Concurso-parte-1
Redes

Las redes. Historias de amor. Parte I

Cinco preciosas historias que se iniciaron en las redes sociales.

¿Os acordáis del concurso que hemos anunciado la semana pasada? Hoy toca elegir los primeros 5 textos. Los participantes nos cuentan cómo conocieron a alguien por Internet. No son ni mejores ni peores que los siguientes 5 que se publicarán el jueves. No. Las 10 historias que van a aparecer esta semana son las que me han provocado algo. Puede que me han hecho un “tilín” por cómo soy soy. Puede que por la manera de escribir del autor. Puede, incluso, por la historia en sí.

No es un tópico, pero no ha sido fácil…

Aquí van las primeras cinco. Ya sabéis, todas las historias publicadas se llevan un ramo precioso de flores de parte de Caoba, al finalizar el concurso. Ah, y lo importante: el jueves empezará la votación popular. Me encantaría que participarais. ¿El premio? Una maravillosa noche en un hotel muy peculiar con la cena incluida.

Dado que no quiero que hayan favoritismos entre los lectores, no publico nombres. Sólo la primera letra. Me parece justo, ¿qué pensáis?

Allá vamos.

Relato 1 (autor: H)

Iba en metro contando las paradas. Yo que para dos veces al año que iba a Madrid siempre hacía el mismo recorrido, esta vez me tocaba innovar, parada desconocida de una línea desconocida. Miraba a la gente de alrededor y me preguntaba si el nerviosismo se reflejaría en mi cara.

Cuando por fin salí a la luz de las farolas, Google Maps me condujo hasta el punto de encuentro, aquel bar que tantas veces había leído escrito en su blog. Cada paso que daba el nudo de mi garganta se hacía cada vez mayor.

Entré y el bar estaba desierto. Revisé el móvil. Un “direct message” me anunciaba que llegaba tarde. Pedí alcohol.

Y justo en el momento que mis nervios iban a explotar, empezaron a sonar unas notas como por arte de magia. Las notas de mi canción. “Hey where did we go…” empecé a tararear tranquilamente.

Relato 2 (autor: M. P.)

Él me vio primero. No conocía su físico, pero si su humor absurdo, es lo que tiene twitter.

Me encandiló su manera de escribir, me daba igual si era feo (cosa que imaginaba) ya que nunca vi una foto suya. El caso es que en vez de presentarse, siguió el juego por mensaje directo.

-Te he visto y eres preciosa. Me enamoras.

-Y por qué no te has presentado?

-Busco el momento perfecto.

Para él, el momento perfecto fue cuando me caí al suelo, y allí estaba, tendiendo su mano para ‘rescatarme’

-Ya te lo he dicho, buscaba el momento perfecto.

Puede que sintiera la mayor de la vergüenzas, no solo por  mi aparatosa caída, si no porque ante mi estaba él.

Aquí empezó lo que una red social unió. Pasamos días maravillosos pero la distancia nos ha hecho mella, aun así sigo riéndome con él (pero nada de Fav o RT).

Relato 3 (Autor: E)

No nos habíamos dicho los nombres. Éramos jóvenes y estúpidos y pasamos meses compartiendo chats muy explícitos sin ponernos cara, posponiendo el encuentro, inflamando el deseo y controlando las conexiones del otro en horario laboral. También nos gustaban las llamadas impertinentes, y yo caminaba ligeramente bebida, y diciéndome que si hay noches suaves esa lo era, y de repente sentí prisa.

-Ven a buscarme.

-Has cenado con otro hombre.

-Y qué.

Me senté en la acera, fumando, leyendo sobre el desarrollo de China y mordisqueándome un dedo hasta que apareció un coche y el teléfono sonó una sola vez.

Abrí la puerta del copiloto con solemnidad. Eran más de las dos, y había conducido sesenta quilómetros, y era nuestra primera cita, y nos habíamos escrito millones de cosas, la mayoría desagradables, pero todo estaba por decir.

Dije cómo me llamaba, y él también, y señalé en dirección a casa.

Relato 4 (Autor: M)

Desde la primera supe que todas las noches contigo serían así. Nunca nos quisimos, pero éramos lo suficientemente desvergonzados como para urdir placeres eternos. Supongo que ahora recuerdas aquel verano que comenzó con un tuit como una nimiedad, o quizá ni siquiera lo recuerdes. Pero yo ya contaba con eso.

Por eso, cada mañana, cuando dejábamos tu barco y recobrábamos nuestra verdadera identidad, yo me iba a casa y escribía tus palabras y tus lunares. Es curioso, quizá por lo prolijo de nuestros encuentros, acababa deslizando alguna palabra de amor. Yo las evadía. Siempre y solo las decía cuando me besabas el cuello.

Ahora no sé quién llena tu barco. A lo mejor ya no vas. A lo mejor sigues llenándolo de amores castizos. Yo sabía que no ibas a ser para siempre y aún así dejé que me quitaras la bolsa y la vida, sabiendo que después de ti todo iba a ser aún más efímero.

Relato 5 (Autor: A)

Me piden que escriba sobre nosotros. Bueno, más bien no es una petición. Es un ofrecimiento por el mero hecho de contar, de saber si lo nuestro es de mariposas en el estómago o solo una indigestión de sushi mezclada con doritos cara a la pantalla.

Y me intento convencer que me da igual cual el resultado. Hay que ser olímpico en el amor. Participar. Aunque valga todo. Como en la guerra, dicen. Y buscar gustos comunes. Pero sin usar a veces ese sentido. ¿Cómo voy a dejarme llevar por el libre albedrío si estás detrás de un algoritmo?

Café sin aroma, solo cuatro letras. Vino sin manchas, solo cuatro letras. Armo, roma, mora, ramo. Solo cuatro letras, mezcladas. Morir, viajar, comer, sentir. Eso está detrás.

Toso. Bebo. Y parpadea la pregunta en la pantalla.

‘¿Desea aceptar este como su nombre de usuario?’

Pulso ‘Sí’.

Sé bueno, algoritmo.

_________________

Va, haz un comentario, anima a los participantes. ¿Cuál es el que te gusta de momento?

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Alena KHPor
Alena KH

La palabra “ex” me ha acompañado durante gran parte de mi vida. Soy la ex-soviética, la ex-esposa, la ex-bailarina.

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11 COMENTARIOS

  1. EspoirEspoir

    Me quedo con el cuatro. Una historia de amor con barco es más historia de amor.

    Y ahora sin bromas, me encanta eso de dejarse robar la bolsa y la vida. Bueno, no me encanta. Juro que no me lo dejará hacer nunca más. Pero suena bonito y luce bien en negro sobre blanco. El castellano, ese idioma de bolero.

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