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Sexo

No al Sexo Cuqui

¿Me queréis decir que os gusta echaros cera caliente pero solo de velas que huelen a «besito de esquimal»?

Cuando me enteré, se me mojaron las bragas… de tanto llorar. Habían llegado a nuestras farmacias de confianza sin avisar, irrumpiendo como caramelitos dulzones para la tos en nuestros ultramarinos de la salud. «No puede ser», me repetí miles de veces, bueno, igual miles no, pero cinco o seis sí. Cogía de las solapas a la gente que me cruzaba por la calle y les decía mirándoles a los ojos que no podía ser mientras los agitaba suavemente (esta técnica de agarrar a los desconocidos de las solapas me la enseñó un buen amigo y relaja bastante).

Caminé toda la tarde sin rumbo, paré sin rumbo alguno en una tienda aleatoria a comprarme unos zapatos que quería y seguí caminando sin rumbo hasta la heladería más cercana. Cogí el metro sin rumbo hacia mi casa, me metí sin rumbo en la bañera y pensé: ¿y si los unicornios en vez de un cuerno tuviesen un pene en la frente?

Distorsiona, ¿verdad? Esta sensación de qué-mierda-me-están-contando suele pasar cuando algo muy cuqui choca con algo no tan cuqui: véase una mierda apestosa rosa fucsia. Distorsiona porque es rosa cuqui y de textura espumosa pero no deja de ser un excremento. También suele pasar cuando una marca de preservativos Control que no voy a mencionar se alía con una marca de cosas cuquis que prefiero mantener en la Mr. Sombraful. ¡Eh! Y no sólo se asocian comercialmente, además lo cuentan. Y puf. Mira, no.

No tengo nada en contra de las tazas, sartenes o tampones que te animan diciéndote que hoy será un día de la hostia, tampoco de las velas que te dicen «uy, aquí huele a bonito» (bonito de precioso, no de atún. Ya, yo también me quedé un poco fría al enterarme). Poco me importa que haya gente mayor de edad con agendas motivadoras (quiero pensar que por las pegatinas, oye, las pegatinas siempre molan). No pasa nada si te has comprado un set de cuatro lápices por diez euros, en serio, no pasa nada. Molan. Bueno, no. Pero no pasa nada. De verdad. Yo y estos matones que me acompañan somos muy tolerantes. Todo me parecía medio bien hasta que dejó de parecérmelo. Quiero decir, un día puede que me haga gracia que una galleta se le insinúe a un vaso de leche. Puede. O puede que no. Puede que una bromi que hace gracia tanto a una niña de seis años como a una señora de 35 años me da repelús.

¿Pero sabéis lo que de verdad me provoca escalofríos? Que esa misma señora (porque sí, a partir de los 25 somos señoras, no necesitamos a un hombre para serlo *símbolo de útero con las dos manos, bueno vale, quizás solo parece una cabeza de ajos pero imaginaos que es un útero perfecto*) que sostiene una taza buenrollista es la misma que está soltando flujo mientras lee el segundo tomo (no tan bueno, según me han dicho) de 50 Sombras de Grey. ¡SÍ AMIGAS! ¡Esto está pasando! Tu vecina, tu hermana, tus mejores amigas, tus peores cuñadas e incluso tú, querida amiga… es posible que hayáis vivido este aterrador momento. Si me permites, incongruente e incoherente momento. Es como comerse una tarta de cinco pisos pero el café con sacarina, una ensalada con medio litro de salsa César, un refresco light con doce hamburguesas de un euro o ver porno en silencio mientras suena Susanita tiene un ratón. O masturbarse mientras está en la tele puesto Disney Channel. Pero no lo estaba viendo, eh. Ella, digo. La chica que me lo contó. Yo no tengo nada que ver. Aunque a veces sí pongo Disney Channel. Pero muy pocas veces. Solo cuando estoy haciendo otras cosas. Cosas que no tienen nada que ver con darse placer. Bueno, a veces sí. DA IGUAL.

Lo dramático es lo siguiente: ¿cómo es posible que haya gente que pase del cuquismo al sadomasoquismo tan rápido? ¿Cómo es posible que te guste ser sumisa, que te azoten y te pongan más normas que en la casa de la sidra y al mismo tiempo, y digo más, incluso a la vez las cosas cuquis en la cama? ¿Me estáis diciendo que os gusta el sexo cuqui? ¿Es eso? ¡Decidme la verdad! ¿Os gusta que os tiren del pelo en la cama mientras os susurran «¡Me da igual que no llegues al orgasmo porque lo importante es participar!». ¿Me queréis decir que os gusta echaros cera caliente pero solo de velas que huelen a «besito de esquimal»? ¿Queréis látigos pero de cintas doradas con purpurina del amor? ¿Sois de gritar «¡No pares, cari!»? ¿Decís «Pégame más fuerte en el culo maldito bizcochito de limón»? ¿Sí? No sé. Pregunto.

Los preservativos cuquis no son broma. Existen y han llegado para quedarse. Son iguales que los otros pero con consecuencias psicológicas irreversibles. Vienen acompañados de dibujos que podrían hacerte los hijos que esta noche no quieres tener. Piénsalo. No son condones, son globitos o gomitas. No son para la polla, son para tu tiburoncito o mi amiguita. Y por supuesto no son para follar, son para hacer cositas.

No al sexo cuqui, que para cuqui, ya tenemos el amor.

Sí a la dignidad sexual: pónsela, póntela.

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7 comentarios

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PaulaPor
Paula

Publicista. Parezco normal, pero no.

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7 COMENTARIOS

  1. Avatar de IvánIván

    Sacando las cosas de sitio, el siguiente paso es la muerte cuqui. Que un fabricante de ataúdes se una con Mr Guonderful para crear la línea “Lugares chulos donde pasar la otra vida”. Y que al bajar la tapa se lea en el interior del ataúd: “No salgas fuera, se está mejor dentro”.
    Grandísimo post. Y me quedo con esta frase: “Vienen acompañados de dibujos que podrían hacerte los hijos que esta noche no quieres tener”. Grandísimo.

  2. monsieur le sixmonsieur le six

    Paula, deberías escribir un libro, como Alena. Creo que los lectores nos lo pasaríamos genial. Como siempre, divertidísimo artículo :)

    Pero no puedo evitar llegar a una reflexión más seria a partir de estas cosas. Ya que has hablado del sadomasoquismo, me pregunto si lo que hoy en día se entiende como tal no es, en realidad, una versión aburguesada de la brutalidad original con la que los poderosos abusaban de su impunidad para disfrutar de otros seres humanos sin ponerse límites. Cuando hoy una pareja se da algún latigazo o usa algún tipo de fetichismo del estilo, quizás no haga otra cosa que transformar la crueldad de siglos pasados en una diversión adaptada a nuestra sociedad tranquila y timorata. Seguimos percibiendo remotamente el placer que sintieron aquellas personas cuya libertad les permitía llegar a esos extremos, pero ni nos atrevemos a hacerlo ni, en realidad, encaja ya con nuestra mentalidad. A fin de cuentas no se puede tener todo en esta vida; vivir en una sociedad civilizada tenía que tener algún inconveniente.

    Quizás el sexo cuqui no sea otra cosa que dar un paso más y convertir lo que todavía tiene una cierta reminiscencia (aunque ya muy débil) de brutalidad, violencia, fuerza o pasión, en una frase que parezca sacada de una comedia romántica o un preservativo con sabor a dulce de fresa que pueda anunciarse tranquilamente al lado de una batidora. Probablemente sea el siguiente escenario de toda esta moda que ya comenzó hace años con esos vibradores que parecen joyas diseñadas para adornar su salón y que ha seguido luego con esas sex-shops que parecen tiendas de Doce & Gabbana; o que en el mundo del cine vemos cuando personajes antiguamente terribles como los vampiros, se transforman en cosas como los ridículos “vegetarianos” de Crepúsculo. Es como si un día te vas a dormir y cuando te levantas todas las cervezas son sin alcohol, todas las leches son desnatadas y todos los cafés son descafeinados.

    El éxito de 50 Sombras es una muestra de lo que digo. Parece sadomasoquismo, parece novela erótica; pero en realidad, es un cuento de hadas forrado de cuero negro. El señor Grey es capaz de combinar las virtudes del príncipe azul forrado de pasta que se lleva a la chica a vivir en su castillo como una princesa, con esa perversión primitiva; pero naturalmente, lo segundo queda ya amortiguado por lo primero. De lo contrario, no sería políticamente correcto y no gustaría.

    De alguna manera, Grey es ese unicornio con pene en lugar de cuerno que dices en el artículo :P Una especie de consolador para princesas de cuento.

    Nuestra época ha conseguido algo que parecía imposible: combinar el puritanismo con el libertinaje, haciendo que el primero parezca el segundo, a base de cubrirlo de un cierto barniz supuestamente “erótico”, pero en el que ya no hay rastro de testosterona, o si lo hay, acaba diluido en algodón de azúcar. Por eso, aunque pueda resultar más o menos agradable o entretenido, uno siempre tiene la sensación como de que le falta “algo”, igual que a la cerveza sin alcohol, a la leche desnatada o al café descafeinado.

    1. Avatar de Karel GuardiolaKarel Guardiola

      Monsieur Le Six entiendo que puedas pensar que el sadomasoquismo es “una versión aburguesada de la brutalidad original con la que los poderosos abusaban de su impunidad para disfrutar de otros seres humanos sin ponerse límites”, pues a ti no te gusta. Pero hay personas que le gustan sentir estas cosas, controlar o sentirse dominados. Las experiencias que obtiene desde el BDSM se llega a unos extremos que a travez del placer no se pueden alcanzar. Incluso con el dolor. NO tiene nada que ver con antiguas practicas abusivas sino dedicarse a sentir cosas tan fuertes y placenteras que te hagan experimentar sensaciones fuertes. Pero entiendo que no te gusten, la directora de este blog también habla de forma despectiva del deporte, mientras ayer mismo yo tenia los vellos de punta en el km 9 de una carrera mientras el acido láctico pinchaba como 1000 agujas todos mis músculos. Oye !, y yo lo disfrutaba. Hay experiencias que nos enganchan, puede ser montar en el Dragon Kan o escuchar la 5 sinfonia de Mahler, incluso hay mujeres que le gustan que le pequen. Y es que ese conjunto de emociones y sentimientos generan una respuesta química en nuestro organismo que puede ser placentera incluso volvernos adictos

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Lo que empezó con el papel higiénico de flores solo podía acabar con el tapizado de ataúdes de Ruiz de la Prada o las urnas funerarias de flores de V&L, por seguir con la muerte cuqui que decía IVAN en el comentarios de arriba.

    Lo del BDSM con accesorios cuquis es muy de película de Almodóvar cuando era él. Seguro que si te pudieras meter en los dormitorios de la gente, podrías ver cosas incluso más cuquisorprendentes.

  4. Avatar de Marina OMarina O

    Madre, que bueno…
    Casi estoy tentada a correr a la farmacia solo para verlo con mis propios ojos, casi jajaja

    Pdt: MONSIEUR LE SIX, toooda la razón acerca de 50 sombras de Grey, eso no es sado, es un libro romanticorro de los de siempre con un disfraz cutrecillo. La única persona que conozco que dice ponerse cachonda con él en lugar de descojonarse con lo malo que es, es la fan numero uno de Federico Moccia. Ahí queda dicho.

  5. Avatar de Kruzio BaalKruzio Baal

    Amén, hermana! LA verdad quería dejar algún comentario interesante referente al texto de alguna forma, pero coincido al 100% y me he reído mucho por la forma en la que está redactado, me lo he pasado teta (ojalá fuera pseudo-literal). :P

  6. Armario DesordenadoArmario Desordenado

    «Pégame más fuerte en el culo maldito bizcochito de limón» Fantástico. Pero bueno, esas asociaciones son caducas en el tiempo. Veámoslo como una naturalización del sexo, para poderlo comunicar en redes sociales y que sea misioneramente previsible.
    Aquellas muffins trajeron estos comdons.

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