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Luz de Gas, no lo sé hacer

“Tío, siempre vamos. Los 20 euracos bien valen la pena. Estadísticamente, son más las veces que pillamos y triunfamos que las que no”.

En Barcelona, como en cualquier ciudad del mundo, parece haber lugares emblemáticos a la hora de ligar. Como todo libre mercado, el mundo de los singles (y no tan singles), se regula a sí mismo y encuentra espacios comunes que utilizan la fiesta como excusa para cristalizar una aventura de una noche o la proyección de un Amor de vida. Soy justo, hay quienes sólo van de marcha pero este post no se centra en ellos.

Hace poco me he mudado a un piso compartido con otros tres solteros que, a su vez, tienen una horda de amigos también singles. Quizá es porque vivimos en Aribau pero son adictos a Luz de Gas, la discoteca.

Luz de Gas, a dónde ya había ido unas dos o tres veces, tiene sus virtudes porque reúne parte de la fauna local y guiri más atractiva (o, al menos mejor, acicalada) de Barcelona. Es un lugar agradable a la vista, más allá de la infraestructura. Me gustan los vestiditos, me gustan los escotes, me encantan las piernas, los peinados, las bocas y los ojos que se pueden ver allí.

En definitiva, mis compis de piso no tenían que hacer mucho para venderme la moto. De ir y entretenerme viendo, me entretendría viendo. De eso no hay dudas. Sin embargo, ellos aportaron datos adicionales: “Tío, siempre vamos. Los 20 euracos bien valen la pena. Estadísticamente, son más las veces que pillamos y triunfamos que las que no”.

Me gustan los números y mucho más las estadísticas, posiblemente por ser un enamorado del Béisbol. Aún considerando que mis compañeros de piso posiblemente estaban exagerando, con un 60% o 70% de éxito, hice una extrapolación más conservadora cortando la cifra a menos de la mitad. En Béisbol, si de cada 10 turnos al bate (ofensiva) triunfas 3, eres un crack. Es decir, siendo conservador, cribando la exageración de los datos proporcionados, estamos hablando de cerca de 30% conquistas. O en lenguaje beisbolístico “¡bateas para .300, hermano!”

Además, a juzgar por la cantidad de veces que estos chicos regresan a casa acompañados, sus cifras, más que un invento etílico, están sustentadas en hechos cantantes y sonantes.

En conclusión, convencido, he decidido acompañar con mis compis en la búsqueda de la gloria deportiva.

¡No lo sé hacer!

He ido, me he emperifollado (wordreference con esa palabra) y lo he intentado. El resultado es simple: soy un desastre, soy malísimo, doy pena… no lo sé hacer. No soy un león, soy un triste ñu cuando me ponen en esos ambientes. Pero un ñu de los leprosos, porque ni una “cougar” me quiere morder.

No me ubico, no entiendo el lenguaje, no sé cómo relacionarme en semejante ambiente. Si fuera un deporte profesional me dirían: “Ay muchacho, usted no sirve para esto, mejor dedíquese al periodismo deportivo” (cosa que en la vida real hice al inicio de mi carrera).

A lo largo de mi vida, solo o con amiguetes, siempre me ha gustado ir de discotecas de cuando en cuando, pero no es lo mío. Ya entiendo por qué mi ex mujer, siendo novios o luego estando casados, no se preocupaba en lo más mínimo cuando le decía que me iba de marcha a una disco. Ella lo tenía muy claro. En esas sabanas no soy peligro ni para mi mismo.

En este post lanzo una pregunta a todos vosotros, en especial a vosotras: ¿Cómo se hace? ¿Cómo se triunfa en una disco? Yo no conozco las respuestas pero si sé en qué puedo estar fallando.

En primer lugar, me siento incómodo. Las multitudes me molestan. Con ellas vienen el calor, el sopor del sudor de muchos y niveles asfixiantes de CO2. Es desagradable.

Nota al margen: antes al menos dejaban fumar disimulando un poco el tema de los olores y haciendo más soportable la asfixia.

En segundo término, en una disco, con la música a todo dar, no se puede hablar. Yo no domino las artes de la telepatía que muchos si parecen conocer. De verdad, lo digo con seriedad, entre ellos (todos en la disco menos yo) es como si se entendiesen. Se comunican los unos con los otros sin mediar palabra pero de alguna forma disertan sobre la vida y hasta llegan a conocerse. Todo ello con un trago en la mano, y moviendo la cabeza y los hombros al son de la música. Son magos. No hay otra explicación para mí.

Finalmente, lo mío es conversar de manera verbal (utilizando palabras, más de una) y trato de buscar chicas que, de una u otra forma, se vean tan Lost in Translation como yo.

Lo consigo pero esto tiene al menos tres grandes peros.

- Generalmente vienen acompañadas de otras tías, lo cual crea capas de obstáculos que debo sortear una a una como si fuera un juego de Nintendo. Luego, estas tías, las amigas, te miran muy raro y casi con odio cuando ven que estás de hecho hablando (gritando) con su amiga. Es algo así como “¿De qué va este chaval? Está conversando… con nuestra amiga”. Ella, el destino de mis mensajes, pronto se une la segregación de su manada contra el bicho raro: yo. Gracias a eso del Test de Asch.

- El otro problema es que muy probablemente, ella y sus amigas estén en lo que llaman “noche de chicas”. Que de dicho con simpleza es “vamos a tontear a una disco pero regresamos a casa todas juntas, sin compañía adicional”. Vaya tontería del tamaño de una templo. Quedaros en casa, abrir muchas botellas de vino y poned en el DVD el Box Deluxe de Sex & The City. Haced eso y yo me sentiré menos confundido en un garito bailable. Es decir, eso contribuiría a bajar mis niveles de frustración.

- No menos complicado es cuando lo que ocurre es que ella está tan fuera de lugar como yo. En su cabeza transcurren pensamientos como los míos “¿por qué habré venido si sé que odio estos lugares?”. Lo que sucede en este caso es que le hablaré y ella ya estará predispuesta a, para decirlo de manera elegante, enviarme a la mierda.

Anyway, anyhow, el problema no son ellas. El problema soy yo. No domino las artes del ligar en esos lugares. Dadme una silla, un buen trago, música audible pero decorativa y la historia podría ser distinta.

Por el Amor al deporte.

La contrariedad para mí es que no estoy a gusto y eso se nota. No amo el deporte de ir pillar a discotecas. Cuando estoy allí me encuentro en tensión. Borracho pero concentrado en tratar de entender qué pasa a mi alrededor. Quiero descifrarlo. Busco infructuosamente mi Piedra Rosetta. En mi rostro se palpa la confusión e incomodidad.

Y entonces volteo a ver a mis compis. En sus caras hay felicidad. Coño, son muy felices. Sonrisas aunque bailen solos. Disfrute aunque les rechacen uno o varios bailes. Ellos simplemente están en comunión con el ecosistema. No piensan, solo disfrutan. La verdad, es que estando allí les envidio esa capacidad de tener un switch o interruptor que les permite bloquear sus pensamientos (voces internas) y dejarse llevar.

He llegado a la conclusión de que ellos no van con el único objetivo de llevarse a una tía a la cama. Ellos van a jugar el juego de pillar, ganen o pierdan. Y por eso es que son buenos y deportistas de alta competición. Ellos aman el deporte a secas. “Hoy perdí, mañana lo vuelvo a intentar. Hoy gané, mañana vuelvo a venir al parque”, así lo viven. Aman el olor de la grama recién cortada, el olor del guante de cuero con el sudor de sus manos, el sonido del contacto de la pelota con el bate. Lo hacen por el Amor al deporte.

Asisten con la actitud correcta de ir a gozar del momento, a bailar, a beber y a reír. Les entiendo, porque me pasa lo mismo en una cena o en una fiesta pequeña en casa de algún conocido. Pero en Luz de Gas, no lo sé hacer.

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2 comentarios

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MendezPor
Mendez

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“Soy un ñu de los leprosos, porque ni una “cougar” me quiere morder.”

2 COMENTARIOS

  1. monsieur le sixmonsieur le six

    Buenísimo, me he sentido muy identificado XD

    Realmente hay personas que aman ese deporte en el que, para bien o para mal, soy un desastre. No les importan las negativas ni el dinero y el tiempo que han de malgastar. Tampoco les importa que, incluso teniendo éxito con alguna, a los 10 minutos se haya perdido por algún rincón de la discoteca y no la vuelvas a ver o que, incluso acabando en su casa, al día siguiente vuelvan a la suya sin recordar ni cómo se llamaba.

    Pero bueno, cada cual a lo suyo.

    Por otro lado hay que reconocer que, incluso a pesar del ruido, son mejores lugares para ligar que un bar tranquilo en el que los grupitos que se sientan ya están hechos y, por lo general, no hay situaciones que den pie a entrar en contacto fácilmente con alguien.

  2. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Es buenísimo, el post. Ligar en discotecas es para mí como regatear (de pelear por que te bajen un precio, no balompédico): veo que la gente se lo pasa pipa y yo, en cambio, o paso mal rato o me cabreo o me aburro.

    He ligado en el trabajo, en el supermercado, en el tren, en aeropuertos y estaciones e, incluso, una vez en el cementerio, dios tenga piedad de mi alma, y otra en una reunión de comunidad, que ya es lo último. No tengo complejos y me gusta entablar conversaciones con desconocidos, pero el ambiente de los bares de noche y discotecas, donde hay que hablar de insustancialidades entrecortadamente y a gritos… simplemente no se me da, y no rrecuerdo haber ligado ni una sola vez en esa situación.

    Pero tengo un amigo que era un profesional y pillaba siempre que salíamos. Era de tipo agitanado y las chicas si tenían prejuicios le aventaban, no siempre amablemente. Entonces les decía algo como:
    “Qué te has creído. Tías como tú…. para mandarme a la mierda las tengo a cientos”. Eso u otra salida de pata de banco parecida, que las cogia por sorpresa y conseguia que le dejaran un rato más. Un crack. Es un arte como otro cualquiera.

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