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Relaciones

Las relaciones en blanco y negro

Nos conocemos lo justo: sabemos nuestros nombres, las fechas de nacimiento, los vinos que nos gustan y la talla de ropa y calzado que nos van bien.

- Las relaciones son complicadas-  me decía Julia poniendo ojos en blanco.- No paramos de discutir con Eric, por gilipolleces, supongo. Pero después de seis meses llenos de desacuerdos, creo que ya es hora de dejarlo.

- ¿Pero por qué discutís? ¿Cuál es el problema, crees?
- No lo sé.
- ¿Habéis intentado hablar del tema?
- ¿Cómo quieres que hable con él sobre esto si el tío no es capaz de aguantar ni dos minutos de una charla medio profunda?
- ¿Estás segura que quieres dejarlo?
- Pues sí.

No le gusta cuando le digo que las relaciones, lo que son las relaciones, a secas, son algo muy simple.

- ¿Simple? ¿Tú qué te has tomado? Yo lo que no quiero es convertirme en Verónica y vivir desgraciada toda mi vida.

Verónica es otra amiga nuestra. Le pasa todo lo contrario. Verónica se empeña en que lo suyo con Pablo funcione. Año tras año. Y le va bien a ratos. A mí me fascina la ilusión que tiene por seguir con él, a pesar de que las cosas no fluyan. Su concepto de “luchar por el amor” roza lo enfermizo, pero cuando algo está respaldado por un amor, se supone que todo lo demás pierde importancia. Envidiable, pero poco cierto.

Dos días más tarde pasé por casa de Julia sin avisar. Y me encontré con un señor que se llevaba su relativamente nueva lavadora. También vi a su novio Eric, con el que apenas llevaban medio años juntos, cargando sus maletas en un coche.

Julia suspiró al verme y me dijo se le estropearon tres cosas al mismo tiempo: la lavadora, la paciencia y su relación. “Las cosas vienen de tres en tres”, me decía y yo no llegaba a entender por qué un electrodoméstico tenía la misma importancia que su relación. Le pregunté por la lavadora y me dijo que esa no iba bien y que prefería comprarse una nueva.

- Vaya, ahora entiendo: en vez de reparar algo, prefieres deshacerte de ello. Eres una consumidora ideal.

Solté una carcajada.

Le conté mi teoría de la paciencia. O más bien de la impaciencia. Todo está hecho para que renovemos y no reparemos. Cuesta menos, a veces, comprar una lavadora nueva que reparar la anterior. Lo malo es que nos hemos acostumbrado tanto a no “malgastar” nuestro tiempo que ni siquiera nos planteamos la posibilidad de intentarlo.

Julia tiene otra teoría al respecto que, por qué no decirlo, tiene su lógica:

- Si comparas las relaciones con los electrodomésticos, vemos la de Verónica. Ella tiene una lavadora que funciona a ratos. Tiene años y le falla cada dos por tres. Nuestra amiga amargada, cada vez que le digo que debería tirarla y sustituirla por una nueva, me suelta algo así como: “No, no, mira, ahora le doy una patada y se pone en marcha.” Efectivamente, le da una buena hostia y su lavadora empieza a centrifugar. Yo siempre le digo que si su lavadora sólo centrifuga gracias a las patadas, es que no funciona. Pero no hay manera.

Ambas comparaciones son válidas. Pero sigo pensando que tanto Julia, como Verónica viven en un mundo pintado de blanco y negro.

¿Dónde está el límite de la paciencia? ¿Cómo saber si vale la pena apostar por algo que funciona a ratos?

Finalmente, Julia dejó a Eric. Una vez le echó de casa, se derrumbó y ahora se pregunta si la decisión tomada fue la correcta. En cambio Vero vuelve a tener ataques de ansiedad porque lo suyo con Pablo sigue siendo un bache interminable.

El mundo de Julia es así. Su mundo, el de leer libros con un chisme electrónico, el de fumar de mentira inhalando vapor con sabor a melocotón, el de café descafeinado, cervezas sin alcohol, leche sin lactosa, ropa interior sin costuras y relaciones virtuales teniendo a mano las de toda la vida. Este, su nuevo mundo, tiene mucha oferta y poco tiempo para gastárselo en tener resacas o indigestiones, en esperar que se les vayan las marcas de los sujetadores o en que sus relaciones funcionen.

Será por eso que ella acaba separándose nada más surgen las cuatro dificultades de toda la vida. Es triste pero cierto: le cuesta menos comprar una lavadora nueva que reparar la antigua. Le ocupa menos tiempo y sale más rentable cambiar de novio que verificar qué es lo que falla. “A otra cosa Mariposa”, dice y se siente valiente por haber cortado algo que, supuestamente, no tiene futuro. ¿Y si lo tiene?

El universo de Vero es retro, es el de toda la vida. En su casas todavía está pegado el papel de flores en las paredes, los platos tienen grietas y los vasos son transparentes. El café es molido a mano y el tabaco es el de liar. Todo en su hogar funciona gracias a las patadas, hasta que un día se rompe el dedo del pie, y… desde entonces golpea la lavadora con una escoba.

Cada día me encuentro con menos parejas equilibradas y más decisiones drásticas: tanto para bien como para mal. Con gente que es infiel, pero sigue con su pareja de toda la vida para no tener que pensar demasiado. Con gente que, una vez conoce a una persona nueva, decide abandonar su relación. Con parejas que discuten días y noches y acaban odiándose y con parejas que se mandan a la mierda de buenas a primeras. Con personas que no cuentan nada y con las que no cierran la boca en años. Con los que se casan a los pocos meses de conocerse y los que lo hacen veinte años más tarde, sólo porque toca.

Las relaciones se han vuelto complicadas porque tenemos muy poca capacidad de introspección, un minúsculo conocimiento de uno mismo (y como consecuencia, de lo que queremos tampoco). Somos vagos para averiguarlo. No valoramos nada. Nos empeñamos en tomar las decisiones así, al azar. Nos justificamos con un “todo el mundo tiene derecho a equivocarse”. Escupimos el típico “somos humanos” y nos quedamos satisfechos con el resultado. Sea cual sea. Pero justamente porque somos humanos, se supone que estamos capacitados para razonar.

Pero no. No reflexionamos. No buscamos la felicidad, porque, en realidad, no sabemos qué es lo que nos hace felices. Nos conocemos lo justo: sabemos nuestros nombres, las fechas de nacimiento, los vinos que nos gustan y la talla de ropa y calzado que nos van bien. El resto de tiempo nos limitamos a existir.

Y, tanto si estamos en pareja, como si volvemos a estar solteros cada dos por tres, acabamos solos.

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6 comentarios

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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“Nos conocemos lo justo. El resto de tiempo nos limitamos a existir.”

6 COMENTARIOS

  1. Avatar de CoconutCoconut

    y qué pasa cuando empiezas con una persona que acabas de conocer y es todo lo que quieres y buscas en una pareja y a los 8 años te das cuenta que no es lo que buscas?supongo que siempre hay un término medio, que no todo va a patadas ni todo se abandona tan rápido, la cuestión es saber cuándo retirarse a tiempo…genial el post, alena!

  2. Avatar de Jorge A.Jorge A.

    “Y, tanto si estamos en pareja, como si volvemos a estar solteros cada dos por tres, acabamos solos.”

    Voy a centrarme en ese último apunte, una cuestión en la que he pensado desde hace muy poco: Si antes podías encontrar pareja y amarla durante toda la vida, con sus más y sus menos, ahora (y lo creo fervientemente por todo lo que veo y vivo) te verás saltando de una relación a la siguiente durante el resto de tus días. Y es que el amor dura un suspiro. ¿Así hemos normalizado la vida en pareja, como relaciones de usos y tiempo limitados? A la vista queda, ¿no? Por ello, como consecuencia, obtendremos un curioso nuevo dato: Habrá solteros a tutiplén en todas las franjas de edad, y en ambos géneros. Pero oye, que no salten las alarmas. Quizá sea “La Solución” a ese temor generalizado a quedarse sólo, pues una vez te sueltes de unos brazos, al poco caerás en otros nuevos. ¡Ole con la era moderna…!

    1. Alena KHAlena KH Autor

      No sé. Por un lado pienso que es complicado mantenerte toda la vida al lado de otra persona. Pero saltar de una relación relativamente corta a otra, vaya gracia ¿no?

      Yo creo que, salvo los casos como el de Verónica, la gente hemos perdido la paciencia. Los valores ya no son los mismos. Parece que el eslogan de los libros de autoayuda de la época moderna como el de “Haz todo lo que quieras porque vives una vez” o “La mejor manera de evitar la tentación es caer en ella” son un poco malinterpretados por nuestra generación.

      Las relaciones modernas son una maldita montaña rusa. Se nos ocurre tirarlo todo por la borda y lo hacemos. Se vive una vez, ¿no?

      Cuánto daño hacen los nuevos gurús de felicidad y nuestra falta de responsabilidades y satisfacción personal…

  3. Avatar de Jorge A.Jorge A.

    Podría ser también consecuencia de esta sociedad de consumo rápido en la que vivimos. Nos “venden” que tenemos que tener lo más nuevo sin llegar a disfrutar de todo lo que nos ofrecía el producto original. ¿Contagia ese “deseo” de poseer algo nuevo o de cambiar aunque no lo necesitemos a nuestras relaciones sentimentales? No hay paciencia, desde luego que no la hay, pues muchas veces ni compensa tenerla. Sí, sé que hablo de manera demasiado fría, pero estoy seguro de que también lo veis entre vecinos, amigos y familiares. No es mentira que existen esos miles de solteros, “aún más peces” de lo que antes había en este océano de solteros. Entonces, si con tu pareja no te sientes 100% realizado, y con la “facilidad” de encontrar pareja, ¿por qué no mandar todo a tomar por saco e intentarlo con otra persona? Éste parece el camino que se está siguiendo, ahí están los datos de rupturas (que hasta dicen que hay menos “gracias” a la crisis), así que no me invento nada. ¿Me parece bien? Joder, pues rompe del todo mi idea romántica de la media naranja, de la mujer de tu vida, del “te amaré hasta que la muerte nos separe, y más allá”… Para bien o para mal, comprar una nueva lavadora es a la larga más barato. Al fin y al cabo, las fabrican “con fecha de caducidad” para que no tardemos mucho en adquirir una nueva.

  4. Avatar de PrimaveraPrimavera

    Gran post el de hoy, Alena! Me ha hecho reflexionar mucho… y lo primero que he pensado ha sido en ¿”llevan sólo seis meses juntos y ya están vinviendo bajo el mismo techo”? Lo siento, pero para mí, irte a vivir con tu pareja a los cuatro días de conoceros ya es una decisió tomada con poca cabeza… de esas que explicas tú en tu post de: “total, si estamos todo el día juntos, si lo hacemos todo juntos, etc., nos vamos a vivir juntos”. Gran error. Creo que para pasar a la fase de convivencia hay que pasar antes por muuuchas otras, y estas muuuchas otras, las dos personas se van conociendo y igual se ahorran algún disgusto que otro.
    También en esta web se dice siempre que las relaciones están para hacernos felices, para cuidar al otro y sentirse querido… entonces: ¿por qué aguantar tanta discusión? Si el novio no es capaz de tener una charla un poco profunda… a mí que me perdonen, pero necesita estar con una chica simple, de las que no se comen la cabeza. No sé, no es lo mismo discutir por quién hace la colada que por temas más trascendentes en los que, si de partida ya no estáis en sintonía, la cosa pinta chunga…

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