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Sociedad

Lo que me enseñó el patio del colegio

Porque los niños, niños son. Unos cabroncetes.

Hoy, como cada mañana, lo primero que he hecho ha sido encender el ordenador. Me pongo música tranquilita en YouTube mientras espero a que la luz de la máquina de café se ponga verde, me sirvo una taza y le doy un repaso en Internet a las noticias o a algún tema que me llame la atención. Y oye, el madrugar y las mañanas se afrontan de otra manera.

Así, lo que hoy ha caído en mis manos ha sido un artículo que relataba cómo “Proyecto Bullying“, un programa cuya emisión tenía preparada Cuatro, no verá finalmente la luz por decisión de la Fiscalía. Al parecer, la “denuncia social” que hacía podía herir sensibilidades y claro, todo el mundo sabe que la televisión en España está para todo menos para eso.

Me ha dado que pensar, qué queréis que os diga. Y sé que muy probablemente me ganaré que más de uno me crucifiquéis por lo que estoy a punto de decir, pero allá va de todas formas: no termino de comprender eso del bullying. Ya está, ya lo he dicho. Será que soy de pueblo, pero cuando yo era pequeño no había términos tan posh para describir eso de “mamá, se meten conmigo en el cole”. Y no me malinterpretéis, con esto no estoy restándole importancia al tema. Ni mucho menos. Quiero que quede muy claro que bajo ningún concepto tolero ni perdono el maltrato o el acoso- de ningún tipo-, pero sí es cierto que considero que hoy en día se está dotando a este problema de unas dimensiones de las que carece.

Es algo que a mí, personalmente, no me es ajeno. Sí, entiendo que cuando yo era pequeño no existían ni YouTube ni los teléfonos con Internet, y si alguien te esperaba a la salida de clase para pegarte no terminaba publicado en un vídeo expuesto a los ojos de todo aquel que quisiera verlo. Lo entiendo, de verdad. Pero al margen de todos los que se metían conmigo por ser bajito, un empollón y estar siempre rodeado de niñas, yo tenía a mi matón personal que hizo de mi vida un infierno durante años. Toni me quitaba el sándwich para pisarlo delante de mis ojos y aprovechaba los recreos para colarse en clase cuando no había nadie y escupir entre las páginas de apuntes de mis cuadernos. Un primor de persona. ¿Puedo saludar, Mayra? Pues desde aquí le mando uno.

Y aquí estoy, oiga. Sigo vivo. Sé que no es el caso de todos y que estamos hablando de un tema que se cobra muchas vidas inocentes, pero creo que el enfoque adoptado para solucionarlo es el erróneo. Básicamente porque no tiene solución como tal, no vamos a erradicarlo por completo. Por mucho que ahora adoptemos términos del inglés para que las cosas suenen mejor, el acoso escolar no es nada nuevo. Ha existido desde el comienzo de los tiempos y seguirá existiendo mientras haya niños en este planeta.

Porque los niños, niños son. Unos cabroncetes.

No tenemos control sobre los demás, no podemos escoger que todas las personas tengan unos valores de respeto, tolerancia y aceptación lo suficientemente altos como para criar niños que no martiricen a los nuestros. Desafortunadamente, hijos puede tener prácticamente cualquiera. Pero sí que podemos asegurarnos de dos cosas: en primer lugar, educar bien al nuestro para que no sea uno de ellos; y, en segundo- y en el supuesto de tener la desgracia de que sean ellos las víctimas-, asegurarnos de que el resto de los pilares de sus vidas sean sólidos y fuertes, lo suficiente como para que puedan apoyarse y servirse de ellos para afrontar esta fase. Porque es lo que es, una fase sin más; tanto para el abusado como para el que abusa. No han sido ni uno, ni dos, ni tres los casos de personas a las que me he encontrado años después de que se metieran conmigo y me han pedido disculpas, avergonzados por su comportamiento.

Los años pasan, la gente crece, evoluciona y cuando se giran las tornas aprenden de sus errores.

Lo que hay que hacer con los hijos es quererlos y enseñarles a quererse a sí mismos, a saber hacerse valer y respetar. Puede que sea un pensamiento un poco duro- tal vez por cómo me crió a mí mi padre-, lo reconozco, pero no podemos permitir que nuestros hijos adopten constantemente el papel de víctima en la película. El patio de un colegio no es más que un entrenamiento para lo que viene después, que es mucho peor. Y si no aprendemos a defendernos- o simplemente a que nos sea indiferente- cuando nos llamen maricón con diez o quince años, no vamos a saber sobrevivir en un mundo de adultos en el que insultar abiertamente ya no está bien visto, pero la mala gente, las putadas y las jugarretas siguen estando a la orden del día. La fortaleza no es algo con lo que se nace, sino que se enseña y aprende a desarrollar con el tiempo y la experiencia.

Además, y finalmente, a medida que crecen las herramientas de las que se sirven los abusones también lo hace la difusión del problema que generan y las personas y plataformas que luchan contra ello. No todo es negativo.

Lo que sí está claro es que la educación y el comportamiento de un niño viene dado por lo que ve en casa, no en el colegio. Solucionemos las cosas como hay que hacerlo, desde los cimientos.

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Dave SantlemanPor
Dave Santleman

Diseñador de moda y estilista. Andaluz, pero trotamundos. Habré tocado techo cuando me propongan rodar el anuncio de Navidad de Canal Sur.

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6 COMENTARIOS

  1. Penélope

    Un post muy honesto y valiente, ir en contra de la corriente siempre requiere valor. Al igual que tu lo primero que hago es encender mi computadora y esperar que este listo el café, mientras eso ocurría leí tu articulo y puso mi cerebro a trabajar muy temprano…Todo lo que dices es válido, pero por otro lado es claro que solo dándole visibilidad a un tema, lograremos que sea considerado y discutido, es cierto que el acoso escolar ha existido desde que se creo la primera escuela en el mundo, pero es ahora cuando se asume el tema como un problema.También es cierto que por más campañas en contra del bullyng que se hagan, el problema no desaparecerá, pero son miles las personas que tomaran conciencia sobre el tema, por algo hoy tu post habla de ello, y por algo estoy escribiendo estas palabras.

    1. Dave SantlemanDave Santleman Autor

      No podría estar más de acuerdo contigo, Penélope. Como ya he mencionado, lo que los abusones no saben es que al servirse de cosas como la tecnología o las redes sociales para atacar a otros no están haciendo más que aumentar la visibilidad de este problema, ayudando a aquellos que luchan contra ella a ser tomados más en serio. Hasta ahí de acuerdo. Simplemente considero que hay inculcar en los niños el valor de la valentía, el saber cómo enfrentarse a este tipo de cosas que, desgraciadamente, forman parte de la vida y el hablar de ello abiertamente, sin miedo ni adoptando un perfil de víctima. Porque una víctima que se crece ante la adversidad y sale adelante es cualquier cosa menos una víctima.
      Muchas gracias por leerme y por tu comentario :)

  2. Sashimi BluesSashimi Blues

    Complicado. Muy complicado. Estoy rodeada de adolescentes, para los cuales cada día es un drama, una montaña rusa. Lo que sí siento es que las redes sociales han hecho un falco favor a este tema. Ya no hay tanto conflicto en el aula; los problemas se dan fuera, a la espalda. Para qué enfadarse, reñir o pelearse, si puedo arruinar la vida de alguien sin despeinarme.
    La educación en casa y el uso responsable de internet son las dos claves para poder sobrevivir en esta sociedad.

    1. Dave SantlemanDave Santleman Autor

      Claro que sí Sashimi, tienes toda la razón. El bullying ha adoptado nuevas vertientes por medio del avance y la tecnología, eso es indiscutible. Y aún en el supuesto utópico de que consiguiésemos erradicarlo a través de las redes sociales, por ejemplo, probablemente dentro de diez años ya habrá surgido otra forma de practicarlo. Por eso creo que la “solución” no es eliminar el acoso como tal, eso es imposible; sino invertir todo ese tiempo y energía en enseñarle a las víctimas maneras de sobrellevarlo. Que comprendan que a veces este tipo de cosas ocurren y sepan cómo afrontarlo sin permitir que les afecte de manera significativa.
      Y no creo que sea una cuestión de resignación, sino de aprender a sobrevivir en la vida, aceptar las cosas que no podemos cambiar y, a pesar de ello, saber encontrar la manera de ser felices.
      ¡Gracias por tu comentario, compañera!

  3. Ainhoa

    Bullying,… Sólo es una manera de denominarlo. Y ponerle nombre a algo, como han dicho en alguno de los comentarios, es un camino para darle más visibilidad. El bullying existe, y no va a desaparecer, pero si se puede prevenir y frenar cuando ya esté teniendo lugar a través de diferentes medios:
    1. La educación en casa.
    2. La existencia de protocolos de actuación en el colegio.
    3. La conciencia grupal de su existencia.
    4. Aprendizaje de manejo de conflictos. (Si, incluso para niños. La técnica gestáltica nos da algunos buenos trucos).
    Y por supuesto algunos otros, dependiendo siempre de la situación. Pero lo que no me parece una solución es ”hacer a los niños más valientes”, quizás en vez de esto podríamos decir ”enseñar a los niños a manejar sus emociones”, lo cual está dirigido tanto al abusador como a la víctima, sin que caiga tanta responsabilidad en la segunda como en la anterior afirmación.
    El tema del Bullying es muy delicado y por supuesto no hay una solución mágica, pero esta desde luego no sólo está en la víctima, sino en ambos.
    Una opinión.

  4. Avatar de SholangeSholange

    Claro, el problema no se puede erradicar, siempre va a existir. Pero como dicen, lo bueno es que la tecnología nos ha ayudado a difundir esta problemática y ha generado conciencia entre la gente, sobre todo a aquellos que desconocían la gravedad del asunto.
    Opino igual que tú, en el aspecto que esto viene desde casa. Se deberían realizar charlas en los colegios para los padres con el fin de que aprendan la mejor manera de transmitir a sus hijos seguridad, confianza, amor propio. Mucha razón en lo que dices en el título, por eso también pienso, si no los ayudamos a que enfrenten la vida por sí mismos desde un comienzo, cómo lograrán hacerlo solos luego? Es parte de la inteligencia emocional que debe ser enseñado desde niños.

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