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Sociedad

La vida, la muerte y las redes sociales

Facebook, desde sus oficinas de Piruletalandia, obvió un gran detalle: la gente también comparte el dolor.

Siempre hay un detalle que convierte una idea inofensiva en un horror intolerable. En este caso, el horror entró (como casi siempre últimamente) por la puerta principal de Internet.

Eran los días previos a la Navidad, y Facebook pensó que era una gran idea hacer un montaje modo random con las fotos que durante el año habíamos compartido en nuestro perfil. Sobre el papel, la idea es cojonuda, porque si la gente cuelga fotos de sus momentos geniales, nos va a salir un clip de fotos del año bastante redondo. Pero claro, Facebook, desde sus oficinas de Piruletalandia, obvió un gran detalle que le estalló en la cara como una maldita traca valenciana: la gente también comparte el dolor.

En mi caso, observé que aquello iba a ser un desastre cuando una amiga me mandó la foto portada de su año y era la foto de su abuela fallecida. La pobre sufrió una sacudida bastante importante cuando abrió esa mañana su perfil y se encontró con semejante cagada de dimensiones estratosféricas. Entonces empecé a leer que a otras personas les había pasado lo mismo. El horror se había estado paseando a sus anchas entre los perfiles de la gente, como ese invitado que nadie conoce que se está comiendo sin educación todos los canapés de la fiesta.

Olvidarte del dolor. Olvidarte de que la gente convive con la desgracia, el dolor y la muerte. Olvidarte de que un padre ha podido perder a su hija y que el random absurdo podría poner una de sus fotos como portada de lo genial que ha sido su año, entre monigotes y confeti. Imagino la escena. Es una de esas situaciones que consiguen que salga esa mujer mayor que llevo dentro.

Pasados unos días, Facebook pedía disculpas en un comunicado por semejante metedura de pata pero hasta esa parte es curiosa. Lo que había fallado realmente era el algoritmo que no tenía la capacidad de descifrar si un post con muchos likes y comentarios era uno de los mejores momentos de esa persona, o uno de los peores. Tan simple como eso. Un error de cálculo que destapa lo absurdo que resulta el mundo desde que las redes sociales lo han puesto patas arriba.

Y la peor parte está por llegar. En breve nos tocará lidiar con millones y millones de perfiles de Facebook, Instagram y Twitter de gente fallecida. Un océano de personas que decían cosas y se hacían fotos en todas las partes del mundo. Una colección enorme de selfies de nuestros seres queridos (y no tan queridos) desaparecidos. La Death Parade 2.0.

Aunque si, llegado el momento, los muertos nos agolpamos en los servidores, alguien creará el algoritmo perfecto para no volver a mezclar nunca más muerte y confeti.

El mundo es un sitio jodidamente raro.

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10 comentarios

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“Las redes sociales han mezclado la muerte y el confeti.”

10 COMENTARIOS

  1. Avatar de HéctorHéctor

    Lo de facebook fue una cagada por lo que cuentas, obviamente esos no son los mejores momentos del año. Pero los muertos no están para esconderlos y desterrarlos de nuestra memoria. ¿Qué mejor homenaje a una persona que sus reflexiones aún queden en forma de posts en un blog, mensajes cortos en Twitter o un simpe me gusta en Facebook?

    Viene bien recordar una reflexión que no es mía: hay dos tipos de muertes, cuando morimos físicamente dejando de respirar, y cuando no existe nadie en este mundo que recuerde nada de nuestra existencia. La información que dejamos atrás es una forma de seguir vivos.

      1. Avatar de HéctorHéctor

        La muerte es un proceso natural y que no hay que desterrar en un cajón. Ahora parece que hay que temerla y ocultar a los muertos de nuestras vidas cuando es algo totalmente normal. ¿Acaso pretendemos vivir en una burbuja o en los mundos de Yupi apartando aquello que no nos gusta?

        Por su puesto hay que pasar página, pero pasar página de los momentos de finales de dolor. No se puede pasar página de las buenas enseñanzas de nuestros padres, no se puedo olvidar así como así los momentos que compartimos con nuestros amigos, no podemos dejar de leer los libros de aquel autor que nos encantaba. Olvidar y borrar el rastro de un fallecido no es hacerle un homenaje, es insultar su memoria.

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