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Relaciones

No es mi circo. ¿O sí lo es?

Un día sus circos se cerrarán, los monos desaparecerán y tú… pues seguirás sin haber construido algo tuyo.

Mis tres amigas y yo nos fuimos al cine. No me gusta ir al cine acompañada. Total, para no poder hablar voy yo sola. Pero ellas no opinaban lo mismo y, muy a mi pesar, pasaron toda la película de cháchara. De cháchara mala, criticando el guión, a los actores, su manera de interpretar y cagándose en todos aquellos que nos aconsejaron ver “esa peli de mierda”. A la mitad de la película les propuse:

- Monadas, ¿y si nos vamos de aquí?”

Me miraron como si les hubiese ofrecido ir a pasar las vacaciones en Afganistán.

- ¡Qué dices, loca! ¿Gastarme la pasta y no verla hasta el final? ¡Ni de coña!- exclamó Tania buscando las palomitas volcadas debajo de su sillón.

Después de la “golfa”, nos fuimos a mi casa a tomarnos unos gin tonics. Y hasta las tantas. De cháchara para variar. Cuando nos reunimos las cuatro, nos coge una especie de diarrea verbal.

La primera en contar sus quejas fue Marina:

- Mis padres se divorcian.
- ¿Y esooo?
- Pues el capullo de mi padre se ha liado con una tía de mi edad. ¿Os lo podéis creer? Se ha enamorado, dice el muy imbécil. ¿Cómo va a enamorarse así, de un día para el otro?
- Yo qué sé- le dije- igual se ha enamorado de verdad. Me preocupa más ella. ¿Qué edad tiene tu padre?
- Sesenta tacos, nena. Y claro, acaba de cobrar una herencia. ¿Cómo te quedas?
- Pues bueno, ¿qué le vas a hacer?
- ¿Que qué le voy a hacer? He hablado con él treinta veces. Una vez por cada año de su nueva amante. Y nada. Ya no sé qué más decirle. ¿Cómo hacerle ver que se está equivocando?

Tania suspiró:

- No te va a servir de nada hablar con él, supongo. Me temo que cuando la gente se empeña en algo, no hay manera. Mira mi amiga Marta, ¿os acordáis de ella?- Asentimos con la cabeza. – Es la tía más válida que conozco. Después de vosotras, claro,- apresuró.
- No nos importa, Tania.
- ¡Tiene tan poca autoestima! Le están ofreciendo un puesto en una agencia de publicidad buenísima: el doble de sueldo (casi imposible en los tiempos que corren), y encima no tiene que desplazarse una hora al día para ir a trabajar. ¿Y qué me dice la muy idiota? Que no se ve capaz de hacer este trabajo. ¡Ella! ¡La mejor en su sector! Yo es que flipo. He hablado con ella mil millones de veces y todo en vano. Estoy que no duermo. ¿Qué puedo hacer? Nada. Ni yo, ni nadie. Tú tampoco podrás hacer nada, Marina.

Silvia hizo un gesto, callándola:

- Mira, guapa, entiendo que Marta sea una idiota y, Marina, que tu padre esté cometiendo el gran error de su vida. Pero es su vida. Yo, por ejemplo, ahora estoy sufriendo con la mía propia. Mi novio está de un negativo que no hay quien lo aguante. Yo tampoco. Cada día que llego a casa, todo son problemas. Que si el piso es demasiado pequeño. Que si él está muy flaco. Que si su trabajo es una mierda. Que si, que si, que si… ¿sabéis lo que es tener esto en casa? Es más, su ex le está taladrando, reclamándole el dinero que él dice no deberle. Yo se lo digo: mándala a la mierda y listo. Pero no. Él está empeñado en que es una buena chica pero está algo confusa. No doy crédito.

El juego de “y yo más” continuó durante varias horas.

Yo me sumergí en mis recuerdos. Dios mío, ¡cuánto he sufrido por los demás! Me acuerdo que me afectaba absolutamente todo: desde la muerte de un amigo del amigo de mi primo hasta la inundación en el edificio de al lado. Todos los problemas ajenos eran mis problemas. Todo el mundo me contaba sus desgracias. Y no hablo de mis novios de aquel entonces: que si uno no se daba cuenta de lo mucho que le quería, que si el otro tenía la autoestima por los suelos, que si el tercero no solucionaba sus conflictos familiares. Y así año tras año. Me aferraba a aquello de que hay que ser empáticos, de que la gente es muy egoísta y yo no quería ser una de ellos.

Empecé a reaccionar a partir de aquella charla con un señor mayor que se hacía llamar Pawel. Fue en tren desde Varsovia hasta Minsk. Pawel me preguntó por mi vida, nos contamos historietas y problemas. Catorce horas en tren dan para mucho.

A medianoche me preguntó:

- ¿No te das cuenta de que todos tus problemas son los dolores de cabeza ajenos?
-  No es verdad- le contesté algo molesta.- El problema que tengo con mi novio es mío: él no se da cuenta de las cosas y yo estoy sufriendo porque somos una pareja.
- Estás muy equivocada- me respondió y se quedó callado por unos minutos. Sacó un bloc de notas y escribió algo. Me miró. Arrancó el papelito y me lo dio:
- Voy a salir a fumar un momento. El tren estará parado unos diez minutos. Léete esto y luego dime qué opinas de esta frase.

Y se fue.

Desplegué el papelito. «Not my circus, not my monkeys», ponía. El circo no es mío, así que los monos tampoco lo son.

Volvió después de un rato:

- ¿Qué piensas?
- Que no quieres escucharme más. No es tu vida, no son tus problemas. Muy egoísta, por cierto.
- Ay, niña. No has entendido nada. Si no quisiera escucharte, no hubiese estado cuatro horas oyendo tus historietas. No es eso. Va por los demás. La vida de los otros no es tu vida, es la suya. No tienes que responsabilizarte de los monos de los circos ajenos. ¿Lo entiendes? Hay un trecho enorme entre “ser egoísta” y “vivir tu propia vida”.

No sabía qué responderle. Para mí la vida de mi gente era mi vida.

Nos olvidamos de lo básico.— continuaba. —Todos tenemos una elección. Tu novio puede no darse cuenta de las cosas, pero tú eliges: seguir estando con él o marcharte.

Cambiamos de tema y poco rato después nos fuimos a dormir.

Al llegar a Minsk nos despedimos. La última frase que me dijo fue la siguiente: “Hay miles de vidas. Pero sólo puedes protagonizar la tuya. En las vidas de los demás eres una simple espectadora. Moleste lo que te moleste.”

Silvia seguía con su historia:

- Algún día se dará cuenta de lo equivocado que estaba…
- ¿Algún día?- le pregunté, acordándome de la canosa barba de Pawel- ¿Y cuándo es “algún día? Algún día podría ser mañana o de aquí a 50 años. ¿Estás segura de que, cuando tengas 80, te va a importar?

Les expliqué la historia de Pawel. Les hablé de los monos, de los circos, de los espectadores y de los protagonistas. En realidad, las cosas son mucho más simples de lo que nos pueden parecer. Conocemos a mucha gente y amamos a unas cuantas personas. Nos importan nuestros amigos, parejas, familiares. Sus problemas nos perturban. Pero se nos olvida que no somos protagonistas de sus vidas. Sólo somos espectadores.

Incluso en las vidas de nuestras parejas somos espectadores o, con algo más de suerte (o mala suerte más bien), llegamos a ser actores de reparto. Pero jamás somos protagonistas. Y tenemos elección. Sí, la tenemos. No todo en nuestra vida depende de nosotros, pero somos nosotros los que tomamos decisiones: aguantar o no, seguir allí o marcharse. Queremos que los demás sigan nuestras instrucciones, que se equivoquen menos (porque así, en parte se harán menos daño a ellos mismos y a nosotros).

No podemos cambiar las situaciones ajenas, las vidas ajenas. Tampoco podemos obligar a nadie que nos trate como queremos que nos traten. No nos toca hacer de madre a una madre. No nos toca conducir la vida de un amigo. No nos toca cambiar a nuestra pareja. Nos toca elegir: estar a su lago y apechugar con las consecuencias, o dejar de estar allí. Físicamente o emocionalmente.

Y si no te gusta una película, siempre puedes levantarte, salir de la sala e ir a dar un agradable paseo. Independientemente de lo que te haya costado el billete. Porque un día sus circos se cerrarán, los monos desaparecerán y tú… pues seguirás sin haber construido algo tuyo.

Pero si decides que su circo es tu circo, deja de quejarte y dale de comer a sus monos.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Si decides que su circo es tu circo, deja de quejarte y dale de comer a sus monos.”

5 COMENTARIOS

  1. Avatar de AliciaAlicia

    Esto es sencillamente genial Alena. He vivido las tres situaciones en “mis carnes”supongo que como seres sociales hacemos nuestro lo de nuestro entorno, y no esta mal. Pero hay que ser siempre conscientes de ello y fijar bien las vías de nuestro tren :)

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Ah, mierda, cuánto he sufrido yo por cosas así. Es lo malo de ser “controlitos” (control freak), que no sólo pretendes llevar las riendas de tu vida sino que también deseas salvar de sufrir a todos los que amas.

    Es una de las razones por las que no he tenido hijos, sé que me habria desesperado verles equivocarse y padecer por ello. Habría sido una madre hiperprotectora y angustias. ¡Si lo he sido con mis amigos adultos!

    Pero llega un momento en que te aburres de pasarlo mal por cosas que en realidad no son asunto tuyo y te quedas mirando al que se empeña en pegarse cabezazos contra la pared pensando qué así se salte todos los dientes a empentones, si es lo que quiere, que es su vida y, al fin y al cabo, tú eres muy soberana con la tuya y te revuelves cuando te la tratan de marigobernar.

    Y todo va mejor a partir de entonces porque no te llevas disgustos innecesarios y, encima, los demás sienten que les respetas más.

  3. Ana

    Sinceramente esto me pasa con pocas personas, escucho, doy consejos (que luego yo ni sigo) pero al terminar desconecto, hay veces que me tachan de egoista por ello pero sinceramente el tiempo vuela y no se puede estar sufriendo y luchando guerras que no son propias.

  4. monsieur le sixmonsieur le six

    Empecé a reaccionar a partir de aquella charla con un señor mayor que se hacía llamar Pawel. Fue en tren desde Varsovia hasta Minsk.

    Esto te ha quedado muy de novela de principios del siglo XX, ¿eh? :P

    El texto toca un tema muy común, realmente hay mucha gente que parece que no sabe vivir su propia vida, sólo vive la de los demás. Así se explica el éxito de las revistas y programas del corazón, cuyo único objetivo es que la gente aparte la mirada de sus propios asuntos, para meterse en los de los demás.

    Es un problema típico de la gente sin hobbies. Como me dijo ayer mi padre, si no tienes hobbies, estás condenado. Al principio de tu vida no lo vas a notar por el ajetreo del día a día, pero cuando te jubiles y tus hijos ya se hayan ido de casa o directamente no los hayas tenido, ¿qué vas a hacer, aparte de ver la tele? De hecho, hay ancianos cuya única preocupación parecen ser sus hijos y nietos, y creo que es un poco triste que no hayan reservado al menos un rinconcito de aficiones propias, que les llenen sin necesitar a los demás.

    Vale que a veces uno se preocupa necesariamente de personas cercanas, pero hay que saber decir “hasta aquí llego, a partir de aquí, él sabrá lo que hace”.

    El excesivo interés por la vida de los demás es siempre síntoma de pobreza interior e incapacidad creativa. La gente que hace eso no sólo no vive su vida, sino que a menudo se convierte en un incordio para quienes les rodean.

  5. Avatar de PaulaPaula

    Total. Abunda la gente que se hace mala sangre por temas completamente ajenos. ¿Será que viven para sufrir y cuando no les alcanza con lo propio se hacen con problemas de otros? ¿O más bien para no ver los propios, se regodean en los ajenos? Sí, creo que mas bien por ahí van los tiros…

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