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Relaciones

Una mujer no debería ser enemiga de otra mujer

Somos incapaces de luchar por nuestros derechos, más allá de ponernos una camiseta de moda para la consabida foto.

Estos últimos días he estado en París por cuestiones de trabajo. Suena idílico, ¿verdad? Las mismas preocupaciones, tareas, informes, pero bajo un decorado que quita las penas. No es lo mismo corregir exámenes con la torre Eiffel de fondo que desde un despacho atestado y feo. Y si algo me gusta de París son las parisinas. Si, esos seres etéreos, perfectos, divinos que pasan a tu lado recordándote lo paleta y provinciana que eres. Hagas lo que hagas, nunca estarás a su altura. Parecen tan naturales, con su ropa casual de lujo, su pelo despeinado pero perfecto y su cara limpia y perfectamente maquillada… ¡Qué envidia! Cuesta mucho ser empática, pensar que ellas también sufren, se depilan, tiene gases y nada que ponerse.

“Lupus est homo homini” decía el filósofo, “La mujer es la peor enemiga de la mujer” digo yo. TODAS, absolutamente todas nosotras hemos sido malvadas con alguna mujer a lo largo de nuestra vida. Esa compañera del cole que sacaba las mejores notas; la popular del instituto de la que el chico de tus sueños estaba enamorado; la amiga de tipo perfecto alimentado a base de comida basura; la que lleva un vestido como el tuyo pero le queda infinitamente mejor… La envidia nos corroe, la rabia de no alcanzar el estándar deseado por mucho esfuerzo que pongamos, viendo que a otras les resulta de lo más natural. Claro, que seguro que hay alguna pelandrusca por ahí que opina lo mismo de nosotras, ¿o no lo habéis pensado? Seguramente somos el objeto de adoración de otra fémina sin saberlo. Vamos, que nadie queda fuera de la rueda de las vanidades.

Nuestras envidias más aún más lejos, no se limitan al ámbito de lo estético. Somos capaces de hacernos daño, de tirar piedras a nuestro propio tejado. El movimiento feminista es claro ejemplo. Somos incapaces de uniros por nuestro bien común, luchar por nuestros derechos, más allá de ponernos una camiseta de moda para la consabida foto. Llegaríamos lejos si remásemos en el mismo sentido, buscando un ideal basado en el respeto y la admiración. En vez de ello, miramos para otro lado, nos dejamos llevar por el recelo, sin apoyar a nuestras iguales, independientemente de la  “suerte” o no que hayan tenido. Entender que sí, que hay gente con suerte, sin más. Alegrarnos del ascenso de nuestra compañera, alabar el buen aspecto de una amiga, sonreír a esa chica tan guapa con la que nos cruzamos cada día. Sin más, sin intentar buscar sus defectos. Porque, a  veces, simplemente, no los hay. Admirar, no envidiar. Es difícil, pero más sano y enriquecedor.

Hoy pasaré otra maravillosa jornada junto al Sena. Me deleitaré con la arquitectura y al arte de la ciudad. Y con las hermosas mujeres parisinas. Y les sonreiré, las seguiré admirando. No seré nunca como ellas, pero me encantan que existan. Me encanta que haya tantos modelos de mujer como mujeres hay en el mundo. Porque todas, sí, tú también, somos especiales y únicas.

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Sashimi Blues

Madre, esposa, profesora de secundaria y otras etiquetas al uso. En Intersexciones doy mi visión sobre esa vida estable que algunos anhelan y otros demonizan.

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