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Relaciones

Los Millennials también amamos

Somos Millennials queremos ser amados, pero admitirlo no es aceptable dentro de nuestro grupo.

Ya estoy prácticamente asentado de nuevo en Madrid, si bien es cierto que mentiría si dijese que este último mes ha sido un camino de rosas. No es por alardear de nada, pero a veces pienso que mi vida daría para un reality. Vale, sería más bien un docu-reality de esos que ponen en Discovery Max y con los que os echáis la siesta, pero a mí me daría igual porque estaría contando millones en la colchoneta de mi piscina en Los Angeles. O de Sotogrande. No sé, lo de Los Angeles era por picar alto.

El caso es que encontrar trabajo me ha llevado bastante más tiempo del que esperaba (aunque la espera haya merecido la pena, todo sea dicho), y la búsqueda de piso está siendo, como es habitual en esta ciudad, una auténtica odisea. Hace ya más de un mes que regresé y todavía tengo la ropa metida en maletas y sigo acoplado en el sofá de una amiga. La ducha se nos ha jodido, así que estoy durmiendo en casa de ella y yendo a la casa de otra que vive cerca (es lo bueno de que estemos todos arruinados, que vivimos por la misma zona) a darme un agua y un jabón. Gorroneo doble. Ya sabéis que me encanta daros todos los detalles de mi glamourosa vida.

Pero al margen de eso, estoy encantado. Mi nuevo trabajo, aunque mal pagado, es la caña, y empieza a acercarse esa época del año en la que tanto me gusta estar en Madrid: el otoño. Hace fresquete como para empezar a ponerte capas pero no ese frío polar que te obliga a estar quitándote y poniéndote cosas a la entrada y salida del metro; ya puedes comprar chocolate sin que se te derrita y los días son grises, pero de los que inspiran para escribir y no de los que deprimen.

También es la época del año en la que gustaría estar enamorado, mucho más que en verano. En verano una pareja estorba, tanto a la hora de dormir como a la de hacer el amor. Hace demasiado calor para ninguna de las dos cosas. En otoño, sin embargo, gusta irse a la cama cuando el otro ya lleva un rato dentro y la ha calentado para ti. Y gusta más todavía acariciarle con tus pies gélidos, escuchar su grito de protesta y echaros unas últimas risas juntos antes de que el día acabe definitivamente. Pero esas cosas, según dicen, ya no ocurren.

Es curioso cómo, viviendo en una época en la que la comunicación es mucho más sencilla y accesible de lo que era antaño, todo parece ser considerablemente más complejo. Ah, ¿que no? Comparemos pues cómo se conocía la gente antes versus cómo se conocen ahora, incrédulos:

- Antaño: Chico de pueblo conoce a chica, de su mismo pueblo. En las verbenas, obviamente. Ninguno de los dos se hacen especial tilín, pero ambos saben que el otro es lo mejorcito que van a encontrar por ahí, de modo que él se anima a dar el primer paso y ella, tímidamente (he dicho “antaño”), le sigue el rollo. Ninguno de los dos se plantea eso de “hay mucha más gente ahí fuera, ¡no te conformes!”, empiezan a verse con relativa frecuencia y descubren que, en realidad, se gustan más de lo que pensaban inicialmente. Una cosa lleva a la otra y, después de un tiempo prudencial de once años de noviazgo (es lo que estuvieron mis padres. Os lo juro.), contraen matrimonio. Treinta años, una hipoteca, numerosas crisis y dos hijos después, hoy en día siguen juntos discutiendo por cuestiones como qué sartén comprar en el Lidl. Él dice que la de cerámica porque no es perjudicial para la salud; ella que cómo se nota que no es él el que la friega, que la de teflón que es antiadherente y no se pega al cocinar.

- Actualmente: chico conoce a chica de la otra punta de la ciudad (si tiene suerte), por Tinder. Ambos opinan que el otro es el match que más tilín les ha hecho a lo largo del día. Se escriben. Quedan después de trabajar. Se toman unas copas. “Oye, ¡qué maja es esta chica!”, piensa él. “Ay, se le ve súper maduro”, piensa ella. Una cosa lleva a la otra y acaban en casa de él. Se acuestan, pasan una noche maravillosa. Al día siguiente, ella se marcha y espera a que él le escriba. Pero nunca lo hace. Su madre (la chica de antaño) se habría quedado destrozada, pero no ella. Ella piensa que qué se le va a hacer, que no sería “el suyo”. Y pasa página. A él, simplemente, se le había olvidado escribirle; cuando cae en la cuenta, no obstante, tampoco hace un esfuerzo sobrehumano por retomar el contacto. Ninguno de los dos va al Lidl, ambos hacen la compra por Internet. Y colorín colorado, ambos vivieron felices por separado.

Madre mía Dave, menudo par de topicazos acabas de marcarte. Creedme, lo sé. Pero decidme, ¿acaso no se corresponde con la gran mayoría de vuestras realidades? Si tienes entre veinte y treinta y cinco (seis, siete) años, casi todos hemos sido criados por padres como la primera pareja y casi todos tenemos relaciones como la segunda. Que nos guste y estemos conformes ya es diferente. Y esto me hace plantearme, ¿ha muerto el “amor verdadero” para nosotros? ¿Acaso los Millennials o Generación Y no podemos aspirar a esa relación duradera y eterna? ¿Estoy, por un momento, creyéndome que mi vida es digna de una serie y hablando y haciéndome preguntas retóricas como si fuese Carrie Bradshaw?

Mi teoría es la siguiente: sí, el “amor verdadero” tal y como lo entendíamos antes ha muerto. Al menos para nuestra generación, chicos. Pero eso no quiere decir que lo que hace tres décadas entendíamos como “amor verdadero” realmente lo fuese. Desde mi punto de vista, lo que había era más paciencia y menos conocimiento de lo grande que es el mundo. Lo que antes suponía una simple bronca o una pequeña crisis, hoy es motivo de ruptura, ¿la razón? Actualmente sabemos que tenemos otras opciones y que, si no queremos, no tenemos por qué aguantar aquello que sentimos no merecemos. La tecnología nos ha convertido en clientes del Corte Inglés: sabemos que tenemos derecho a todo y no tenemos miedo a reclamarlo en voz alta. No es una muerte, sino más bien una evolución del concepto.

Secretamente, no obstante, envidiamos el tipo de relación de nuestros padres. Intentamos convencernos de que no querríamos estar con alguien a quien ya no amásemos y con quien peleásemos a diario como lo hacen ellos, pero en el fondo sabemos que ellos no sólo encontraron al amor de sus vidas (cosa que se desvaneció con los años), sino a un compañero con quien compartir sus caminos, para bien y para mal. Nosotros sabemos que probablemente tengamos a múltiples compañeros con los que compartiremos el nuestro, y nos encantaría reducirlo a un único individuo. Pero somos demasiado modernos, independientes y contemporáneos para admitirlo. Tenemos carreras demasiado importantes con nombres que nuestros padres no saben pronunciar a las que no renunciaríamos y sueños que van mucho más allá de criar una familia. Somos Millennials, también amamos y, sobre todo, queremos ser amados, pero admitirlo no es aceptable dentro de nuestro grupo.

Somos especiales, únicos y diferentes. Pero a la vez somos tan, tan parecios…

Ale, con Dios y por la sombra.

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Dave SantlemanPor
Dave Santleman

Diseñador de moda y estilista. Andaluz, pero trotamundos. Habré tocado techo cuando me propongan rodar el anuncio de Navidad de Canal Sur.

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6 COMENTARIOS

  1. Avatar de Kruzio BaalKruzio Baal

    Buenas!
    Darte la razón es poco, lo cierto es que aunque con 25 sea joven, soy de los que prefiere una relación de antaño aunque haya “madurado” con las de ahora. Será que por la facilidad de, te “descambio” para mi no hay motivación en una relación que empieza tal y como acaba, tiene que tener chispa pero no como un mechero (de tecla fácil) que haya que currárselo y mantenerlo (que eso es lo difícil pero gratificante).

    Soy masoca supongo, ¿será que por eso pocas chicas llaman mi atención?
    La verdad, no sé que hacer o como tomarme las relaciones de hoy día.

    Un abrazo de malacitano a malacitano que vive fuera de su tierra. :P Me encanta como escribes.

    1. Dave SantlemanDave Santleman Autor

      ¡Mi paisano y fiel lector, que no se pierde uno de mis artículos! Muchas gracias por comentar, como siempre :)
      Totalmente de acuerdo contigo Kruzio, esa inmediatez que nos ofrece el mundo tecnológico y avanzado en el que vivimos hoy en día nos ha convertido en seres insatisfechos que se cansan de todo al momento. Si algo no funciona al instante y tal cual queremos que lo haga, pasamos a otra cosa. No sé, a veces pienso que la gente como tú y como yo nacimos en épocas equivocadas. Somos viejos reveníos por dentro jajaja
      ¡Un saludo!

  2. Avatar de YolandaYolanda

    Estoy buscando la ventana que me ponga “Sí a todo” y no la encuentro.
    #exactly es así!!!

    Me autodenomino maruja 2.0 pero es que me tengo que adaptar al medio!!!

    Educada en una familia de “antaño” y viviendo en la “actualidad” con relaciones “actuales” y con realidades sentimentales más “actuales” si caben.

    Acabas frivolizando tus topicazos, pero es que si no haces acabas en depresión profunda en cada estación, el privamera, en verano, en otroño y como no… en invierno!

    Alguien recuerda la canción de Mecano (sois muy jóvenes)…, pero decía algo así como que “si el invierno viene frío quiero estar junto a ti… ” acabar de ponerte el pijama y todavía con los pezones de punta meterte en la cama corriendo y abrazarte, qué sensación más agradable!!!

    Yo misma utlizo el sexo como bien dices, si volvemos a repetir guay, sino más guay todavía, a por otro. Supongo que no queremos complicaciones a estas alturas de la película y si las queremos no “damos” con quién, quizás es que todo ya está hecho, o no nos comunicamos con la parte contratante…

    Hace unos meses escribí una reflexión como la tuya, muchísimo más escueta, donde va a parar: http://yolandarawirez.com/antes/

    Pero venga, de regalo comentario positivo (que nos sirva de consuelo a los que seguimos creyendo en el amor), últimamente gente de mi entorno se está enamorando y lo que es más sorprendente: de manera correspondida!!!
    Olé!!!

    Hay esperanza… no es una leyenda urbana, el amor todavía existe!!!

    Si hubiera encontrado la ventana de “Sí a todo”, no te hubiese pegado este rollazo.

    ;-)

    Love!!!

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