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Entrevistas

Pere Estupinyà responde…

¿Te imaginas un estudio explicando que fumando marihuana los orgasmos se sienten más intensos y placenteros? Eso nunca nadie lo financiará...

Bueno, bueno, bueno…

Hace un par de semanas os hemos presentado a Pere Estupinyà, divulgador científico, autor del libro S=EX2, la ciencia del sexo (Debate, 2013), entre otros. Si lo habéis perdido, podéis leer sobre Pere aquí: Interrogatorio: Pere Estupinyà, el experto en sexo.

Hemos recibido vuestras preguntas y hemos elegido 10 de ellas. Pere, desde Colombia esta vez, nos las respondió de camino a la presentación de su libro. Ahí van:




Pregunta 1: Me gustan las conversaciones sobre sexo. Creo que son divertidas, sanas y sobre todo didácticas. Todavía encuentro reticencias entre algunas (pocas) de mis amigas para hablar de sexo, pero no me quejo. 

Lo que me sorprende es que me cuesta mucho hablar de sexo con mis amigos varones. Se incomodan e intentan cambiar de tema. Cuando le pregunto a mi novio si habla de sexo con sus amigos me dice que no muy a menudo y nunca tan al detalle como nosotras.

Aquí es donde se me desmontan los mitos. Creía que los chicos eran menos pudorosos en hablar de sexo y que eran las mujeres las que lo consideraban un tema tabú. ¿Quizás sólo son tímidos al hablar de sexo con mujeres? ¿Mi ejemplo es un caso aislado?

Pere Estupinyà: Siempre que aparecen comparaciones mujeres vs hombres respondo que hay más diferencias individuales dentro del grupo de mujeres, e individuales dentro del grupo de hombres, que genéricas entre hombres y mujeres. Pero dicho esto, es muy cierto que los grupos de amigas suelen tener conversaciones más explícitas sobre su sexualidad.

Los chicos explican batallitas, pero normalmente sin profundizar en detalles ni admitir situaciones embarazosas. Y hay una lógica detrás de esto: las mujeres suelen tener más dudas sobre su sexualidad que los hombres. En la respuesta sexual femenina intervienen más factores biopsicosociológicos, haciéndola -y de verdad no es un mito- más compleja. Por eso tiene lógica que ante mayor número y diversidad de incertidumbres haya más conversaciones íntimas sobre sexo. No creo que sea un tema de si chicos o chicas tienen más pudor, sino más dudas.

De hecho para solucionar dudas hemos creado el “Consultorio sexológico S=EX2“. En él podrás realizar preguntas gratuitas o incluso coordinar sesiones anónimas por Skype con un equipo de sexólogos y sexólogas acreditados.




Pregunta 2: ¿Cuál es la diferencia entre el conocimiento de la practica sexual (algo que se sabe a posteriori, por haber practicado) y el conocimiento de la teoría de la practica sexual (algo que se sabe a priori, antes de practicar, saber quien practicara por genética digamos)? ¿Conoces algún manual de instrucciones genético? (que pueda asesorar sexualmente a una persona antes “de”).

Pere Estupinyà: El conocimiento práctico es fundamental, porque uno no sabe cómo va a reaccionar su cuerpo ante determinadas situaciones. Además, cada amante es diferente, y el tener un número amplio de parejas da una experiencia que difícilmente se obtendrá en libros.

Ahora bien, yo defiendo que conocer el funcionamiento de nuestro cuerpo o leer sobre otras subculturas y expresiones sexuales es muy útil para ampliar tus posibilidades sexuales. Yo creía que el multiorgasmo masculino era un mito hasta que un neurofisiólogo me explicó que eyaculación y orgasmo son fenómenos separados que responden a activación de músculos y nervios respectivamente. Es entonces cuando te resulta más fácil tener control sobre tu cuerpo. Pero claro, por mucho que te describa cómo es un orgasmo “más corporal” sin eyaculación, hasta que no lo sientas por ti mismo no vas a conocerlo.

Yo creo que leyendo sobre estudios analizando la diversidad de la sexualidad humana se forma una base muy sólida sobre la que experimentar.

En otro orden de cosas, en los congresos sobre sexología que he participado he visto científicos investigando el sadomasoquismo sin haberlo practicado nunca. ¿Y sabes qué? Científicamente es mejor; porque es más objetivo. Unos sociólogos que conocí estudiando el poliamor eran ellos mismos poliamóricos, y su trabajo no era neutro en absoluto. Su visión particular del tema distorsionaba los resultados de su investigación. Y eso es acientífico. Por ejemplo: entrevisté a un antropólogo que estadísticamente vio que el poliamor termina siendo un desastre, que en realidad no funcionaba. Pero los sociólogos poliamóricos eso no lo querían aceptar. Para adquirir un conocimiento sólido y neutro a veces es mejor guardar cierta distancia con la experiencia personal.




Pregunta 3: Estudios que relacionan la infidelidad masculina con una variación genética, que cuantifican que los orgasmos femeninos son menos intensos y frecuentes en one-night-stands que en parejas consolidadas… No es por desconfiar, pero lo que se publica sobre este tema, al menos en los medios generalistas, parece responder a una visión preconcebida de cómo son (o deben) ser las cosas. ¿Está la investigación sobre el comportamiento sexual contaminada moralmente desde la base? ¿Son los medios los que añaden juicios de valor a tal información mediante titulares tendenciosos?

Pere Estupinyà: La información sobre estudios que aparece en los medios generalistas suele se malísima, porque siempre se trata como algo tontín para generar titulares llamativos. No suele tomarse muy en serio. Una excepción son las noticias sobre salud sexual que publican en El Mundo, que desde hace años se ha tomado la sexualidad como parte de la salud. Luego están todos las y los bloggers sobre sexo, que efectivamente cuando citan estudios sólo es para fortalecer sus propias ideas determinadas.

Yo en el libro hice un esfuerzo muy grande para mantener la neutralidad. Por ejemplo, afronté el tema de las terapias reparativas sobre homosexualidad pensando que explicaría lo que los estudios demostraran: si resulta que son eficientes, diría que sí, que si alguien no se siente cómodo con su orientación sexual puede cambiarla (al final vi que lo contrario; una vez consolidada es sólida e intentar cambiarla genera mucho daño y estrés psicológico).

Tú citas un tema de variaciones genéticas asociadas a la infidelidad masculina. Es un buen ejemplo. Efectivamente hay variaciones genéticas que condicionan a un tipo de personalidad más extrovertida o “novelty seeking” (buscador de novedades). No hay un gen de la infidelidad, pero sí un gen asociado al metabolismo de la vasopresina que condiciona a personalidad más inestable con búsqueda de cambios constantes que, entre otras cosas, te hace más predispuesto a la infidelidad. Yo lo explico en el libro, pero dejo claro que eso no implica ninguna valoración moral sobre si debemos ser más o menos flexibles con la infidelidad.

De verdad, ha habido estudios muy llamativos y publicados en revistas científicas, como más frecuencia de orgasmos vaginales según la forma de los labios, que he descartado por malos metodológicamente a pesar de lo llamativos que eran. De hecho explico cómo le pregunté al editor del Journal of Sexual Medicine (Irwin Goldstein) por qué aceptaban a veces estudios tan poco sólidos, se encogió de hombros, y dijo que “los reviewers los aceptaban”. Falta mucha seriedad y filtro todavía en la propia investigación científica sobre la sexualidad.

¡Ah! Y recuerdo perfectamente un trabajo español relacionando drogas y sexo que era absolutamente distorsionado hacia los efectos negativos. Discutí con el autor, y claramente tenía una agenda. ¿Te imaginas un estudio explicando que fumando marihuana los orgasmos se sienten más intensos y placenteros? Eso nunca nadie lo financiará…




Pregunta 4: Según tu experiencia, ¿cuáles son las fantasías femeninas más habituales? ¿Crees que las mujeres las cuentan y las aceptan con facilidad?

Pere Estupinyà: Esta pregunta es más fácil porque sí se han hecho muchas encuestas sólidas sobre el tema (pag 357-365 de S=EX2). En “lo más habitual” no hay sorpresas: tener relaciones con alguien que no sea tu pareja, hacerlo en un lugar que no sea el dormitorio, recibir besos apasionados, tener sexo muy apasionado…

Las cosas curiosas que se observan es que: los hombres tienen más número de fantasías pero las mujeres más diversas, que en el momento de ovulación son diferentes que fuera de ella (más relacionadas con el coito en la ovulación), que muchas chicas tienen fantasías de ser forzadas contra su voluntad, que bastantes chicos tenían fantasías de sexo con vírgenes pero casi ninguna chica las tenía, que las mujeres tienen más fantasías homosexuales que los hombres, que los hombres tienen muchas más fantasías durante la masturbación que durante el coito, que alrededor del 25% de mujeres se siente molesta por tener algunas fantasías que no querría… e importante: que si intentas reprimirlas pueden salir reforzadas y convertirse en obsesiones. Es un asunto interesantísimo, y de hecho en Granada (Nieves Moyano-Juan Carlos Sierra) y Almería (Laura Sánchez) hay grupos investigándolas.




Pregunta 5: Sin ser una especialista en el tema, diría que hay comportamientos estereotipados que se reproducen a lo largo y ancho del globo en cuanto a lo que las relaciones sentimentales se refiere: el “hacerse de rogar”, es decir mantener la pareja unida mediante el mecanismo de frustración, el culto a la virginidad y a la hombría, el ideal de mujer sometida… Aunque también haya culturas que se comporten exactamente de la forma contraria. A grandes rasgos, ¿qué hay de nature y qué de nurture cuando dos personas se atraen?

Pere Estupinyà: Yo creo que hay más de cultura que de biología. Obvio hay unos condicionantes de belleza relacionados con la salud y éxito reproductivo, pero por lo que he estado analizando (Capítulo 9), la atracción y “compenetración” entre dos personas está totalmente moldeada por el entorno sociocultural en que nos encontremos, las experiencias pasadas que hayamos vivido, y las expectativas de futuro que tengamos. El fetichismo es el ejemplo más claro de atracción aprendida y reforzada por experiencias.




Pregunta 6: ¿Existe una “sexualidad sana”…? ¿Dónde están los límites para diferenciar el sexo que nace como consecuencia de carencias afectivas, o por enfermedades mentales; del sexo común o corriente? ¿El límite lo marca la legalidad, la ética…? ¿Se debe acudir a terapia, o debemos/podemos practicar el sexo que se desee?

Pere Estupinyà: Algunos límites los marca la legalidad y ética. Por ejemplo, hay sociólogos argumentando que sentir atracción por adolescentes no se debería considerar una parafilia, pues desde la perspectiva de la naturaleza es bien lógica. Obvio está que la pedofilia es un límite infranqueable por las dolorosas consecuencias que genera. En un caso así, sí se debe ir a terapia y de ninguna manera puedes practicar el sexo que desees.

Y lo mismo pasa con los exhibicionistas. Por mucho que les apetezca, no pueden ir por ahí mostrando sus partes y ofendiendo a la gente.

En otras circunstancias, lo que marca el límite es la pérdida de control. Ser hypersexual no es un problema siempre que puedas controlarlo. En el momento que se convierte en una obsesión con consecuencias negativas en ámbitos laborales o familiares, y el sujeto quiere evitarlo pero no puede, aquí llegan los problemas. Luego están las parafilias. En capítulo del libro lo titulo “Parafilias, cuando los artículos científicos superan la ficción” (pad 375) porque los estudios de caso que he encontrado en la literatura científica son realmente mucho más aberrantes de lo que imaginaba. Y no es nuevo. A finales del siglo XIX Richard Freiherr von Krafft-Ebing publicó su Psychopathia Sexualis describiendo 237 casos de sadismo, exhibicionismo, travestismo, necrofilia, coprofilia y otras desviaciones sexuales narradas con un grado de detalle impresionante. Yo leía ese libro y no me lo podía creer…




Pregunta 7: ¿Cuál piensas que es tabú sexual más común entre los americanos? ¿Y entre los españoles? (dejando aparte incesto y pederastia y eligiendo algo menos obvio).

Pere Estupinyà: Bueno; yo creo que el tabú más grande que existe es el sexo fuera de la pareja. Una encuesta reveló que el 95% de hombres y 80% de mujeres casadas consultadas habían imaginado en los últimos dos meses tener algún tipo de contacto amoroso con alguien que no era su pareja. Yo creo que la monogamia sexual es la constricción más grande que existe en estos momentos sobre la sexualidad.




Pregunta 8: En serio, Pere, ¿te ligan más desde que publicaste el libro? Como dice un amigo mío, para esto de la coyunda la instrucción es tan importante como la voluntad y yo, sinceramente, esta vez en Bilbao te encontré más sexy. ;-)

Pere Estupinyà: Ha Ha… pues mira… sí; para qué negarlo. Tanto ahora como en la fase de escritura de este libro se liga mucho más.




Pregunta 9: Siendo heterosexual, si uno tiene sueños eróticos homosexulaes, ¿significa quizás que hay algo de homosexual en esa persona? ¿O puede ser “morbo”, simplemente?

Pere Estupinyà: Lo de las etiquetas es confuso. Si alguien sueña tener relaciones placenteras con una persona de su mismo género es que efectivamente algún tipo de fascinación existe. Pero esto no lo convierte en gay. Como tú dices, puede ser algo exclusivamente de morbo sexual. Es como las parejas que hacen tríos; esto no les convierte en homosexuales. Si tuviéramos que crear una definición, el homosexual sería el que siente atracción y desea a alguien del mismo género. Hacerlo o no es comportamiento, no orientación.

Dicho esto, la escala Kinsey todavía es un referente básico sobre el tema. Existen personas exclusivamente heterosexuales (“0″ en la escala kinsey), exclusivamente homosexuales (“6″ en la escala), y muchos grados intermedios de unos, doses, o cincos.




Pregunta 10: Pere, ¿Para cuándo el segundo libro y qué “sacrificios” vas a hacer esta vez para escribirlo? ¿De qué serás “conejillo de indias” en la próxima ocasión?

Pere Estupinyà: Decidí escribir el libro sobre Sex & Science a finales del 2010, y no se lo conté a nadie por miedo a que me lo pisaran. ¿Cómo podía ser que ningún escritor hispanohablante hubiera publicado un libro así? ¡¡¡Era un temazo!!! Recuerdo cenar en NY con Eduard Punset, explicarle de qué iba el libro, mirarme fijamente, y decir: “claro…”. Si un libro de ciencia y sexo lo hubiera publicado Punset en lugar del estupinyá este, hubiera sido de los bestsellers de la década. Así que si tuviera otro libro bien original en mente tampoco lo explicaría hasta que estuviera muuuuy avanzado.




Pues nada, liberamos a Pere, ¿no?

 

Muchas gracias a todos por vuestras preguntas y a Pere por tomarse tiempo en responderlas.

Y ahora decidme: ¿Qué os ha parecido? ¿Alguna respuesta que más os ha sorprendido? Pere leerá vuestro comentarios. Y nosotros estamos ansiosos de saber: ¿os ha gustado?

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5 COMENTARIOS

  1. EspoirEspoir

    Respecto la respuesta a la pregunta 6: la atracción sexual hacia adolescentes puede tener una explicación biológica que me resulta obvia -hasta a mí me parece sexualmente refrescante un cuerpo joven y feliz y sanísimo-, pero hacia prepúberes? Mi opinión es que sentirte sexualmente fascinado por niños no es en sí ni bueno ni malo, lo malo es materializar tales fantasías, pero me pregunto si en caso de tenerlas es posible reprimirlas, y si tan represión no será causa de un daño mayor. ¿Un pedófilo es un enfermo mental?

  2. monsieur le sixmonsieur le six

    Yo creo que la monogamia sexual es la constricción más grande que existe en estos momentos sobre la sexualidad.

    ¿Lo veeeis? Ya os lo decía yo :P

    Creo que la gente es aún demasiado “cortada”. Que haya mujeres que al preguntarles cuáles son sus fantasías respondan “recibir besos apasionados” o “tener sexo muy apasionado” … venga, no me jodas.

    1. EspoirEspoir

      Monsieur, abusas del sesgo de confirmación :) Bah, tienes razón.

      Por otro lado, lo de las fantasías también me ha dejado picueta. Quiero pensar que las dos a las que aludes han sido citadas por mujeres que viven en entornos extremos como por ejemplo familias talibanes o mormonas. Si son de Barcelona, la Seguridad Social debería recetarles algo de urgencia. Un viaje a Italia, o algo.

  3. Avatar de Pere EstupinyàPere Estupinyà

    Monsieur i Espoir,
    respecto a las fantasías, sois libres de anteponer vuestra percepción subjetiva y parcial de la realidad ante los datos objetivos acumulador por investigadores.
    el buen científico es aquel que cuando ve un resultado que no le encaja con lo que él cree, en lugar de poner en duda los datos, pone en duda sus creencias.
    saludos!

  4. monsieur le sixmonsieur le six

    Hombre, Pere, con todos los respetos, creo que no has entendido nada de nuestros comentarios.

    En ningún momento dudamos del trabajo de los investigadores. Por supuesto que los datos publicados serán los que ellos hayan recogido “objetivamente”. Incluso puedo llegar a creerme (aunque esto ya no tanto) que las respuestas de esas personas hayan sido aceptablemente sinceras (vamos a decirlo así). Pero me resulta muy penoso que a una mujer le pregunten cuál es su fantasía y diga cosas como “recibir besos apasionados”. En pleno siglo XXI.

    ¿Es un juicio subjetivo mío? Por supuesto. ¿Y? Mis creencias no están en contradicción con los datos, simplemente los iluminan con otra luz.

    Saludos.

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