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Sociedad

Las mujeres que bebían leche sin lactosa

Aquella noche, en interminables vueltas en la cama, desperté del sueño de la mentira en que vivimos.

El otro día estaba viendo la tele con mi hija de cinco años. Lo que más le gusta son los anuncios, así que imposible cambiar de canal. Hay que verlos. Después de un par en el que amantísimas madres limpiaban la mampara del baño y cocinaban sin cocinar, aparecieron unas chicas muy marchosas e independientes gracias al consumo de la leche sin lactosa. Mi hija mi miró y me dijo. «Mamá, ¿eso es una enfermedad de niñas?». Cuando no me había repuesto aún del comentario, otras jovenzuelas mordisqueaban tortitas con sabor a comida de verdad, ideadas por un chef joven y resultón. Asustada, quité la tele. Acababa de vivir un momento revelador.

Aquella noche, en interminables vueltas en la cama, desperté del sueño de la mentira en que vivimos. Por muy resueltas que seamos, por muy seguras que estemos de nuestra condición femenina, por muy igualitario que creamos que es nuestro entorno, esta es una sociedad machista. Nos han vendido la moto de que se lucha por la paridad, de que el feminismo es para las feas y las amargadas, de que calladitas estamos más guapas. Sin embargo, estamos rodeados de pequeños detalles reveladores que ya no somos capaces de ver. Y no estoy hablando de la publicidad o de ciertos canales de televisión, donde es obvia la evidencia. Los comentarios socarrones de nuestros compañeros a la hora del café, las miradas turbias cuando en verano vas más ligera de ropa, el paternalismo del que te ayuda cuando algo se estropea (¿de verdad todos los hombres sabéis arreglar lavadoras?), la operadora que llama a tu casa preguntando por el cabeza de familia…Sonreímos, lo dejamos estar.

Yo ya no me callo. Desde hace un tiempo, proclamo abiertamente lo que antes decía con la boca pequeña. Soy feminista. Creo en la mujer, en sus innumerables cualidades y defectos. No odio a los hombres, todo lo contrario, los respeto y admiro. No tolero comentarios y actitudes sexistas. Estoy orgullosa de mi condición, de ser fuerte, de mi físico y de mi manera de pensar. Y sobre todo, soy feminista porque soy madre de una niña.

Queridas mías, si creéis que sois esclavas de vuestra imagen, es que no conocéis el mundo infantil. Las niñas están condicionadas desde antes de nacer. La vie en rose. Lacitos, puntillas, encajes y demás horrores. Cochecitos que parecen regalos de navidad. Muñecas, muñequitas, bebés llorones, bebés que cagan. Cocinitas, carros de la limpieza, juegos de té. Las puñeteras princesas Disney. Las niñas son de papá. Qué mal lo pasarás cuando salga por ahí. Que no se eche novio hasta los 25… Si, este es el maravilloso panorama con el que se sigue criando la futura generación. Y si no fuera poco, nos quedan las mamás misóginas que educan a sus hijos a imagen y semejanza del cromañón con el que comparten mesa y cama. De verdad, ¿es que no hemos aprendido nada? ¿En qué momento tiramos la toalla y nos creímos la farsa?

A la edad de mi hija, tenía el pelo corto, jugaba con coches y llevaba una pistola de Sheriff en el bolsillo. Las pobres muñecas que llegaban a mis manos acababan desnudas, rapadas y abandonadas en un rincón. Mis padres supieron respetar mis gustos, sin preocupación ni imposiciones. Ahora soy madre de una niña que se pasea por casa con alas de mariposa y vestidos de princesa. Le encanta el rosa, la brillantina y los cachorritos. Y tiene nuestras bendiciones. Eso sí, ve a sus padres repartirse las tareas, le enseño a ser segura e independiente y le repito que las princesas de verdad son las que tienen buen corazón y no se quedan sentadas esperando al príncipe.

No sé hasta qué punto podemos cambiar la sociedad, pero sí la forma de enfrentarnos a ella. Estoy convencida de que educando desde el respeto, siendo referente para nuestros hijos, condenando la violencia, no soportándola en nuestras propias carnes, allanaremos su camino. Que los chicos no llamen puta fresca a su novia por llevar minifalda, que las niñas puedan ir sucias y despeinadas de tanto jugar, que papá haga la cena, que mamá sea la que usa el taladro, que no haya más insultos ni miradas obscenas.

Aún con todo, sigo aun con la duda. Si hay algún médico en la sala quizás me pueda explicar si la intolerancia a la lactosa es propia de las mujeres o si, una vez más, nos la han colado.

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Sashimi BluesPor
Sashimi Blues

Madre, esposa, profesora de secundaria y otras etiquetas al uso. En Intersexciones doy mi visión sobre esa vida estable que algunos anhelan y otros demonizan.

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12 COMENTARIOS

  1. monsieur le sixmonsieur le six

    Lo último que hay que hacer con la publicidad es pretender sacar de ella conclusiones sociales. Los publicistas con como los productores de los “realities” televisivos: les da igual 8 que 80, con tal de llamar la atención de la audiencia. Lo que sale en los anuncios no es representativo de la sociedad, como tampoco lo son los concursantes de Gran Hermano o Supervivientes.

    El publicista caerá en tópicos, usará el humor, la paradoja chocante, los recuerdos de la infancia… lo que sea. Si tiene que sacar un Hitler travestido, cantando una canción de Queen lo hará, y no será ninguna consecuencia de sus ideas políticas, sus gustos sexuales o musicales. Simplemente querrá que apartemos la vista un momento de la pizza que hay en la mesa y pensemos en usar un buscador de seguros, por ejemplo. Le da igual.

    Por otro lado está el tema de la demanda: si las mujeres en general están más preocupadas por el tema de la figura o de cagar (perdón, pero es que es verdad, con tanto Activia y tanto rollo, parece que ninguna mujer vaya normal al lavabo), pues el publicista intentará orientarse a ese colectivo, ese taget, como dicen ellos. Es irremediable, y además es lógico.
    Da igual lo muy o poco machista que sea la sociedad, siempre habrá algún anuncio de detergentes con una maruja diciendo lo bien que lava, un anuncio de coches con un tipo guapo y encorbatado con pinta de triunfador, etc. Y ya no digamos los de perfumes.

    Yo a mi hija, en cuanto empiece a hablar, una de las primeras ideas que le inculcaré será la de que todos los anuncios están orientados a manipularla, y que no hay que verlos y, si se ven, no hay que hacerles caso.

  2. Avatar de SkiterSkiterioSkiterSkiterio

    En tu ultima frase, se plasma claramente el error de base del feminismo que más odiamos los hombres (que no digo que sea el tuyo): no, la intolerancia a la lactosa no es propia de mujeres, pero no necesatiamente por ello os la han colado; hay más opciones.

    Yo soy de los que piensa que “tu novia” es una fresca, por llevar esa minifalda (…que casi se le junta con el escote. Habitualmente). Y no soy machista. Al igual que estoy a favor de la moda de desmitificar el torso desnudo, tanto de hombres como mujeres, no para poder ver más tetas, sino para poder ver menos porque no siga siendo un tabú como lo es. En cualquier caso me parece una falta de respeto y desagradable tener que ver a nadie, hombre o mujer, medio desnudo por la calle sin camiseta. Y no soy machista.

    Yo soy de los que ayuda con la lavadora. A mi vecina (si es amiga) y a mi colega recien independizado y nulo del cacharreo. Por ayudar, no por sexismo. Y no soy machista. Las mismas razones que me instan a abrirle o sostenerle la puerta a alguien en un comercio, ya sea mujer, hombre (o incluso perro, una vez). Y en cambio me han mirado alguna vez al hacerlo como si fuese a violarla. Sería una feminista de esas que digo (no digo que tú ;D)

    Sera por cosas de dejarnos cosas fuera.

    1. Sashimi BluesSashimi Blues Autor

      Me encantan los hombres que abren la puerta, que ayudan a arreglar cualquier cacharro estropeado, que no llevan escotes imposibles. Lo que no me gusta es que se de por hecho que eso es lo que se espera de ellos. sobre la publicidad y la televisión en general, ya no me parece peligrosa, pero sí cargante. Son peores los detalles sutiles, los que subyacen y se dejan pasar.
      Si nos encontramos, ábreme la puerta, por favor. Me encanta la gente educada

      1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

        Nadie diría de un tío que es un “fresco” por ir escasamente vestido. O un puto. O un indecente. De hecho, no existe prácticamente el concepto de “un fresco”, salvo para el que se trata de propasar, ni el de “puto” como despectivo, si exceptuamos la acepción sudamericana con la que “obsequian” a los gays.

  3. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

    La gente te dice: “mi hijas están educadas igual que mis hijos y hacen esto y esto otro porque va en su naturaleza”. Mira, NO.

    Desde que nacen, parientes y vecinos les dicen a las niñas lo guapas que son, que parecen princesitas,… A los chicos no. A los chicos se les dice que tienen cara de hombretón, o que se les ve que son muy listos. Van a casa de los abuelos y el abuelo no mueve el culo de la silla ni para coger la sal, mientras que la bueña apenas se sienta. Ponen la tele y las mujeres somos seres con hemorroides y talones agrietados, que debemos tapar nuestro olor en determinadas fechas y depilar piernas sin un pelo y acomplejarnos por la celulitis o las arrugas, ausentes en la modelo de 13 años con culo con pelusilla infantil que anuncia las cremas.

    Aún queriendo y haciendo esfuerzo por educar en la igualdad, es prácticamente imposible. Por eso pienso que lo mejor es educarlos en que no hay trabajos de hombres y de mujeres, y en que, con esfuerzo, podrán estudiar lo que quieran, con nuestro apoyo. Y el resto de carga de siglos, írsela tratando de explicar conforme se la cruzan.

    1. Sashimi BluesSashimi Blues Autor

      Cierto. parto de la base de que somos distintos, que no siempre coincidimos en gustos, aficiones o habilidades. Y esa diferencia es buena. Pero no que nos la impongan
      De hecho, me la he pasado por el arco del triunfo toda mi vida. Hasta que un día pense. Vale, yo lo sé, tú también, dejemos de jugar a este juego idiota…

      1. Avatar de Ronronia AdramelekRonronia Adramelek

        Si es que tienes toda la razón: hay mil cosas, mil, que reflejan la desigualdad, pero estamos tan acostumbrados que solo vemos lo gordo. Hay quien piensa que hay que empezar por lo grave, y tendrán razón, pero yo también le veo el sentido a hacer notar los pequeños sexismos frecuentes que ya ni vemos. Ese tipo de feminismo recibe muchas críticas, por exageradas, por centrarse en “tonterías” habiendo muertas, por sacar las cosas de quicio…, pero yo le veo su función, la verdad, la de hacernos ver lo que, de tan acostumbrado, pasamos por alto.

  4. Avatar de MarMar

    Todavía quedar mucho por avanzar. Desde luego, creo que la educación es la mejor manera para hacerlo. Romper con los estereotipos que marca la sociedad desde hace tanto tiempo va a costar bastante, pero la única forma que tenemos para hacerlo es a través de la educación. Así, tal vez, consigamos una sociedad igualitaria de verdad en un futuro, y no sólo en apariencia.
    Ah, y la intolerancia a la lactosa la padecen muchos hombres, es más, en mi familia hay algunos hombres que la tienen y ninguna mujer….
    Peor me parece que los enemas y demás ayudas para combatir el estreñimiento siempre tengan que usarlos mujeres, según la publicidad, claro. Estaría bien ver algún hombre alguna vez en estos anuncios…
    En fin, lo dicho, aún nos queda mucho por avanzar…

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