Lo que diferencia a los verdaderos amigos de los falsos
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Lo que diferencia a los verdaderos amigos de los falsos

Siempre he dicho que madurar es dejar de dividir a los amigos en “los mejores” y “los buenos”. Mi madre asegura que si tienes a tanta gente de confianza, no eres lo suficientemente maduro: “Con los años aprenderás a filtrar, querida. Notarás que tienes menos tiempo y lo querrás aprovechar para estar con los amigos de verdad.”

Hace unos meses, en una charla, me preguntaron qué es lo que más echaba de menos de Rusia. “El concepto de amistad”, respondí. Pero estaba muy equivocada. El concepto en sí es el mismo en todos lados. Echaba de menos a la gente que lo entendía de la misma forma que yo. Y no es que en Rusia haya más gente con una mentalidad parecida a la mía, sino que pasaron muchos años desde que me fui, y el término “amistad” dejó de tener el mismo valor. O, para ser exactos, hemos perdido todo el respeto hacia él. Y éste, hacia nosotros.

Es curioso, pero decirle a alguien “conocido”, “colega” o “compañero de trabajo” parece un insulto. Y mientras no nos oyen, llamamos las cosas por su nombre: “mi compañera de trabajo Sonia me comenta…” o “una conocida me ha explicado que…”, pero nos cuesta pronunciarlo delante de ellos.

Siempre he dicho que madurar es dejar de dividir a los amigos en “los mejores” y “los  buenos”. Mi madre asegura que si tienes a tanta gente de confianza, no eres lo suficientemente maduro: “Con los años aprenderás a filtrar, querida. Notarás que tienes menos tiempo y lo querrás aprovechar para estar con los amigos de verdad.”. Mi madre tiene cuatro amigas. Esas cuatro son las únicas que han superado LA prueba. La que diferencia a los verdaderos amigos de los falsos.

Mi amiga Ana (“conocida”, pero sé que me lee…) dice que Olga es su mejor amiga: llevan toda la vida juntas. Son “casi hermanas” (la frase estrella que no tiene ningún tipo de valor: ser “casi hermanas” no es lo mismo que ser “hermanas”. Una “casi hermana” es de tu sangre y no tienes por qué aguantarla). Por desgracia, tienen vidas muy distintas. Ana está teniendo suerte: se ha enamorado y acaba de recibir un ascenso. De esos, de los que te obligan a hacer más cosas y tener más responsabilidades sin cobrar más por ello, porque la empresa no tiene dinero. Pero un ascenso es un ascenso. Hay que alegrarse, dicen. Mientras que Olga tiene una vida de mierda: acaba de divorciarse y perder su empleo.

Ana se siente culpable: “No puedo compartirlo todo con Olga. No le sienta muy bien mi éxito. Y lo entiendo.”. Pues yo no lo entiendo, Ana. ¿No erais tan hermanas?

Mi amiga Constanza (“ex-compañera de piso”, para ser exactos) tuvo cáncer. Lo tuvo muy joven y lo afrontó con mucho coraje. Contó con el apoyo de muchísima gente. Su nueva compañera de piso, Alejandra, estuvo con ella todo el tiempo. La misma que, dos años más tarde, se acostó con su novio. Obviando el hecho de que el novio de Constanza se comportó como un auténtico hijo de puta (ya se sabe: las amigas son intocables), el comportamiento de Alejandra fue injustificable por las mismas razones (los novios de las amigas también son intocables). Pero mi pequeña Constanza estaba demasiado agradecida, y les perdonó. Me dijo: “Nunca olvidaré el apoyo de ambos”. Admiro su capacidad de agradecimiento. Sin embargo, si una persona te ayuda y, acto seguido te hace daño, hay que tener en cuenta las dos cosas.

Mi amiga (sí, amiga) Tania rompió con Edu hace un par de años. Desde entonces son “amigos”. Como suele pasar en estos casos, siguen siendo amigos porque Edu está enamorado de ella. Ella lo sabe. Él lo sabe. Pero nadie dice nada. Tania asegura que Edu significa mucho para ella: le ayudó a superar la muerte de su madre, y además (ojo a la frase estrella) “siempre estuvo a su lado”. Pero la continuación de la historia es tan prevesible que hasta me da pereza relatártela. Pero allá voy, con cuatro frases cortas y simples. Hace unos meses Tania conoció a Marc y se enamoró. Marc también se enamoró de Tania. A Edu no le hizo gracia la nueva relación de Tania y, cada vez que se veían, le amargaba la vida. Tania no hace nada al respecto porque … ¡Bingo! “Edu siempre estuvo a su lado”.

Nos sentimos tan solos que agradecemos demasiado las cosas “lógicas”. Nos olvidamos de que somos humanos y que, en la mayoría de los casos, apoyar a alguien (emocionalmente) es casi un reflejo natural. Mientras estamos jodidos, agradecemos demasiado que nos hablen. Que nos abracen. Que se preocupen por nosotros. Eso está bien, pero cada vez que veo a las personas tan exageradamente agradecidas por un simple apoyo moral, me pregunto: ¿con qué tipo de gente se habían topado hasta ahora?

Ayudar a un conocido cuando éste tiene una enfermedad, supera la muerte de un ser querido o pasa por una situación extremadamente dolorosa, es lo más natural posible. Nos pasa, incluso, con la gente a la que apenas conocemos. ¿Serías capaz de de no dedicarle unos minutos a alguien que acaba de perder a un cercano?

Cuando una persona está superando una experiencia dramática, como puede ser una muerte o una enfermedad, ayudarle empieza a ser nuestra obligación moral. Y si esa persona, encima, es nuestra pareja o el mejor amigo (no he madurado, lo sabía), todavía más. No es cuestión de ser buena persona o no, es cuestión de tener sentimientos y compasión. NO hacerlo es raro (que también hay casos, ¿eh?).

Apoyar no sólo es parte de ser humano, sino también un gesto fácil y agradecido. Hagas por la razón que lo hagas, sólo puede aportarte una experiencia buena. Las personas somos tan extremadamente egocéntricas que cualquier gesto que hagamos por los demás, nos hace sentirnos bien y jamás lo negaríamos. “Con todo lo que he hecho por el/ella” es un arma que siempre está en el bolsillo. Y bien cargadita. Nada de ruletas rusas.

Lo que en realidad separa a un amigo de un simple (des)conocido no es la compasión por algo malo, sino la celebración de algo bueno. Cuando una alegría entra por la puerta, los falsos amigos saltan por la ventana.

Un amigo de verdad es capaz de celebrar tus éxitos, teniendo su propia vida llena de desgracias. Un amigo de verdad es una Olga que se olvida por un tiempo de su desempleo y es feliz, porque su “casi hermana” tiene un nuevo puesto. Es una Alejandra que después de ayudarte a superar una enfermedad, no se ve con derecho de follar a tu novio. Es un Edu que no se permite joderle la vida a una persona a la que supuestamente ama.

Porque cuando amas a alguien, cuando lo amas de verdad, deseas que sea verdaderamente feliz. Porque cuando eres un amigo, dejas el egoísmo de lado. Porque lo de “para bueno y para lo malo” no es sólo una norma para los matrimonios. Es la ley de vida. De la vida de verdad.

¿Qué es una amistad para ti?

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Cuando una alegría entra por la puerta, los falsos amigos saltan por la ventana.”

5 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Mi forma de entender la amistad es poco utilitarista. No exijo a los amigos que estén a mi lado en momentos concretos sino que entiendo que cada uno tiene su vida y veo normal que un amigo no esté conmigo en una enfermedad o en una celebración. Trato de ser independiente, así que agradezco el apoyo presencial pero no lo exijo.

    Sí exijo en cambio que me acepten como soy, que me enseñen cosas, que sean generalmente gente positiva, que no amarguen ni piquen y que estar con ellos saque lo mejor de mí en vez de sacar lo peor.

  2. Avatar de Sashimi Blues

    Ah, la amistad… Ese bien preciado, que se marchita como una flor en pleno mes de agosto. Que necesita ser ergada, mimada, valorada y cuidada.¡Cuántos amigos perdemos por el camino! ¿cuántos van y vienen como las olas del mar!
    Los amigos no defraudan, es que a veces llamamos amigo al que no lo es, o esperamos de alguien algo que no puede dar. Hay amigos para charlar, para llorar en su hombro, para irse de feista, para cotillear, para celebrar. Algunos saben estar a las duras y a las maduras. Otros, solo rellemar un hueco.
    Hace poco, un coach nos comentó que, a partir de los 30, es muy difícila hacer amigos. Doy fe. Desde que los cumplí he vivido en tres ciudades diferentes. Llevo ya casi 6 años en la misma ciudad y casi no he conocido gente nueva. ¿Por qué? porque todos estaban acomodados ya en su vida, y no había espacio para sangre fresca. ¡Qué pena! Menos mal que , en este desierto, apareció la rusi y me hizo tragarme mis palabras. ¡Hay amistad después de los 30!

  3. monsieur le sixmonsieur le six

    No me gusta mucho clasificar a las personas que me rodean en niveles (amigo del alma, amigo normal, conocido,…); mucho menos exigir que mantengan ese nivel para toda la vida. Los sentimientos humanos son volubles y pueden evolucionar, tal y como evolucionamos nosotros mismos, a fin de cuentas.

    Por ejemplo, hay gente que aún conserva sus amigos de la infancia. Muy bonito y respetable; pero en muchas ocasiones no es así. Ahora mismo ni mantengo contacto con quienes jugaban conmigo en el patio del colegio. ¿Significa eso que fuimos “malos amigos”? No necesariamente, yo creo que teníamos una buena amistad, y realmente cada uno de nosotros era importante para el resto de la “pandilla”. Simplemente ocurre que crecemos, cambiamos, adquirimos una personalidad (de niños somos más o menos iguales y tenemos muchas actividades en común), cambiamos de residencia, conocemos a otras personas con las que congeniamos más que con nuestros amigos de la infancia… de modo que es fácil que lo que parecían amistades muy profundas se vayan diluyendo. La persona con la que te sentías muy unido de niño a lo mejor no te aporta nada de adolescente, o de mayor. No pasa nada, es la vida. Que una persona forme parte de nuestro pasado no significa que deba formar parte de nuestro presente.

    En realidad, lo que hay son “conocidos” con los que se va teniendo una relación más o menos intensa, y que evoluciona a lo largo del tiempo, nada más.

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