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Cosas que pasan

Mi encuentro con el Karma

«Ojalá pudiera tener un infarto ahora mismo», pensé. Pero seguía viva y tenía que decirle algo.

Mi madre siempre me decía: «Ni se te ocurra salir a la calle en un estado impresentable. Créeme: el día que tengas la peor pinta, vas a encontrarte con alguien importante.»

Ay, mi madre y su cabeza repleta de telenovelas. Estas cosas no pasan en la vida real. Este tipo de situaciones sólo las viven las protagonistas de “Sexo en Nueva York” y de las películas malas que echan por la tele los domingos por la tarde. Los guiones de este tipo están escritos por los becarios sin imaginación.

Y si no me crees, fíjate en una cosa: yo vivo en pleno centro de la ciudad, suelo bajar a tirar la basura hecha un fistro, he tenido más rollos que zapatos con tacones destrozados y jamás me había pasado algo por el estilo. ¿Cómo es posible?

Pero ya sabes cómo funcionan estas cosas: hace falta que presumas de no haberte enfermado en la vida para que, a la mañana siguiente, tengas 40 de fiebre y no seas capaz de levantarte de la cama.

Sin embargo la semana pasada me arrepentí por ser tan incrédula y por no haberles hecho caso a mi madre, a las series tontas y a los guionistas becarios.

Era domingo. Tenía la regla. Pasé la mañana entera en la cama viendo programas que jamás reconocería haber visto. «¡Ojalá un cubo de helado ahora mismo!», pensé una y otra vez. Y otra. Y otra más.

Me levanté. Me puse un pantalón de chandal y una camiseta de Mickey. Creo que me la regalaron mis amigas para mi cumpleaños del año pasado. Por cierto, ¿a qué edad empiezas a ser lo suficientemente mayor como para que te dejen de regalar los pijamas infantiles?

No me peiné (¿para qué?), tampoco borré los círculos negros del rimmel del día anterior. Hice un cálculo rápido: lavar la cara- 1 minuto, ponerme las gafas de sol- 1 segundo. Al bellísimo conjunto le añadí unas Hawaianas (sí, esas “cosas” que sólo sirven para ir a la playa), y salí a la calle.

El trayecto era minúsculo: salir del portal y doblar la esquina. El Paraíso de la Menstruación, el “paqui” antidieta repleto de todas las guarrerías del mundo, estaba a diez pasos de mi casa. Literalmente.

Pillé dos minicubos de Ben & Jerry’s, pagué, aseguré que no necesitaba una bolsa: “estoy viviendo aquí al lado, no te preocupes”, y salí de la tienda para volver a colocar mi perezoso culo en el sofá.

Cuando estaba a punto de abrir el portal, escuché:

- ¿Alena?

Mierda. Mierda, mierda, mierda. No me iba a girar, metí la llave en la cerradura, abrí la puerta y noté como me tocaron el hombro izquierdo:

- ¿Alena?

Suspiré. Me di la vuelta.

¡Putos becarios! Ya os vale. Podríais haberme cruzado con el camarero del bar de al lado (no habría sido la primera vez), o con mi ex compañero de piso, o, a malas, con el guapísimo veterinario de la clínica de la esquina. Os lo habría perdonado, lo prometo.

Pero no, os parecía poco. Decidisteis mostrarles a todos que los becarios también sabíais hacer bien las cosas. Es más, vuestra insana ambición os llevó a recibir un Globo de Oro al mejor guión.

Ahí estaba ÉL, mi ex. Mi maravilloso ex, al que dejé años atrás por mi propia inseguridad. Fui tan imbécil como para dejarlo con un mensaje en el contestador, porque sabía si se lo veía, iba a ser incapaz de cortar la relación. ÉL me odió a muerte aquel mismo día, como era de esperar. Yo era joven e insegura. Lo quería, pero era demasiado guapo para mí. A su lado me sentía muy pequeña e insignificante (ya me entiendes, cuando eres joven, la autoestima puede jugarnos una mala pasada).

Yo lo dejé, pero ÉL me seguía queriendo. Fíjate tú. Se presentaba en mi casa cada día en espera de una explicación, pero jamás le abrí la puerta. Desapareció de un día para el otro.

Y ahí estaba yo, en chandal y gafas, pagando por haber sido tan cobarde.

Obviamente, ÉL no estaba solo. Iba acompañado de su preciosa “novia (barra) modelo (barra) actriz (barra) profesora de yoga (barra) una mujer encantadora con tiempo para todo”.

Todo era tan tópico y tan peliculero que sentí nauseas y dolor de cabeza a la vez. «Ojalá pudiera tener un infarto ahora mismo», pensé. Pero seguía viva y tenía que decirle algo.

- ¡Holaaaaaa! ¡Cuánto tiempooooo! ¿Qué hay de tu vida?- le pregunté intentando simular alegría.
- ¡Qué sorpresa!- me dio dos besos y me presentó a su simpatiquísima novia que, por si fuese poco, resultó ser bióloga.

En aquel momento decidí que no iba a justificarme: tenía derecho a tener un mal día. Mis “pintas” no eran asunto suyo. Es más, hace tiempo que no me importaba la opinión los demás. Era madura y segura de mí misma. Así que, simplemente, le dije:

- Siento las pintas. Y perdona, no puedo quitarme las gafas porque me molesta la luz. La migraña, ya sabes.

Iba a desaparecer sin despedirme. Total: ya estaba acostumbrado. Mis manos empezaron a temblar y los helados se me cayeron al suelo. Me agaché para recogerlos. Los siguientes en caer fueron mis gafas de sol. Y los helados, otra vez. Luego las llaves.

Tanto ÉL como su MaravillosaNoviaBióloga me ayudaron a recogerlo todo. Levanté la mirada: mis dos enormes manchas de rimmel se encontraron con los preciosos ojos verdes de ÉL.

Cogí el aire. Me puse recta e intenté sonreír, fingiendo la despreocupación absoluta. ÉL seguía observándome con curiosidad. Noté como los helados empezaron a gotear con un líquido pegajoso encima de mi camiseta de Mickey y de mis viejas chanclas.

- ¡No has cambiado en absoluto!- me dijo sonriendo, el muy cabrón.

Gracias, Karma.

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El Karma  Ex  Inseguridad  

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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9 COMENTARIOS

  1. Avatar de AliciaAlicia

    Como me he reído!! suerte que odio los pijamas miki, y en general la ropa para dormir….estoy obligada a vestirme para salir a la calle. Y si, siempre hay un ex a la vuelta de la esquina esperando ver tu peor yo, no tentemos el destino.

      1. Avatar de EditaEdita

        Sí, una acción buena con unas consecuencias inmejorables: un alivio para él (ya no le persigue tu fantasma), una lección para ti (ya sabes que la vida tiene mejores guiones que las telenovelas) y unas risas para nosotros (ya no pienso que no es ético reírse de los infortunios de los demás).

  2. Avatar de Kruzio BaalKruzio Baal

    jajajajaajaja genial, sin duda, cosa que la verdad a mi me dicen lo mismo (madre y abuela), pero por suerte, no tengo ex con las que encontrarme, cada uno se ha hecho su vida a su gusto y si nos encontramos un “hola, qué tal” “blablabla” (cordialidad ante todo) y cada uno por su camino, supongo que he tenido suerte :P

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