necesitamos entrenadores en la cama
Sexo

¿Necesitamos entrenadores en la cama?

En una época en la que nos vanagloriamos de que vemos el sexo como algo natural ¿por qué sin embargo nos sigue pareciendo raro o innecesario o motivo de risa entrenarse para follar mejor?

El concepto de coaching empezó a utilizarse en los años 80 en el mundo empresarial y define un método que consiste en dirigir, instruir y entrenar a una persona o a un grupo de ellas, con el objetivo de conseguir alguna meta o desarrollar habilidades específicas que no podrían desarrollarse (u obtendrían un grado de desarrollo menor o inadecuado) sin el entrenador o coach. Actualmente el coaching ha trascendido el mundo de la empresa para instalarse en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida, de manera que hay empresas y personas que ofrecen este servicio en los aspectos más dispares, desde la cocina al deporte pasando por el desarrollo personal o, por supuesto, profesional.

El martes de la semana pasada acudí en Madrid a la presentación de lo último en coaching: el entrenamiento profesional aplicado al sexo. Se trata de una nueva idea que pretende ayudar a las parejas a mejorar su potencial en la cama mediante sesiones de entrenamiento. El producto se llama CoachBox y fue presentado por sus responsables en un evento para prensa y bloggers en La Juguetería, una de las tiendas eróticas más glamurosas y recomendables de Madrid (y esto lo digo sin que me paguen por ello, simplemente porque me gusta).

Mientras volvía a casa tras la presentación, me pregunté si hemos llegado a un punto en el que necesitamos que nos entrenen para follar. No me entendáis mal, no estoy criticando en absoluto la iniciativa. A mí, de hecho, lo de sacarse a una misma y a la pareja el máximo potencial y dejarse de miedos y vergüenzas y aprender cosas nuevas me encanta, de manera que la idea de The CoachBox me pareció bastante interesante. Si hay algo que no funciona en la cama y que no es una enfermedad o un problema que se pueda solucionar sólo en el sexólogo, quizá sea bueno acudir a profesionales para que nos echen una mano.

Escribí a mis amigas por el grupo de whatsapp que tenemos para estas cosas a fin de que me dieran su opinión y casi todas se echaron a reír, lo primero. “¿Un entrenador en la cama? Ni que fuéramos a correr los cien metros lisos” me decía una. “Yo creo que estamos llegando ya al extremo de la estupidez. Yo sé lo que me gusta y lo que no, tampoco hace falta tanto entrenamiento” me decía otra. “Sí, bueno, puede ser que tú sepas lo que te gusta de lo que has probado pero que el chico con el que estás no tenga ni idea y no sepas cómo enseñarle, a mí no me parece mal. Lo que sí me da un poco de cosa es cómo serán las sesiones porque claro, para ver cómo lo haces y enseñarte… ¿tienes que hacerlo delante del coach?” comentaba una tercera. Las risas que nos echamos no tuvieron precio, la verdad, pero lo más enriquecedor e importante de cara al post son las preguntas que abrieron a debate.

En una época en la que nos vanagloriamos de que vemos el sexo como algo natural ¿por qué sin embargo nos sigue pareciendo raro o innecesario o motivo de risa entrenarse para follar mejor?

Si a mí me dieran a elegir entre un buen polvo y un polvo magnífico, creedme que elegiría el segundo. Y si para ello hay que formarse o practicar más o entrenar, mejor que mejor. ¿No somos todos tan modernos y poco pudorosos y no nos importa a ninguno hablar de estas cosas y resulta que queremos siempre mejorar? Pues la manera de mejorar es entrenando. Sin embargo, parece que por el momento lo de que nos gusta mejorar y tal lo decimos bastante de boquilla porque, aunque es cierto que las iniciativas de coaching sexual existentes en el mercado están experimentando un florecimiento de la demanda, no es menos cierto que de momento mostramos ciertas reticencias a que alguien nos aconseje sobre cómo movernos en la cama.

Una de las razones puede ser que a nadie le gusta sentirse evaluado en algo tan íntimo como el sexo. Sobre todo por si resulta que suspendemos en esa evaluación. Sin embargo, tal vez sería bueno que empezáramos a pensar en que es mucho peor que nos evalúe mal nuestra pareja que un profesional, porque el segundo siempre podrá ayudarnos a hacerlo mejor y la primera es posible que se canse si la cosa no mejora. Eso por un lado. Y por otro lado, que todavía hay personas que tienen cosida al cerebro la idea de que el sexo es poco menos que una competición en la que todo tiene que salir perfecto y bien desde el primer momento y si no es así es un fracaso y nos ponemos mala nota y todo es un drama y un desastre. Bajo mi punto de vista, ese pensamiento es un auténtico error. Ya sé que vosotros, queridos míos, no tenéis esos pensamientos. Lo sé porque soy consciente de que vosotros que me leéis sois muy perfectos en la cama, eso me hacéis llegar casi siempre con vuestros comentarios, cosa que me alegra sobremanera. Pero fuera de eso, hay gente que sí tiene esos pensamientos cuando se mete entre las sábanas o se empotra contra el capó de un coche (en el cómo y el dónde yo no me meto). Y esos pensamientos hacen de todo menos echar una mano a que las relaciones vayan bien.

En la conversación también salió el tema de que el profesional te evalúe cara a cara en una sesión. Es una de las cuestiones que más vergüenza dan a la hora de pagar por los servicios de un coach sexual, de ahí que en la iniciativa que han tenido en The CoachBox las sesiones también se puedan hacer online. Esto no deja de demostrar que por mucho que digamos que vemos el sexo con toda la naturalidad del mundo en realidad no es así, ya que nadie pediría a un coach deportivo que le haga la sesión online por motivos de pudor. Como mucho, por razones de tiempo, ubicación o cualquier otra. Pero por vergüenza no.

Yo ya me declaré más arriba partidaria de mejorar todo lo posible en la cama, por sentirnos bien nosotros mismos y por disfrutar al máximo solos o con la otra persona, ojo, no por una cuestión de ser máquinas sexuales ni amantes perfectos ni nada de eso porque esas cosas no existen y porque al final, que la otra persona sea buena o no en la cama depende sobre todo de si hace cosas que te gustan a ti. Por eso soy también partidaria del aprendizaje en pareja (primero solos e incorporando a algún profesional si vemos que es necesario). Sin embargo, me gustaría saber cómo lo veis vosotros.

¿Dejaríais entrar en vuestra “habitación” a un coach sexual para ayudaros a mejorar y sacar todo vuestro potencial? ¿Se puede entrenar para tener mejor sexo? ¿Cómo habéis ido aprendiendo vosotros a lo largo de los años? Nos leemos.

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5 comentarios

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Casiopea

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“¿Un entrenador en la cama? Ni que fuéramos a correr los cien metros lisos.”

5 COMENTARIOS

  1. monsieur le sixmonsieur le six

    Yo creo que con esto pasa como con la comida. La mayoría de la gente no va a cursos de cocina. Si acaso se compran algún libro o consultan alguna web de recetas, y ni siquiera estas cosas suelen hacerse. La mayor parte de la gente come los cuatro platos que aprendió de sus madres o de quien fuera, y listo. Si quieren comer “bien” (en el sentido de “sofisticado”) suelen ir a un restaurante, donde hay gente experta.

    Yo creo que con el sexo pasa igual. Uno ya se apaña con lo que sabe, porque con la propia parece como que lo verdaderamente importante son otras cosas (el amor, la comprensión y en general todo lo que hace más fácil la convivencia), pero no se buscan tampoco cosas extraordinarias, a menos que ambos tengan un gran interés.

  2. EspoirEspoir

    Veo diferentes asuntos aquí.

    No es cuestión de si emocional o personalmente lo necesitamos o no. La cuestión es si alguien está dispuesto a pagar por ello. Si es que sí, el servicio tiene sentido. Posiblemente haya cierto público que considere accesible la entrega, la pasión, la diversión, la complicidad Visa mediante. Es obvio que el asunto se dirige a gente situada muy en la cima de la pirámide de Maslow, al igual que, no sé, las uñas Shellac o las cafeteras Nespresso.

    Pensándolo bien, ambos ejemplos son presuntos avances -manicura perfecta que dura más, café espresso en el mismo tiempo de un instantáneo- que no son tales porque por el camino sacrificas calidad y ritual -dile autenticidad si quieres- pagando más. A mí lo que me gusta de llevar las uñas pintadas es pintármelas, pensando en mis cosas o llamando a una amiga. Y lo que me gusta del café es que, además de que sepa a café, la cocina se llene de aroma a casa y conversación.

    Dicho esto, todo es avaluar tus necesidades. Puedes escoger la versión elaborada si la excelencia en tal campo se ha convertido en una necesidad vital para ti, a la manera en que lo era para algunos, hace unos años, y como muy bien subraya Monsieur, ir al Bulli; o enseñar tú mismo al partenaire cómo hacer las cosas. Un método que por cierto lleva sirviendo a la raza humana de manera razonablemente eficaz desde allá los tiempos de “En busca del fuego”, donde la homínida le dice al homínido que no, que por detrás no sino por delante.

    Recuerdo la primera vez que oí a un grupo de chicas muy sofisticadas hablando sobre las terapias de pareja con sus respectivos. Yo tenía 20 años, era la primera vez que estaba sola en Madrid y pensé: joder, qué charme, qué nivelazo. En provincias simplemente nos separamos y a correr. ¿Útil? Puede, posiblemente. Pero la intelectualización de las relaciones sentimentales no nos ha llevado ni mucho menos a un mayor o mejor manejo de las mismas. De la misma manera que tristemente, y siguiendo la analogía gastronómica, cada vez hay más interés por la dieta mediterránea y los críos son obesos en un porcentaje alarmante.

    Por otro lado me parece enormemente normal que la gente, cualquiera, se inhiba practicando sexo delante de un extraño por muy abierto de mente que uno sea. Al fin y al cabo, parafílias a parte, si te haces una manola por Skype acostumbra a ser en homenaje a alguien que te gusta.

    Resumiendo: que cada uno haga lo que le parezca, pero me reservo mi derecho a reírme de algunas cosas.

    Y sí, por supuesto, soy una diosa del sexo y follo más que diez odaliscas de Ingres juntas. Sea cierto o no, cada uno tiene un estilo y el loser à la Woody Allen no es el mío.

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    El problema de todo lo que suena a coaching es que suele ir unido a PNL, que es una magufería reconocida sin base científica alguna y, por tanto, me suena a cuento chino diseñado para sacarle un poco más de pasta a la pequeña y mediana empresa y a los curritos de a pie con ínfulas de directivos.

    Dicho esto, a mí si me lo hacen gratis o barato y no me quita tiempo para el resto de mis aficiones, encantada de que me den consejos sobre lo que sea porque de todo el mundo se aprende y a veces hay cosas muy evidentes que no se nos pasan por la cabeza hasta que nos las hace ver otro.

    Ahora, en lo del follar como en el correr, digo yo que un entrenador es eso, un entrenador, o sea que te puede dirigir pero no puede correr por ti, eres tú quien tiene que ponerse manos a la obra (o pies en polvorosa) y practicar y practicar hasta alcanzar la perfección y, además, un entrenador te aprovecha más cuando tú ya has dado lo máximo de ti y a pesar de todo ves que te estancas y ya no sabes cómo mejorar.

  4. Avatar de MiguelMiguel

    Me fui pero veo al volver que @RONRONIA sigue con sus comentarios siempre acertados :)

    ¿Entrnar para tener mejor sexo? Bueno claramente que sí. Pero como bien dice @RONRONIA de todo el mundo se aprende y no esta mal que te aconsejen cosas nuevas. Respecto a lo de llamarlo entrenador.. veo a la pareja más como el entrenador que es quien puede decirte si a ciencia cierta si estas haciendo algo muy mal, mal, regular, bien, muy bien o sobresaliente.

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