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Relaciones

Mamá, yo de mayor quiero ser soltera

Resulta irónico cómo siempre se ha imaginado a la solterona como aquella que no ha sido capaz de encontrar pareja.

Lo primero que me llamó la atención de ella fue su risa. Después su naturalidad. Viniendo de una mujer así te lo crees –pensé. Te lo crees todo, y casi que te apetece probar.

Conocí a Kate Bolick hace unas semanas, cuando vino a Barcelona a presentar su libro Solterona. La construcción de una vida propia (Malpaso, 2016). Desde entonces no dejo de darle vueltas, la soltería como opción, como decisión individual sin que la otra parte deba verse implicada. No porque algo no funciona en tu relación, simplemente porque es lo que te pide el cuerpo. El famoso “no eres tú, soy yo” que por primera vez no suena a excusa para no hacer daño.

Nunca me he atrevido a dejar una pareja porque me apeteciera estar sola. Resulta inevitable imaginártelo de vez en cuando, sobre todo cuando hay una pelea. “Ahora le pediré un tiempo”, “le diré que coja la puerta y se largue” grita una vocecilla en tu cabeza. Y no es que no le quieras, solo que en ese momento desearías quererte más a ti. Es ley de vida; el césped del jardín del vecino siempre está más verde. Cuando estamos solteras queremos una relación, cuando la tenemos fantaseamos con la soltería de nuevo.

Mi amiga P dejó a su novio a poco de cumplir los treinta. El culpable, según ella, fue el surf: siempre había eventos más importantes, olas más grandes, excusas más inverosímiles. Enamorada como estaba tomó una decisión de valientes pero le bastó probar la soltería para volverse adicta. Ahora la veo rechazar chicos fantásticos porque “no me aportan nada que no me pueda aportar yo misma”. Bravo por ella. Pero claro, luego ves y explícaselo a tu madre. Esa que aprovecha cada segundo para preguntarte si aún no has conocido a nadie, si seguro que no te arrepientes de haberlo dejado, que a partir de esta edad cada vez cuesta más encontrar a alguien soportable para convivir.

Resulta irónico cómo siempre se ha imaginado a la solterona como aquella que no ha sido capaz de encontrar pareja sin considerar que tal vez es que no le ha gustado lo que ha encontrado. Recuerdo que de pequeña me instaban a echarme novio cuanto antes porque “te vuelves más quisquillosa con los años”, “dejas pasar menos cosas”, “todo te molesta”, y en parte es verdad, pero no porque nos volvamos más amargadas, tan solo más exigentes. Para bien o para mal aprendemos. Por fin –y gracias a Dios– llegamos a tener el valor de decir lo que nos gusta y lo que no.

Otra amiga mía, N, es azafata de vuelo. Se mudó a la otra punta del mundo buscando vivir según sus propias reglas, para conocerse. A su novio lo conservó, pero a más de 5.000 kilómetros. Al parecer, sigue sin preocuparle demasiado. “Le quiero, claro que sí” me contaba con brillo en los ojos, “es solo que necesitaba espacio, poner las cosas en su lugar, y me he dado cuenta de que así funciono”. Yo aún no me he marchado, pero tal vez un día lo haga, y me gustaría poder tomar la decisión sin miedo a pesar de tener pareja. Porque cultivar tu soltería en una relación es más sano que el yoga. Y cuesta bastante menos. Basta con quedarte despierta hasta las tantas mientras lo oyes roncar en la habitación contigua, o volver a desayunar sola, solo para recordar lo que se siente. Se trata, en definitiva, de buscar esos momentos de “solterona”, como los llama Kate, para no olvidar esa parte de ti que es, y debe seguir siendo, independiente y autosuficiente.

Pero aceptar la soltería no es fácil, ni tampoco vivir con ella a largo plazo. Seamos sinceros, a todos nos gustar estar solos siempre y cuando no estemos realmente solos. Os contaré un último caso. Llamémosla Lola. Pues bien, Lola llevaba soltera muchísimos años y un buen día decidió regresar al pueblo de sus padres y se casó. ¿Por qué? Le preguntaba todo el mundo, y ella respondió: “Pues porque llevaba tantísimo tiempo sola y descubrí que me sentaba tan bien, que tuve miedo de quedarme soltera de por vida”. Toma epifanía. Apuesto lo que quieras que a Lola le pudo el estereotipo de imaginarse a los cincuenta y con veinte gatos. Tal vez tuviera en ella menos de solterona de lo que se pensaba. Tal vez deberíamos tener todas más de solterona de lo que nos han inculcado. Las relaciones serían más sanas, como poco.

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Alexandra SenPor
Alexandra Sen

Nací en Kiev y tengo un gato llamado Pushkin. Licenciada en Historia, reparto mi tiempo entre libros, copas de vino y labores editoriales.

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  1. monsieur le sixmonsieur le six

    Tradicionalmente se ha despreciado demasiado la soltería (y en general la soledad) y se ha alabado demasiado la idea del amor para toda la vida y, lo que es peor, a todas horas. Se ha creado una imagen idílica del matrimonio, en el que dos personas, a partir de un día determinado, se aman fervorosamente las 24 horas del día hasta el fin de sus vidas. Esto provoca una sensación de culpabilidad, no sólo entre quienes se quedan solteros, sino entre aquellos que, tras un tiempo de convivencia en pareja, notan que quizás no se aman como el primer día, o que hay días o semanas que preferirían estar solos. Y esta culpabilidad es absurda porque, en el fondo, todos necesitamos de momentos de soledad, o de estar sin esa persona que nos acompaña tanto tiempo, quizás demasiado.

    Probablemente la virtud esté en el medio, y quizás habría que inventar el “semimatrimonio”, en el que tienes pareja, pero no 24/7, sino que por temporadas pasas a ser soltero, como si tuvieras unas vacaciones. Sería bueno para la persona y para la propia pareja. También es muy interesante el concepto de poliamor, que hace años parecía una frikada de cuatro locos, pero del que cada vez se habla más.

    En lo que no estoy del todo de acuerdo es en lo de “te vuelves más quisquillosa con los años”, “dejas pasar menos cosas”, “todo te molesta”, y en parte es verdad, pero no porque nos volvamos más amargadas, tan solo más exigentes. Realmente sí nos volvemos (y yo me incluyo) más amargados con los años. Imperceptiblemente quizás, pero aunque uno no quiera, las experiencias negativas van deteriorando la imagen que tenemos del otro sexo y de las personas en general, de modo que cada vez nos cuesta más abrirnos, y cada vez vamos con más desconfianza (cautela lo llamarán algunos) en nuestro trato con personas nuevas. Tampoco es que sea necesariamente malo (a fin de cuentas nos evita problemas), pero creo que es así.

    1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

      Yo creo que la virtud está en mirarse las tripas con sinceridad y aceptar lo que te hace feliz a ti. A mí, por ejemplo, lo de la relación a ratos o el poliamor me va más o menos como los perdigones a las perdices. He vivido soltera a temporadas y estaba tan ricamente, pero ahora podría estar 24/7 con el montañés y no me sobraría un segundo. Puedo estar sin él pero no me sobra nunca y, afortunadamente, es mutuo. Con él quiero 24/7. Joder, si me dieran 300 o 400 años para disfrutar de él en lugar de los 40 que nos quedan (con suerte), igual querría otra cosa. Con otras parejas y en otros momentos he querido otras cosas. Lo importante es saber qué te hace feliz a ti y no achantarte por lo que piensen todos los demás. Hay una edad ya en que las opiniones ajenas pesan infinitamente menos que la tuya, y eso es bueno.

      Que hagáis lo que os haga felices a vosotros, leñe, y los demás que arreen. Yo quiero a la gente libre y feliz, que así no les queda tiempo de darme por saco ;-) ))

      1. monsieur le sixmonsieur le six

        Por supuesto, que cada cual haga lo que le haga feliz. Eso sin duda.

        Seguro que hay mucha gente que, como tú, puede ser feliz estando con la otra personas 24/7 durante más de 30 años. Es muy bonito eso, pero cuando veo a tantos y tantos matrimonios (o parejas, vamos) que tras unos años así ya no se aguantan, pienso que quizás si la convivencia no hubiera sido tan intensiva, a lo mejor no estarían tan desgastados.
        Lo mismo pasa con el poliamor: no es algo para “todo el mundo”, pero creo que si nuestra sociedad no fuera tan reticente a este tipo de relaciones, muchas personas se hubieran sentido más libres y satisfechas en su vida, que no empeñándose en una “historia de amor” estándar porque es lo que “se supone” que debe ser.
        A eso venía mi comentario, a que no es una disyuntiva entre solteros y casados, sino que hay muchas maneras de hacer las cosas.

  2. 4Colors4Colors

    Mi experiencia como adicto a la soltería empezó cuando mi pareja hizo las maletas y me abandonó en el comedor de mi casa (podía haberlo hecho en una gasolinera pero no sabe conducir). Ahí es cuando decides estar un tiempo solo, cuidándote, viviendo sin dar explicaciones a nadie, etc… Lo típico. Luego viene una fase de estar bien con la situación y, tal y como dices, te vuelves exigente, cualquier leve “error” hace girarte y dar media vuelta, la cama es grande cuando duermes solo e incomprensiblemente, se ha encogido muchísimo cuando hay alguien a tu lado, cada vez que encuentro a alguien que podría ser mi pareja solo hago que analizarla, no hago más que ir con la balanza poniendo unas cosas en un lado y otras en el otro y siempre se inclina hacia el mismo lado…

    Y una tercera fase terrorífica: pierdes la perspectiva. Ya no sabes si quieres estar solo o se te ha enquistado la soltería. Tienes miedo a haber olvidado lo que es enamorarse, tu espacio vital ocupa el mundo y acabas decidiendo que nadie te aguanta ni tú quieres que nadie te aguante. Demasiado trabajo.

    Cuando superas todas esas fases —unos siete años de duración, en mi caso, pero entiéndase que los escarceos, líos, revolcones, repetir con la misma más de tres veces y demás no traicionan la soltería— asumes que es tu condición. Si no fuera porque la edad avanza y la “soledad” es lo peor que le puede pasar a una persona muy mayor —porque lo piensas y mucho para el día que sea una realidad— podrías llegar a ser el ser humano más feliz de la tierra.

    Posiblemente no soy feliz 100% y lo asumo pero me entristece mucho ver a amigos y amigas de mi alrededor que están con sus parejas porque nunca se preguntan seriamente si son felices o no quieren admitir que les da pánico no estar con alguien. Así, no. La balanza vuelve a caer del mismo lado de siempre.

    “Pero aceptar la soltería no es fácil, ni tampoco vivir con ella a largo plazo” una gran verdad.

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