Despedida-de-soltera
Cosas que pasan

Me despidieron con una polla en la mano

Y yo… pues yo permanecía parada en medio de Gran Vía con mi polla en la mano. Y sonreía.

Hace unos días les explicaba a mis amigos cómo fue mi primer viaje a España, por allá en los mediados de los noventa, y se reían un montón con mis “primeras veces”. Mi primera vez en El Corte Inglés, mi primera vez de copas un sábado noche, mi primera vez en una boda española, y así.

«Oye, podrías hacer una sección en tu blog, en la que nos explicarías tus primeras veces en todo. Seguro que a la gente de aquí le haría gracia», me decían.

No sé yo. Eso os lo dejo a vuestra elección, porque no puedo ser objetiva. Si os gusta la idea, decídmelo. Y de momento me limito a explicaros mi primera despedida de soltera.

Sinceramente, antes de llegar a España, no había ido nunca a ninguna despedida… Y de hecho, no sólo no había estado en ninguna, sino que desconocía su existencia. Y qué feliz era en aquella época, qué feliz…

Mi primera despedida me tocó muy de cerca. Más de cerca imposible: me la montaron a mí antes de mi propia boda. Yo tenía 19 años, iba a casarme tranquila (buenono muy tranquila, porque mi suegra de aquel entonces se preocupó por reunir a 150 invitados de los que yo conocía a dos) y no sospechaba de la putada que mis “amigas” estaban a punto de hacerme. Y digo “amigas”, porque tanto a Sofía como a Evelyn las conocía desde hace tan sólo dos meses.

Primero me llamó Evelyn y me dijo, emocionada:

- Mañana es EL día.
- No, me caso en dos semanas, estás confundida- le dije apresurada.
- ¡Mañana es tu despedida de soltera! Sofía y yo la tenemos más que preparada. Duerme bien esta noche y mañana te vamos a recoger a las 20h.

«¿Despedida de soltera? ¿Por qué iban a despedirme? Es más, yo ya no estoy soltera, tengo novio», pensé por un momento, pero como tenía tantas cosas en la cabeza y todavía no entendía ni la mitad de lo que estaba viendo a mi alrededor, me fui a la cama y me dormí tranquila.

Si hubiese sabido lo que me esperaba al día siguiente, me hubiese marchado del país. A pie.

A las ocho de la tarde bajé a mi portal y me encontré con una escena inolvidable: Sofía, Evelyn y diez chicas más vestidas con un tutú rosa. «Son nuestras amigas, vienen a hacer bulto», me dijeron riendo. No tenía muy claro qué significaba “hacer bulto”, pero sospeché que se refería a la diadema con una polla que todas- absolutamente todas ellas- tenían pegada en la frente.

Me quede ojiplática. No podía verbalizar ni una sola palabra. En unos minutos me pusieron un tutú blanco en la cintura, una corona de flores en la cabeza y una polla en la mano. Luego me explicaron que yo tenía que conseguir que la gente de la calle participara en un concurso. Fue aterrador. La gente a la que yo no conocía de nada tenía que lanzar unas anillas de color rosa, con la intención de que estas acabasen encima de la polla (también rosa) que yo tenía en mi mano derecha.

Yo seguía sin poder vocalizar. Pero eso no importaba, lo hicieron ellas por mí: silbaban, saltaban, animaban a la gente de la calle y repartían condones.

Y yo… pues yo permanecía parada en medio de Gran Vía con mi polla en la mano. Y sonreía. Eso es lo que siempre tienes que hacer en un país extranjero cuando no te enteras de lo que está pasando a tu alrededor: sonreír a todo.

Luego nos fuimos al piso de Sofía. La hermana de ella nos esperaba con unos cócteles en la barra que tenían montada en el comedor. En la otra esquina de la habitación estaba esperándonos una DJ (la vecina del piso de arriba). Y, cuando yo pensaba que la fiesta llegó a su fin… ¡empezó la fiesta!

Después de un par de cócteles me relajé y empecé a digerir lo que había visto hasta entonces. «¿Esto sólo se lo hacen a la novia?», les pregunté esperanzada. Pero me dijeron que no, que Jose, mi novio, hoy también “celebraba” su despedida de soltero. Que se lo organizaron sus amigos y que nadie sabía lo que iba a pasar. Y me guiñaban el ojo.

«O sea, ¿a Jose le ha tocado llevar una vagina de plástico en la mano o unas tetas pegadas en la frente?», pregunté, pero antes de que pudieran responderme, alguien llamó a la puerta:

- Polícia, ¡abran la puerta!
- Mierda, ¡ya nos jodieron la fiesta!- Exclamó Evelyn.- Alena, ¿podrías arreglarlo tú? Eres muy buena dialogando.
- Claro,- respondí aliviada, pensando en la suerte que había tenido: fin de fiesta, fin de sufrimiento.

Os podéis imaginar lo que pasó luego, ¿verdad? Yo no había visto muchas películas americanas hasta entonces, y en las pocas que había visto no había strippers.

Cuando el poli se quitó el uniforme, no sabía qué hacer: si llamar a policía, si él era policía o si era alguna trampa de la extranjería (imaginaos mi nivel de confusión). Pero las dudas desaparecieron cuando el “poli” empezó a a mover el culo (depilado, por cierto), restregándose contra mi pierna. No daba crédito: mujeres con pollas en la frente, hombres vestidos de policía con ganas de despelotarse… ¡en este país no follan!

Finalmente entendí el concepto (mi inocencia se diluyó en un chupito de tequila), pero seguía preguntándome muchas cosas mientras que el “policía”, falso y depilado, seguía paseando su pene infundado en latex delante de mi inexpresiva cara. «¿Por qué tengo que despedirme de la soltería? ¿Acaso casarse significa dejar de salir de fiesta con tus amigas? ¿Por qué necesito tocar a un tío cachas? ¿No se supone que si tuviese esa necesidad no me estaría casando?»

El poli acabó su baile y se marchó.

Yo, siendo una joven muy educada, les agradecí a mis “amigas” la excepcional organización de mi fiesta (faltaría más: menudo montaje para alguien a quien apenas conocían), y me fui a mi casa.

Eran las dos de la noche, mi novio todavía no había llegado, yo no tenía ni idea adónde le habrán llevado sus amigos, y opté por no pensar en qué podría estar haciendo. «Bonita forma de ensayar antes del matrimonio», pensé riéndome, y decidí olvidarme de aquella pesadilla.

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Boda  Despedida  Stripper  Vergüenza  

8 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“¿Acaso casarse significa dejar de salir de fiesta con tus amigas?”

8 COMENTARIOS

  1. noelia

    Pues a mi si que me gustaría que nos contaras tus primeras veces Alena, tengo muchos amigos de fuera y siempre me hacen gracia sus impresiones ejjeje. Me encanta ver las cosas por ojos ajenos. Y por cierto yo se de las despedida de solter@s y lo se de toda la vida y tengo la misma impresión que tu es algo muy ridículo que no entiendo por que se hace ajaja pero se hace! jajaja

  2. Avatar de AnaAna

    Yo también me apunto a que nos cuentes tus primeras veces!

    La despedida de soltera, bien analizada, es una tradición absurda como muchas otras…una mera excusa para irse de fiesta (que eso en España lo hacemos muy bien. Lo de las excusas digo. Bueno, quizá lo de la fiesta también). Yo de momento solo he estado en la de mi hermana, que me tocó organizar a mí, y la única premisa que había (tanto de su parte como de la mía) era que no habría ni un solo pene en ningún formato. Al final es otra fiesta sorpresa como podría serlo cualquier cumpleaños…

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    No me gustan las despedidas de soltera. Me parecen un intento de buscar la igualdad a través de la gilipollez. Tampoco las de soltero. De hecho soy tan radical que no me casaría con un tío que accediera a una despedida de soltero machista y de mal gusto. ¿Para qué me voy a casar con un chisgaravís que considera que tiene que correrse una juerga hortera e idiota para decirle adiós a su soltería. Pues una tía, lo mismo. En realidad es que odio estas actividades “solo de chicas” o “solo de chicos”, donde el resto de amigos están vetados por carecer de la equipación genital adecuada, las encuentro un retroceso. Y, mira, si al menos quedaran para algo medianamente elegante y adulto… pero qué va, todos por la calle haciendoel tontarra para luego cogerse un pedo. Que potito.

    Ahora que lo pienso, ni mi marido ni mis mejores amigos van, por convicción, a despedidas de soltero que no sean mixtas, ni tampoco mis amigas hicieron despedidas al uso, así que en realidad ni siquiera me han puesto en la tesitura de ser la rara que se niega a ir por convicción.

  4. Avatar de VirginiaVirginia

    Las despedidas con stripper son el punto número 1 del “Manual de cómo empezar terriblemente mal un matrimonio”, tanto para él como para ella. Conozco el caso de una chica que no quería stripper en su despedida y a la cuñada no se le ocurrió otra cosa que organizarle la noche en ese plan. La cara que puso la pobre cuando lo vio venir bailando fue de cine. Y la cosa no acabó ahí, esa noche a su prometido se lo llevaron a un prostíbulo sus “amiguetes”, a ella le dijo que sólo se tomó una copa mientras los amigos se iban con las putas. Se enteró una semana antes de la boda y aún así se casaron. Estuvieron dos años a punto de divorciarse. Pero bueno, superaron esa crisis y ahora están mucho mejor y tienen un niño. Pero menudos empezares.

  5. Avatar de Kruzio BaalKruzio Baal

    La despedida de mi madre fue en un bar con su mejor amiga tomando algo tranquilamente creo recordar…

    Y algún día si me llega dicha situación… sinceramente yo no quiero algo así, porque para ver y no joder es perder el tiempo. Prefiero un partido de basket entre amigos con un radiocasette, o noche de juegos de mesa + un yo nunca (por darle otro enfoque), cualquier cosa que no sea quedarse a medias con el sexo.
    En definitiva algo productivo y que me lo haga pasar bien.

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