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Relaciones

Mi hermana pequeña

El destino tiene estas cosas, te lleva a la otra parte del mundo para descubrir que tu camino lo tienes justo al lado.

Foto: Fábio Aguiar.

En la foto: Edu Batet y Nerea, la protagonista.

En febrero de 2010 hubo un día en el que llegué a mi casa deseando abrir el ordenador, conectarme a Skype y explicarle a Nerea que acababa de ver a mi ex con otro en un pub. Que no era una pub cualquiera, era y es (el tiempo lo arregla todo) mi segundo hogar.

Recuerdo el viaje eterno en moto hasta mi casa, que hasta entonces había sido ‘nuestra’ casa, un pequeño pseudo apartamento precioso dónde vivía con mi ex que estaba repleto de cosas, ‘nuestras’ cosas, repleto de todo lo que una pareja colecciona en una relación de casi siete años.

Ese viaje de veinte minutos a mi me pareció una travesía interminable, un camino horrible en el que mis pensamientos rebotaban por las calles y me tiznaban el alma de pena.

Recuerdo llegar a ‘nuestra’ casa y encender el ordenador, mirar a mi alrededor y ver fotos, unos zapatos de mi ex perfectamente colocados al lado del sofá, una maleta a medio hacer, una estantería llena de tazas de café, una mochila de la que salían cosas colocadas con prisa, una pila de libros llenos de post-it y una nota encima de la mesa del comedor en la que se leía algo parecido a “he pasado por casa a buscar unas cosas, un beso”.

Skype se estaba conectando mientras yo cruzaba los dedos y le pedía a todas las fuerzas del universo que Nerea estuviera conectada. Y allí estaba ella, mi especie de ángel de la guarda de la ruptura, al otro lado del ordenador escuchando todas y cada una de las palabras que salían de mi cuerpo a borbotones; todas y cada una de las desgracias que me acompañaban aquella noche.

¿No es fascinante cuando aparece un extraño y no te importa abrirte totalmente en canal? A mí me lo parece.

En esa época Nerea vivía en Sevilla y nos habíamos visto una única vez en Barcelona, el día que nos conocimos, el mismo día que ella al verme pensó que yo era gay. No recuerdo la primera vez que empezamos a hablar, pero recuerdo que no había día que no dedicáramos mínimo una hora a explicarnos la vida. A veces la conversación acababa a las tantas de la madrugada y, pese a la distancia, la sentía tan cerca que era para mí como oxígeno. Era mi válvula de escape en un momento que me estaba hundiendo por completo.

Los meses pasaron y Nerea empezó a viajar. Nada ni nadie puede detener a una mujer que pasea por el mundo a ritmo de samba, nada puede frenar esa larga melena rojiza rebelde, ni detener su enorme corazón. Caminó y bailó por las Américas, se deslizó por Asia y poco a poco cualquier distancia pasó a ser asequible, ya no había lugar en el que no planeara poner sus pies.

En ese tiempo yo empecé a vivir otra vez, ya no hablábamos tanto pero seguíamos en contacto y siempre con esa extraña sensación de poder hablar con ella cómo si no hubiera pasado el tiempo. Cuando eso te sucede con alguien es un regalo que la vida te ofrece sin más.

En ese mismo espacio de tiempo mi ex también viajó. Decidió que África iba a ser el lugar para empezar a descubrir mundo, y lo hizo con un amigo que se ha convertido en su marido y el padre de su preciosa hija. El destino tiene estas cosas, te lleva a la otra parte del mundo para descubrir que tu camino lo tienes justo al lado.

En septiembre de 2015 hubo un día en el que me encontré a Nerea en un pub. Mi pub, mi segundo hogar. Allí estaba ella con sus enormes ojos y su sonrisa como si no hubiera pasado el tiempo, como si hiciera unas horas desde el último Skype aunque hubieran pasado meses.

Mi hermana pequeña adoptiva que me sufre siempre de amores, cuando nuestras vidas se van cruzando siento que el mundo gira en la dirección correcta. Que nunca paren tus pies de bailar samba aquí, o en cualquier rincón del mundo. Gracias por estar siempre ahí.

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7 comentarios

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7 COMENTARIOS

  1. Avatar de YolandaYolanda

    Vaya… este verano me leí el libro “El mundo Amarillo” de Albert Espinosa, no voy a comentar si es bueno o es malo, simplemente me llamó la atención el concepto de Amarillo.

    Un Amarillo no es una pareja, no tiene porque haber sexo, no es tu hermano, quizás al principio no es nadie de confianza… pero si buscas la definición de “amarillo” según el Sr.Espinosa, lo entenderás.

    Yo tengo mi Amarillo que viene a ser como tu Nerea. Lo necesito. Sin más.

    Así que puedo entenderte. A seguir con esa “relación”.

    ;-)

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    A uno de mis mejores amigos lo conocí en internet, en una temporada en que estaba bastante sola y cuando llegaba a casa tenía ganas de hablar con alguien. Encendía el ordenador y conectaba el ICQ, y allí estaba él, a punto de prepararse la cena, como yo, así que nos preguntábamos qué tal el día, como si fuéramos un matrimonio viejo, y después nos traíamos la cena al ordenador y seguíamos hablando. El hecho de que él fuera un motero viejo, medio calvo, tripón y melenudo de Stockport al que le faltaban varios dedos de una mano debido a un accidente en la fábrica donde trabajaba, y yo una cría no impidió que él viniera a conocerme, ni que luego yo pasara unos días en su casa. Hablábamos de todo. Al principio todos los días y, luego, a temporadas, cuando uno de los dos tenía más vida social, más esporádicamente, pero conservamos la amistad hasta que murió hace unos años.

    Tú tienes una hermanita pequeña y yo tenía una especie de abuelo heavy con motaco.

    Cuando advierten de “los peligros de internet” y te mandan a conocer “gente real”, se olvidan de que la gente al otro lado del ordenador también es real y, por qué no, quizás más afín a ti que otra que en ese momento tienes más cerca. Seguramente todos tenemos historias de gente a la que conocimos por internet y acabaron siendo amigos, o amores. La gente es real, y la comunicación también.

  3. Kami

    me ha encantado esta entrada, me sentí muy identificada con ella. Yo también tengo una amiga a la que considero mi hermana mayor, nos conocimos en internet hace varios años, y aunque no hablamos tanto como antes, el contacto se mantiene y el cariño, también

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