marcar el terreno del que nunca seras la duena
Relaciones

Marcar el terreno del que nunca serás la dueña

Yo estaba en un evento en el que todos eran “hijos de”, “mujeres de” o, en caso de que no hayan tenido esa gran suerte, eran modelos. Yo fui la menos "afortunada": no tengo ni su dinero, ni su influencia ni, como último recurso, su delgadez. Pero estaba allí.

Me he perdido. Hace tiempo que se me escapan varias cosas por lo complicadas que son, y una de ellas es la de “cómo tengo que interpretar según qué gestos”, tanto en las redes sociales, como en la vida real. Jamás he entendido las indirectas, las femeninas todavía menos, y si encima se trata de “marcar el terreno”, la hemos fastidiado.

Tres cosas algo parecidas entre sí me han sucedido en las últimas semanas. Me di permiso para archivarlas en el mismo cajón bajo la etiqueta “Ni lo toques”. No sin la ayuda de mis amigas que aseguraban que era “Mas que evidente: te está diciendo que su hombre es suyo”. Gracias, majas.

Hace unas semanas asistí a un evento: un encuentro de twitteros. El encuentro fue lo suficientemente grande como para que tuviéramos que reservar el bar entero y lo bastante íntimo como para tener que dar besos a todo el mundo. Tengo que confesar que “el momento beso” es la cosa más traumática que me puede suceder en ese tipo de reuniones. Envidio profundamente a los hombres que se libran de esa horrible tradición. Se dan la mano, y listo. A las malas, se lavan las manos y ya. Yo, sin embargo, estoy obligada a hacer el “cheek to cheek” sí o sí: mi maquillaje contra sus maquillajes, mi labial perfecto contra sus mejillas húmedas (y no se te ocurra hacer besos “en el aire”: enseguida te tacharán de superficial. Y no. Hay que darles la oportunidad de odiarme por otras cosas, es más divertido).

En realidad, mi trauma viene del año 2002, para ser exacta del entierro de la abuela lejana de mi marido reciente. No conocía a la abuela, tampoco a ninguno de los 150 ancianitos de la iglesia pero, al formar parte de la familia “cercana”, estaba en la primera fila. Cuando la ceremonia se acabó, descubrí que todos, absolutamente todos los abuelitos y abuelitas, venían hacia nosotros para darnos los besos y expresar su pésame. Me sabía mal no sentir la misma tristeza por la muerte de la señora Conchita, pero todavía peor por darles dos besos a cada uno: 300 besos en total (sí, las rusas somos unas rancias: nos damos la mano y nos llamamos de Usted). Después de unos cincuenta abuelitos empecé a llorar. No podía más. Pero todo tiene su lado positivo: le caí tan genial a la familia de mi reciente marido que no paraban de decir: “Qué maja la rusa esta: acaba de entrar en la familia y qué empática es. Señora Conchita habría estado orgullosa de la elección de su nieto lejano”.

Pero volviendo al evento de los twitteros: cuando iba por la mitad de los invitados repitiendo todo el rato “Alena, encantada”, “Encantada, Alena”, “Alena, un placer conocerte”, “Alena, el placer es mío”, sabiendo a la perfección que nadie iba a recordar de mi nombre (ni yo los de ellos),  me presenté a un chico (las demás eran mujeres). No me acuerdo de cómo era ni de su nombre (para mí fue “el beso número 23-24”), así que vamos a llamarlo Paco. El beso número 25-26 iba para Elena, su acompañante:

-      Hola, soy Alena, encantada.

-      Hola, soy Elena, la mujer de Paco, ¿vale?

Elena me miró con una cara desafiante. Yo seguí con los 27-28, preguntándome: ¿y a mí qué narices me importa que seas su mujer? Pero la pregunta que todavía me preocupaba más fue: ¿De verdad es lo único de lo qué puedes presumir?

La semana siguiente viví una situación parecida. Esta vez virtualmente. Un conocido mío me agregó a Facebook. Habíamos trabajado juntos en un proyecto y me etiquetó en una foto que nos hicimos tras la finalización de éste. Cuatro minutos después su novia puso un “like” en la foto. Dos minutos más tarde dejó el comentario: “Qué guapo es mi novio”. Hasta aquí bien. Pero media hora después me mencionó a mí, diciendo: “Alena Kh, me alegro un montón que hayas conocido a mi novio. Es un crack.”

Aún y así yo estaba convencida de que efectivamente, estaba feliz de que conociese a su novio. Hasta que mi mejor amiga me dijo: “parece mentira que sepas escribir tan bien sobre las relaciones, siendo tú más ingenua que nadie. Está marcando el terreno. ¿No lo ves?” Y no, no lo veía.

Pero la última y la más curiosa actuación de este tipo tuvo lugar hace apenas unos días. No se trataba de una indirecta, porque es prácticamente imposible ser más directa que aquella señorita-señora de pelo verdoso. Tenía esa edad y apariencia en la que ya no puedes llamarla “señorita” (sonaría a peloteo puro y duro), pero tampoco me atrevería decirle “señora” por no caerle mal. Resulta que las mujeres de su edad por alguna extraña razón todavía no asimilan que ya son señoras. Y si están solteras, ni os cuento.

Yo estaba en un evento en el que todos eran “hijos de”, “mujeres de” o, en caso de que no hayan tenido esa gran suerte, eran modelos. Yo fui la menos “afortunada”: no tengo ni su dinero, ni su influencia ni, como último recurso, su delgadez. Pero estaba allí. No me preguntéis cómo ni por qué. Fue algo muy extraño. Igual de extraño le pareció a la “seño…” de pelo verdoso: según me enteré más tarde, había preguntado a las mujeres de los tres grupos si me conocían. Pero no me conocía nadie.  Así que, asegurándose de que no metería la pata si me pusiera “en mi lugar” (el de “cuidadín, bonita, ni se te ocurra tocarlo”), se acercó a mí, mientras yo estaba hablando con un señor muy amable, y exclamó:

-      Hola, reina, ¿nos conocemos?

-      Hmm, creo que no. La verdad es que no conozco a nadie aquí.

-      Ya lo veo, ya. Pues me presento: soy María de la…  De la familia de… Propietaria de… Y éste señor con el que estás hablando es mi… ¿amigo?

Lo último sonó a pregunta dirigida al señor amable y me sentí algo incómoda. Como si me hubiese colado en una casa ajena. Supongo que esa fue la intención de la Maria de La… El señor amable confirmó, fulminándola con la mirada:

-      Sí, a-mi-gos

Aproveché el pequeño silencio para dirigirme a la barra. María de La… Peluca Verdosa me siguió, se puso a mi lado y me dijo con una voz amenazante:

-      Mejor que te busques a otro, bonita. Éste es mío.

No le respondí. Pedí mi champagne y me senté en un sofá hasta el final de la noche, haciendo los apuntes que se han convertido en este post. Veis, todo sirve para algo.

¿Será el ambiente este? , pensé. Pero no. Teniendo en cuenta que las situaciones anteriores tuvieron lugar en lugares muy distintos y con las mujeres muy dispares, “marcar el terreno” no tenía nada que ver con la educación recibida, ni el estilo de vida.

Somos idiotas. Lo somos de verdad. ¿A qué vienen esas inseguridades? ¿Para qué esa necesidad de defender algo “tuyo” que, de hecho, nunca va a ser tuyo?

Se lo he preguntado a mi amiga, eterna defensora de que marcar el terreno es imprescindible, dado que “hay muchas zorras sueltas por allí ”, y me dijo lo siguiente: “No es inseguridad. Lo que pasa es que los hombres son tontos y caen fácilmente”.

Ahora en serio: ¿para qué queréis estar con un hombre tonto? Es más, si te la pega con otra podrías llamarlo de cualquier manera menos “tonto”. Pero aún y así: ¿realmente creéis que por tenerlo vigilado no lo va a hacer?

Puede que no sea cuestión de inseguridad, puede que los celos sean más bien una enfermedad o una simple desconfianza hacia todo el ser humano, pero es tan increíblemente ridículo y penoso, que ya por el simple hecho de tener amor propio deberíamos dejar de comportarnos como unas niñas de 15. El otro día un científico me aseguraba que los celos son inevitables pero yo, con todo mi amor hacia la ciencia, me siento obligada a llevarle la contraria: llorar es inevitable, respirar es inevitable, dormir es inevitable, pero sentirte dueña de otro humano sí es evitable. Y tener respeto hacia ti misma es imprescindible.

Hay una cosa que a muchas damas no les queda clara: los celos no hacen gracia, sino agobian, provocan discusiones sin sentido, destruyen a la pareja  y nos hacen sufrir sin motivo. Y si los celos son fundados, ya son palabras mayores.

Los celos buenos, igual que la envidia sana, no existen. Son términos para excusar un sentimiento incorrecto. Y además, dado que a los humanos nos atraen las cosas prohibidas, insinuar a alguien que es tu rival le da motivos para iniciar una guerra. Cuanta más información disponen los demás, más puntos tienen para joderte la vida.

Señoras y señoritas, menos guerras y más independencia. No hay nada más placentero que estar al lado un hombre que te aprecia como individuo, seas su pareja o su a-mi-ga.

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Celos  Desconfianza  Mujeres  

19 comentarios

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Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Señoras y señoritas, menos guerras y más independencia.”

19 COMENTARIOS

  1. Avatar de Anita Patata Frita

    Siento decirte que no con todas se marca el territorio, ejem ejem recuerdas el post donde hablamos de que coqueteas con todo el mundo (o eso decía un amigo que tenías y yo reafirmé) pues eso… Que te ven venir de lejos y eres un imán para dar celos porque eres sexy, mona y coqueteas mucho XD Por eso he de decirte que esto que cuentas le pasa a gente con gente que ellos consideran rivales más fuertes para luchar cuerpo a cuerpo porque perderían, por eso te marcan el territorio para evitar la lucha.

    Si habéis entendido la mitad de lo que quiero decir vale… Dios cuantas cosas quiero decir y como me cuesta no liarme XD

    1. Infinito SiempreInfinito Siempre

      Pero no por coquetear hay que “marcar el territorio”. Me refiero a que en el momento en el cual empiezas a MARCAR es porque no confías en tu pareja. Sí, sí. Suena a locura pero ¿qué necesidad hay de dejarle clarito a otra tía que es tu hombre? Será tu hombre mientras él (y tu ) quiera (queráis)! Si él marcha con ella será porque no quiere estar a tu lado, no porque haya coqueteado nadie con él.

      Alena yo creo que no debes preocuparte por si sabes identificarlo o no, no es tu lucha. Es de esa pareja que tienen confianza “selectiva”.

  2. SmeraldaSmeralda

    ¡Vaya! ¿Estás o has estado casada? No tenía ni idea… =P

    Yo antes era bastante celosa, pero era debido a mi inseguridad. Jamás “he marcado territorio”, yo me quedaba observando en la penumbra para observar que ocurría… eso no quitaba que no me estuviera “muriendo” por dentro. Luego atacaba a mi pareja si creía que había hecho algo mal y le pillaba totalmente desprevenido….

    Pero vamos, que como la seguridad en mí misma ha mejorado bastante, los celos han disminuido bastante también, pero yo soy de las que piensa que son inevitables. Creo que ni la mujer más segura del mundo podría sentirse a gusto o cómoda si otra mujer coquetea con él. Ella siente el riesgo de perder a su amor y ahí es donde se produce el dolor llamado celos.

    Además, los celos nacen de unas ideas ilógicas y estúpidas (en muchos casos) que nos formamos en la cabeza, por tanto los celos son ilógicos también, y no estoy segura de si eso tiene cura…. se puede moldear, agrandar, achicar, pero eliminar…..

    ¿Nunca, nunca, nunca has sentido celos? =P

    1. Alena KHAlena KH Autor

      Claro que he sentido celos. Eso sí, las veces que me ha pasado (pocas), me he sentado, me he tomado mi coca cola (diría que más bien vino, pero paso que penséis que soy una alcohólica. Juas), y he pensado: ¿para qué?

      Si le gusta más la otra, adiós.

      Y así.

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Lo normal es lo que decís, que una señora con poca seguridad en sí misma y un exceso de celos saque de madre una situación de lo más normal en la que su “legítimo” está hablando inocentemente con una mujer guapa que sí coquetea un poco pero sin intención, porque le sale así. Pero también es verdad que hay algunas ocasiones, muy pocas, en la que una tía se lanza en plancha a por tu marido delante de tus morros y te entran ganas de acercártele por detrás, poner la voz ronca y decirle “Ya no me tienes respeto. Ni siquiera me llamas padrino”. Sí, vale, de eso y de dejarle una cabeza de caballo en la cama, pero no lo haces porque cuentas hasta tres, dejas que se te baje la vena de la frente y te das cuenta de que si no quieres que a tu marido le entren señoras, jopé, ¡haber elegido un callo! :-) ))))

    Ahora sin bromas, la verdad es que nunca me he visto en el caso porque mis novios nunca han sido coquetos y sí más de cortar estos últimos avances de los que hablo antes siquiera de que a mí me empezaran a incomodar. Tampoco creo que si me llegara a incomodar hiciera nada porque no es lo malo sentir celos, uno siente lo que siente pero lo que te convierte en quien eres es cómo decides actuar. El caso normal en que una chica ha hablado con ellos y ha coqueteado sin darse cuenta, porque es su forma de moverse y le sale natural actuar así, ese no me molesta en absoluto, seguramente yo también lo haré sin darme cuenta con mis amigos y mis compañeros de trabajo en ocasiones.

    1. Alena KHAlena KH Autor

      En uno de los posts soltaste eso de “haberte casado con un callo” y creo que desde entonces no he parado de reírme. :D

      Entiendo que hay mujeres que “se lanzan” encima de los hombres, pero… ¿Y ellos? A veces me da la sensación que los tomamos por unos inútiles que no saben defenderse o son, simplemente, idiotas.

      Y no.

  4. CristinaCristina

    Si hay algo que me da vergüenza ajena en esta vida es precisamente esto de lo que hablas en este post .
    Mujeres que marcan territorios , pierden la dignidad y hacen el ridículo en público por celos de otras mujeres .
    Celos se pueden sentir en montones de momentos pero si tienes algo que decir j- o-d-e-r será a tu pareja y en privado ¿no ?

    Yo tengo la edad de la no señorita del pelo verde y efectivamente y si que una chica guapa y mucho más joven bromee con tu pareja te pone al borde de las convulsiones tienes un grave problema .
    Sentido del humor y ¡qué ligue con quien quiera ! Ya veremos luego que pasa ….jajajaaaaaaa
    Alena te va a pasar un montón de veces esto , utilízalo para divertirte sola
    - muac , muac ¿tu de quien eres?

  5. EspoirEspoir

    Lo que explicas es una consecuencia natural pero relativamente sofisticada de tu soltería.

    Me explico. Yo, soltera bastante vocacional, me he pegado un montón de BBC (bodas, bautizos y comuniones) siendo la más mona del lugar y llevando del brazo solo mi clunch y, a veces, una botella y los tacones si la cosa se desmadraba mucho. Cuando una mujer está sola en un contexto en que la mayoría están en pareja, como pueden ser saraos sociales varios, eres un agente extraño y los anticuerpos se activan. A mí me han llegado a llamar en casi mi misma jeta “robanovios”. Lo que pasaba es que, a diferencia de los demás bordes que poblaban el bodorrio, el muchacho que supuestamente me quería robar (la verdad es que ni me lo planteé) se dio cuenta de que estaba sola y desubicada y fue amable y educado y me dio conversación y algo de compañía.

    Es algo muy feo. A mí no me importa que las mujeres se acerquen a mis hombres, es más, es algo que me enorgullece relativamente, cosa que tampoco debería ser porque demuestra cierto sentimiento de posesión que no me resulta sano. Pero sobre todo lo que me gusta es verlos coquetear con ellas hasta el indecfetible momento en que se giran con su sonrisa más seductora, les dan la espalda y vuelven a mí.

  6. monsieur le sixmonsieur le six

    La anécdota de los besos cuando eras niña y lo de Envidio profundamente a los hombres que se libran de esa horrible tradición me han resultado curiosa. ¿No es en Rusia donde los hombres también se saludan con dos besos?

    Sobre los celos, supongo que no es necesario que diga que estoy de acuerdo en que no son nada bueno. Se trata de un sentimiento que, aunque comprendo, desde luego no comparto, y considero una reminiscencia de unas costumbres obsoletas, pero demasiado arraigadas tras tantos siglos de amor posesivo. Espoir lo ha expresado muy bien.

  7. barnalolabarnalola

    Bravo Alena, me ha encantando, me siento muy identificada con tu post por dos razones:

    Primera. Tema besos, yo no soy rusa y te aseguro que si puedo “escaquearme” de darlos lo hago, me gusta dar besos a la gente que quiero o aprecio no por puro formalismo. Siempre me acuerdo de la imagen de la Merkel teniendo que darle besos a Sarkozy y a Berlusconi, en fin.

    Segundo. No hay nada más penoso que una mujer marcando territorio, sinceramente es algo que no soporto, no se porque ellos lo aguantan y es más si se lo hicieran a ellas él sería tachado de machista, celoso o vete tu a saber.

    Yo nunca me he considerado celosa, es más considero que si estás con un hombre que tiene buena relación con otras mujeres, es un punto a su favor. Yo valoro que tenga buenas amigas y buen rollo con compañeras de trabajo. Si ha decidido estar conmigo por algo será y me parece super necesario dejar suficiente libertad a tu pareja para poder valorar el tiempo que pasa contigo.

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