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Cosas que pasan

Le doy las gracias a mis desgracias

Se dice que ser optimista es una ventaja. Todos intentan ser positivos para atraer a las cosas buenas y tener mucha suerte. Leyeron “El secreto” y descubrieron la dudosa ley de la atracción y resolvieron el misterio de la felicidad. Sin embargo no hay nada más infeliz que preocuparte por la felicidad.

Me pongo a ordenar las fotos. Una noche de un sábado. La verdad es que el hecho de ordenar las fotos una noche de un sábado es bastante ilustrativo. Representa todo lo que no me gustaría ser: un aburrida profunda llena de una nostalgia superficial. Claro, hay que tener en cuenta el síndrome premenstrual: ese bicho raro que te hace pensar que el presente es una mierda y todo lo que vale la pena se ha desaparecido en el pasado. Entonces te quedas allí, en el sofá bien cómodo, coges el portátil y decides poner orden en tu escritorio. Te da pereza, pero hoy estás nostálgica y necesitas recordar aquellos maravillosos tiempos en los que eras feliz.

Las fotos son un engaño creado por nosotros mismos. ¿Quién se hace fotos mientras llora? ¿Alguien guarda alguna imagen de sí misma borracha y hundida por culpa del cabrón de su ya ex? ¿A que no? A eso voy. Todas las fotos de mi pasado- lejano y no tanto- desprenden una felicidad absoluta: aquel día en la playa de Barcelona (¡qué remedio! Si no tenía ni un duro ahorrado para irme fuera), aquellas noches de borrachera y alegría desbordante (felicidad patrocinada por Absolut y la indemnización por el despido de mi mejor amiga), aquel viaje a Roma (fotos de monumentos, de ligues, de helados y pizzas, nada del hostal cutre con cucarachas, ni del día en el que tuve que vomitar en el único váter de toda la planta), de las cervecitas veraniegas (las que se tomaban por 1€ de cinco a seis de la tarde durante de  la “Happy Hour” del bar de la esquina, no llegaba a más). Todas las fotos sin excepción son fantásticas.

Entonces las ordenas en carpetas: junio, julio, agosto. Bien: un verano lleno de pasiones y acontecimientos importantes, como… Hmmm, como… Bueno, importantes. Ya se entiende, ¿no? Luego septiembre y octubre (oh, sí, que maravilla de conciertos y de viajes a la capital). Noviembre, diciembre: qué fin de año tan espléndido. Enero. Ahá: viajes, proyectos, amores. Febrero: oh, qué guay (me sirvo otra copa de vino): concierto de Jazz, tarde de museos, un par de proyectos chulos, el reencuentro con un amigo… Y esta foto: mírame. Ay, ¡qué recuerdos! Qué carita de felicidad. La vuelvo a mirar: qué radiante. ¡Qué sonrisa! Parezco Julia Roberts pero con menos dientes. ¿Dónde se tomó esa foto? Espera, espera… ¡Si es de ayer!

Joder.

Tengo un problema. Mi problema consiste en que no tengo ningún tipo de problema lo suficientemente grave como para llorar y lo bastante significante como para encerrarme en casa un sábado por la noche, apagando el móvil lleno de propuestas. ¿Y ahora cómo me lo tomo? ¿Cómo consigo darme pena?

Vale. Si pienso que no tengo problemas demasiado graves, sé lo que va pasar. La ley de los resfriados. ¿La conoces? Hace falta que digas: “este invierno, gracias a Dios, todavía no he pillado ningún catarro” y mañana te depertarás inundada de mocos y sudor. Me pasa siempre: “Yo jamás he tenido que ponerme un empaste”, – dije toda orgullosa en un cumpleaños, y acto seguido me rompí un diente comiendo el arroz. “La verdad es que tengo bastante suerte en la vida”, se me ocurrió decir a un amigo, y desde entonces me quedo sin Hummus en Mercadona, pierdo las tarjetas de metro y se me rompen las medias tres minutos antes de una reunión importante.

La unica solución es darte cuenta que eres lo suficientemente desgraciada como para que no te pasen más cosas. Voy a llamar a Carla, mi alma antigemela, mi confidente, la persona que más me saca de quicio y la que más quiero.

- Oye, Carla, tengo un problema.

- No me lo creo. Tienes un problema y lo ves como un problema. Esto es algo nuevo. Espera un momento que lo asimile.

- Ya lo sé. Pero es que mi problema es algo peculiar. ¿Tienes un momento?

- Por supuesto.

- Mi principal problema consiste en que creo que no tengo un problema grave.

- Muy bien. Y me llamas a mí para contármelo, sabiendo que estoy amaragada. Este hijoputismo es muy impropio de ti. Te voy a colgar por vacilarme.

- Espérate, por favor. Deja que te lo explique. Estoy viendo nuestras fotos del verano pasado y me estoy dando cuenta de que tuvimos un verano demasiado perfecto. Tan perfecto que este invierno, en comparación, me parece una auténtica mierda.

- ¿Verano perfecto? ¿Tú qué te has tomado?

- Ves, ahora mismo necesito un chute de tu negatividad. ¿Me ayudas?

- Por supuesto, hija.

Oigo la voz de su novio idiota. Me cae mal por varias razones. Primero porque el día que me preguntó cuál fue la última peli que había visto y le respondí “El Maestro y Margarita”, el muy inculto pensó que se trataba de una peli porno con unas colegialas. Como comprenderás, fue algo imperdonable. Segundo porque le gusta la salsa. “¿Con quién hablas, Esponjita?” le pregunta a Carla. De acuerdo, este es el tercer motivo por el que no lo soporto. El hecho de que la llame “Esponjita” a Carla, me saca de quicio. Por supuesto que tiene una explicación y creo tiene algo que ver con el día en el que se conocieron. En realidad yo debería acordarme de la historia, ya que la cuentan cada vez que conocen a alguien. Y, teniendo en cuenta que nuestro amigo Dani cambia de novia las mismas veces que yo de canción favorita, yo debería haber escuchado la historia unas veinte veces a lo largo del último año. Pero no me acuerdo. Supongo que mi memoria borra absolutamente todo lo negativo. Y si está relacionado con él, más. “Es la rusa. Necesita una hostia”, le dice al novio y el muy subnormal responde “¿La blogger?”. Esta es la cuarta razón por la que lo odio. Sí, es lo que soy, pero lo dice con rintintín. Pero yo sé que lo hace porque sigue molesto por tener que compartir conmigo el día de su cumpleaños. Nuestro cumpleaños.

Carlota- Esponjita vuelve. Por fin.

- Soy todo oídos.

- Necesito que me recuerdes las cosas malas del verano. Mi memoria es tan cabrona que borra todo lo negativo y se queda con nuestras farras y alegrías varias.

- Tu memoria es la de cualquier humano normal. Tiene esa función. Imagínate vivir sin olvidarte de nada malo. Te volverías loca. Como yo.

- Ya, ¿pero puedes hacerlo por ella?

- Faltaría más. Mira: acuérdate de junio. Hacía un calor insoportable. Por su fuera poco, se te estropeó el aire acondicionado y, como acababas de pagar a la Hacienda, te quedaste sin un duro para poder arreglarlo. No podías dormir por las noches y te mareabas cada diez minutos.

- Es verdad. Más, más.

- Luego en julio te atracaron.

- Bah. Sólo llevaba 20€ encima.

- Vale. También tuviste un problema con un nervio, o algo así. ¿Te acuerdas? No podías pagar a un fisio y lo más jodido fue lo del sexo: cada vez que lo intentabas, se te pinzaba algo y te desmayabas.

 - Sí, sí. Y tú me decías: “Búscate a un novio masajista y así matas dos pájaros de un tiro.” ¡Qué risa!

- Qué risa no, amiga. Qué putada.

- Ya, pero tiene su gracia.

- No me lo estás poniendo nada fácil.

- Ay, perdón.

- Sigo, ¿eh? Luego en agosto se te estropeó la nevera y la lavadora, tú estabas desesperada porque, además, el proyecto que tanta ilusión te hacía se había aplazado por falta de presupuesto. Estabas agobiadísima. Te dio por escribir una novela y se te estropeó el portátil.

- Gracias, amiga, eres la mejor.

- Disfruta de tu noche agobiante. Ale.

Y me colgó.

Carla tiene ese don, el de recordar todo lo malo. Quizás por ello nos complementamos tanto: yo vivo en un planeta que tiene “No regrets” de Billie Holiday sonando las 24h al día. Sin embargo, a Carla la persigue la nube negra imaginaria, como la de los dibujos animados. Aquella nube que se mueve contigo vayas donde vayas, mientras que los demás disfrutan del sol. Somos un buen tandem.

“Cualquier pasado fue mejor”, dicen.  Pues sí, según mi archivo fotográfico los árboles eran más verdes, el cielo más azul, yo era más joven y el mundo mucho mejor. Pero los arboles y el cielo estaban pasados por un filtro de Instagram, mis arrugas desaparecieron con un programa de iPhone y el mundo siempre fue una mezcla de mierda y de azúcar.

Se dice que ser optimista es una ventaja. Todos intentan ser positivos para atraer a las cosas buenas y tener mucha suerte. Leyeron “El secreto” y descubrieron la dudosa ley de la atracción y resolvieron el misterio de la felicidad.  Sin embargo no hay nada más infeliz que preocuparte por la felicidad. Y no hay nada más feliz que recordar la infelicidad. Olvidar de lo malo es bastante más peligroso que no acordarte de lo bueno.

Si tienes tan mala memoria como yo, no seas tramposo: fotografíate cada vez que tienes una desgracia. Guárdalo en la misma carpeta con las fotos “chachis” y te aseguro que… jamás volverás a tener una noche nostálgica.

Saco el móvil, me hago una foto: cara de asco, ojos rojos, copa de vino vacía. Me maquillo y llamo de nuevo a Carla.

- ¿Ahora qué quieres?

- Salir de marcha contigo.

- Mi novio me va a matar.

- Prometo hacer miles de fotos de tu entierro.

- Vale. Espérame abajo en media hora.

Me siento feliz. No sé si es por joder al novio de Esponjita o por recuperar mi memoria. Lo que sí tengo claro es que la vida sin problemas es un veneno para el futuro y que el optimismo está sobrevalorado. Me prometo apuntar todas las desgracias en una libreta para hacer terapia.

Labios rojos, blusa blanca, escote bajo, tacones altos, tarjeta de metro perdida y desgracias encontradas. Equilibrio absoluto.

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13 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Olvidar de lo malo es bastante más peligroso que no acordarte de lo bueno.”

13 COMENTARIOS

  1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    Me pasa un poco lo mismo, que me olvido de lo malo, pero no lo veo un problema sino todo lo contrario. Sé que me repito, pero sigo manteniendo que cuando he aprendido algo útil, ha sido más de las experiencias buenas que de las malas. De lo malo sólo aprendes a protegerte, a temer, a esperar poco y a dolerte mucho. En cambio de lo bueno aprendes a exigir, a no conformarte, a arriesgar y a confiar en ti mismo y en que te mereces lo mejor.

    Mejor recordar lo bueno y encarar el futuro con una mirada divertida y curiosa que perder el tiempo rumiando desgracias pasadas. Dejemos los traumas para las verdaderas tragedias y recordemos el pasado con ánimo condescendiente y sentido del humor, quitándole importancia a lo que realmente tampoco fue tan grave, dado que aquí seguimos, vivitos y coleando, con ganas de dar guerra y un mundo de posibilidades por delante.

  2. La GraduadaLa Graduada

    Aiss Alena, qué post tan bueno!
    Más que verlo en sentido moralizante, si es bueno o malo recordar las desgracias o pensar “que todo tiempo pasado fue mejor” me quedo con la parte física y sensitiva del mismo.
    Tú un sábado por la noche, ordenando fotos, toda premenstrual, preguntándote por el sentido de la existencia y rememorando tiempos pasados. y de repente una llamada y todo cambia, y te ríes con tu amiga, y filosofáis a la ligera (¿hay alguna manera mejor de filosofar?), y en un rato os vais de marcha dejando al novio rarito colgado.
    Un post sublime. mmuak!

  3. CristinaCristina

    Jajajajaaaaaaaajajjjjaaaaaa
    ¡Grandioso post!
    Me he descojonado .
    Un consejo :
    Hazte enfermera .
    Cada uno de tus asquerosamente felices y olvidadizos días comprendes que esto se puede acabar en cualquier momento , y esto es suficiente putada para que no importe que no recuerdes cada uno de los cuernos que te han puesto .
    Y si los recuerdas …
    Te parecen graciosas orejitas de peluche
    Al lado de lo que un día puedes vivir ….
    :) )))))))))))))))

  4. Avatar de Olgahb herrera buenoOlgahb herrera bueno

    Yo he aprendido a no olvidar las putaditas q me hacen. No lo hago por rencor, lo hago por cultura, acaso se olvidan los ríos de España cuándo te obligan a aprenderlos de memoria y te joden una tarde entera a tus 13 años?pues mi vida no es menos importante q una clase de geografía y tb está llena de ríos y todo tipo de accidentes geográficos q aprendí a no olvidar.No hay nada mejor que estar informada y no dejar q la se sensiblería repentina aniquile de tu pensamiento el recuerdo a mero título informativo de quién intentó joderte la vida aún sin conseguirlo.Otra cosa es q su recuerdo te impida tomarte una cruzcampo fresquita con una tapita de camarones y ser más feliz q un rucho.Culturizar los recuerdos sin darle contenido emocional te ayuda a estar alerta y que el mismo o la misma capilla no te joda dos veces.En ello ando,aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y estoy en pijama en la gloria leyéndote.
    Besitos.

  5. Saul Rojas BlonvalSaul Rojas Blonval

    Yo sí no creo que todo tiempo pasado fue mejor. Al menos no todo. Justamente he estado pensando que si ese pasado era tan bueno por qué entonces me quejo hoy de lo no dije, o de lo que no hice. He aprendido, con muchos golpes de por medio, que lo que pasó hace un minuto ya escapa de mi control y por ende no merece el beneficio de la reflexión constante. Sí acepto que las fotos son la forma más inocente de engañarnos a nosotros mismos en el futuro, pero no creo que sea un fetiche para preservar la cordura o la felicidad, es que simplemente nos gusta refugiarnos en la melancolía de vez en cuando. Veo unas fotos viejas y pienso en el trayecto que me ha traído hasta aquí, también porque hago muy pocas fotos y casi todos mis recuerdos fotográficos son de sitios, de ciudades, de paisajes, y al no contener mi cara de felicidad momentánea creo que no caigo en la trampa de engañarme a mí mismo. Quizás es que pienso más en lo que viene que en lo que fue. No sé, jajaja, no quiero que se me vaya la olla con existencialismos.

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