o perdonas o no perdonas
Relaciones

O perdonas, o no perdonas. Pero nunca puedes perdonar a medias

Cuando nos hieren y nos destrozan la vida, frecuentemente, y porque sentimos mucho Amor y ganas (algunos miedo), nos aferramos a la idea de continuar nuestra vida junto a aquello que nos ha jodido.

Hay cosas en la vida que son absolutos, es decir, que o son blanco o son negro, sin medias tintas. El perdón es una de esas cosas.

Hace algo así como 40 años atrás, uno de mis tíos confesó a su esposa, embarazada de pocos meses, una verdad que era difícil de ocultar. Tenía una amante y ésta también acabada de quedar embarazada.

A mi tía el mundo se le vino abajo. No conozco los detalles pero logro imaginar las lágrimas, los gritos, la impotencia, y un dolor convertido en horror.

Mi tío la lió muy parda y no merecía perdón.

Al tiempo, ella se acercó a él y le dijo “Haremos esto: seguiremos juntos y superaremos esta mierda juntos. Será difícil y no sé cuánto tardemos. Te prometo que no será fácil. Tienes que dejarla a ella, pero tendrán el niño. Te responsabilizarás de él y aunque él viva con ella, yo le trataré como su segunda madre y tendrá el mismo cariño que al hijo que tú y yo vamos a tener”.

Lo sé, es mucha información para procesar, incluso si lo estamos leyendo en un post 40 años después.

Lo que mi tía hizo fueron dos cosas:

1. Saber perdonar y apostar por el Amor y el futuro.

2. Demostrar que es una gran MUJER (en mayúsculas) y la mejor persona que mi tío podría conocer.

Lucky guy, don’t you think? Y no lo digo por haber podido salir de semejante marrón, sino por la súper mujer que encontró para su vida.

Esta es una de las historias y salmos que mis padres suelen contar para predicar las teorías que tienen sobre el Amor y sobre cómo convivir con los demás.

En casa (la de mis padres y en la que crecí) la reflexión sobre las relaciones siempre ha sido un tema sobre la mesa. Mis padres, fieles creyentes en su propio éxito, además de instruir con el ejemplo, lo hacen con palabras y consejos.

Aunque en materia de relaciones la ciencia es difícilmente aplicable. Con estas fábulas fui adoctrinado y la moraleja de ésta en particular me resulta impoluta y exacta.

Es el caso del Perdón. Mis padres enunciaban el tema de manera simple “o perdonas o no perdonas, pero nunca puedes perdonar a medias”.  

Las reflexión tras la frase es profunda. Cuando te hacen daño tienes la oportunidad de perdonar o de no hacerlo. Y es una decisión dura y difícil.

Decidir perdonar nada tiene que ver con la cuantía del daño recibido. Tampoco tienen que ver con el tamaño y pureza del Amor que exista. Aunque, obviamente, ambas cosas son variables que afectan en la ecuación.

Creo que el perdonar está más relacionado con la Fe que se tenga en un mejor mañana.  Tiene que ver con la fortaleza para trabajar en los problemas y conseguir soluciones. Obviamente, es una cuestión de confianza. De recobrar la seguridad perdida. De confiar en que se puede confiar de nuevo. Y para ello, los pactos sociales suelen ser necesarios.

Y quiero apuntar que perdonar NO es olvidar. De hecho, creo que para que un perdón pueda ser sano, es necesario NO olvidar. Porque solo con el dolor como punto de referencia será posible entender y apreciar tiempos mejores. Más aún, es una buena forma de evitar dañar o ser dañado de nuevo.

La otra opción es NO perdonar. Simplemente no dar nuevas oportunidades y  a otra cosa mariposa. Es decir, en el caso de una relación de pareja, no perdonas y cortas la convivencia. Se hacen las maletas y el herido se la llena de penas y el victimario, en el mejor de los casos, llena de remordimiento y culpabilidad su equipaje. Pero, en definitiva, seguirán caminos separados.

Y la razón es muy sencilla: no existe tal cosa como un medio perdón. 

Cuando nos hieren y nos destrozan la vida, frecuentemente, y porque sentimos mucho Amor y ganas (algunos miedo), nos aferramos a la idea de continuar nuestra vida junto a aquello que nos ha jodido. Lo hacemos sin perdonar y tratando de olvidar. Pero sin perdón, el dolor siempre subyace y aflora de nuevo.

Si perdonamos a medias, llenamos una mitad del vaso, pero la mitad que queda vacía es un espacio para el reproche, la venganza y el resentimiento.

Así, en vez de solucionar, nacen relaciones tóxicas, que nos van comiendo por dentro y esclavizan toda posibilidad de felicidad plena.

Perdonar a medias solo trae más dolor, o al menos lo extiende en el tiempo.

Me atrevo a decir algo más. Aunque rompamos y tomemos caminos diferentes porque la causa del tormento es “imperdonable”, si a la larga no perdonamos, el destrozo quedará allí, como ruinas post apocalípticas de ciudades fantasmas que nunca serán reconstruidas.

Me explicaré un poco mejor. Si nos negamos a perdonar, el dolor se irá atenuando pero estará allí. Siempre allí.

Estoy muy consciente de que hay cosas que ocurren dentro de la imperfección de nuestra humanidad que son, en toda regla, intolerables e imperdonables. Cosas espantosas que destruyen y nunca serán superadas. Es por ello que insisto en el NO olvidar, ya que como humanos somos capaces de cosas horribles que al olvidarlas, o mirar hacia otro lado, tendemos a repetir una y otra vez a lo largo de la historia.

Todo lo que he dicho es aplicable a mucho más que a relaciones de pareja. Todo lo podemos extrapolar al ámbito familiar, a la relación entre padres e hijos (llenas de perdón), entre hermanos, entre amigos, entre naciones, etc., etc., etc..

¿Creéis que es posible perdonar a medias o estáis de acuerdo conmigo? ¿Habéis perdonado de verdad alguna vez? ¿Os habéis enfrentado a situaciones en las cuales os han jodido mucho pero que habéis podido superar gracias al diálogo y al compromiso? 

Anexo:

No puedo dejar este post sin comentar dos cosas que he dejado fuera por respeto al texto y a la seriedad de la temática:

1. Cada vez que mi madre habla de la anécdota de mis tíos, deja muy claro lo siguiente, y le cito:

“Tu tía es una santa, es la mujer más fuerte y con mayor entereza que conozco. Ella es la prueba de que perdonar totalmente es una gran forma de salvar una relación. Pero que tu padre no se equivoque. Yo no soy como mi cuñada. Yo no perdono. Tu papá lo tiene claro. Si se desvía del camino, agarro mis cosas y empiezo una nueva vida. Con mucho dolor, sí. Pero no soy de las que perdonan”.

Gracias a Dios, mi padre no se ha desviado ni un poquito en los más de 50 años que llevan juntos.

2. Como comentaba más arriba, mi tío tuvo dos hijos de la misma edad de dos mujeres distintas y todos vivieron como una gran familia. Por bizarro que parezca, eso no es lo que me da más risa. Hay algo más raro todavía.

Mi tío le puso a sus dos hijos su propio nombre. Sí, ambos se llaman igual, tal como su padre. No sé a vosotros, pero a mí toda la historia me da mucha risa.

Foto: Tim Sackton

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12 comentarios

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“O perdonas o no perdonas, pero nunca puedes perdonar a medias.”

12 COMENTARIOS

  1. pekeleo

    “Creo que el perdonar está más relacionado con la Fe que se tenga en un mejor mañana. Tiene que ver con la fortaleza para trabajar en los problemas y conseguir soluciones. Obviamente, es una cuestión de confianza. De recobrar la seguridad perdida. De confiar en que se puede confiar de nuevo. Y para ello, los pactos sociales suelen ser necesarios.”
    Completamente de acuerdo, si no crees que perdonando vaya a haber un mañana mejor, si siempre vas a creer que te van a volver a hacer daño y en vez de confiar vas a estar espiando por el rabillo del ojo y desconfiando.
    mejor patada en el trasero y como dice una amiga mia: ni soy dios ni tengo alzheimer.
    He dado varias patadas en el trasero y he perdonado unas cuantas veces y casi siempre las que he perdonado me han vuelto a hacer daño. salvo contadas excepciones.

  2. monsieur le sixmonsieur le six

    Y esta es, queridos niños, la razón por la que la Humanidad debería asumir de una vez que el amor es libre y que tener amantes no debería ser un trauma. Porque nuestra sociedad psicópata acaba transformando en un drama algo que no debería serlo, puesto que pocas cosas son tan humanas como amar.

    1. MendezMendez Autor

      Eso es debatible. Hay quienes dirían que lo que nos hace humanos es la inteligencia emocional, entendida en este caso como el control de la emociones para un mejor vivir con los demás. Y vivir con los demás pasa por entender las expectaciones que pueden tener de nosotros y las maneras cómo cumplimos o no con esas expectativas.

      En cualquier caso el post no iba de infidelidades. El ejemplo fue eso, un ejemplo para ilustrar una situación extrema de un engaño. Todo ello para plantearnos las preguntas y reflexiones sobre el Perdón.

      Aun así, te doy mi opinión. Es cierto, Amar es algo muy humano. Pero también es humano la capacidad de decidir a quién o quiénes entregamos ese amor y las formas como lo nutrimos. Y lo que debería ser más humano es poder aprender del daño que hacemos o recibimos para así, hacer “re-ingeniería” del Amor y ser mejores Amantes y no solo mejores folladores.

      1. monsieur le sixmonsieur le six

        Cierto, el post no iba de infidelidades. Pero mira tú qué casualidad que el 90% de las veces que se habla de “perdonar” se sobreentiende que la “falta” es precisamente una infidelidad. No en vano, el ejemplo escogido va de ello.

        Sigue siendo el tabú a superar, con mucha diferencia sobre cualquier otro. Y la sociedad sería mucho mejor si realmente hiciera esa “re-ingeniería” de la que hablas, en lugar de atormentarse con faltas, culpables y perdones.

        1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

          ¿Por qué piensas que buscar la exclusividad es un tabú y no algo que de forma natural nos sale de las mismísimas tripas? ¿Existe alguna sociedad que no conozca los celos? Margaret Mead creyó encontrarla en Papúa Nueva Guinea y luego resultó que las chicas a las que entrevistaba -no se sabe cómo porque no hablaba el dialecto- habían hecho un pacto para tomarle el pelo. Otro antropólogo -ahora no recuerdo el nombre- encontró una tribu isleña que no conocía los celos. Tampoco conocían el alcohol. A la que echaron dos tragos se pusieron a darse de leches por rencillas de jodienda. Resulta que lo que era un tabú allí era la expresión de los celos. No he leído que exista una sociedad así, aunque me encantaría que la hubiera porque me gusta pensar que el ser humano es complejo y variado.

          Genéticamente, si un macho va a invertir esfuerzo en la crianza de un niño, lo inteligente es que exija la mayor certeza posible de que es suyo. En términos de evolución tiene que ser más eficiente exigir la fidelidad de la hembra, así que eso al menos lo tenemos que llevar “programado”. ¿Al revés? Bueno, parece ser que en especies donde el tamaño del macho es mucho mayor que el de la hembra, lo habitual son los harenes. En cambio, en ratios de tamaño macho/hembra como los del ser humano, lo habitual es la monogamia sucesiva o la monogamia “con resbalones”, lo que no significa que, tomados individuo a individuo, no haya unos más resbaladores que otros.

          Aunque en esto como en todo, la “programación” puede que sea importante pero lo es mucho más la decisión consciente de que quieres una vida así o asá. Tú querrías un mundo de amor libre. Yo lo desearía de fidelidad sincera. Quizás ambos podamos conseguir lo que queremos si tenemos el valor de exigirlo honestamente a quien está con nosotros y a no bajarnos de nuestro particular burro. Siempre hay un roto para un descosío pero hay que tener el valor de seguir buscando hasta que lo encuentras y no dejarte comer por el miedo a terminar quedándote solo por perseguir una quimera.

          1. monsieur le sixmonsieur le six

            ¿Por qué piensas que buscar la exclusividad es un tabú y no algo que de forma natural nos sale de las mismísimas tripas?

            Es que ambas cosas son posibles a la vez. Para entenderlo, hay que aclarar antes qué es realmente un tabú. Un tabú no es una costumbre buena que la sociedad cree mala; es una costumbre relativamente natural (entendiendo natural como habitual, instintiva, aunque no necesariamente mayoritaria) que provoca en la sociedad un rechazo violento, sistemático y en buena medida irracional.

            Típico ejemplo es la homosexualidad. Hoy en día pocos defenderían que no haya sido (y sigue siendo en parte) un tabú social; pero eso no quiere decir tampoco que la homosexualidad sea “buena” frente a una heterosexualidad “mala”. Será buena para quien le guste, para el resto no. Lo que la hacía tabú era el rechazo brutal de la sociedad.

            Pues con la no exclusividad del amor pasa igual. Yo no estoy diciendo que sea “lo bueno” frente a una exclusividad “mala”. Pero sí que la sociedad la rechaza de una manera muy fuerte y sin reflexión; y por eso he hecho el comentario en este artículo, porque es hablar de culpas, de perdones, de rupturas, de odios entre parejas que se amaban, y ya está ahí la infidelidad. Pobrecilla, siempre culpable de los líos más gordos. Cuando no tendría por qué ser así.

            Por tanto, la exclusividad puede salirnos “de las tripas”, como dices (igual que lo hace la heterosexualidad) y eso no evita que la no exclusividad sea tabú (como lo es la homosexualidad). Ambas cosas son ciertas a la vez.

            ¿Existe alguna sociedad que no conozca los celos?

            No. Ni tampoco ninguna que no conozca las aventuras extramatrimoniales, los amantes, etc. Lo que nos lleva a pensar que ambas cosas son de lo más natural. Estoy seguro de que hasta Margaret Mead estaría de acuerdo.

            Tú querrías un mundo de amor libre. Yo lo desearía de fidelidad sincera. Quizás ambos podamos conseguir lo que queremos.

            Seguro que sí :) Y desde luego respetaré a quien quiera para sí la exclusividad. Yo sólo pido que la sociedad salga del armario, que se deje de dramas, de culpas y de perdones; y que no se eche las manos a la cabeza cada vez que alguien defiende algo a lo que no está acostumbrada.

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Como yo soy en esto de la infidelidad exactamente el polo opuesto al generoso monsieur, diré que tu tío es un hombre afortunado. De hecho tu tío es un hombre excesiva e injustamente afortunado. Tu tía es una gran mujer, eso también, pero, desde mi punto de vista, una gran mujer desperdiciada en una relación con un hombre que no se la merece. Aunque digo todo esto desconociendo los matices de la historia y sabiendo que son precisamente los matices los que construyen la verdad de una historia.

    Me cuesta pensar en términos de “perdón” porque me parece que el que se arroga la facultad de “perdonar” se coloca moralmente por encima del otro y eso, en general, me cuesta mucho hacerlo (aunque a veces exprese mis opiniones con tanta vehemencia que suenen a superioridad, no es ésa mi manera de sentir). Cuando alguien me hace un daño real no perdono ni dejo de perdonar sino que analizo la situación y trato de entender si en el futuro seré más feliz con esa persona a mi lado o con ella lo más lejos posible de mí. Si decido lo segundo, entonces me aparto definitivamente. Si decido no apartarme, entonces no es que perdone sino que reconozco que esa persona me da más que me quita y lo bueno que me aporta me compensa lo malo que pueda haber hecho (o que pueda hacer en el futuro, si pienso que no cambiará de actitud).

    Acabo de decidir que lo último que quiero que digan en mi entierro es “era una santa” :-P

  4. Alena KHAlena KH

    Cada vez que nos cuentas algo sobre tu familia me doy cuenta que lo de “culebrón venezolano” tiene su qué:)

    Yo también creo que o personas o no. Y si perdonas, el tema no tiene que volver a salir en ninguna discusión. ¿Difícil? Sí. Pero o lo tomas, o lo dejas.

  5. Avatar de Sashimi Blues

    No entiendo qué ha pasado!! Te escribí un comentario desde el móvil y no ha salido!!
    Bueno, lo repito…
    A grandes rasgos: perdonar es poder seguir adelante. Tu tía fue valiente, no porque apostó, sino porque consiguió vivir sin rencor. También podría haberlo perdonado y abandonarlo.
    Conozco de primera mano la amargura de no saber perdonar, de seguir con la vida. Es algo que contamina no sólo a quien lo sufre, sino a su entorno. Perdonar es de buen corazón!

  6. EspoirEspoir

    Tu tía es una libreoensadora que encima se atrevió a plantar cara a algo que hubiera.sido mortal para.muchos, el ridículo social (lo.de los nombres ya es de juzgado de guardia) y a luchar por lo que quería (a su marido? Su estatus? Comodidad? Los motivos para hacer algo son a veces inconfesables, pero no por ello menos válidos) poniéndose el mundo por montera. Eso es mucho más difícil que hacer la maleta. Respect para ella.

    A grosso modo, creo que en estos casos la presión social es uno de los factores más jodidos. Hace 30 años te empujaban a no dejar nunca a marido y ahora quizá rompemos las parejas con demasiada ligereza. Perdonar no está de moda y por eso perdemos muchas oportunidades de explorar nuestros sentimientos y crecer como personas.

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