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Relaciones

Mi novio dice…

Mujeres que desde que tienen novio, dejan su «yo» para convertirse en «nosotros».

Época rara esa, la de Septiembre. A mí me gusta, de hecho a toda la gente que conozco el septiembre parece encantarles también. Te dicen eso de: «Por fin un poco de rutina, de aire fresco» y hacen un gesto teatral con la muñeca: la apoyan en su morena cara, agotada de tanto descanso.

Me gusta Septiembre, lo reafirmo. Me da la sensación de que aparecen muchas oportunidades profesionales y todas- sin excepción- me están esperando a la vuelta de la esquina.

Me gusta Septiembre. Hasta el día 20, para ser exactos. Tres semanas después de su inicio y tras haber recorrido todas aquellas esquinas que me esperaban, pero en realidad no, empiezo a odiarlo. Sigue sin aparecer nada nuevo, la gente tiene una mala leche inaguantable, en la calle estamos a 30 grados, igual que en Agosto, pero estamos obligados a trabajar en vez de pasar el día haciéndonos selfies en la piscina. ¿Os parece justo? A mí no.

«¿Para qué he vuelto?», suelo pensar el 20 de Septiembre, y me deprimo.

Pero le he encontrado remedio. Bueno, se me ha aparecido, más bien. Consiste en tener un verano de mierda, como el mío, y no haber tenido vacaciones.

Tengo que confesar que este año me ha costado sobrevivir a las vacaciones de mis amigas. Te levantas a las 6 de la mañana, te haces un café, abres el Instagram y ahí están a todas horas: con sus vacaciones inolvidables, sus viajes bonitos, sus desayunos con fruta recién cortada, sus libros por leer y sus pies en remojo.

Adoro Septiembre. Todas mis amigas vuelven a estar en la ciudad y pueden contarme lo felices que son y lo descansadas que se sienten. Eso para empezar, pero luego se acuerdan de que hay que cagarse en su jefe, su novio o su trabajo, y las cosas vuelven a ser como antes.

Esta tarde nos hemos reunido todas: mis amigas, sus síndromes postvacacionales, mi síndrome premenstrual (¿por qué si no tienes vacaciones la regla te viene igual?), y yo, Un Saco de Hormonas.

Todas ellas contaban sus novedades y sus recientes frustraciones. Luego hablamos de irnos juntas de viaje a Lisboa por Navidades (¿hay mejor manera de volver a la realidad que pensar en el siguiente viaje?), cuando Noelia, como de costumbre, nos informó:

- Jose también piensa que Lisboa es un buen destino.

Anna la miró, se levantó y se despidió con nuestra frase:

- Me voy, hay otra chica que también me dice cosas.

La entendimos. Noelia se ha callado de golpe. Creo que se ha dado cuenta de que estamos hasta los huevos de Jose. Con lo majo que es el pobre chaval.

Os explico. «Hay otra chica que también me dice cosas» es una especie de código que significa «No quiero saber nada más de ti». Tiene su historia. Cada vez que la recuerdo, me meo encima. Literalmente.

Anna, a sus 30 años de edad, lo había dejado con su novio, después de cinco años de relación. Enseguida decidió que liarse con alguien le haría olvidarse de su novio y lo hizo. Con un muchachito de 18 años.

- Lo séeeeee- nos decía resoplando- pero es muy maduro para su edad. Y además es dulce. Ah, y está bueno- añadió simulando la despreocupación.

Le advertimos que por muy maduro que fuese tenía tan sólo 18 años. ¡Dieciocho! «Pásatelo bien, disfruta el momento, pero… ¡Por favor, no te enamores!», le dijimos.

Obviamente se enamoró. Todavía estamos alucinando.

El niño la dejó dos semanas después, a través de Whatsapp.

- ¡Qué humillante!- nos decía Anna- Soy un poco penosa, ¿no?
- Un poco sí.
- ¿Sabes qué me dijo? Es increíble. Le pregunté por qué me dejaba, por si yo había hecho algo mal, o qué. ¿Y sabes qué me respondió? Aquí está, te lo leo: «Tú y yo no conectábamos mucho, y hay otra chica que también me dice cosas.»

Sí, sí, tal cual. «Hay otra chica que también me dice cosas». Al menos fue sincero.

Ahora lo utilizamos mucho: – ¿Puedo venir a tu casa?- No, hay otra chica que también me dice cosas.

O: – Vengo a contarte lo cabrón que es mi jefe.- Hay otra chica que también me dice cosas.

Hoy ha sido uno de esos días.

Noelia, desde esta pantalla te digo lo que todo el mundo pensamos: Jose es TU novio, no el nuestro. Pero no te preocupes, no estás sola. Hay tantas mujeres como tú, que podrías llenar una isla entera: mujeres que desde que tienen novio, dejan su «yo» para convertirse en «nosotros». Hacen lo mismo que haces tú: cambian su foto de perfil de Facebook por una foto en la que salen juntos, sus galerías de Instagram parecen el book de su novio. También graban vídeos tontos en los que ambos dicen cosas que nadie entiende y los cuelgan sin reparo alguno..

Sus novios aparecen en todas y cada una de las charlas con sus amigas: «A mi novio también le gusta», «¿A ver qué opinará mi novio de esto?», «No sé si mi novio estará de acuerdo», «Mi novio tampoco nunca compra fruta en un supermercado», «¿Sabes que está haciendo mi novio ahora?», «Ay sí, a mi novio le sienta muy bien el rojo…»

Mi síndrome premenstrual me obliga a decirlo así, sin buscar las palabras delicadas: Noelias del mundo, nos importa una mierda lo que piensan vuestros novios en cada momento.

Mujeres independientes, mujeres autosuficientes, mujeres trabajadoras, estudiantes, amigas con las vidas llenas y con miles de sueños a cumplir, mujeres con una opinión firme y una personalidad muy peculiar, ¿en qué momento os convertís en una ameba? ¿Por qué escapáis de vuestra realidad para amoldarse a la de otros? ¿Por qué abandonáis vuestro mundo y dejáis las llaves puestas, aun sabiendo que os lo pueden robar?

Y por último: ¿realmente creéis que convirtiéndose en el apéndice de vuestra pareja ésta os va a respetar más por ello? Lo más probable es que suceda lo contrario.

Enamorarse es bonito. Pero todavía más bonito es enamorarse poco a poco, enamorarse muy para dentro. Descubrir al otro, respirarlo, saborear sus movimientos, colarse en su cerebro, fascinarse por lo que hay ahí en el fondo, enfadarse y explorar sus sentimientos. No hay nada más precioso que querer construir algo juntos. Pero para construir algo, no hace falta destruir lo anterior. No existe una casa más bonita que la que está llena de cosas de los dos.

Noelias, hay vida fuera de la cama matrimonial.

Ay, qué ganas de Octubre.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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3 COMENTARIOS

  1. Avatar de jazzjazz

    creo que es un mal de las muejres cuando se esta soltera uno se escuda en ser la mujer de acero que no le duele la soledad, que esta fasinada con su solteria, para después, caer en el amor, lo que secretamente pedia a gritos y entonces se escuda ya no en titulos profesionales, bienes materiales, viajes, etc ahora se escuda en la presiada adquisicion: un hombre. creo que la mujer que habla asi es por que siempre espero que ese hombre viniera a rescatarla de su propia vida :( ( espero no sonar amargada, es solo que es cierto, no hay que perder la identidad en nombre del amor …

  2. La GraduadaLa Graduada

    Qué post tan divertido para tu vuelta, Alena! La historia de “hay otra chica que me dice cosas” me ha encantado :)

    Yo también me he encontrado en la situación de estar con algunas mujeres que sacan a colación a su pareja a la mínima oportunidad. Cuando conoces a esta pareja puede tener su razón de ser, pero me he visto en la inquietante situación de que una chica a la que acabo de conocer (en un curso, una conferencia, a través de otros amigos) me hable de “su Pablo” o “su Jose” sin previo aviso, sin ni siquiera caer en la cuenta de que: 1) no la conozco y por tanto ni siquiera sé si tiene pareja y 2) que a mí no me resulta interesante ni relevante lo que opine o haga una persona que no está presente físicamente ni en las conversaciones.

    Mucho ánimo con tu libro! Un abrazo.

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Ay, no sé. Si es que en general la gente a ratos es muy plasta. Casi prefería cuando me daban la vara con “su Pepe” a ahora, que me la dan con sus hijos o con sus enfermedades. De verdad que casi prefiero saber cuáles son las ideas políticas, el equipo de fútbol o, incluso, las rarezas de su Pepe que conocer los detalles de la colonoscopia o cuántos Orfidales caen al día, por no hablar de los apaños y componendas de la preparación de la primera comunión de su Juanico.

    Pero, bueno, nostalgia aparte, sí, en la esencia estoy contigo. Mucha gente parece aparcar su yo cuando encuentra una pareja y empieza a formar parte de un nebuloso “nosotros” que por una parte excluye un poquito a las amistades y por otra diluye la personalidad de quien lo expresa. Es posible que sea más frecuente en mujeres que en hombres porque son siglos de educarnos más para vivir para los demás que para nosotras mismas, aunque también lo he visto a veces en mis amigos. Que una cosa es que cuando estás muy enamorado (y, por ende, muy caliente) estás en un estado de obsesión bastante considerable, y otra estarlo tanto que aburras hasta a las vacas.

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