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Los cambios que valen la pena

Ya no espero nada de la vida. Porque cuando esperas, esperas cosas buenas y cuando pasan cosas malas, te frustras

A veces llega un momento en tu vida en el que tienes que sentarte, servirte un té y replantearte tus valores. Puede parecerte ridículo. Me dirás algo así como: “¿de verdad crees que no sé cuáles son mis valores?” Pues te diré una cosa: no me extrañaría nada que no lo supieras. Hace años que vivimos automáticamente orientándonos a unos valores que teníamos desde la infancia y ni siquiera nos hemos preguntado si seguimos opinando lo mismo sobre la vida, si lo que defendemos es lo que sentimos de verdad o es lo que estamos acostumbrados a sentir.

De lo contrario, ¿por qué sigue habiendo tanta homofobia, machismo y racismo en una sociedad tan avanzada como la de ahora?

Así que a veces solo te hace falta tomarte tu tiempo y preguntarte: ¿qué es lo que pienso sobre esto, esto y lo otro? ¿Cuáles son mis prioridades en la vida? Y… ¿qué siento cuando me levanto por las mañanas?

Llevo dos meses detectando cuáles de las cosas a las que le daba importancia ya no la tienen y qué es lo que no estaba haciendo del todo bien y me gustaría mejorar. Básicamente me centré en hacer unos pequeños cambios en mi día a día, quitando las cosas que me hacían infeliz y añadiendo otras tantas que me hacían sentirme más a gusto.

Las comparto contigo, porque me apetece. Sin más. Haz con esto lo que quieras.

1. He aprendido a alejarme de la gente que no me quiere.

Para mí ha sido un paso muy importante. Es difícil aceptar que alguien no te quiere o, todavía peor, que te ha dejado de querer. Pero es lo que hay. No hay vuelta atrás y vivir preguntándote “¿qué he hecho y por qué ya no soy nadie en su vida?“ no te aporta nada salvo dolores de cabeza y reducción de tu autoestima.

Las personas a las que no le caigo bien o las que han dejado de quererme han pasado a formar parte de mi pasado. Y mi pasado es una cosa que está ahí, que estaba bien mientras era mi presente, pero ahora mismo no me importa. Hoy estoy con los que me quieren hoy por lo que soy hoy. Y lo demás no es relevante.

2. He descartado a la gente que nunca me devuelve las llamadas.

Y no tiene nada que ver con que me quieran o no. Puede que sí, pero esa forma de quererme, a distancia y sin querer saber si estoy bien, no me interesa. Y soy consciente que la gente a la que no le hago caso hará lo mismo conmigo: me descartará sin más. En realidad, nos haremos un favor mutuo. No tenemos tiempo para estar dedicándoselo a los 300 amigos de Facebook. Cuanto más reducido es tu círculo de amistades, más tiempo tienes para estar a su lado.

3. Evito a la gente que me cuenta cómo les gusta que sea la gente.

Me explico. Lo típico, conoces a alguien y te dice algo así como: “No me gusta que la gente me hable de su pasado” u “Odio lo zapatos de color gris” o “Lo que más aprecio de una persona es que sea ambiciosa”. Y te lo dice a ti, que tienes ganas de hablar de tu infancia, armario repleto de zapatos grises y agenda llena de clases de yoga.

Veamos, una persona vale la pena para estar a tu lado únicamente si no intenta transformarte en algo que quiere que seas. Si te hace indirectas sobre las cosas que deberías cambiar para que te aprecie de verdad, levántate y vete (y despreocúpate por pagar la cuenta. Total, no es lo que espera de ti).

4. He dejado de autocastigarme.

Yo lo hacía mucho. Tenía épocas en las que bebía demasiado vino o fumaba un paquete de tabaco al día. Y no lo hacía por placer, sino todo lo contrario. Me sentía mal con mi vida y mi entorno y, en el fondo, pensaba que no tenía derecho de sentirme de esa manera. Así que hacía cosas que me diesen motivos para estar mal. Jodía mi salud para estar mal y poder quejarme.

Suena horrible, ¿verdad?

Ahora mismo me cuesta recordarlo sin que se me remueva el estómago. Ahora, que me tomo mi copa solo cuando estoy a gusto en mi terraza por la noche o me fumo un cigarro cada dos semanas.

La mejor manera de estar bien es querer estar bien. Y para eso es esencial darte cuenta que sólo tienes un cuerpo y es importantísimo mantenerlo en buen estado.

5. Ante un conflicto, opto por expresar lo que siento, y ante una incomodidad pido lo que necesito.

Sin miedo a que me despidan, a que me dejen o a que me odien. Desde que he perdido el miedo a parecer ridícula (de eso hace tiempo), he evitado muchas guerras. Decir a tu amigo lo que realmente te incomoda en su comportamiento, o decirle a alguien “estoy enamorada de ti” sin juegos ni estrategias es lo que más feliz me hizo. Porque puede que tu amigo te mande a tomar por culo en vez de hablarte (pues vaya mierda de amigo), o puede que te des cuenta que tu amor no es correspondido. Sea como sea, es mejor saberlo a tiempo.

Ah, también he hablado sin tapujos con mis compañeros, jefes, entrevistadores o posibles socios, expresando al cien por cien mis necesidades. Nunca he recibido un “no” como respuesta. Es curioso.

6. Me permito dudar. Pero solo un par de días.

Las dudas cortas ayudan a verlo todo con perspectiva. Si se alargan, es que en realidad no quieres hacer lo que piensas que quieres hacer. Entonces fuera.

7. He dejado de esperar.

Ya no espero que me sucedan cosas que creo que me deberían suceder. Antes yo trabajaba esperando resultados de este trabajo, saqué un libro esperando que gustara y que se vendiera bien, esperaba que llegase mi momento de recoger los frutos, esperaba que la gente me tratase como quería que me tratase, esperaba el amor, esperaba tener más dinero para hacer grandes cosas, esperaba encontrar un trabajo, esperaba ser feliz, esperaba, esperaba y esperaba… Y me centraba en hacer todo lo posible para que esto sucediera, porque a mí, como a todos los demás, me convencieron que para llegar a lo que esperas, hay que currar mucho, hay que centrarse en ello y hay que ser constante.

Y una mierda.

Porque mientras te centras en visualizar donde quieres estar de aquí a 5 años, las demás oportunidades pasan por delante de tus narices y ni te das cuenta de ellas. Y, en muchos casos, son todavía más interesantes que las que crees que deberías tener.

Ya no espero nada de la vida. Porque cuando esperas, esperas cosas buenas y cuando pasan cosas malas, te frustras. Cuando me suceden cosas malas, ya no me frustro. Y cuando me suceden las buenas, me alegran la vida. Y no, no estoy apática. Todo lo contrario. Ahora que ya no espero nada, tengo mucha energía para hacer cosas. Y hago muchas cosas.

Porque ya no quiero vender un best seller, quiero escribir algo que me gusta. Ya no quiero encontrar el amor de mi vida, porque no voy a saber quién es hasta que me muera. Y cuando me muera, tampoco podré saberlo.

8. Controlo menos mi vida y más mis gastos.

No me importa lo que va a pasar, pero sí no morirme de hambre y no llenar mi casa de objetos innecesarios. Fíjate, me he mudado a Canarias con una maleta y nunca he echado de menos nada de lo que no me he traído. Eso sí, al no gastar en chorradas, hago cosas que antes no podía hacer.

Ah, y a la pregunta de “¿ya nos escribes sobre relaciones?” que me hacéis en los mails, os respondo: “Escribo sobre lo que me apetezca. Y las relaciones me siguen apeteciendo. Eso sí, también me apetecen otras cosas y no dejaré de hablar de ellas”.

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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7 COMENTARIOS

  1. Javier

    En realidad para vivir cada día nuestra necesidad debe ser únicamente la de conseguir la comida y la bebida del día. Y poco más, bueno también un cobijo para el frío y la lluvia. Lo demás (el que todo el mundo nos acepte, ganar mucho dinero, trabajar horas y horas, viajar mucho, etc.) son necesidades creadas por nuestra sociedad consumista.
    Hay un psicólogo llamado Rafael Santandreu que sale en la 2 de televisión española que sigue esa filosofía.

  2. monsieur le sixmonsieur le six

    Un artículo muy sabio. Hacerse mayor tiene estas cosas: por un lado te cansas más, tienes más ojeras, aguantas menos saliendo por la noche… pero aprendes a darle valor a cosas de las que antes pasabas, y a dejar de dárselo a otras que te parecían cruciales, pero que por experiencia has visto que no merecen tanta atención. Eres más sabio, y al final yo creo que también más feliz.

    Un placer ver que todo va mejor que hace un tiempo :)

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