no-hago-nada-por-hacer-algo
Cosas que pasan

No hago nada (por hacer algo)

Te preguntas si todo esto vale la pena: los demás se lo pasan bomba y a ti la vida te sonríe de lado y con cara de hija de puta.

- ¿Y por qué no escribes sobre esto?
Miraba a mi amiga Patricia y veía que lo estaba diciendo en serio.

- ¿Cómo quieras que escriba algo así?- le respondí sorprendida.
- Siempre fuiste sincera con tus lectores. ¿Por qué no ibas a serlo una vez más?
- Es diferente.
- ¿Por qué?- me miró fijamente.
- ¿Escribir un post hablando de que no me apetece escribir? O, para ser exactos, ¿hablar de que no me apetece hacer nada?
- ¿Por qué no?
- Porque eso no le motiva a nadie.

«No estás aquí para motivar. Te dedicas a escribir sobre lo que nos pasa a muchos», me contestó, y cambió de tema.

De camino a casa no paraba de pensar en nuestra conversación. Yo sólo cuento historias: algunas propias, otras ajenas, e intento aplicarles algo de humor. A veces me da por reflexionar, o compartir alguna observación… Pero tener que hablar de mis propios sentimientos es algo muy distinto.

O, quizás, no. Quizás estoy equivocada.

Las personas que estamos en las redes sociales, y somos millones, sabemos qué es lo que se espera de nosotros en cada momento. Los seguidores nos han mostrado que la vida real no vende. No es que intentemos vender algo en concreto, pero… digamos que nos hemos acostumbrado a mostrar la parte buena de las cosas. Incluso cuando esta parte no es del todo real. Los expertos en marketing no paran de repetir: «Lo que vende es la aspiración. Las redes sociales son totalmente aspiracionales. Nadie va a seguirte si tienes una vida como la de cualquier otro. Lo que quieren los usuarios, una vez llegan a casa agotados de su vida “normal”, es ver que los demás tienen más éxito que ellos y que se lo pasan mejor.» El amor en las redes sociales está basado en el odio.

Qué masocas somos.

¿Y qué pasa si detrás de “los sueños cumplidos”, “los días maravillosos” y “los nuevos proyectos” aparece un gran vacío? Temporal, pero vacío, al fin y al cabo. ¿De verdad tenemos que seguir pasándonoslo bien públicamente?

Hace semanas que no me apetece hacer nada. “Nada” es nada. No me apetece escribir, no me apetece ver a la gente y no me apetece hacer lo que hago, por muy divertido que sea y por muy ilusionada que haya estado con el proyecto a lo largo de tantos años.

Yo no quise parar, a pesar de todo. No quise hacerlo y no quiero hacerlo ahora, porque sé que estas cosas son pasajeras, que hay que hacerles poco caso y, desde luego, no hay que convertirlas en un drama. Mi madre siempre me decía que si estoy sufriendo mi altibajo habitual, lo que tengo que hacer es seguir adelante, organizarme, forzarme a trabajar y mantener una disciplina.

Maldita disciplina soviética. Me persigue en forma de una pesadilla de color rojo.

Llevo años recibiendo mails en los que la gente me pide apoyo. Decís Dicen que les encantaría ser como yo. Les encantaría ser fuerte y dedicarse a algo que les fascina (no siempre saben qué es, pero están seguros de querer hacerlo). Se sienten culpables por no vivir plenamente la vida, por no disfrutar de cada momento, por no apreciar el gran regalo que les han hecho con dejarles respirar.

No me jodas. La vida, por muy regalo que sea, no es fácil.

Antes de poder dedicarme a la escritura por completo (lo estoy haciendo y no es nada fácil tampoco) trabajé en todo tipo de trabajos. Fui panadera, manager de producto en Inditex, portera en una discoteca, ejecutiva de cuentas en una multinacional, cajera de McDonald’s, agente de yates de lujo, responsable de zona de una cadena de tiendas, secretaria en una agencia de publicidad, actriz, operadora de televenta, bailarina, azafata en un hotel de lujo, traductora, responsable de exportación… Fui muchas cosas distintas y no siempre agradables, me movía de un sitio para el otro, pero siempre soñaba con escribir. Y nunca sabía si eso iba a llegar a suceder.

Ahora escribo. Acabo de publicar mi primer libro y pronto, seguramente, os daré más noticias. Pero me siento frustrada. Frustrada y faltada de ganas. Frustrada y hundida. Curioso, ¿eh?

Yo, igual que vosotros, también me repito que tengo mucha suerte. Coño, ¿cómo me atrevo a quejarme teniendo todo lo que tengo? (los libros de autoayuda nos han hecho mucho daño, ya os lo dije). El otro día entré en un autobús y vi a una niña de unos diez años riéndose a carcajadas. Se reía, hacía el tonto y saltaba en sus piernas ortopédicas. «Mierda», pensé. «Joder, Alena, esto sí es una putada, lo tuyo es una vergüenza. Es una auténtica vergüenza, pedazo de desagradecida.»

Pero a mí no me anima pensar que hay gente que se muere de hambre o que hay niñas a las que les faltan ambas piernas. ¡Por supuesto que no! Me hace sufrir más. Me hace reflexionar sobre lo injusta que es la vida. ¿A quién cojones le puede animar este tipo de cosas?

A mí no me hace feliz ver a la gente que ha sufrido. Me imagino su día a día y me doy cuenta de que, quizás, no soy una buena persona: yo tengo dos piernas y una nevera repleta de comida y, sin embargo, no logro ser feliz del todo. Sentir que soy una ingrata me provoca ansiedad.

Pero esto ocurre: un día te levantas y te das cuenta de que, hagas lo que hagas, estás agotada. Tú creías que eras una persona segura de sí misma (dicen que es primordial y bla bla bla), pero ahora ni siquiera sabes si lo que estás haciendo lo haces bien o no. Pasan los días, y no te ves con fuerzas. Te preguntas si todo esto vale la pena: los demás se lo pasan bomba y a ti la vida te sonríe de lado y con cara de hija de puta.

Pero luego, en un momento dado, te iluminas de la manera más tonta: ¡lo de alrededor es mentira! (Menudo descubrimiento). Entonces reflexionas y llegas a la lógica conclusión de que orientarte a una mentira e intentar formar parte de ella es inútil y ridículo.

Porque no existen vidas sin problemas. No existe la gente que lo tiene todo a la primera. Y los que lo tienen todo desde el nacimiento ni siquiera saben lo que tienen, créeme. Conozco una infinidad de casos.

Descubres un día que cuando no te apetece hacer nada, puedes permitirte no hacer nada. Que sí, tendrás que irte a trabajar (haber elegido muerte), pero una vez sales de la oficina, debes dedicarte a no hacer nada. Así, tal cual. Porque el “no hacer nada” ayuda a definir qué quieres hacer.

Y es que muchas veces no nos apetece hacer nada porque en la mayoría de los casos no sabemos qué es lo que nos apetece de verdad.

Vivimos por costumbre, aceptamos las cosas buenas por costumbre, y nos quejamos por cosas malas por costumbre (sólo faltaría). Pero no encontramos tiempo, entre tanta costumbre, de saber- saber de verdad- qué es lo que queremos hacer. Parece un trabalenguas.

Porque te aseguro que no hacer nada es un deseo temporal, pero si se alarga es porque no sabemos qué queremos hacer. Y seguimos sin hacer nada (por hacer algo).

El “no hacer nada” puede ser productivo sólo y cuando te das cuenta de que no es que no te apetezca hacer nada, sino que no te apetece del todo lo que ya haces. Ya sabes, dicen que cuando tienes una eterna necesidad de vacaciones, quizás lo que te falta no son unas vacaciones, sino una nueva vida.

Hace semanas que no me apetece escribir. Hace semanas que creo que soy una desagradecida, que probablemente no soy buena, que los demás lo hacen más y mejor, y que yo no me merezco todo lo que me está pasando.

Pero te digo una cosa. Después de unos días de no hacer nada y de despreocuparme por no haber hecho nada, hoy estoy escribiendo esto. No sé si sirve de algo en general y si te ha servido a ti de algo en particular (ojalá), pero estoy sonriendo.

«Algo va a cambiar», pienso, y me quedo mirando la pared.

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+55 -0

Apatía  Cansancio  Tristeza  

19 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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19 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Lo veo tan normal, tener temporadas así. Periódicamente me ocurre, pero yo me dejo llevar. Hago estrictamente lo que tengo que hacer: voy al trabajo puntual y mientras estoy allí me concentro; cuido de mi madre, sobre todo porque soy hija única y no tiene a nadie más; mantengo mi higiene y la de mi casa, y la mínima intendencia necesaria para comer sano; y ya.

    En esas semanas, a veces meses, me repito que tengo que hacer ejercicio y no lo hago. Bueno, sí, pero muy esporádicamente. Cuando lo hago estoy mejor y me alegro, pero a la siguiente vez me he olvidado de ese bienestar y me atrapa la falta de ganas. Así con todo, ver a los amigos, por ejemplo, o al resto de la familia, cuando sé que no me necesitan. No pasa nada, sé que se pasará y volveré loco al montañés con listas de cursos que quiero hacer o lugares que visitar. Soy condescendiente conmigo misma.

    Ahora, por desganada que esté hay dos cosas que siempre cojo con ganas: leer y el sexo. Si alguna vez me falla eso, sé que estoy muy triste o muy estresada y que ese es el momento de contrariarme y mover el culo para salir de ahí.

  2. Avatar de IvánIván

    Coincido con Ronronia: son temporadas. Por más maltrato emocional que te infieras no vas conseguir más que auto decepcionarte. Y, en el fondo, es tan absurdo como hacerle caso a una baja temporada.

    Que hagas lo que quieres no implica que tengas que sentirte culpable cuando otro que no tenga tanta suerte te lo eche en cara; ni siquiera debes atormentarte porque mostrarte inapetente: recuerda las emociones que te provocaban tus pasiones en el pasado y recupéralas. Sí, escribir es divertido; sí, es emocionante; incluso regenerador. Pero oye: es un puñetero fastidio. Aunque eso sí: ¿y lo bien que te sientes al final del día sabiendo, y comprobando, todo lo que has escrito?

    Ésa es mi clave anti precipicios emocionales: que al final del día pueda mirar atrás y sentirme orgulloso de lo que he dejado en la pantalla, en algún lugar recóndito de internet o en esa persona que me ha regalado su paciencia leyendo mis líneas. Y el día que me falte esa emoción ante el trabajo realizado, mejor que me entierren.

    1. Alena KHAlena KH Autor

      A veces uno no se siente orgulloso de lo que deja en la pantalla. Pero no se puede hacer un buen contenido todos los días. Hay días de relleno, hay días que simplemente pasan. Pero luego estos otros, de los que hablas, que te hacen sentirte bien. Porque sabes que alguien lo ha leído e incluso- Oh, dios- le ha servido e algo.

      Y entonces sonríes :)

  3. Avatar de EnricEnric

    A veces parece que, cuando conseguimos algo por lo que hemos trabajado estamos obligados a ser felices para el resto de nuestras vidas y obviamente cuando no lo estamos siempre aparecen los que nos dicen: “tienes mucha suerte y hay gente que querría lo que tú tienes así que anímate”, y hacen que aún te sientas peor.

    La felicidad no es infinita y por lo tanto funciona de forma cíclica, nadies es siempre feliz ni siempre desgraciado, lo importante es no sentirse culpable por no estar feliz en un momento dado porque eso no va a hacer que te encuentres mejor, más bien lo contrario. Aprendamos a saber que hay veces que simplemente no nos apetece hacer nada y ya está.

  4. Avatar de Marina OMarina O

    Como te entiendo. En realidad sospecho que habrá poca gente que no lo haga. Si es que hay.

    Lo bueno es poder permitirse esos días de no hacer nada, aunque sea al salir del trabajo.

    Pero para mi caso personal, en pleno bajón y profunda crisis de qué_coño_estoy_haciendo_con_mi_vida_de_verdad_merece_la_pena, me surge una duda: ¿Qué haces cuando no puedes permitirte ni esos días? Me explico, estudiante, de ingeniería, en plenos finales. Y acaban a mitad de JULIO. Y habiendo asumido que me sería más rentable plantar una tienda de campaña en la biblioteca que volver a mi casa cada noche para volver cada mañana.

    Y piensas, hey, estudias lo que has elegido, ¿no deberías estar feliz? Que fácil es decirlo. Llevo tres meses sin dormir lo suficiente, quedandome en la facultad de ocho a ocho y echándole otras dos horas diarias al transporte público. Necesito vacaciones. Ya.
    Y en su lugar tengo finales :)

    1. Alena KHAlena KH Autor

      pero… después de los finales… ¡Vacaciones!

      Míralo de otra manera (siempre me lo decía mi madre): este tiempo, el que estudias, pasaría igual. Pero podrías no haber hecho nada durante de este tiempo. En cambio fíjate, tendrás una carrera :)

  5. Avatar de Carolina PastorCarolina Pastor

    Creo que hay muchísima más gente de la que te imaginas en esas mismas circunstancias, yo personalmente llevo más de tres años acudiendo a un psicólogo, por los “¿cómo te atreves a no ser feliz si tienes un trabajo del que no te van a echar con un sueldo más que decente, una familia que te quiere, una casa que cualquier chica joven no osaría ni soñar y un nutrido grupo de amigos con el que hacer planes?”. Ahora, tres años después, he descubierto que no estoy obligada a ser feliz para beneplácito de los demás y que cumplir las aspiraciones ajenas no es lo mío. Creo que hay una felicidad en la infancia que se pierde en algún momento de la adolescencia y que jamás recuperamos.
    Sigo sin ser completamente feliz, pero cada día que acepto esa infelicidad es mía y que me da igual lo que opinen los demás al respecto me siento un poco más satisfecha conmigo misma.
    Ahora ya no voy al psicólogo a llorar, ahora estoy haciendo un camino de descubrimiento personal que me lleva a decidir qué cosas concretas me hacen feliz y cuáles no.
    Te mando mucho ánimo. Y si tienes que dejar de escribir una temporada para descubrir qué quieres hacer después, pues despídete de nosotros, tómate un tiempo de relax y coje este toro qués es la vida por los cuernos, y DÓMALO!!!

  6. monsieur le sixmonsieur le six

    Ayer mi chica y yo lo comentábamos: “Cómo cambian las cosas: hace unos años hubiéramos ido al concierto de AC/DC con toda esa gente que pasa por la calle con las camisetas negras, y en lugar de eso, a dormir prontito, que las embarazadas han de cuidarse, y mañana hay que madrugar para ir a hacer la compra en Makro”.

    Pero en el fondo ambas cosas tienen su sentido, porque hay momentos para ir a un concierto a saltar y beber cerveza, y momentos para cuidar de tu hija o hacer las compras. Precisamente esa variedad es una de las gracias de la vida y un requisito necesario para ser una persona completa, capaz de comprender a los demás y a uno mismo. Quedarse estancado siempre en las mismas cosas, por muy bonitas que parezcan, a la larga nos haría peores, porque viviríamos en un mundo irreal y limitado. Quien no conoce a fondo la tristeza, la frustración, la melancolía y la apatía, no valora tanto los buenos momentos y no va a comprender a sus amigos cuando éstos pasen por los malos.

    Por eso cuando nuestra estupenda escritora rusa nos cuenta que a veces se agobia, o nos explica que tuvo que trabajar de cajera de un McDonalds, no me sorprende para nada, y de hecho hace que la sienta más cercana que cuando aparece supermaravillosa en alguna foto con su pintalabios rojo, sus vestiditos que le quedan geniales y su copa de vino, mientras nos cuenta que ha estado en un sitio de moda conversando con gente molona y presentando libros.

    ¿De qué nos servirían las reflexiones de una persona megafeliz sobre relaciones? De nada. Necesitamos las de una persona que comprenda los momentos buenos y malos, y de cuyas observaciones podamos aprender. Por eso el escritor debe ser alguien con una vida variada; cuando más mejor, y yo diría que especialmente en los momentos amargos.

    Ser guay es una carga muy pesada, y esa manía moderna de “vivir la vida a tope” en realidad sólo provoca frustración. No se trata de que todos los días sean como un anuncio de Coca-Cola, basta con que lo sean unos pocos. El resto deben dedicarse a cosas más mundanas, o simplemente a no hacer nada, ese sano ejercicio tan injustamente despreciado por quienes no comprenden que nuestro cerebro necesita reposar para actuar luego con más energía.

    Escribir un libro o mantener un blog con publicaciones frecuentes (y sin bajar la calidad) es un esfuerzo enorme, y es normal que uno tenga una cierta “resaca”. Aparte de que una vez uno ha cumplido una meta importante y que le ha costado mucho, siempre llega un cierto momento de ¿y ahora qué?. Las personas que tienen un trabajo mecánico y repetitivo, no sufren el problema de tener reinventarse continuamente. Es jodido, y no siempre apetece.

    Aprovecho la ocasión para sugerirte que escribas sobre otras cosas. Creo que tienes estilo y talento para tocar otros temas que las relaciones propiamente dichas. Una novela, unos relatos o un ensayo quizás te motivarían más que volver a darle vueltas a las dudas amorosas de tus lectoras.

    Eso sí, no te dediques a dar discursos en público hasta que no aprendas a hablar más despacio, que no se te entiende un carajo :P

  7. Ana

    Las personas que tienen inquietudes y ganas de hacer muchas cosas creo que son las que más padecen este mal necesario, por mucho que hagas todo es poco y siempre te falta algo, ese algo es la ambición de hacer más de lo que podemos o de lo que nos da el tiempo. Llevo perdida unos cuantos meses, perdida pero con mil posibilidades y como no tengo tiempo de no hacer “nada” no puedo elegir, ni decidir, ni saber para dónde tirar, debería pasarme una semana sin hacer “nada” lo mismo de este modo vuelvo a encontrar el camino, el camino que aunque no me lleva a ninguna parte porque cuando vas consiguiendo metas siempre aparece una nueva.

  8. Avatar de JesúsJesús

    A mí también me pasa con frecuencia lo que tú dices, te quedas atrapado en la rutina y a su vez se te hace tan rutinario que te quedas pensando ¿por qué estoy haciendo esto? ¿cuál fue mi motivación al comenzar todo esto? Pero como dijo alguien en otro comentario creo que es algo típico de las personas con aspiraciones, que siempre tenemos ganas de ver y hacer cosas nuevas, y si nos atrapan en algo por mucho que nos guste pues nos aburrimos y perdemos el interés, al menos yo soy así; por otra parte eso lo veo positivo, sí es verdad que ves a la gente a tu alrededor y piensas joder ¿por qué? Pero luego, tras finalizar la paranoia, recuerdo que hay mucha gente conformista por el mundo, y yo lo siento mucho pero no soy de esos, así que si lo que toca es estar así pues otro remedio no nos queda, más vale que nos pase a gente como nosotros, que creo que en su mayoría solemos ser de carácter fuerte, a que les ocurran a otros que por cualquier cosa hacen un drama.

    “La flor que crece bajo la adversidad es la más rara y hermosa de todas”

  9. Avatar de MartitatillaMartitatilla

    Es curioso que desde el primer artículo tuyo que leí, por azar de la deriva internaútica, pensé y dije en alto, mirád, esto lo podría haber escrito yo, si supiera escribir, es exactamente lo que me pasa, es lo que pienso. Y hoy, que de casualidad pincho este enlace de hace unos meses, me pasa lo mismo. Y me reconforta leerte y saber que no soy tan rara, que me pasan cosas que le pasan a los demás, y que se pasan. Le pones tinta a los abismos personales, a las vivencias rutinarias, a los sentimientos. Gracias.

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