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Relaciones

Mi dedo índice y la relación de Carol tienen mucho en común

Así se conocieron. Fue uno de estos encuentros que, por ser tan especiales, se convierten en “esto es el destino” y “lo contaremos a nuestros hijos”.

Os voy a explicar la emocionante historia de un dedo enganchado en el agujero de un fregadero. Os parecerá una chorrada.  Juro que no lo es.

Mientras estaba redactando el post sobre las amigas, decidí hacerme un café. Me di cuenta de que mi taza favorita estaba sucia y yo, fiel a mis tazas e incapaz de tomarme un café en una taza diferente a la habitual, tenía que lavarla. Hasta aquí bien. Abrí el grifo. En 20 segundos me di cuenta de que el fregadero estaba atascado por un par de hojas de lechuga. Cerré el agua y… metí el dedo índice en el agujero. A lo guarro. Sin pensar. Total: era una lechuga, no un bicho.

Y me quedé enganchada.

Genial. No podía sacar el dedo.

Me puse nerviosa: ¿y ahora qué hago? Estaba sola en casa, tenía puesta la música a toda leche, así que, por mucho que gritase, no me escucharía nadie. Y si me escuchaba, tampoco lograría entrar en mi casa. No tenía móvil a mano. No podía intentar tirar el jabón en el agujero, estaba en el armario al que no llegaba. “Mira qué bien, están sonando The Ronettes. ¿Bailamos un rato?”

Miré el reloj. Habían pasado cinco minutos. Seguía sin poder hacer nada. Me entró la risa. Me reí un poco. Se me pasó. Seguía enganchada. Diez minutos más y Sam Brown cantó su hit “Stop”. Canté con ella y acabé llorando. Lloré dos minutos de reloj. Me sentía muy pobrecita y muy sola. Me cansé de sentirme víctima de una injusticia. Y, por hacer algo, empecé a pensar.

Lo más lógico en esta situación habría sido buscar una solución para mi problema, pero yo, como de costumbre, empiezo a pensar en las relaciones en las situaciones menos lógicas para ello. Así que empecé a buscar las similitudes: “Mi vida y mi dedo. Mi dedo y mis relaciones. Hmmm. Nada. A ver, a ver. Vamos, Alena.  Mi dedo y mis amigos. Mis amigos y sus relaciones. ¡Ya lo tengo! Mi amiga Carol y su relación del dedo enganchado en el fregadero. Es idéntica.”

Mi amiga lleva con su novio bastante más tiempo que mi dedo en el agujero. Digamos que cada tres minutos de mi catástrofe es un año de su vida en pareja, igual de “sin salida”. Igual de “sin sentido”. Igual de dolorosa e incómoda. Se enganchó hace diez años por pura casualidad. Igual que yo.

Aquel día Carol salió de la oficina para comer en el restaurante de la esquina. Pidió un bocadillo vegetal. Se atragantó con un trozo de pan con lechuga (¡madre de dios, acabo de darme cuenta que mi dedo y ella tienen vidas paralelas!). Un chico, sentado en la mesa de al lado se levantó para ayudarla. Con un gesto de estos raros, los de la película. De los que hacen que el pan salga volando, junto con la lechuga. Faltaba que se metiese en el escote de alguna señora mayor, estilo comedia. Pero no.

Así se conocieron. Fue uno de estos encuentros que, por ser tan especiales, se convierten en “esto es el destino” y “lo contaremos a nuestros hijos”. Creo que toda su historia de amor se desarrollaba por ese único motivo: para seguir contando lo divertido que había sido su comienzo.

Por culpa de una lechuga, Carol se enganchó a Sergio. Igual que mi dedo se enganchó al fregadero. Igual de fuerte e igual de estúpido, porque no tenían absolutamente nada en común desde el minuto cero. De hecho a lo largo de los primeros (miro el reloj) siete años no paraban de discutir y de reconciliarse. Todo fue tan tormentoso que nosotros, sus amigos, cada fin de año pedíamos un sólo deseo entre los cinco: que se separasen de una puta vez.

Pero no. Sergio no hacía feliz a Carol. Carol no hacía feliz a Sergio. Lo cierto es que los dos son unas personas maravillosas pero totalmente incompatibles. Sergio es un hombre muy independiente, con unas prioridades muy claras en la vida: su trabajo, su trabajo, su trabajo, sus amigos y su trabajo. Carol nunca fue parte de su día a día. Era como aquellos bolsos que vienen de regalo en una revista y los tienen porque sí. Quizás alguna vez te alegras por tenerlo y lo usas para ir al super o a la playa. Pero no son de vital importancia.

Carol no se atrevía a dar el primer paso. A veces se reía de lo desgraciada que era, otras veces lloraba. Pero no encontraba la solución. Me decía: “No lo aguanto más, pero quizás algún día se dará cuenta de lo mucho que me quiere. Lo dudo. Pero soy incapaz de salir de esta relación. No sé si me entiendes”. Y no, yo no la entendía. Hasta hoy.

Mi dedo empezó a hincharse. Su relación con Sergio también tenía un hinchazón importante. Se estaba infectando por todas las bacterias de su día a día, pero a ella no se le ocurría la mejor forma de salir de ella. Seguía ahí, pensando. En lo desgraciada que era su vida y en la mala suerte que tenía. Como yo.

Y me enfadé. Mucho. Lo suficiente como para decidir sacar el maldito dedo del fregadero. Sí o sí. Y… lo hice. Lo estiré con fuerza y salió. Entero (menos mal). Sangrando, dolorido, hinchado y muy feo. Pero enterito. Lo desinfecté. En unos minutos había parado de sangrar. Una tirita. Listo. Lo demás… era cuestión de tiempo.

Observando la tirita llamé a Carol. Tenía que contarle mi historia. Puede que le sirviera de algo. Puede que no. La lechuga asesina me hizo entender el comportamiento de mi amiga y sacar algunas conclusiones:

- Que hay que hacer las cosas bien y a veces, buscando una solución rápida, cogemos unos caminos equivocados (esta conclusión va por mí: ¿para qué meter la mano en un agujero si tengo un desatascador? No le busquéis más sentido. Es así de simple.)

- Ésta tampoco tiene mucho que ver con Carol: está muy bien buscar caminos nuevos y experimentar pero, para llegar a los mismos resultados, es más lógico seguir las normas establecidas (sólo si se refiere a algo cotidiano de poca importancia).

- Que todo lo estancado acaba hinchándose.

- Si dejas pasar demasiado tiempo, puede que una relación se infecte. Y, a pesar de que consigas salir de ella, quedarás con una extremidad amputada y, como consecuencia, con minusvalía.

- Que a menudo, si sientes un daño constante, no hace falta pensártelo tanto sino actuar a lo brusco: un, dos, tres y está fuera. Sangrando, sufriendo. Pero fuera. Lo demás… cuestión de tiempo.

- Que la próxima vez que veas una lechuga-asesina, ya sabrás lo que puede pasarte y optarás por un desatascador.

- Que tienes dos opciones: llorar y hacerte la víctima o buscar soluciones.

Carol me dijo: “¿Tienes tiritas en casa? Voy a hablar con Sergio y vengo”.

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15 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Tienes dos opciones: llorar y hacerte la víctima o buscar soluciones.”

15 COMENTARIOS

  1. Avatar de mar medina lópezmar medina lópez

    si dejas pasar demasiado tiempo….y logras salir después de tanto sufrir por inflamación es cuando queda en ti un agujero, tan grande, como si un obús te hubiera atravesado el cuerpo (me río yo de los agujeros negros del espacio). Tu grado de minusvalía es tal que piensa que ya estas desahuciada en el amor… Y ese agujero con muchas tiritas y bálsamos de paciencia logrará cerrarse …sin que alguna vez escupa algún resto tóxico como un volcán dormido…

    Gracias por tu post Alena.

    Un abrazo!!!!!

    Mar

  2. EspoirEspoir

    A nivel narrativo, creo que este es tu mejor post. Y encima divertidísimo. Respecto el contenido…. Ay, quién no ha pasado por una infección, pero lo bueno es que despuês generas anticuerpos. En todo caso para hacer este tipo de reflexiones, y tomar las decisiones consecuentes, antes hay que pasar por el dolor de engancharse el dedo. No hay manera de adquirirlas por ciencia infusa ni por ejemplo ajeno. Equivocarse es bueno, simpre que sepas sacar conclusiones constructivas de ello.

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    La persona perfecta quizás exista y quizás no pero lo que es seguro es que no la encontrarás si sigues atrapado en el desague de un amor mediocre. Es una apuesta jodida, apuesto mi soledad contra mis sueños, a la que sólo se atreven quienes están a gusto solos. La buena noticia es que a estar bien solo también se aprende. La mala es que se aprende estando solo.

    Y luego está, como apuntas, el miedo a sufrir y la intuición de que desde el nivel -10 hasta el +10 no se llega siguiendo una gráfica de felicidad ascendente sino a través de una en forma de U y que tendrás que hundirte hasta el -20 antes de empezar a subir de nuevo. Generalmente no dejas una relación e inmediatamente te sientes más feliz, hay una época pequeña o grande en la que te vas a sentir peor que antes.

    Es mala época para hacer este símil, pero es un poco como los trabajos. Si te quedas en el primer trabajo que encontraste, siendo malo, por miedo a no encontrar otro, no tienes la misma fuerza vital que el que ha pasado por diez trabajos distintos y cualquier perturbación de tu rutina te asusta mucho más que a aquél. La idea de cambiar te aterra mientras que al trashumante laboral hasta termina poniéndole las pilas, lo que no significa que si firma un contrato cojonudo no sepa apreciarlo incluso mejor que el resto.

  4. Avatar de Magda

    El problema es que a veces ni siquiera quieres ver que tu dedo está ahí enganchado, sangrando y doliendo, y haciéndote perder un tiempo valiosísimo. Pensando que ese agujero de mierda es lo mejor que podía haberte pasado y que tampoco es tan doloroso, cuando en realidad hay montones de fregaderos limpitos y relucientes por ahí…(que debe haber, lo juro) y una sigue ahí, sin razón, sin ilusión y atrapada. Y hasta que algo no nos saque de ahí (y no necesariamente un magnífico y musculado desatascador) no nos daremos cuenta del error, pero para eso hay que pasar por el período tirita que es incluso mas doloroso que el estar atrapado. Si supiéramos lo que nos espera después tiraríamos con fuerza sin pensarlo, o no…

  5. Avatar de Mr.DMr.D

    Y por eso.. soy carnívoro!!! Un día la lechuga de tu dieta, acabará contigo.. :P

    Creo que el efecto de “quedarse enganchado” en una relación simplemente por un momento o un feeling vivido inicialmente, merecería un post aparte.. pero hay demasiada gente que no sabe estar sola y prefiere estar enganchada a algo que sin plan.. (o tu tenías mejor plan que estar tan unida a tu fregadera? :D )

  6. Avatar de Sashimi Blues

    Qué angustia, querida!!!
    Yo me quedé encerrada en un baño hediondo de un bar de mala muerte un sábado de madrugada en la época premóvil. Me imaginaba bebiendo agua de la cisterna y muriendo de disentería. Gracias a que, a primera hora de la mañana, llegó la señora de la limpieza.
    Desde entonces, prefieron que me vean el culo a perderlo por salir…

  7. PipahPipah

    Hay gente muy ciega que no ve lo enganchada que está a algo que hace daño y cuando se dan cuenta a veces es muy tarde. Es mejor la comodidad de actuar como siempre que dedicarte a buscar soluciones y alternativas. Y ahí vienen los problemas.

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