ojala fuese solo eso
Relaciones

Ojalá fuese sólo eso

Le dije que lo amaba, pero que no podía estar a su lado. Que no lo aguantaba más y que prefería sufrir por no tenerlo, que sufrir a su lado.

“Mañana me caso. Pero antes necesito decírtelo: siento mucho haberte querido tanto y no haberte querido mejor”, dice el mensaje. Dejo de respirar por un momento. No tengo el número guardado. Pero sé de quién es. No puede ser de nadie más. Me hago un café, me siento en el sofá y cierro los ojos. Unos minutos más tarde llega el siguiente mensaje…

El día que lo conocí, supe que hasta entonces no había estado enamorada jamás. No era tan alto, como creía que me gustaban. No tenía ojos marrones, como creía que me encantaban. No tenía una sonrisa bonita, como deseaba que tuviese. No tenía aire bohemio, ni misterioso, ni una mirada que paralizaba a cualquiera. No. No tenía nada de eso. Era un hombre en el que jamás me habría fijado por la calle. Pero me fijé. Por la calle.

Me fijé tanto que, sin siquiera dame cuenta de ello, me senté en el mismo banco que él, que tenía una cara que no decía absolutamente nada. En el mismo banco en el, que él repasaba un periódico igual de arrugado que su cara. Su imperfecta y su inexpresiva cara.

“¿Cómo has podido arrugar tanto el periódico?”, le pregunté, mientras miraba su mejilla y me sorprendía por las ganas que tenía de besarla. Una mejilla que estaba mal afeitada. Una mejilla que, probablemente, me habría picado en los labios. Levantó la mirada, me sonrió y respondió: “Me llamo Daniel”. Y me besó en la mejilla. Una sola vez. Desde aquel día lo amé.

Había días en los que me despertaba y me sentía la mujer más afortunada del mundo. Pero casi siempre vivía con el miedo de que aquello terminase. Me obligaba a disfrutarlo, pero a veces, por las noches, me levantaba y me iba al comedor, encendía la música y lloraba. No tenía muy claro si lloraba de felicidad o de tristeza por saber que aquella felicidad era efímera.

Me pasaba cuando me miraba con admiración, cuando me abrazaba y decía “Me parece tan increíble tenerte”, cuando me dejaba una cesta con los croissants y un café en mi puerta, cuando me daba sorpresas, cuando me presentaba a sus amigos como “la mujer de su vida” y yo le respondía con que era “el hombre de mi muerte”, y cuando entonces se reía y me llamaba “gilipollas acabada”, me pinzaba la nariz con la mano y me guiñaba el ojo. Todas aquellas veces, yo me quedada sin aliento y me sentía feliz y desgraciada a la vez. Feliz por tenerlo. Desgraciada, por saber que algún día iba a perderle.

Deseaba con todo mi corazón dejar de amar tanto y pasar a la otra etapa, a aquella en la que todo ya parece estar más o menos asegurado, en la que no hay pasiones agotadoras, ni besos hasta sangrar. En la que ya no se folla hasta no poder más, ni hay horas interminables entre vernos y vernos. En la que todo está mas o menos controlado. Aquella etapa de la que se quejan tanto las parejas. Ansiaba vivirla.

Había días en los que nos sentábamos con una botella de vino y nos explicábamos los secretos más íntimos. Aquellos que nadie conocía. Ni siquiera nosotros mismos. Yo temblaba. Saber que estaba contando algo que, a la larga, podría hacerme daño, me emocionaba. Decía alguien que la confianza es el arma que entregas a alguien aún sabiendo que con ella podrían matarte. Así me sentía yo. Pero las entregaba. Una detrás de la otra.

Pero poco a poco las cosas empezaron deformarse. No sé muy bien en qué momento empecé a pasar de un estado al otro varias veces al día. Aquello se convirtió en un amor extraño. Mis amigas lo llamaban “tóxico”, las muy hijas de puta.

Yo sabía que no era perjudicial. Sabía que, en el fondo, todas aquellas cosas que me decía era por el exceso de confianza y para mi propio bien. Tenía razón: yo engordaba. Tenía razón: yo, quizás, no servía para escribir. Tenía razón: yo lo que tenía que hacer era buscar un trabajo como Dios manda, en vez de soñar con vivir de algo que me llenaba. “No existen trabajos que llenan”, me decía, mientras me acariciaba el pelo, “hay muchas personas que quieren hacer lo que quieres hacer tú, pero mueren agotadas sin conseguirlo.”

Tenía razón. Yo no quería ser una de ellas.

A veces me agobiaba. Qué tonta. Me iba a mi casa y no le llamaba durante días. Después, una vez me encontraba en mi entorno de soltera- el entorno de antes de conocerlo- lo echaba de menos. Y le enviaba mensajes. Él me llamaba y me decía: “¿Por qué me tratas así?” Me sentía idiota. “Eres una persona difícil”, añadía. Yo siempre le decepcionaba.

Y volvía. Para pedirle perdón.

Discutíamos mucho. Era inevitable. Era normal, porque todas las parejas discuten. En eso consiste el proceso de conocerse: discutir, solucionar, discutir, solucionar. Las parejas que sólo se lo pasaban bien, me parecían superficiales. ¿Qué cojones se creen que son? ¿Protagonistas de series americanas? La vida es esto: bofetada y morreo. Morreo y bofetada.

Yo no tenía muy claro si me hacía feliz. Pero sabía una cosa a ciencia cierta: sin él mi vida jamás volvería a ser la misma. Él fue el que entendió mis miedos y sabía palpar cada una de mis inseguridades. Él que me cuidaba. Él que me escuchaba. Él que me ayudaba a escoger la mejor opción. Él que sabía el daño de mis relaciones anteriores y el que sufrió en su pasado, quizás hasta más que yo.

Yo sabía todo lo que le habían hecho sus anteriores parejas, lo poco que le apreciaban. Entendía que, a veces, su desconfianza hacia mí era eso: un tiempo de prueba. Y estaba segura de que sería capaz de superarlo.

Aquel día le enseñé el texto que escribí sobre lo que sentía cuando me intimidaban. Lo leyó. “Además de cuatro faltas ortográficas, es completamente nulo. No entiendo por qué lo sigues intentando. No es lo que mejor haces”, me dijo guiñándome un ojo y llevándome a la cama con esa cara que antes me hacía que me temblasen las rodillas. La misma que, en aquel instante, me provocó ganas de golpearle.

Pero no lo hice. Siempre fui muy pacífica.

Y lo seguí hacia la cama.

Pero, a la mañana siguiente, me fui a mi casa. Y volví a no decirle nada más en cinco días. Me sentía a salvo en mi entorno de antes de conocerlo. Y no lo eché de menos. Sin embargo noté que lo deseaba con la misma intensidad con la que lo odiaba por no creer en mí y por tener esa fuerza de convencerme en que era lo mejor para mí.

Volví.

Volví con una decisión que se aflojaba cada vez que me acercaba a la puerta de su casa. Entré. Lo miré. Aguanté las ganas de besar su mejilla sin afeitar. Soporté la mirada que me invitaba a ir a la cama. No reaccioné cuando puso su mano en mi pierna y siguió hacia arriba. No hice caso a la copa de vino que puso delante de mi cara.

Le dije que lo amaba, pero que no podía estar a su lado. Que no lo aguantaba más y que prefería sufrir por no tenerlo antes que sufrir a su lado. Y me fui, luchando contra las ganas de pedirle perdón sin saber bien por qué.

Me fui y pasé tres semanas escribiendo sin parar.

Yo escribía de noche y mis ojos lloraban de día. Sin que me diese cuenta. Apenas dormía y, las veces que conseguía hacerlo, soñaba con cómo me tocaba.

Pasaron muchos meses hasta que pude conseguir darme cuenta de que Daniel no era el único hombre al que podría desear. Pasaron años hasta que supe que aquello no era una historia de amor. Fue un “algo” a lo que muchos llamaban con palabras feas. Yo seguía prefiriendo pensar que “no éramos compatibles”.

… Abro el segundo mensaje:  “No supe tratarte como un hombre. Nunca creí que sentías lo mismo que yo. Temía que un día te irías y no volverías jamás.”

Acabo mi café, aprieto los puños, sonrío y recibo su último mensaje: “Inseguridad, supongo”.

Ojalá fuese sólo eso.

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18 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“La vida es esto: bofetada y morreo. Morreo y bofetada.”

18 COMENTARIOS

  1. Infinito SiempreInfinito Siempre

    Sí vales para escribir Alena. Cada pelo de mi cuerpo se ha erizado y cada ojo ha soltado lágrimas.

    Quizá sea porque me he identificado con una etapa de mi vida, quizá sea porque cuentas tu vida cómo una historia y al menos, para mí, escribir es poder contar algo al mundo. Y aquí se cuentan bellas historias, historias muy jodidas, historias reales.

    Así que SI. Vales. Y merece la pena leerte.

  2. Avatar de ElsaElsa

    Solo decirte que llevo tiempo leyendo el blog y nunca me he suscrito para leerlo todo y hoy , solo con el principio de tu relato me he enganchado y necesitaba terminar de leerlo. Me ha encantado y obviamente si que sabes escribir ( cosa que yo no )

  3. La GraduadaLa Graduada

    Esta historia debería continuar… Yo tengo muchas preguntas. Por ejemplo, ¿se casaba y justo el día de antes pensó en ti? ¿se casó finalmente? ¿Cómo acaba la tarde, contigo en el sofá, café en mano, en una especie de ensoñación repasando una y otra vez los retazos de tu vida pasada? ¿O te pusiste a escribir como remedio? o bien ¿qué habría sido de tu vida de haber seguido su consejo y haberte buscado un trabajo común? (terrorífico pensarlo, ¿verdad?)

    Si esta historia tiene moraleja sería… ¿no enamorarse de los chicos “normales” o sin afeitar? :)

    1. Alena KHAlena KH Autor

      Yo creo que el momento en el que decidió enviar el mensaje es lo de menos. Cómo acaba la tarde da igual. “Que habría pasado si…” nunca se sabe.

      La moraleja, en realidad, ya nos la canta Sting: “If you love somebody, set them free”. Una persona que te quiere de verdad, nunca hará lo posible para que tú abandones tus sueños. Porque sabe la importancia de éstos para ti. Acaso, te hará ser más realista y te ayudará a buscar una opción. Pero no te va a desmotivar jamás.

  4. JulsJuls

    Me ha encantado todo pero esta frase me queda guardada para siempre. “Pasaron años hasta que supe que aquello no era una historia de amor. Fue un “algo” a lo que muchos llamaban con palabras feas.” Ahora me siento menos rara por haber tenido sólo un montón de “algos” en mi vida.

  5. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Tiene tela. ¿Quién no ha vivido una relación tóxica y la ha mantenido demasiado tiempo? Cuando se acaban piensas que el otro nunca te quiso, pero no tiene por qué ser necesariamente así.

    Mi primer ex no era tóxico en el sentido que tú cuentas pero sí en el de dejarme siempre en el último lugar de su lista de prioridades. Cortamos y no paraba de llamarme. Los amigos me dijeron que pasó un año deprimido y autodestructivo. Cuando se casó unos años más tarde me envió un SMS parecido pero si cabe más espectacular porque me daba la oportunidad de parar su boda. Me quería pero ¿quién habría podido adivinarlo viendo cómo se comportaba conmigo?

    El problema es que dos personas pueden decir “te quiero” y no significar lo mismo. A lo mejor un alienígena de alfa centauro viene y te dice “te quiero” pero ¿qué demonios significará eso para él? A saber, igual algo más parecido a lo que tú entiendes que cuando te lo dice un tipo del pueblo de al lado.

    Las palabras están bien pero lo que da la medida de una persona son sus actos y un buen amor debe hacerte más fuerte, no debilitarte.

    1. EspoirEspoir

      Osti tu! Como el Sarkozy con la Cecilia! Si tu reviens j’annule tout! Muy bonito para las románticas al uso, pero a mí me envían algo así y pongo millas de por medio. Menudos chalados que nos hemos llevado a casa en algunos momentos de nuestras vidas.

  6. MaribelMaribel

    La clave en toda relación,creo yo,es que uno se quiera lo suficiente. Porque todo,absolutamente todo,viene y se va.
    Prioridad?Uno mismo.
    El amor,muchas veces nos ciega y no nos deja ver lo que realmente es correcto. Debe ser reciproco.
    Lo mio no es asi,soy consciente y lo sabes Alena…pero supongo que cada uno debe darse cuenta por si mismo.Porque cuando se quiere,se quiere y no hay mas!! (Corrijo,mas que darse cuenta,es tener el valor suficiente para decidir cuando empezar una nueva etapa)
    Me encanta este post,lo entiendo y lo vivo….Gracias!!!

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