” con diarrea)
      Hay gente que es más de cerveza, que a mi tampoco me gusta porque me hincha y me sube que no veais…
      Lo ideal para mi, si acaso es una (o dos) copas de vino acompañando una cena y si acaso otras dos en la sobremesa, de un buen vino, mi favorito es el Faustino V, baratito y sabe a gloria, pero es raro que lo tengan en discotecas/pubs y demás. Para carnes me encanta el Mateus Rose (si, sé que es mejor acompañando pescado pero NO ME GUSTA jeje)
      Soy “de pico fino”, intentar colarme a mí garrafón es tarea inútil. Al menos por algo doy las gracias a esos amigos que me “alcoholizaron” en cierto modo jeje.

  4. Espoir

    A veces somos también poco educados. Yo lo único que no tolero, con aquello que no puedo (las aceitunas) siempre he dicho, efectivamente, que soy alérgica y punto pelota. Pero hay otras cosas que no me gustan pero que si me las ponen en una mesa ajena me las como y punto. Es ritual social. Imagínate a ti mismo con el delantal después de una mañana ante los fogones y encontrar una cara de asco en la mesa.

  5. Ronronia Adramelek

    A ver si nos quejamos menos de la comida de las madres y suegras y las invitamos nosotros más veces a comer, que mira que somos gorrones y encima poniendo pegas.

    Y las madres y suegras, un poco más de sangre y de cojonera, por diossss, no os dejéis abusar tanto y que os cuiden más a vosotras, ya está bien de currar para todo el mundo y que encima no os lo agradezca nadie.

    Al final crearé el FLMP, Frente de Liberación de Madres y Suegras. Pobronas.

    Y tú a cocinarle cosas ricas a tu suegra ¡ya!

    :-P

    1. Anonymous

      Pero luego no puedes controlar cuando finalizar la visita.

      Si vas a su casa en cuanto estás hasta ahí de ellas dices que estás cansada o que tienes mucho que planchar y te vas, de la otra manera te aguantas hasta que se quieran ir ellos y además, les das la excusa perfecta para que cotilleen y te reorganicen los armarios y un nuevo repertorio de críticas hacia tu forma de cocinar, tu casa y todo lo que puedan marujear.

      Buf, buf, es peor el remedio que la enfermedad

  6. Anonymous

    Ya, lo de invitar a la suegra a casa esta muy bien, pero…..y si lo que ocurre es que no te apetece comer con ella? A simplemente quieres estar con tu pareja en casa, tranquilos, después de trabajar toda la semana?
    Yo no pongo excusas, no voy simplemente y cuando preguntan, el responde que no tenis ganad. Punto y pelota.

  7. Anonymous

    Buenísimo el tema del post!! Yo tenía una amiga a la que no le gustaba el pescado ni la lechuga, y siempre que la invitaba a comer a casa teníamos en cuenta que no hubiera nada de eso en el menú, hasta que nos cansamos de hacerle el gusto e intentamos que empezara a comer de todo, pero no hubo manera! Nosotros ya la conocíamos y la queríamos así, pero cuando íbamos a comer por ahí y ella soltaba su famoso “sin lechuga por favor”, veías la cara de cabreo del camarero, y yo siempre añadía “es que es alérgica”, ella se enfadaba conmigo porque decía que no respetaba sus gustos, pero yo sólo quería evitarle el posible escupitín en su plato!! jejeje
    Siempre le dije que cuando tuviera novio, dijera que era alérgica porque una suegra ve muy mal eso de que le rechacen la comida…creo nunca lo dijo y que siempre fue fiel a sus gustos.

  8. ysugamo

    ¡Jajajajajaja!
    Confieso que utilizo esta estrategia… por eso me ha hecho tantísima gracia el post, no sabía que era tan común…

    De todos modos ya estoy superando casi todas mis “alergias alimenticias” jejeje

    No se lo cuentes a nadie…

    Un beso,
    Nerea

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