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Relaciones

Mis amigas se separan

Las mujeres que acaban de separarse necesitan sentirse afortunadas, necesitan que su separación sea bendecida...

«Dime de qué presumes y te diré de qué careces». Desde luego que es mi refrán español por excelencia. Oh, pero mucho, ¿eh? En Rusia tenemos la versión mafiosa diferente, que es: «Dime de qué presumes y te diré por qué vas a ir a la cárcel». No hace gracia si no eres de allí, pero yo me mondo.

Es muy aplicable a mis amigas (y a las tuyas, estoy convencida). Yo tengo amigas que siempre presumen de ser súper independientes y que critican mucho a las mujeres que, tras echarse un novio, desaparecen del mapa. Pues estas- ¡no falla!- son las primeras que desaparecen de la Faz de la Tierra cuando conocen a un tío maravilloso. ¡Anda que no! Pero si es que nos pasa a todas y a todos: una vez nos enamoramos, queremos pasar todo el tiempo posible pegados a su cuerpo. Es normal, el día tiene 24 horas: pasamos ocho horas trabajando, las otras ocho durmiendo (tres de las cuales follamos y las cinco restantes intentamos dormir, pero no lo hacemos del todo porque el supermegaenamoramiento nos desborda.) Y quedan otras ocho (que en realidad no son ocho: por desgracia, el mundo cruel nos exige hacer otras cosas, como comer, ir al baño o tener responsabilidades) que, desde que tenemos pareja, tenemos que compartir entre la pareja y los amigos de siempre.

Al principio se nos hace un poco imposible. Y es que cuando estamos solteros tendemos a tener demasiadas amistades. Una vez cambiamos de estado sentimental, aprendemos a priorizar y pasamos de tener 30 amigos a tener 3. Aún y así nos falta tiempo para verlos a los tres: olvidadas quedan las marchas de cada fin de semana y las charlas a las tantas de la noche. Pues suma. No, más bien resta. ¿Qué queda? Un tiempo limitado. Limitado y valioso.

Mis amigas también desaparecen tras enamorarse. Algunas más, otras menos. Para unas sigo siendo su prioridad, para otras paso a ser una de las 27 personas que acaban en la “periferia”. Ley de vida. ¿Qué le vamos a hacer?

Pero todo se acaba. Y sus relaciones también.

Ay, la primavera… No sé qué pasa en primavera, pero por alguna extraña razón hay más separaciones que guiris en La Rambla. Las separaciones son como los accidentes aéreos: donde hay uno, hay cinco. En realidad, creo que siempre los han habido, pero suele haber un accidente en concreto que hace que todos los demás accidentes, por muy pequeños que sean, salgan a la luz y produzcan un pánico colectivo a nivel mundial. En las relaciones pasa exactamente lo mismo. Cuando se separa una pareja de amigos, empiezan a separarse todas.

Ahora mismo muchas de mis amigas y “amigas” empiezan a reaparecer. Todas hechas polvo. Lo normal. Todas con ganas de salir de marcha. Lo normal. Y todas, absolutamente todas, con ganas de verme a todas horas y de hablarme a todas horas. Reaparecen en bloques. En bloques cargados de rabia y decepción. L-o-n-o-r-m-a-l.

Yo, cuando me separo, soy igual de rollo que todas ellas. E, igual que todas ellas, quiero que me presten atención a todas horas.

Ayer me llamó Verónica: su novio la dejó por otra. “Por otra más joven”, me dijo. Su separación fue más inesperada que un salmón en medio de un ramo de rosas.

- ¿Más joven?- pregunté asombrada. Y es que entiéndeme, Verónica tiene 26 años. – ¿Más joven? ¿En serio? ¿MÁS JOVEN?
- Sí, hija, se enamoró de una de 19. ¿Qué voy a hacer cuando tenga 40?
- Cállate, cállate, Vero. No quiero pensar en eso…

Resulta que su novio la dejó por una niña-skater con vaqueros rotos en las rodillas, uñas noreciénpintadas de amarillo chillón  y un pendiente en la lengua. Muy frustrante todo.

- Es por mi barriga- concluyó la muy tonta.
- Es por idiota- le respondí, porque sabía que eso era lo que ella quería oír.

Nada, en realidad es lo de menos. Pero a la separación de Verónica se han sumado la de Olga, la de Tania y la de Caterina. Yo, la muy egoísta preocupada por mi bienestar emocional y mi hígado, me alegré en parte: son cuatro y ahora saldrán juntas. Yo sólo tendré que seguir su evolución los fines de semana.

Y una mierda. Resulta que soy La Amiga de todas (que conste que yo nunca fui la más amiga de ninguna), pero que además tengo el blog y eso me obliga a saber a la perfección por qué sus novios las dejan.

Yo creo que las han dejado porque las cosas no han salido bien y porque el amor se ha acabado. Y ya está. Pero yo no puedo decirles esto. Mi obligación es hacer tres cosas:

1. Asegurarles que sus ex son imbéciles y que se van a arrepentir.

2. Que les espera un futuro brillante y que tengan el favor de aprovechar su magnífica soltería. Eso es lo que tenemos que hacer las que tenemos pareja: suspirar por su suerte. Porque las mujeres que acaban de separarse necesitan sentirse afortunadas, necesitan que su separación sea bendecida, necesitan “darse cuenta” de que yo mataría por estar soltera. Está prohibido mencionar que estoy feliz en pareja. Pro-hi-bi-do.

3. Tengo que atenderlas a todas horas y salir con ellas de macha todos los fines de semana para mostrar que yo, a pesar de tener novio, soy independiente. Porque ellas vuelven a ser mujeres independientes, las que odian a las mujeres que tienen un novio y desaparecen, las que saben, a ciencia cierta, que un hombre no es una prioridad en sus vidas.

Y yo lo intento. Os juro que lo intento. Las atiendo a todas horas, os lo prometo. Pero no consigo salir de marcha todos los fines de semana. Mi hígado (y mis ganas) no me lo permiten.

Soy un rollo. Soy una de esas que son un rollo que prefiere una noche de “peli-manta” en vez de una noche de discoteca bailando y haciendo la cobra. ¿Qué le vamos a hacer? Y me temo que esto nunca va a cambiar.

Aunque…

… Aunque fíjate, yo no soy madre y no entiendo a las madres que cuelgan las fotos de sus bebés. Yo creo- y lo creo de verdad- que el día que sea madre nunca seré una madre de esas. Pero luego veo mi Instagram y observo, sorprendida, que mi gata Irina aparece en el 80% de mis fotos.

También mi gata reclama, cada mañana, que le haga mimos. Porque siempre se los hago. Así que hace días que no le hago caso por las mañanas, para que se acostumbre a no despertarme a las 6. Pero cada mañana, a las seis en punto, mi gata sigue gritando y me reclama. Y cada noche, a las 10, mis amigas exigen que les responda a la llamada.

Y respondo. Y me indigno. Y me olvido de lo pesada que me vuelvo en su situación.

Pero tomo una decisión: seguiré mimando a Irina. Hasta que se muera. Y seguiré atendiendo las llamadas de mis amigas. Hasta que vuelvan a enamorarse.

Sonrío: la vida tiene estas normas.Y por mucho que me queje, es precioso. La vida es preciosa. Y todos somos egoístas. Unos preciosos egoístas. Unos preciosos y pesados egoístas. Y que así sea.

_________________

¿Y vuestras amigas qué tal? ¿También desaparecen? ¿Reaparecen después? 

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Amigas  Relaciones  Soltería  

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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4 COMENTARIOS

  1. Avatar de EditaEdita

    Lo bueno de una ruptura es que te regala la esperanza de finalmente encontrar el amor de tu vida. Bueno, o simplemente un romance de cinco semanas con unos besos que te emborrachan más que el vodka y con tantas mariposas en el estomago que ya no hace falta comer :)

  2. Avatar de BettyBetty

    Mis amigas desaparecen, yo desaparezco…. y cuando reaparezco deseo que ellas estuviesen solteras, las quiero solo para mi (aunque soy consciente de que puede no ser posible así que trato no de no joder… tanto…. Nada que hacer. Así somos todos, así somos y así nos amamos y me encanta :*

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Leyendo tu post me acabo de dar cuenta de que yo reacciono al contrario, tras las rupturas me aíslo, dejo de ver a las amigas y no reaparezco hasta que no estoy bien y fuerte otra vez. No sé por qué es, pero es lo que he hecho toda mi vida, separarme un poco de la gente que conozco y empezar a conocer gente nueva. También es en parte porque todo el rollo “que le den” y “no te merecía” en lugar de alegrarme me entristece y me hace sentir bastante idiota, mientras que el “vas a encontrar a alguien mucho mejor, ya lo verás”, me pone una presión que en esos momentos no me apetece. Soy raruna.

    O igual es que en mi primera ruptura me vi en cierto modo obligada a hacerlo así, porque todos nuestros amigos eran comunes, de manera que si salía con ellos acababa pasando más tiempo con mi ex que cuando estábamos juntos, y tuve que optar por alejarme y buscar amigos nuevos durante unos meses para no verle, y me di cuenta de que eso me hacía bien.

    Pero en general es como dices. Gente con la que te costaba quedar, de pronto está llamándote a todas horas. Aunque eso pasa con ellas y también con ellos, que yo tengo varios amigos hombres y cuando rompen me hacen lo mismo.

  4. Avatar de ZarcoZarco

    ¡En hombres es exactamente igual! Aquel prototipo de cierrabares que maldecía a los “enchochados que nos abandonaban”, el que decía “ya le dejará la arpía esa y volverá a nosotros, y le mandaré a fregar” en cuanto encuentran (por fin) el amor desaparecen del mapa por completo.

    Y la rabia que da cuando a los dos años (parece el timing estándar) de repente te llaman a todas horas, y lo flojo que eres por no estar dispuesto a cerrar Madrid un martes, miércoles y jueves.

    ¡Ni tanto ni tan poco! Por muy encoñado que esté alguien siempre tiene un partidito de fútbol o la hora del vermut un sábado cualquiera como excusa.. Total, ya saben donde encontrarnos, no han movido el bar de siempre.

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